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14 min
El Baldío (capitulo 23)
Ciencia Ficción |
22.01.21
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Sinopsis

En el capitulo de hoy: un SEAL mete la pata y provoca un conflicto diplomático en Talíssia.

Este relato lo encontraras también en:

http://lashistoriasdelcalvo.blogspot.com/

                               *      *     *     *     *

Un grupo de soldados norteamericanos del SEAL, habían viajado a Riggel 2 durante un periodo de permiso para visitar la capital del vicio y del juego de El Baldío. Y es que en ese planeta se podía encontrar de todo: sexo de todo tipo, y drogas y alcohol de todos los mundos conocidos además de todo tipo de juegos: los casinos de Las Vegas eran ridículos al lado de los de Riggel. Y por supuesto, la famosa Arena.

Había dos tipos de combates: los normales y los de sangre. Los primeros se celebraban todos los fines de semana y que coincidían con el mandoriano, la muerte estaba prohibida y eran a mano desnuda e interespecies e intersexos. En la segunda, solo estaban permitidas las armas de corte y filo, y eran a muerte. Cuando estos últimos se celebraban, se interrumpían los combates de la Arena normal.

Los SEAL estaban en un tugurio muy concurrido cuando ocurrió lo insospechado a causa del alcohol y la arrogancia militar. Un joven guerrero talissio se sintió agraviado por uno de los soldados norteamericanos y le lanzó un reto que fue aceptado. Inmediatamente el computador del tugurio registró el desafío y se convirtió en oficial.

 

 

Cortabarria trabajaba en su despacho cuando entró el gobernador con cara de cabreo.

—¿Qué ocurre? —le preguntó dejando lo que estaba haciendo.

—Me acaba de llamar el embajador talissio. En Riggel se ha lanzado un reto a muerte que ha sido aceptado por un soldado de los nuestros, y el emperador está cabreado de cojones.

—¡No me jodas! ¿Te ha dicho quien es?

—El talissio es un joven guerrero de un clan rival. Si gana, entrara en el primer circulo y puede comprometer la posición del emperador y de su clan. Del nuestro no sabe nada, solo que en el brazo llevaba tatuado un águila y un tridente.

—Un SEAL, —y activando su comunicador añadió—: Marta, entra al despacho.

Marta entró inmediatamente y Cortabarria la informó de la situación.

—Sabe usted que está muerto, ¿verdad? —afirmó Marta.

—No está muerto porque ese combate no se va a celebrar, porque cuando me entere de quien ha sido lo voy a ahogar con mis propias manos. Tú vete a verlos a ver que averiguas, —y mirando al gobernador añadió—: habría que ver de que manera se puede anular eso.

—Voy a hablar con el emperador.

—Mi señora, el protocolo talissio es muy estricto. La única posibilidad de que ese guerrero no entre en el primer círculo es matándolo. Si el rival no se presenta entrara también por incomparecencia.

—¡Joder! Pero ¿hay posibilidad de que un SEAL derrote a un joven guerrero talissio?

—Ninguna, ese SEAL está muerto: ya se lo he dicho antes.

 

 

Unos minutos después, Marta entraba en uno de los hangares de entrenamiento SEAL en la zona norteamericana y se sorprendió de no ver a nadie. Activó su teléfono y llamó a Barbie, una de sus amigas.

—Hola Marta ¿que tal estas?

—Bien, bien, ¿dónde están todos? Estoy en el hangar 27 y aquí no hay nadie.

—Han montado una pequeña barbacoa en el hangar 13, para celebrar lo del combate. Yo estoy en mi habitación: ahora iba a acercarme.

—Estabas presente cuando se lanzó el desafío.

—Si claro.

—¿Puedes reunirte conmigo? Es muy importante.

—En diez minutos estoy ahí, —Al rato, su amiga estaba junto a ella y se abrazaron. Cuando vio la cara seria de Marta preguntó—: ¿Qué ocurre Marta?

—Se ha liado una muy gorda por el combate y Cortabarria está que echa humo. Hay connotaciones diplomáticas que afectan al emperador de Talissia. Están intentando anular el combate, pero ya te digo que es imposible.

—No lo entiendo Marta ¿Por qué todo ese lio? Todas las semanas hay combates en Riggel.

—Pero Barbie, no de sangre, y mucho menos que afecte a la jerarquía del emperador.

—No, no, no. De sangre nada Marta, se retaron en la Arena normal: yo estaba allí. Además, Thomas recalcó varias veces que era en la normal.

—A ver, cuéntame exactamente como fue.

—No hace falta: lo tengo grabado, —sacó su teléfono y la enseñó la grabación.

—Está claro que ha sido una encerrona, pero al final pronuncia el puto ritual y por eso el computador autentifica el desafío. Vale, mándame el video y vamos a la fiesta… que se la voy a aguar.

Por el camino, Marta habló con Cortabarria para informarla de sus averiguaciones y la envio el video. Unos minutos después entraron en el hangar 13 donde la fiesta estaba animada. Estaban presentes todos los grupos operativos, los grupos de apoyo e incluso oficiales mayores, en total alrededor de un centenar de personas.

—¡Atención todos! —gritó Marta. Todos sorprendidos guardaron silencio y la prestaron atención—. Casi todos los que estáis aquí me conoceis de sobra y quiero que sepais que en estos momentos hablo en nombre de mi señora la comandante en jefe Itziar Cortabarria. Uno de ustedes ha aceptado un reto en la Arena de Riggel. ¿Quién ha sido?

—Sargento Thomas Walker, —respondió alguien levantando la mano.

—¡Nuestro campeón! —exclamó alguien junto a él dándole una palmada en la espalda mientras la amiga de Marta hacia gestos con la mano para que nadie dijera nada más.

—¿Vuestro campeón…? Vuestro campeón muerto.

—¿Qué ocurre Marta? —preguntó el jefe maestro Harris acercándose. Les informó de todo lo que estaba pasado y que provocó una gran conmoción entre los asistentes.

—Esto es una locura: yo acepte una pelea en la Arena. En la normal… —se defendió Walker.

—Pero es que eso también está prohibido porque los rituales de aceptación son muy similares y conducen a error. De todas maneras, sigan ustedes celebrándolo si quieren, Walker y yo nos vamos al Cuartel General: mi señora Cortabarria quiere decirle unas cuantas cositas.

—Voy con vosotros, —dijo Harris—. Soy su superior y además yo también estaba allí.

—Como quieras. 

 

 

Cuando llegaron, además de la comandante, estaban también Castro, San Jose, el gobernador de El Baldío, el embajador Xelar, el embajador de Talissia, y el jefe del contingente norteamericano general Mike Burton. La reunión con Cortabarria fue de todo menos amable. Aunque al final la situación se fue calmando cuando Marta intercedió explicando con el video que todo había sido una encerrona.

—Marta, ¿qué posibilidad hay de anular el combate, —preguntó Castro.

—Prácticamente ninguna, pero se puede intentar por deshonor en el desafío.

—¿Por deshonor teniente? —preguntó el embajador.

—Es la única posibilidad mi señor, pero casi imposible: yo no conozco ningún caso de que un desafio de haya anulado. A estas horas las apuestas ya están disparadas y ellas mandan.

—De todas maneras explícame eso del deshonor, —insistió el embajador.

—Si mi señor. Está claro que todo estaba preparado y se ha producido un engaño donde ha picado el imbécil este, —dijo señalando a Walker. Cortabarria le dedicó una mirada asesina—. Hay deshonor porque el desafiante ha obrado de mala fe con el desafiado. Además esta la cuestión de que en el video queda claro que el imbécil cree que va a pelear en la Arena normal.

—Podemos intentarlo, —dijo el embajador meneando la cabeza, pero es que los protocolos de Riggel son tan rigidos…

—Así es mi señor.

—¿Y con el imbécil que hacemos? —preguntó Cortabarria.

—Con su permiso mi señora, —intervino Harris—. Yo estaba allí con él y tengo mi parte de responsabilidad…

—No se autoflagele Harris: no se lo permito. El que acepta el desafío es él y en cualquiera de las arenas está prohibido.

—Yo soy el único responsable mi señora y estoy a sus ordenes para lo que usted quiera, —dijo Walker.

—Si no funcionan los recursos tiene que combatir, afirmó el embajador talissio—. El no hacerlo significará que automáticamente Tilso ocupará un puesto en el Círculo Supremo y el clan Carjum, si consigue pactar con los otros clanes, superara en un voto al clan del emperador: el clan Salac. Hay cierto riesgo de que sea el final de la Era Salac.

—Eso es inaceptable para nosotros, —reflexiono el gobernador—. Los emperadores Salac han dado mas de cien años de paz a Talissia y las mayores catástrofes militares y humanitarias han venido de emperadores Carjum.

—Necesitamos una Talissia estable, —apuntó por primera vez el embajador Xelar que hasta ese momento había permanecido en silencio—. No vamos a permitir que los Carjum desestabilicen el imperio, y mucho menos el sector.

—Así es, tendriamos un enemigo potencial en nuestra retaguardia y no quiero ni pensar si se ponen de acuerdo con Tardasia.

—Estoy recordando que en algún momento se rumoreó que Tardasia tenía contactos con algún clan talissio, —reflexionó Marta. Harris y Walker estaban impresionados al verla hablando con naturalidad con las personas más poderosas de El Baldío y que además todos la tuteaban—. No me extrañaría nada que la hija de puta de la emperatriz Kaxila este detras de todo esto.

—Marta, ese vocabulario, —la reprendió Cortabarria con paciencia.

—Lo siento mi señora… pero es que es una hija de la gran puta, —la respuesta hízo reir a todos. Incluso Cortabaria se sonrió.

—Sí que lo es. Bien, vamos a investigar en esa dirección, pero insisto: ¿qué hacemos con el imbécil?

—Ya lo he dicho antes: tiene que combatir sí o sí, —afirmó el embajador talissio.

—¡Joder! Pero no tiene posibilididades.

—Lamentablemente no, pero todo el tiempo que ganemos es bueno. 

—¿Para cuándo está fijado el combate?

—Siete semanas. El desafiante ha impuesto el plazo más largo, —respondió Marta.

—¿Y eso como es? —se extrañó Cortabarria.

—El imbécil es un rival de poca entidad. Supongo que van a agitar el ambiente para que no resulte… excesivamente patetico.

—Están dando ustedes por sentado que voy a perder, —intervino Walker un poco airado.

—Es que vas a perder. ¿Qué experiencia tienes en cualquier tipo de armas de filo?

—Solo con cuchillo.

—Tilso ha pasado todos los niveles y ha llegado joven a optar al Círculo Supremo. Eso significa que habrá empezado a manejar la espada con tres o cuatro años y el hacha con un par más.

—Así están las cosas. Tú te has metido en este lio y ahora te toca asumir las consecuencias. Estás rebajado del servicio para que entrenes. Te voy a hacer un favor, —y mirando a Marta añadió—: También estas rebajada de servicio para que le prepares, que de mínimamente la talla y no resulte excesivamente patético.

—A la orden mi señora.

 

 

Era todavía de noche cuando Marta y Walker corrían por la pista de entrenamiento del complejo militar de Mandoria. Después de diez kilómetros desayunaron algo en el bufé de uno de los comedores y se dirigieron al hangar que Marta había reservado para su entrenamiento. Durante el resto de la mañana intentó que asimilara algo de la lucha con armas de filo, pero fue infructuoso y desalentador. La única alegría que recibió fue la visita de Miriam, la esposa de Walker y de su hijita de seis años Emma. Venian acompañadas de la coronel Cooper que resulto ser prima del imbécil.

La niña y Marta hicieron migas desde el primer momento y en los descansos, en los que Miriam, que era fisioterapeuta, relajaba los músculos de su marido, siempre estaban jugando.

—Te gustan los niños, se nota, —la dijo Miriam un día que la masajeaba a ella.

—Nunca he tenido mucha relación con ellos.

—Pues se te dan bien: serias una buena madre.

—Ya lo que me faltaba es parir e ir con un crio a cuestas.

—¿Qué problema ibas a tener? Otra cosa no habrá, pero guarderías publicas…

—Ya, ya, pero para mí lo más importante es servir a mi señora. Ella ha dado la cara por mí muchas veces y no la quiero fallar.

—No conozco mucho a Cortabarria, pero me extrañaría que te pusiera algún tipo de pega…

—Pero si no es ella, soy yo que soy una gilipollas. Además, yo solo sirvo para pegar tiros: soy un puto buzo. No seria buena madre.

—Vale, pero no me vas a convencer, —y dándola un azotito en el trasero añadió—: ¡Hala! Date la vuelta.

—Marta, ¿Puedo hacerte una pregunta en confianza? —intervino Cooper que asistía a la conversación sentada en un banco próximo. Mientras, Emma y su padre paseaban por el hangar.

—Sí, claro.

—¿Thomas tiene alguna posibilidad? —Marta se incorporó para controlar donde estaba la niña.

—No es el momento…

—Marta por favor, yo también lo quiero saber, —insistió Miriam poniéndola la mano en el hombro.

—Desgraciadamente, en ese tema hay connotaciones políticas y diplomáticas. En otras circunstancias habrían repatriado a Thomas y no se habría producido el combate, pero…

—Ya, ¿pero tiene alguna posibilidad? —insistió Cooper.

—Ninguna.

—¿Ni siquiera remota? —volvió a insistir.

—Ni siquiera remota.

—Pero tú si, —afirmó Cooper. Marta la miro fijamente y a Miriam se le abrieron los ojos como platos de estupor.

—Pero ¿que estás diciendo? —soltó Miriam cuando se recuperó de la sorpresa.

—Marta, esa niña se va a quedar huérfana, —siguió insistiendo Cooper ante el silencio de la aludida.

—¡Vete de aquí ahora mismo! —empezó a chillar Miriam que estaba fuera de si—. ¡Que te vayas!

—Miriam, por favor, ella si tiene posibilidades.

—¡Fuera de aquí, fuera!

—Pero ¿qué pasa? —preguntó Walker que se aproximó corriendo y abrazaba a su esposa para tranquilizarla. Rápidamente, Marta cogió en brazos a Emma y se retiró para apartar a la niña de la bronca.

—Esta, que quiere que Marta te sustituya en el combate.

—¡No me jodas Stephanie!

—No te das cuenta de que no puedes sobrevivir a esto, —afirmó Cooper bajando la voz.

—Da igual: yo me he metido en esta mierda y asumiré las consecuencias.

—Me parece genial Thomas, pero es que ella puede ganar ¡Joder!

—Ya sé que Marta ha ganado en Riggel…

—No tienes ni puta idea de quien es ella, —afirmó Cooper—. No ha ganado una vez: ha ganado dos veces. Solo tres guerreros lo han conseguido en toda la historia de Riggel y los otros dos ya están muertos. Y además, tiene más de cien victorias y ninguna derrota en la Arena normal. Ella tiene posibilidades de ganar.

—Y de morir, —afirmó Walker—. Stephanie, no lo voy a permitir: nadie va a combatir por mí. Y ahora por favor, vete y déjanos trabajar.

—Y no vuelvas, —añadió Miriam que seguía muy cabreada, aunque ya se estaba tranquilizando un poco.

Cooper dio media vuelta y se dirigió a la salida, mientras Walker y su esposa se acercaban a Marta que estaba llenando de besos a Emma.

—No sabes cómo siento lo que ha pasado, —dijo Thomas—. No tenía ni idea de lo que iba a hacer.

—Tranquilo: no pasa nada. Además, tiene razón: yo si tengo posibilidades. Pero no hablemos de esto aquí, —y dando la niña a su madre añadió—: vamos a seguir trabajando.

Las palabras de Cooper no la habían afectado porque esa idea ya la estaba rondando la cabeza. Miraba a Emma y la partía el corazón que fuera a quedarse huérfana: Walker era un buen padre.

Que ganara Walker era imposible, pero que la autorizaran a sustituirle lo era todavía más. Cuando llegó a casa lo estuvo meditando y tomó una decisión que para ella seria transcendental.

En ese momento no imaginaba hasta que punto.

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