cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

13 min
El Baldío (capitulo 19)
Ciencia Ficción |
26.12.20
  • 4
  • 1
  • 344
Sinopsis

En el capitulo de hoy: se prepara la campaña de Wantooban y los Xelar dan la sorpresa.

Este relato lo encontraras también en:

http://lashistoriasdelcalvo.blogspot.com/

                               *      *     *     *     *

 

Marta regresó a su actividad normal en el equipo de protección de Cortabarria, e incluso recuperó su puesto cómo jefe de equipo.

Unos meses después, Castro se hizo cargo del día a día y Cortabarria se encerró en la sala de planificación estratégica con sus colaboradores para empezar a planificar la próxima campaña que seria otro hueso duro de roer: Wantooban, junto a la zona de demarcación tardasiana. Había cierta controversia por su situación. Xelar la reclamaba cómo que estaba en su zona y Tardasia aseguraba lo mismo.

Después de los últimos desastres militares, Tardasia había acumulado tropas en el cuarto planeta del sistema. Inteligencia consideraba que había entre tres y cuatro millones de soldados de los que al menos la mitad, eran de la infantería pesada imperial. Así mismo había gran presencia de naves de pequeño y mediano porte: los cruceros habían sufrido unas perdidas desastrosas en los últimos enfrentamientos con la flota Hispano-Xelar. Para contrarrestarlo, en el tercer planeta del sistema, que siempre acompañaban a su cuarto hermano en órbitas paralela, había instaladas antiguas baterías de defensa con potencia suficiente para alcanzar de forma efectiva la órbita vecina. Igualmente, el planeta disponía de sus propias defensas planetarias y en sus cuatro lunas había instalaciones militares.

Desde el primer momento se tuvo la certeza de que iba a ser una campaña larga y costosa, pero Wantooban, por su situación, era la puerta principal de entrada de Tardasia en El Baldío, y por allí también salían todas las materias primas que el imperio expoliaba en los mundos ocupados directamente por ellos o por sus fuerzas corsarias. 

Se iniciaron todos los preparativos para poder iniciar las operaciones en el plazo de tres meses. Todos los ejércitos disponibles iban a participar en la operación, a excepción del estadounidense, y a tal fin se fueron estacionando en los puntos de partida más próximos al objetivo, en la mayor operación logística de la presencia española en El Baldío.

Cuatro semanas antes del inicio de las operaciones, el canciller Tórkurim se presentó sin previo aviso en Mandoria. Rápidamente, nada más aterrizar en el puerto del Cuartel General, y en compañía de Cortabarria y el gobernador que habían ido a recibirle, se reunió con ellos.

—Itziar, te vas a cabrear, pero ha surgido un asunto que para nosotros es ineludible.

—Muy bien señor canciller: ¿Cuál es la mala noticia?

—Muy cerca de la zona de demarcación con Orión, hay un sistema con escaso valor estratégico, pero con presencia de tropas tardasianas y milicias de Orión. Se trata del sistema Kileex.

—¿Y si no tiene valor estratégico, por qué tiene presencia militar enemiga? —preguntó el gobernador.

—Porque si tiene valor… tecnológico, y mucho. Hasta ahora el sistema tenía una especie de statu quo aceptado por todos. Hay una empresa minera Xelar que explota en exclusiva los yacimientos de un mineral llamado kilita y por la que pagamos una cantidad razonable que va directamente a la cuenta de la familia imperial. Es un mineral que solo tiene utilidad para nosotros y nuestra tecnología. Es vital para nuestros motores de salto: funcionan inyectando una mezcla de un derivado de ese mineral y deuterio en la cámara de reacción de antimateria.

—¿No me ira a decir ahora que es el único yacimiento que hay? —preguntó Cortabarria suspicaz.

—¡Eh… sí!

—¡Joder!

—Desde que me nombraron canciller he estado intentando acabar con esa situación de manera diplomática, pero últimamente todo se ha precipitado.

—¿De qué manera señor canciller?

—Kileex siempre ha quedado fuera de cualquier disputa porque es algo que nos beneficia a los dos: a nosotros y al emperador. Y además por la certeza de una represalia contundente por nuestra parte contra su capital imperial…

—Pero eso ya ha ocurrido y además, ya no hay emperador.

—Así es, y ahora las represalias vienen de su parte: las tropas tardasianas del planeta, han ocupado las instalaciones mineras y han cesado las extracciones.

—¿Qué reservas tienen? —preguntó el gobernador.

—Cómo ya sabéis la flota ha estado muy activa en los últimos meses. Ahora mismo tenemos reservas para seis meses cómo máximo y si ponemos en marcha programas de ahorro.

—Señor canciller, con el debido respeto esto es una cagada y muy gorda, —Cortabarria estaba escandalizada—. En unos meses pueden tener su flota parada y eso para ustedes puede ser catastrófico. La flota española no tiene potencial para cubrir la gigantesca zona fronteriza Xelar.

—Lo sé Itziar: tienes razón. Nosotros no podemos atacar el planeta porque la kilita es muy sensible a las armas de pulso de nuestra artillería naval y cómo sabes muy bien no tenemos tropas de infantería de confianza cómo la vuestra.

—No podemos posponer el ataque a Wantooban porque en los plazos previstos se abre la ventana de buen tiempo en el planeta y paran las lluvias. Por lo tanto, hay que aplazarlo al menos un año y un movimiento de tropas así no va a pasar inadvertido a la inteligencia tardasiana: cuándo regresemos nos estarán esperando. Además, prácticamente vamos a emplear todas nuestras fuerzas en la operación.

—Hay que buscar otra solución. Wantooban es tan vital para El Baldío cómo Kileex para nosotros.

—Te queda el contingente americano—, apuntó el gobernador.

—Ya sabes que no son tropas fiables: por eso se quedan en reserva. ¿Sabemos que fuerzas tiene el enemigo en ese planeta?

—En total unos cuatrocientos mil, incluidas las milicias de Orión.

—Es una operación asequible para ellos. Si preparas unos planes de batalla para ese planeta, incluso un inútil cómo Jones puede seguirlos, sobre todo porque va a tener a su lado a Burton y a Longstreet.

—El problema Xelar es prioritario a todo lo demás. La flota española y aliada puede operar en El Baldío porque la Xelar nos guarda las espaldas y nos apoya cuándo es necesario cómo en el ataque a Tardasia.

—Insisto Itziar. Por favor, estudia una solución que no acarree aplazar la campaña en Wantooban.

—De acuerdo mi señor: lo estudiaré. Mándeme todo lo que tenga inteligencia sobre ese planeta y necesitaré un par de días.

—Gracias Itziar. En unos minutos lo tendrás.

 

 Una vez terminada la reunión, Cortabarria informó a Castro y se encerró en la Sala de Planificación Estratégica con Torremartin y Reding para estudiar todo lo que enviaba el canciller. Estuvieron trabajando durante toda la tarde y se fue animando porque veía muchas posibilidades: era una operación fácil. Incluso pensaba que si fuera Burton el que estuviera al mando, no mandaría a todo el contingente americano.

La operación se dividiría en dos fases. En la primera las fuerzas especiales tomarían y asegurarían las instalaciones mineras y en la segunda el grueso del ejército desembarcaría en el planeta y lo conquistaría. La primera fase iba a ser muy compleja y por eso llamó a Marta.

—¿Dónde andas Marta?

—Estoy en casa mi señora ¿qué ocurre? —preguntó alarmada.

—Nada, tranquila. Necesito que me hagas un favor…

—Eso no tiene ni que pedírmelo.

—…y vengas a la Sala de Planificación. No hace falta que te pongas el uniforme: ven cómo estés.

—Si voy cómo estoy ahora seguro que unos cuantos se pondrían muy contentos mi señora. Mejor me pongo algo.

—Si, casi mejor, —dijo Cortabarria después de soltar una carcajada—, y después te invito a cenar en ese garito del que tanto he oído hablar: el “Puto Buzo”.

—De acuerdo. Ya estoy saliendo de casa. En cinco minutos estoy ahí. Y llamaré para que nos reserven una mesa, pero ya la aviso que el “Puto Buzo” es mi territorio y ahí solo pago yo.

 

 

En unos minutos Marta llegó jadeante: había ido a la carrera. Entró en la Sala de Planificación e inmediatamente Cortabarria se levantó y la recibió con un par de besos cómo era su costumbre. Después saludo a Torremartin y Reding.

—No vamos a discutir sobre esto Marta, pero pago yo.

—Con el debido respeto mi señora, si quiere invitarme vamos a otro lado, pero ahí no.

—Cuidado que eres cabezona, ¿pero por qué?

—Mi señora, porque soy uno de los socios del “Puto Buzo” y si la dejó pagar en mi casa se van a pitorrear de mí hasta el día que me muera.

—¡Joder Marta! Eres una caja de sorpresas. Venga vale: tu pagas. En otra ocasión iremos a otro sitio.

—Gracias mi señora.

Cortabarria empezó a poner en antecedentes a Marta sobre el enorme problema de Xelar y sus consecuencias,

—No me puedo creer que con lo “perfectos” que son la hayan cagado de esta manera.

—Es lo que hay. Mira, estoy intentando desarrollar unos planes de batalla para Kileex en los que necesariamente toda la primera parte de la operación es con un gran despliegue de fuerzas especiales. Quiero que trabajes en esa parte de la operación teniendo en cuenta que la campaña la van a hacer los norteamericanos. No me agrada la idea porque no me fío de Jones, pero si no lo hacen ellos hay que aplazar sine die la operación en Wantooban.

—Entiendo mi señora. Me pondré con ello inmediatamente.

—De inmediatamente nada: ahora nos vamos a cenar, —dijo Cortabarria. Pasaron por su despacho dónde se quitó los pantalones militares de faena y se puso unos vaqueros.

 

 

Al día siguiente cuándo Cortabarria llegó, Marta ya llevaba tiempo trabajando en la sala de Planificación. Ocupaba uno de los terminales y tenía varias tabletas a su alcance.

—¡Pero bueno! ¿Desde qué hora llevas aquí?

—Buenos días mi señora. Ya sabe que duermo poco y me levantó pronto, —y levantándose dijo—. ¿Quiere un café? He puesto la cafetera.

—Si gracias.

Marta entró en un pequeño office y un minuto después salía con un par de cafés y una caja de pastas.

—¿Y eso?

—Me las han enviado de la Tierra.

—No quiero ser cotilla, pero ¿quién cojones tienes en la Tierra que te manda pastas? Creía que no te quedaba nadie allí.

—De hecho, nunca tuve a nadie allí. Digamos que es mi hermana, —y ante la cara de perplejidad de Cortabarria, añadió—: no es mi hermana biológica, pero para mí cómo si lo fuera. Crecimos juntas en el orfanato porque nadie nos adoptó: a mí por conflictiva y a ella por lisiada. Tiene una discapacidad producida por una malformación de las dos piernas por polio. Desde que estoy aquí no la he vuelto a ver, pero un par de veces a la semana hablamos por video enlace.

—¿Y por qué no la traes?

—No quiere venir. Ella esta muy asentada allí con sus cosas de asuntos sociales: es titulada. Y cambiando de tema ¿qué le pareció el “Puto Buzo”?

—Me encantó. Lo pase muy bien, y sobre todo que me aceptarais cómo una más, porque allí solo había fuerzas especiales.

—Mi señora, —dijo Marta con cara de extrañeza—. Usted es nuestra comandante en jefe, en uno de los nuestros y tiene todo el derecho a estar allí. De todas maneras no se prohíbe el paso a nadie, pero…

—Me alegró mucho ver a Esther y lo bien que se maneja con su mano robótica.

—Si, es flipante: tiene la misma funcionalidad que con la suya. Incluso esta tocando otra vez la guitarra.

—Podría regresar al servicio activo si quisiera.

—¡Ya! Pero después de lo que pasó no quiere. Aunque, no crea: está igual de bien preparada que cuándo estaba en activo.

—¿Y si la traemos al grupo de escoltas?

—No sé: se lo puedo proponer. Si acepta, usted ya sabe que es de total confianza…

—Lo sé.

—… y la puede mandar a hacer recados… ya me entiende.

—De acuerdo: propónselo y yo lo hablo con Javi Becerra. ¿Y sobre la operación en Kileex?

—Es una operación de envergadura porque el complejo minero es enorme y tiene 56 niveles subterráneos. Participaran todos los cuerpos al completo: Ranger, Deltas y SEAL. Todo muy coordinado y si mi señora me permite proponer algo, bajo la dirección del jefe de los Ranger, el coronel Mateo: es un gran organizador. Dentro de eso, resultara relativamente fácil hacernos con las instalaciones y rescatar a los retenidos.

—Muy bien, pues desarróllalo todo y que quede todo claro, ten en cuenta que esos planes los va a dirigir otro y tu no vas a estar allí.

—De todas maneras hay que enviar equipos a recabar información: los informes Xelar tienen muchas lagunas y hay aspectos que hay que concretar. Además, hay que confirmar que todos los detenidos están en el complejo.

—¿Eso lo pueden hacer ellos?

—Si, si, perfectamente: yo mandaría al grupo Alfa de los SEAL y aunque se cabré, quiero ir yo también.

—¡No me jodas Marta!

—Si voy yo, en una incursión podemos recabar toda la información que necesito.

—De acuerdo,—dijo Cortabarria después de unos segundos de reflexión—, pero te llevas a Mirla y a Horr Salac y eso no es negociable. Y si quieres también a Esther.

—A la orden mi señora.

 

 

Una semana después Marta de infiltraba con su equipo en el planeta Kileex. Lo hicieron en una vieja nave comercial tardasiana que habían robado discretamente unas horas antes. Mientras Esther y tres miembros del equipo Alfa se dedicaban a instalar equipos electrónicos en los alrededores del complejo minero, Marta y Mirla se infiltraban en el interior con el apoyo Horr y del resto del equipo. Instalaron transceptores para captar todo el tráfico de datos y de audio de la instalación y de las fuerzas que la ocupaban.

De regreso y con los datos recabados, Marta ultimó los planes estratégicos para la primera fase de la campaña que se incorporaron a los planes definitivos.

Esther, uno de los supervivientes de la desastrosa operación que provoco la caída en desgracia de Marta, aceptó incorporarse al grupo de escoltas temporalmente, aunque todo el mundo tenía la certeza de que su regreso a las Fuerzas Armadas era definitivo, y es que sin lugar a dudas seguía siendo un puto buzo.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 38
  • 4.61
  • 5

Soy un escritor aficionado sin ningún tipo de pretensión: solo quiero contar historias.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta