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6 min
El Autorretrato.
Fantasía |
11.02.14
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Sinopsis

A cualquiera que dibuja le puede pasar ésto.

             Soy el retrato de mi hacedor. Mejor dicho, su autorretrato. Estoy aquí, chato y sofocado, metido en un carpetón. Por el bamboleo y el ruido de los zapatones, supongo me lleva a la exposición del concurso.

             Caso extremo este hacedor mío. Se concentró tanto en retratarse, que hasta transfirió su consciencia a mí, su autorretrato. Lo escucho caminar y sé que está medio ido, como un autómata. Sólo tiene la vaga idea de su propósito final: llevarme hasta el lugar del certamen de dibujo.

             Percibo sus pasos cada vez más leves. Espero alcance a llevarme. Espero no se diluya en el aire de la calle; que no me deje tirado, metido en el carpetón.

             Ahora siento un cambio en el andar, más y más débil por momentos. Parece que subiera peldaños. Debe ser la escalinata del salón exposición.

             Es aburrido estar aquí, a oscuras, dependiendo de lo que haga el babieca de mi creador. Sólo sintiendo sus pasos ahora casi ingrávidos, como despertando ecos en un salón...   ¡ Claro que sí !  ¡ Ya llegamos !

             Alguien habla haciendo resonar un amplio espacio, --Llegó tarde --dice --, ya se venció el plazo.

             --Ya no puede presentar su obra --insiste otro.

             --Váyase y deje de molestar --agrega el de más allá.

             ¡  El jurado !  ¡ El maldito jurado !  ¡ Los despóticos integrantes del jurado !  "Éste quiero... éste no quiero...", indicando desde su pedestal. Retribuyendo favores. Entregando trofeos por turno. Cumpliendo con la moda de fauvismo, dadaismo, informalismo, neo-modernismo, post-modernismo, post-nuclearismo... ¡qué sé yo!

             Y mi estúpido autor se queda parado, como un árbol seco, y no dice nada. Debe parecer la tonta imágen de una diapositiva, proyectada sobre un banco de humo de cigarrillos. Así, casi suspendido en el aire, como colgado de su propia imbecilidad.

             Además, suponiendo le aceptaran su trabajo fuera de término, le dirían que no encaja en ninguno de los "ismos" de moda. ¡ Aunque el mismísimo Miguel Angel Buonarroti presentara una obra de incógnito, no figuraría ni en el montón !

             El carpetón se suelta y cae arrastrándome al suelo en un estruendo. Mi hacedor quedó tan sin substancia que su mano se abrió, pareciendo anticipar un final.

             Las tapas se separan y yo asomo amenazante. El autor de mis días me mira, en un postrer impulso reflejo. Es lo que yo necesito. Me galvanizo y me voy corporizando trabajosamente, como para salirme del papel. La luz me da más energía. Me despego de la lámina, estirándome. Hago una torsión y miro a los Señores del Jurado, lanzándoles con mi mente el furibundo trallazo energético de mi odio. Quedan los tres estampados en la pared, chatos, dibujados.

             Quedaron magníficos, Están bien así. Que aprendan lo que es sentirse un dibujo, esperando que una graciosa mano los distinga de los demás.

             Miro al fantoche tontolón que me dió origen y lo veo alejarse flotando hacia la salida, fantasmal e impreciso como una voluta de vapor. La suave brisa y la luz del sol lo van disipando, hasta no dejar nada.

             Delgado y laminar, me yergo rebotando en medio de la sala de cuadros.

             Los Señores del Jurado me miran, con estática e impotente expresión de horror, retratados en el muro, pegados.

             Con cierta dificultad levanto el carpetón con la hoja en blanco. No me queda más que encaminarme a la casa de mi dibujante evaporado.

             Camino por la acera, foliáceo, como la figura recortada de un afiche. La gente mira aterrada mi cuerpo achatado, como salido de abajo de una aplanadora. Espero no se levante viento, pues sería arrastrado como un papel cualquiera.

             El sol me ayuda proporcionándome substancia, al revés que con mi creador, pero aún sigo delgado como un cartón, igual a esas imágenes en las carteleras de cine. Sólo me faltan los travesaños de bastidores claveteados en la espalda.

             Ahora que lo pienso, ¿quién soy yo en realidad? Tengo toda la memoria del artista que me plasmó. Él me la transfirió a mí. ¿Acaso yo soy él? Yo tomé conciencia  cuando él quedó como una cáscara vacía. Entonces, ¿yo soy él, transvasado en un ente-dibujo? Pero él era un tonto, y yo tengo facultades, habilidad, impulso. Pude darles su merecido a los jurados. No, no puedo sel él.

             En fin, ya llego a la casa. Los vecinos me observan perplejos. Mi llave no sirve para abrir porque es chata  como cualquier dibujo. Deberé deslizarme por debajo de la puerta.

             Eso es... paso con toda facilidad...

             Por ahora tengo que dejar la carpeta del lado de afuera. Ciertamente, tengo otra llave dentro de la residencia.

             Ahora  podría dedicarme a hacer retratos por encargo, rostro, medio cuerpo, cuerpo entero. La gente hasta pagará por verme, con mi físico escalofriante y chato moviéndome de aquí para allá, Me doy cuenta. Fuí rechazado en un concurso de dibujos, pero seré un éxito como fenómeno de circo.

                                                .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  . 

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nacido 1943-estudio de dibujo ar tístico e historietas, retratista y ca ricaturista trashumante 2000/0l-afincado 2002- 1985 estudios de biología- escritura desde 1972.

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