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17 min
El Baldío (capitulo 24)
Ciencia Ficción |
29.01.21
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Sinopsis

En el capitulo de hoy: Marta la lía y se prepara.

Este relato lo encontraras también en:

http://lashistoriasdelcalvo.blogspot.com/

                               *      *     *     *     *

 

Marta entró en el antedespacho de Cortabarria donde el general San Juan trabajaba en su mesa. Frente a él, en varias mesas, estaban las secretarias y los ayudantes.

—¿Está ella? —preguntó— ¿Está sola?

—Sí claro: pasa.

Marta se dirigió a la puerta y con decisión la abrió y entró. Después de cerrar la puerta, con paso firme se situó ante ella que trabajaba con su computador holográfico. La miró y con una sonrisa y un gesto de la mano la invitó a sentarse, pero Marta permaneció de pie.

—¿Qué ocurre Marta? —preguntó mientras seguía con el computador al ver que permanecía de pie.

—Quiero pedirla un favor mi señora.

—Ya sabes que si está de mi mano… —dijo dejando el computador y girándose hacia ella.

—No mi señora: me temo que no es tan sencillo.

—Me estás asustando Marta: dime que ocurre porque ya me estoy cabreando.

—Quiero que me dé permiso para pelear en la arena de Riggel: en la de sangre.

—¿Qué? ¿Tú estás gilipollas? ¡Ni lo pienses! ¿Te parece poco la que ha liado el imbécil ese?

—A eso voy. Quiero pelear en su lugar.

—¡No me jodas Marta! —vocifero Cortabarria fuera de sí. De inmediato San Juan entró en el despacho al oír las voces—. ¡Estás mal de la cabeza!

—¿Pero qué pasa? —preguntó San Juan.

—¡La gilipollas esta, que quiere pelear en Riggel en lugar del anormal ese!

—No me jodas Marta ¿Por qué quieres hacerlo?

—He conocido a su hijita y no quiero que se quede huérfana. Mi señora, usted sabe muy bien que no tiene ninguna posibilidad…

—¡Que le den por el culo!

—… pero yo sí.

—¡No! Tú tampoco. Ya tentaste a la suerte dos veces y te salió bien.

—Mira Marta, tienes que ser razonable: nadie ha ganado más de dos veces en esa salvajada. Ni humano, ni alienígena.

—Mi decisión es firme: no voy a permitir que esa niña se quede huérfana. Ni su esposa viuda. No se lo merecen.

—Pues no te voy a dar permiso, —afirmó Cortabarria.

—Entonces, sintiéndolo mucho y con todo el dolor de mi corazón voy a pedir la baja voluntaria en la Armada. Por años de servicio tengo derecho.

—Pero ¿Qué cojones estás diciendo? —preguntó Castro al entrar en el despacho y oír a Marta. San Juan le puso al corriente de sus pretensiones—. ¡Joder Marta! Dando sorpresas para variar.

—Lo siento mucho. Permiso para retirarme mi señora.

—No, no te permito y además…

—A ver Itziar, vamos a tranquilizarnos, —la interrumpió Castro— porque sabes muy bien que si hay alguien cabezona es Marta.

—Pero ¿Cómo la vamos a dejar hacer esa barbaridad? —gritó Cortabarria.

—Mira, a mí esto me gusta tan poco como a ti, pero a esta gilipollas la aprecio y la quiero igual que tú, y si permitimos que sé vaya de la Armada va a ir a Riggel sola, pero si la apoyamos…

—¡Joder Paco!

—Yo opino igual, —afirmó también San Juan—. Además, al emperador le vendría bien.

—¡Os juro por Dios que a ese anormal le voy a mandar a su punto país de una hostia!

—No voy a discutir sobre eso con usted mi señora…

—Hombre gracias.

—… pero ni la niña ni su esposa merecen perder El Baldío: están muy ilusionadas y tienen muchos proyectos.

—No si al final le voy a tener que dar una medalla ese hijo de puta, —dijo Cortabarria y después de reflexionar unos segundos añadió—: te doy mi palabra que como sobrevivas a esto te voy a ahogar con mis propias manos.

—Y yo te voy a ayudar, —añadió Castro.

—¡Joder! —exclamo Marta.

—Nada de gracietas que no está el horno para bollos jovencita, —advirtió Cortabarria y mirando a San Juan añadió—: localiza a Horr Salar y a Mirla, y que vengan aquí: ya. Que se ocupen de entrenarla. Avisa también al doctor Orxim para que la haga un chequeo completo… sobre todo de la cabeza: está claro que no la funciona bien.

—Creo que los dos están aquí en Mandoria.

—Perfecto.

—Solo una cosa más Marta, —apuntó Castro cogiéndola las mejillas con las manos afectuosamente—: no más sorpresas de este tipo. Esta es la última vez que pides algo parecido y es definitivo.

—Si mi señor.

—Localízame también a Cooper, —le dijo Cortabarria a San José—: me da que algo tiene que ver en esta locura.

—Mi señora, la decisión ultima ha sido mía.

—¿No ves como esta involucrada? —dijo Cortabarria mirando a Castro, y después desviando la mirada a Marta añadió—. ¿Cómo puedes ser tan… tan… estúpida? ¿No te das cuenta de que prefiere que mueras tú a un compatriota?

—Eso está claro, —corroboró San Juan.

—Son familia mi señora.

—¡La madre que la parió! —exclamó Castro.

—Se lo pido por favor mi señora: no haga nada.

Cortabarria se puso a mirar por la ventana mientras recapacitaba. Se daba cuenta de que Castro tenía razón, pero en esos momentos estaba muy cabreada.

—Mira Marta, me tienes harta. Cuando no es una cosa es otra. Haz lo que te de la gana, pero yo no quiero saber nada, —y mirando a Castro y a San Juan añadió—: ocuparos vosotros de que no la falte de nada, —y desviando la mirada hacia Marta, añadió—: quítate de mi vista.

 

 

Lo primero que hizo Marta nada más salir del despacho de Cortabarria fue dirigirse al hangar donde entrenaba Walker. Le explicó la decisión que habia tomado, y su reacción fue tormentosa: se negó categóricamente. Miriam, con la niña en brazos estaba espantada e intentaba contener las lágrimas para no asustar a Emma. A pesar de haberla conocido hacia escasamente una semana, se había dado cuenta de lo especial que era y sentía afecto por ella.

Todavía estaban discutiendo cuando Horr Salac y Mirla llegaron al hangar. Si Walker estaba muy enfadado los recién llegados lo estaban mucho más. Sentada en la camilla de masajes, Marta aguantaba el temporal impasible, y así siguió hasta que Emma, asustada por las voces que Horr estaba profiriendo, se puso a llorar. Inmediatamente Marta saltó como un resorte.

—¡Cállate ya Horr! Has asustado a la niña, —dijo cogiéndola en brazos—. Entiendo que estés cabreado, pero si no me quieres ayudar es mejor que te vayas.

—¿Qué cojones estás diciendo? —volvió a vociferar.

—¡Horr! Tranquilo, —intervino Mirla dándole unas palmadas en el pecho y mirando a Marta añadió—: y tu deja de decir gilipolleces. Hemos venido a ayudar a nuestra amiga.

—Marta, han dicho palabrotas y mama no me deja decirlas, —dijo de repente Emma.

—Y tienes que hacer caso a tu mama, —dijo finalmente Horr cuando se repuso de la sorpresa mientras Marta, Mirla, Miriam y Walker se reían.

—¡Increíble! Una niña de seis años ha derrotado al poderoso y gruñón Horr del clan Salac, primo del emperador y miembro del Círculo Supremo de Talissia, —se pitorreó Marta.

—A ver si te voy a dar una hostia, —la amenazó Horr.

—Ha dicho otra palabrota, —afirmó Emma.

—Vamos a hacer una cosa, —la dijo Marta que seguía con la niña en brazos—. Mañana te voy a traer una libreta y un lápiz para que apuntes todas las veces que Horr dice una palabrota.

—Sí, pero lo vamos a hacer mejor, —intervino Mirla—. También vas a apuntar las palabrotas de Marta.

—Vale, —dijo Emma.

—Y además, cuando todo esto termine, todos los que estén apuntados en la libreta te van a pagar una peseta por cada palabrota, —la niña al oírlo se le ilumino la cara.

—Bueno, y ahora que la niña ha puesto un poco de cordura…

—Me llamo Emma.

—Perdona cariño. Ahora que Emma ha puesto un poco de cordura, —rectifico Mirla mirando a Marta—. ¿Cómo lo quieres hacer?

—Estoy en vuestras manos, pero una cosa ha de quedar clara: voy a combatir sí o sí, y me da igual lo que dígais vosotros dos y Walker.

—¿Quien coj… leches es Walker?

—Marta, ¿leches es una palabrota?

—No mi amor, —respondió Marta riendo.

—Yo soy Thomas Walker y soy el culpable de todo esto.

—No, he visto la grabación de lo que pasó, —aseguró Horr despectivo—. Tu solo eres el “pringado” que buscaron y que encontraron con mucha facilidad. Eso no dice mucho de ti.

—Merezco todo lo que me quieras decir, pero solo te dire que no quiero que Marta pelee por mí.

—Vale, pero como diríais en la Tierra, tú eres “un cero a la izquierda”. Aquí hay muchos intereses políticos y diplomáticos que te sobrepan y el emperador necesita ganar este combate. La estabilidad de mi patria esta en juego. Si no, te aseguro que haría lo imposible para que Marta no pelee.

—Bueno, como ya está todo aclarado, —dijo Mirla— Vamos a empezar a organizarnos: Horr ¿cómo lo quieres hacer?

—Primero escanéala, —dijo Horr mirando a Mirla. Por indicación de ella, Marta dejo a la niña y se quitó toda la ropa. Después, su amiga la escaneo desde todos los ángulos con un escáner de mano que emitía un fino haz de luz verde horizontal. Mientras, Hor seguía hablando—. Vas a entrenar mañana, tarde y casi noche. Necesitaremos espárrines para que los vapulees, —Walker levantó la mano y Horr asintió—, también he llamado a mi hermano Serek para que venga con un par de amigos. Salvo cuando te desfogues con Walker, quiero que pelees siempre contra talissios jóvenes. Necesitaremos un fisioterapeuta para que te ayude, —Miriam Walker y Emma levantaron la mano y Hor asintió. En cuanto a estrategia, por el momento no vamos a difundir el cambio de contrincante.

—Sí, —afirmó Mirla—. Esos anormales ya están celebrando la victoria. Que sepamos Tilso ha asistido a cuatro fiestas en su honor: por supuesto todas organizadas por el clan Carjun.

—Están totalmente crecidos, por lo tanto, les vamos a dar un buen susto: Cuando Tilso se entere de que se va a enfrentar a la gran Marta de España, se le van a aflojar las piernas y se le van a caer los coj… bueno, eso a plomo.

—Va a ser difícil mantener el secreto, —afirmó Marta que ya se estaba vistiendo.

—Ya lo hemos hablado con el emperador y con Cortabarria: no hay problema, —afirmó Mirla mientras activaba una pantalla y volcaba los datos del escaner.

—Muy bien, —dijo Horr después de estudiar los datos del escáneo—. Vas a perder tres o cuatro kilos: te quiero rápida como el rayo…

—Como estabas hace seis o siete años, —apuntó Mirla.

—… y vamos a muscularte más, en especial estos grupos musculares.

—OK, me centraré más en esas zonas, —afirmó Miriam mirando también el escáner.

—Pues a trabajar.

—Una cosa más Mirla. Manda estos datos a tu familia para que estén preparados. Necesitara una armadura nueva y armas cuando decidamos que va a utilizar.

—De acuerdo.

 

 

A las seis de la madrugada Marta, Mirla y Walker salían a correr diez kilómetros. A continuación, pasaba por la zona de musculación que se habia preparado en el hangar de entrenamientos. Acto seguido, empezaba el entrenamiento de combate en suelo: sin armas. Y ya por la tarde combate con armas con Serek y sus amigos hasta las nueve de la noche.

Marta llegaba agotada a su apartamento. Se duchaba y se metía en la cama hasta las cinco y media que se levantaba para empezar.

Al término de la primera semana la visito el doctor Orxin y la estuvo practicando un reconocimiento medico. Después, se reunió con el equipo.

—Horr, está agotada: así no va a llegar a la pelea.

—Lo sé doctor, pero esta semana es la semana infernal y quería llevarla al límite. Ahora empezaremos a bajar la intensidad.

—Lo entiendo, pero ya la conoces: caerá muerta antes de rendirse. Tienes que aflojar.

—¿Recomiendas que paremos unos días, o…?

—No es necesario. Voy a reprogramar sus bots para que la ayuden con la fatiga hasta el día del combate. Luego ya sabes que el reglamento lo prohibe. También la vamos a empezar a medicar: tiene niveles muy bajos. Pero tienes que bajar la intensidad y programa más descansos.

—De acuerdo doctor: así lo haremos.

—Mira Horr, sé perfectamente a quien se va a enfrentar, pero queremos que llegue en condiciones para el combate, no medio muerta.

—Eso queremos todos doctor.

—Y que Miriam se ocupe más de ella.

—Siempre que acabamos un bloque de entrenamientos Miriam…

—Fíjate que no estoy aquí, ¿pero a que hablan mucho cuando están juntas?

—No paran, ellas dos y Mirla y sobre todo con la niña.

—Eso psicológicamente es muy bueno: es oro puro. Por lo general las hembras son más… empáticas, que los machos, y eso se repite en cualquier especie. Tenlo en cuenta. También te voy a mandar a una psicóloga que ya trabajó con ella hace tiempo y la conoce perfectamente, aunque Marta la llama “la bruja”.

—¡Joder! Pues estamos bien. Vale doctor: mándeme a la psicóloga y haremos todo lo que me dice.

—En definitiva, casi es más importante su condición psicológica que la física. En tres o cuatro días me pasaré para ver como va y ajustarla un poco más los bots.

—De acuerdo. Gracias doctor.

 

 

Al término de la segunda semana y con Marta en mejor estado, Horr los reunió a todos. Las medidas de seguridad eran extremas porque se había detectado la presencia de agentes del clan Carjun en las cercanías. El hangar estaba permanentemente rodeado por miembros del clan Salac. A Marta la sacaban a escondidas y exhibían a Walker para que creyeran que seguía siendo el contrincante.

—Esta tarde vamos a anunciar el cambio de contrincante y que la gran Marta de España es la paladín de Walker.

—A ese gilipollas se le van a aflojar las piernas, —afirmó Mirla e inmediatamente Emma, que estaba presente, abrió la libreta que le había regalado Marta y la apuntó provocando las risas de los demás. Mirla miró a Horr y añadió—: no te rías que la mitad de la libreta la ocupas tú.

—Mañana nos vamos a Riggel. Mirla se ha apuntado en una pelea y con esa excusa vamos a empezar a promocionarte. ¿Tu nave esta disponible Marta?

—Si claro: como siempre.

—¿Tienes una nave? —preguntó Miriam mirándola.

—Sí, pero no pienses que es un crucero de batalla, —respondió Marta riendo—. Es una nave de recreo.

—Unos cojones de recreo, —intervino Mirla y Emma la volvió a apuntar—. Es una cañonera Xelar.

—No exageres Mirla, ahora es de recreo.

—No exajero. ¿Tiene cañones o no tiene cañones?

—¡Joder sí! Pero ahora es de recreo.

—¿Y como tienes una cañonera Xelar? Tengo entendido que esa gente no cede su tecnología.

—No hay tanto misterio. Encontré una vieja cañonera de doscientos años de antigüedad en un desguace, la compré y unos amigos la restauraron.

—Claro, y tu amigo el canciller de Xelar te dio permiso para tenerla, —insistió Mirla.

—Pues sí.

—Venga Mirla no insistas que ya sabes que no vas a conseguir nada, —intervino Horr riendo—. Lo que te pasa es que te fastidia que Marta tenga una nave Xelar y tu no… ¡Ah! Y la moto, que en realidad es lo que más te escuece.

—Para decir gilipolleces podrías haber seguido callado… y sí, no entiendo porque esta puede pilotar una moto en Mandoria y yo no.

—Venga tía, —dijo Marta abrazándola con cariño pero para hacerla de rabiar— ya sabes que te llevo en la moto siempre que quieras… de paquete.

—No, si al final vas a pillar, —espetó Mirla mientras todos los demás se partían de la risa.

 

 

Al día siguiente, embarcaron todos en la nave de Marta, y con ella a los mandos, porque era la única que tenía titulación de piloto xelar, y su genética era compatible con los controles, se dirigieron a Riggel. Siete horas después, llegaron a su destino y aterrizaron en la terminal de vuelo de la capital. Después de instalarse en un hotel cercano a la Arena se dirigieron allí donde el clan Salac había reservado un gran palco.

Todos menos Marta entraron en el palco—. Quédate fuera y entra cuando yo te lo diga.

—A la orden mi señor, —dijo Marta cuadrándose y saludando militarmente.

—Ahora vais a ver quien es Marta, —dijo Horr a Miriam y Walker—. No hemos anunciado su llegada, aunque el locutor si lo sabe y va a hacer un panegírico de sus triunfos.

Efectivamente, cuando por indicación de Horr, Marta entró en el palco y se sentaba en la primera fila, un clamor empezó a elevarse desde las filas cercanas al palco que rápidamente se fue extendiendo por todo el Arena, sobre todo cuando las cámaras se centraron en ella. Tal era el clamor, que Marta tuvo que levantarse mientras los integrantes de su propio palco también la aplaudían.

—«Hoy es un día histórico para la Arena de Riggel, —empezó a decir el locutor—. Con nosotros está alguien con un palmarés espectacular en esta Arena. Ciento seis victorias y ninguna derrota. Pero por si esto fuera poco, y para ella lo es, es el único guerrero vivo que tiene dos victorias en la Arena de Sangre y que por lo que supimos ayer, quiere una tercera victoria. Ella es la legendaria, la invicta, la inigualable, la gran ¡Marta de España!»

Un nuevo clamor mucho más estruendoso se elevó en el graderío mientras todos se ponían en pie en señal de respeto. Mientras sus compañeros de palco se levantaban a aplaudir, Marta permaneció sentada por indicación de Horr hasta que finalmente la dejó levantarse para saludar al graderío. El público estaba como loco y decenas de seguidores se agolpaban en los limites del palco solicitando hacerse selfis con ella. Con miembros del clan Salac controlando la situación, cuando Horr sé lo indicó, Marta se acercó al público y estuvo atendiendo a sus seguidores.

Cuando todo se tranquilizó, y después de que Mirla ganara su combate, regresaron al hotel donde celebraron el enorme triunfo mediatico cosechado en la Arena. Una celebración a la que asistió también el emperador de Talissia.

Al día siguiente regresaron todos a Mandoria y retomaron el entrenamiento. Solo faltaban dos semanas para que llegara el día del combate en la Arena de Sangre de Riggel.

 

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