cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

12 min
El Baldío (capitulo 22)
Ciencia Ficción |
15.01.21
  • 4
  • 0
  • 290
Sinopsis

En el capitulo de hoy: guerra civil en Tardasia.

Este relato lo encontraras también en:

http://lashistoriasdelcalvo.blogspot.com/

                               *      *     *     *     *

Durante la campaña contra Kurtalam y la capital imperial Tarnagóm, el emperador y los miembros más importantes de la familia imperial fueron detenidos por las fuerzas especiales españolas. La batalla fue tremenda, pero al final toda la guardia imperial fue destruida y todos los familiares del emperador presentes en el palacio imperial y ocultos en los búnkeres subterráneos, fueron apresados. Los grandes depósitos de oro y platino que había en esos subterráneos fueron confiscados para sufragar los gastos de la campaña y para dejar en la ruina al imperio. Este quedó descabezado y se sumió en el caos. Varios miembros de tercer y cuarto nivel de la numerosa familia imperial, comenzaron a pugnar por el trono. Las puñaladas por la espalda y los envenenamientos, dieron paso a enfrentamientos entre las fuerzas paramilitares de cada uno de los pretendientes. En medio de todo este caos, los agentes de los servicios de información aliado operaban a sus anchas fomentando la discordia entre las distintas partes y penetrando hasta los últimos rincones de la administración imperial que seguía funcionando gracias al celo y al interés económico de altos y corruptos funcionarios del estado.

Después de un par de años en los que la ya diezmada familia imperial siguió reduciéndose, solo quedaron dos pretendientes al trono. Por un lado la princesa Kaxila, una jovencita de 18 años, hasta ese momento bastante pija y muy aficionada a las fiestas, que había logrado aglutinar en torno a ella distintos estamentos de la sociedad tardasiana que quedaban por debajo de la nobleza y las clases capitalistas. De hecho, nunca había tenido relación con sus familiares de primer y segundo nivel y se limitaba a gastar sin mesura la jugosa asignación que recibía del imperio. Por el otro lado, un grupo con lo que quedaba de la familia imperial a los que se había unido un gran número de familias nobles y capitalistas que veían en Kaxila un peligro para su estatus social, y que estaban liderados por un primo muy lejano.

 Después de varias despiadadas batallas dónde Kaxila de destapó cómo una gran estratega y una formidable guerrera gracias a sus conocimientos de artes marciales y manejo de armas de filo, se ganó la admiración de sus subordinados participando en primera línea a los cruentos combates que se desarrollaban.

La batalla final se desarrolló en el corazón del imperio por el control de unos ricos yacimientos de deuterio vitales para la economía de los dos grupos en liza. Cómo era habitual en este tipo de enfrentamientos, los primeros en entrar en contacto fueron las respectivas flotas. Las dos escuadras, dónde estaban presentes gran número de unidades de la flota imperial, pugnaron durante varias horas por conseguir ocupar la órbita. Ninguna lo consiguió plenamente y las dos flotas controlaron sectores de la misma por dónde comenzaron a bajar las naves de transporte con las tropas de las dos facciones.

Los dos ejércitos juntaron en total más de dos millones de soldados que finalmente se desplegaron sobre una superficie de 12.000 Km2 con gran presencia de tropas pesadas y de artillería. Durante un mes se desarrollaron combates extremadamente duros, con los dos ejércitos protegidos por escudos de energía portátiles, hasta que finalmente las tropas de Kaxila consiguieron una ligera ventaja y esta decidió lanzar una ofensiva frontal contra el ala izquierda de sus debilitados enemigos. De las cenizas de esa sangrienta y definitiva batalla, emergió la figura de la futura emperatriz Kaxila, que con su coraza militar, escudo y espada, al frente de sus tropas, lideró personalmente a su ejército en la batalla y en los brutales cuerpo a cuerpo se ganó a pulso el sobrenombre que la acompañó el resto de su reinado: la “decapitadora”. No hubo supervivientes entre sus enemigos: todos fueron aniquilados sin contemplaciones, una labor en la que participó activamente la futura emperatriz. Pero su rival consiguió escapar: a los responsables los decapitó personalmente.

Después de la batalla, sus escuadrones de la muerte persiguieron por todos los rincones del imperio a todos los sospechosos de haber apoyado la causa rival. Finalmente, lograron detenerlo en un planeta agreste y selvático dónde se había intentado esconder. Lo trasladaron al palacio imperial, y en sus mazmorras, personalmente lo desolló vivo mientras le administraban medicamentos para que permaneciera consciente. A continuación, lo metió en agua caliente y lo coció a fuego lento. La piel y la cabeza la exhibió en la puerta del palacio dónde el infortunado residía en tiempos más felices.

 

Conseguido el trono, tomó varias decisiones para apuntalarlo. Primero prohibió la nobleza. El único título nobiliario que habría en el imperio seria el suyo y el del heredero o heredera. Después de la tremenda purga llevada a cabo casi no quedaban nobles. En segundo lugar, prohibió que las familias capitalistas, o cualquier otra persona, tuvieran ejércitos privados: solo habría uno, el imperial. A continuación, implantó un impuesto especial a las grandes fortunas para financiar su nueva flota de guerra. En un principio las familias capitalistas protestaron airadamente, algo peligroso para ellos ya que era patente el apoyo que todos habían suministrado a los rivales de la emperatriz. Pero después de que varios de estos capitalistas murieran de una manera atroz y espeluznante y sus bienes fueran confiscados, todos inclinaron la cabeza ante ella y pagaron el impuesto.

Al mismo tiempo, empezó una limpieza sistemática de traidores y agentes de inteligencia de los servicios secretos españoles y de Xelar que campaban a sus anchas en todos los niveles de la administración tardasiana. En no pocas ocasiones las fuerzas especiales tuvieron que actuar para rescatar activos que estaban en peligro de ser atrapados.

Muchos altos funcionarios podridos de corrupción fueron apresados, juzgados en tribunales especiales y ejecutados. Kaxila no estaba dispuesta a que la corrupción hiciera desaparecer recursos económicos que le eran muy necesarios para sus planes de futuro.

Con toda la familia imperial muerta en la guerra civil o encarcelada en Xelar, la emperatriz Kaxila aglutinó en ella todo el poder que antes se repartían sus parientes. Se rodeó de sus seguidores más incondicionales que habían estado apoyándola desde el principio. Volvió a poner en pie la policía política imperial, que por el conflicto había quedado desmantelada.

En el plano económico nacionalizó todos los yacimientos mineros en manos de corporaciones industriales. Hizo lo mismo con toda la industria naval y militar y con parte de la banca para poder tenerla controlada.

Lo poco que quedaba de los centros de I+D de Kurtalam, fueron desmantelados y trasladados a sistemas en el interior del imperio para impedir que fueran otra vez destruidos por la flota combinada hispano-Xelar. Lo mismo ocurrió con los complejos industriales militares cercanos a la zona de demarcación con El Baldío o a la capital imperial.

El famoso y lucrativo mercado de esclavos de Tarnagóm, la capital imperial, volvió a funcionar aunque no a pleno rendimiento. Anteriormente el mercado estaba controlado por miembros importantes de la desaparecida familia imperial y la emperatriz tardó un tiempo en que funcionara a pleno rendimiento pero siempre bajo el exclusivo control del estado.

 

 

—La realidad es que estamos a oscuras en Tardasia, —afirmó Castro en la reunión del Estado Mayor Aliado que se desarrollaba cómo siempre en Mandoria— y eso me preocupa mucho.

—Solo sabemos las atrocidades que comete la nueva emperatriz y porque ellos mismos lo divulgan, —afirmó Cortabarria—. Ha convertido al imperio en algo totalmente opaco.

—Todas nuestras redes de información han quedado desmanteladas, y los Xelar están todavía peor, —afirmó igualmente San José— y Talíssia esta igual.

—He estado estudiando los informes de Inteligencia Naval, del Servicio de Información del Ejército de Tierra y del CNI sobre la situación del imperio y sus expectativas de futuro: no coinciden, —añadió el general español al mando del contingente mandoriano—. Esto es muy grave mi señora.

—Yo también me he dado cuenta, —respondió Cortabarria— pero por el momento no podemos hacer nada salvo reforzar la zona de demarcación.

—De todas maneras la emperatriz no está para tirar cohetes, —dijo Castro—. Lo que quedó de la flota después de destruirla nosotros, la han destrozado en la guerra civil.

—Por el momento la 2.ª Flota de Reserva ya esta desplegada en las proximidades de Kánaster y Káraman, —informó el almirante Torremartin—. Si más adelante consideramos que hay que reforzar el dispositivo, tenemos medios suficientes para hacerlo.

—Muy bien, tenemos que estar muy atentos porque me da la impresión de que la nueva emperatriz es un saco de sorpresas, —dijo Cortabarria—. Pues si no hay nada más, se levanta la sesión.

Todos se pusieron en pie y comenzaron a salir de la sala de reuniones. Cómo era habitual cuándo se reunía el Estado Mayor Aliado, el núcleo duro de Cortabarria se reunió en su despacho: Castro, San José, Torremartin y Reding.

—El problema que tenemos con los servicios de información es muy grave, —afirmó Cortabarria sentándose en el sofá mientras Inés, su asistente personal traía café para todo el mundo.

—Desde que Paco dejó de coordinar los servicios de información han ido de mal en peor, —afirmó San José—. Sus sustitutos… digamos que no han tenido cojones suficientes para meterlos en cintura.

—Puedo intentar…

—No Paco, —le cortó tajante Cortabarria—. Tu ya tienes demasiadas responsabilidades: esto hay que solucionarlo de otra manera. De verdad que estoy empezando a hartarme de esta situación. Estoy tentada en unificar los tres servicios.

—Haber Itziar, seamos razonables… —dijo el almirante Torremartin mientras Reding se removía en el sillón.

—No Juan ¡joder! —le interrumpió—. Todo esto es fruto de vuestro puto corporativismo: de la Armada y del Ejército. Las dos unidades parecen que están en plan de haber quien la tiene más larga.

—Eso no es justo Itziar, —se defendió Reding— ¿Y si encargamos a la Guardia Civil que mande agentes al otro lado de la zona de demarcación?

—Descartado, —dijo San José—. Están hasta arriba de trabajo.

—Ya sabéis que el Servicio de Información de la Guardia Civil, entre otras muchas cosas, protege todas las rutas comerciales, —añadió Castro—. Solo les faltaba que los mandáramos también a Tardasia a espiar.

—Pues si lo hiciéramos seguro que lo harían mucho mejor que vosotros, —y mirando a Torremartin y a Reding le dijo—. Os lo digo en serio chicos, o les ponéis las pilas a los vuestros o lo soluciono yo, y ya sabéis lo que pienso.

—Yo me encargo de ponerles las pilas a los del CNI, —añadió Castro.

—Lo que tenemos que tener todos muy claro, —intervino también San José— es que es incomprensible que los tres servicios de información que operan en la zona de demarcación y en Tardasia, hayan presentado informes y proyectores de futuro totalmente dispares. Nuestros servicios de información han sido cruciales en la guerra contra Tardasia, pero ahora la están cagando, y en el momento más delicado.

—¡Joder! —exclamó Cortabarria airada—. Que hace un par de semanas un operativo del CNI y otro de Inteligencia Naval coincidieron sobre el terreno y salieron a hostias ¡No me jodáis!

—Efectivamente, —dijo en almirante Torremartin—, pero sabes que las responsabilidades ya han sido depuradas por nuestro lado: me conoces muy bien y no hace falta que te diga que no voy a permitir diputas de vaqueros en la Armada.

—Lo sé Juan, pero los servicios de información no pueden fallar ahora, en el peor momento. Aunque esa hija de la gran puta este en las últimas en estos momentos, sabéis perfectamente que inmediatamente empezara a moverse.

—Y tenemos que saber cuáles son tus intenciones, —añadió San José.

—¡Joder Itziar! —exclamó Reding—. Dejémonos de gilipolleces, que Juan lleve a la flota a Tarnagóm y yo con dos o tres ejércitos te garantizo que vamos a darle por el culo a esa hija de la gran puta hasta que nos cansemos y asunto solucionado.

La visceral propuesta de Reding desató una carcajada general, incluso Inés, que se había metido en el office también se rió.

—¡Anda Inés! Deja de reírte y trae unos chupitos de pacharán que Teo ya ha sacado a pasear el martillo pilón.

—¡Joder! Pues no sé de que os reís: sabéis que tengo razón.

—Claro que lo sabemos, —dijo Torremartin—. Sabes perfectamente que nada me encantaría más que ir otra vez a Tarnagóm, pero nuestros amigos Xelar no están por la labor.

—Ya lo sé, pero es que no entiendo cómo los Xelar, con lo listos que son, no son capaces de verlo.

—Bueno chicos no sigamos por ahí. Todos sabemos que les debemos mucho a los Xelar, —intentó zanjar Cortabarria la cuestión.

—Si no digo que no Itziar, —insistió Reding— pero tenían El Baldío abandonado y solo comerciaban con Mandoria, Tarquinia y Raissa. Desde que España esta aquí, ¿cuántos mundos hemos liberado, y por cuánto se ha multiplicado la actividad comercial?

—Que si Teo, que si, —dijo Cortabarria con paciencia—, pero sabes que la última palabra la tienen ellos, por lo tanto…

—¡Joder! Ya lo sé Itziar, pero me cabrea mucho.

—Eso ha quedado claro, —afirmó Castro riendo.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 38
  • 4.61
  • 5

Soy un escritor aficionado sin ningún tipo de pretensión: solo quiero contar historias.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta