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11 min
El Baldío (capitulo 31)
Ciencia Ficción |
18.03.21
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Sinopsis

En el capitulo de hoy: Continua la segunda parte de la misión.

Este relato lo encontraras también en:

http://lashistoriasdelcalvo.blogspot.com/

                               *      *     *     *     *

Hacia casi dos meses y medio que la Campeadora había partido de Raissa y ahora estaban próximos a llegar a la zona dónde creían que podría estar el complejo naval tardasiano.

La Campeadora, había transmitido en varias ocasiones toda la información de que disponían camuflándola en el enorme flujo de datos enemigo. También había recibido algunos mensajes, entre ellos uno personal de Cortabarria para Marta.

Después de visualizarlo, llamó a todos al comedor. Cuándo fueron llegando, vieron que Marta se había sentado en un extremo de la mesa sobre ella con las piernas cruzadas en posición de loto.

—Muy bien chicos y chicas. Hace unos momentos hemos recibido unos mensajes desde casa. Entre ellos había uno personal de Cortabarria para mí. En el nos reitera su apoyo y la fe ciega que tiene en este grupo, que indudablemente es la misma fe que tengo yo en todos nosotros. Reconozco que me ha sorprendido que por el momento, una parte de la misión la hemos cumplido de una manera relativamente sencilla, por supuesto exceptuando cuándo tenemos que aterrizar en planetas inhóspitos y a Taylor le da por pillar gérmenes alienígenas, —bromeó Marta y todos rieron a carcajadas mientras le daban palmadas en la espalda—. Por delante tenemos la localización del complejo naval enemigo y eso nos obligara a hacer reconocimientos en superficie. Que duda cabe que eso aumentara el riesgo de la operación por lo que tenemos que estar muy concentrados, porque si nos descubren, la misión se acaba y nosotros, en el mejor caso podemos terminar en una prisión tardasiana. Lo que nos queda no es fácil, pero estoy convencida de que todos juntos lo conseguiremos, —y haciendo una señal al cocinero añadió mientras este sacaba un par de botellas de whisky talíssio y unos vasitos de chupitos—. Hace muchos años, Esther y yo tuvimos el privilegio de formar parte de un grupo excepcional. Hoy, no me cabe la menor duda de que formo parte de otro, —y levantando su vasito añadió—: brindo por todos vosotros.

—Por el mejor mando y la mejor compañera que se puede tener en la batalla, —afirmó rápidamente Esther levantando también su vaso mientras la miraba—. Mi amiga y capitán Marta Buendía.

Marta la miró con cariño, bebió su chupito y salió del comedor en dirección a su camarote dónde se encerró.

—Vale Esther, —dijo Taylor sentándose frente a ella—. He oído historias sobre Marta: ¿qué hay de verdad?

Esther guardó silencio unos segundos mientras le miraba fijamente y recapacitaba—. Toda la historia no os la puedo contar.

—Lo que puedas, —la animó Barbie que se había sentado a su lado.

—Marta tenía el mejor grupo operativo de la Fuerza de Guerra Naval Especial y yo tenía el orgullo de formar parte de él cómo sargento especialista: éramos la puta elite. Nos mandaron a una misión de reconocimiento e inteligencia a un sistema supuestamente ocupado por corsarios tardasianos. Iba a ser algo fácil, rutinario, pero nos encontramos con una encerrona. Fuerzas de elite tardasianas nos estaban esperando. Perdimos a tres compañeros y el resto resultamos heridos: yo perdí el brazo, —Esther mostró su brazo izquierdo y movió su mano biomecánica que no se diferenciaba mucho de una real—. Los supervivientes salimos de allí gracias a Marta. Se jugó la vida llevándome al hombro, pero lo consiguió, aunque no pudimos recuperar los cadáveres de los compañeros. Cuándo regresamos a Mandoria estaba cómo loca y a pesar de sus heridas hizo algo que nunca debió hacer y en lugar de conseguir otra condecoración para su colección, esas que tanto desprecia, terminó en el calabozo. Solo os diré que Cortabarria intervino e impidió que la expulsaran de la Armada, pero no pudo impedir que sí lo fuera de la FGNE: nuestra unidad del alma. Además, la degradaron a teniente y congelaron su escalafón: Marta se jubilará cómo teniente cuándo a estás alturas podría ser la contralmirante más joven de la historia.

—¿Contralmirante? —preguntó Harris extrañado.

—Vosotros no lo sabéis. Marta no va por el escalafón de la Infantería de Marina, sino por el de la Armada: la FGNE lo permite. Cuando todo esto ocurrió, Marta llevaba dos meses cómo capitán… de fragata, y eso equivale a teniente coronel por la escala de infantería.

—Entonces ¿ahora es…? —preguntó Taylor.

—Teniente de navío, es decir, capitán. Después Cortabarria la metió en el grupo de seguridad del Cuartel General para tenerla a mano.

—Tú eres sargento, ¿entonces que eres? —preguntó Barbie.

—Sargento, ahora sargento primero. Yo provengo de la Infantería de Marina.

—Esther, solo quiero saber una cosa: ¿Mató al responsable? —preguntó Taylor.

—Por fortuna no. Si lo hubiera hecho ni siquiera Cortabarria la hubiera podido salvar, aunque no creas, faltó muy poco.

—¿Y que tal lo ha llevado? —preguntó Harris.

—Mal, aunque ya se ha habituado: no la queda más remedio. Marta siempre será un buzo.

—¿Y tú? —la preguntó Barbie cogiéndola la mano biomecánica.

—Yo me retiré. Me dieron la oportunidad de pedir la incapacidad y acepté. Estaba terriblemente decepcionada y no podía entender lo que había pasado, y me refiero a todo en general y por supuesto de ninguna manera culpo a Cortabarria: dadas las circunstancias hizo lo que pudo y gracias a ella, hoy Marta esta con nosotros y no muerta.

—¿Muerta? ¡No jodas! —exclamó Taylor.

—Marta no siguió combatiendo en Riggel porque Cortabarria lo prohibido. Si la hubieran expulsado, ¿cuánto crees que tardaría en volver a combatir? Supongo que todos tenéis muy claro lo que eso significa. Y no me tiréis más de la lengua que ya os he contado más de la cuenta. Si queréis saber algo más preguntadle a ella, pero ahora mismo no es buen momento: dejadla tranquila.

 

 

Diez días después, la Campeadora se había ocultado en un campo de asteroides y el grupo operativo, a bordo de las lanzaderas se había infiltrado en un planeta dónde habían localizado un complejo científico, anexo a una gran industria, en el extrarradio de un núcleo urbano importante. Los SEAL habían tomado posiciones en las cercanías y procedían a instalar algunos equipos para interceptar las comunicaciones y poder acceder a los equipos informáticos. Mientras, Marta, Esther y Alyssa, disfrazadas y maquilladas cómo hembras tardasianas, se había infiltrado en la ciudad e intentaban acceder al núcleo central de comunicaciones subespaciales de la ciudad para instalar un pequeño transceptor. Habían iniciado la operación, porque habían comprobado que ese día era festivo en la ciudad y pensaron que habría muy poca gente.

—Marta, alguien se acerca desde el norte, —dijo Alyssa mirando su sensor de movimiento.

—¿Solo uno?

—Afirmativo. Se acerca despacio: debe de ser un vigilante de seguridad.

—¿Cuánto te queda Esther?

—Dos minutos y cerrar el tablero.

—¡Joder! Hay que neutralizarlo, —dijo Marta dejando en el suelo la bolsa de tela típica de la moda de las hembras tardasianas—. Alyssa, quédate con Esther: yo me ocupó.

Rápidamente, recorrió el pasillo norte, subió unas escaleras y se ocultó en un rincón a oscuras. Unos segundos después, se abrió la puerta y sin previo aviso, Marta le volteó y le hizo caer de cabeza por la escalera. Cuándo llegó al suelo he intentó incorporarse con la cara llena de sangre y todavía sin entender lo que había pasado, Marta, que ya estaba junto a él, le agarró la cabeza y le rompió el cuello. Recolocó el cadáver para que no hubiera duda de que se había matado al caer por la escalera y en la parte superior practicó un ligero orificio en una conducción de agua que empezó a mojar los escalones superiores. Después mojo un poco las suelas de los zapatos y el pantalón y regresó junto a sus compañeras.

—Ya nos podemos ir, —las dijo y sigilosamente se encaminaron al exterior. Una vez fuera se mezclaron con los transeúntes—. Alyssa, podemos aprovechar y hacer turismo, que a ti te gusta ¿has traído la cámara?

—Mejor no, no me está llamando la atención esta ciudad: es fea.

—Cómo quieras, pero luego no te quejes, —y las tres se encaminaron al encuentro de sus compañeros y juntos regresaron a las lanzaderas que las llevó a la Campeadora.

Al llegar a la nave, Marta, sin quitarse el disfraz se dirigió a la zona de mando.

—¿Qué has descubierto? —preguntó al analista de inteligencia.

—Muchas cosas. Es un centro de investigación tecnológica que en parte trabaja para sus fuerzas armadas, pero no es lo que buscamos.

—¡Mierda!

—Pero, si nos quedamos por aquí y tenemos paciencia, podremos tener algo. Mira Marta, me extrañaría que un centro cómo este no se comunique con el centro principal que es el que buscamos.

—¿Cómo lo veis? —preguntó Marta mirando a los pilotos—. ¿Podemos seguir ocultos aquí?

—Somos totalmente indetectables en este mar de asteroides ferromagnéticos. Ni siquiera es necesario activar las pantallas de ocultación.

—De acuerdo entonces, —y mirando al de inteligencia añadió—: dentro de un rato, cuándo descansen, te mando a Alyssa, a Barbie y a Taylor para que te echen una mano y establezcas turnos.

—A la orden.

Salió de la zona de mando y se encaminó hacia su camarote para quitarse el maquillaje y ducharse. Se estaba secando el pelo envuelta en la toalla de baño, cuándo entró Esther que ya se había aseado. Abrió un armario y sacó una botella de orujo español, dos vasitos y los llenó.

—¿Qué vamos a hacer? —la preguntó dándola uno de los vasos.

—Vamos a quedarnos aquí hasta que tengamos una pista, —respondió y la informó de lo que había hablado con los de la zona de mando.

—Yo también me pasaré para echar una mano.

—Cómo quieras, —y mirándola largamente mientras olisqueaba el orujo añadió—: ¿sabes? Me asusta lo fácil que nos está resultando hasta ahora esta misión. Cuándo discutí los pormenores de la operación con Cortabarria, ninguna previsión era tan buena, al contrario.

—Mira nena, a estás alturas no creo necesario tener que explicarte cuál es mi opinión sobre ti a todos los niveles, por lo tanto, no me cuentes gilipolleces. Esta operación está saliendo bien porque tú la has diseñado y porque tú estás al mando, y ahora deja de decir chorradas y de comerte el coco: no te permito dudar de ti misma. Venga, vístete y vamos a cenar.

—A la orden, —dijo Marta cuadrándose y saludando militarmente. La toalla de baño que rodeaba su cuerpo resbaló y calló al suelo quedándose desnuda.

—¡Anda! Que si Taylor llega a estar aquí se desmaya, —dijo Esther riendo. Marta también lo hizo mientras se vestía y luego las dos salieron hacia el comedor para cenar.

 

Una semana después, Esther llamó a Marta a la zona de mando y rápidamente se personó. Allí, en ese momento estaban Taylor, Alyssa y Esther trabajando en las terminales.

—¿Qué ocurre?

—Taylor ha interceptado un mensaje de datos con especificaciones técnicas de tipo militar. El destinatario es: KPYS396 Serianís.

—El indicativo del complejo naval de Kurtalam era KPYK745 Kurtalam, —dijo el analista de inteligencia que había llegado detrás de Marta.

—¿Y Serianís?

—He rastreado la señal y tengo unas coordenadas, —dijo el navegante—. Coincide con un sistema que ya habíamos cartografiado anteriormente cuándo pasamos relativamente cerca.

—Y hay algo más, —añadió Esther—. ¿recuerdas ese crucero que nos cruzamos al principio de la misión y que parecía que estaba averiado?

—Sí, lo recuerdo.

—Pues su rumbo coincide con esas coordenadas.

—¡Señores, hemos cantado bingo! —bromeó el analista sentándose en la terminal que le cedía Esther—. Yo al menos lo veo así.

—De todas maneras ya tenemos un destino, —afirmó Marta mirando a los pilotos—. Con toda seguridad, según nos acerquemos, la presencia militar va a aumentar: quiero una atención especial a los sensores. Taylor pasa a la zona de mando.

—De acuerdo.

—Marta, por favor: ya estoy listo para el servicio.

—Lo sé, pero tú estarás dónde yo crea que tienes que estar grandullón, —dijo Marta apretándole el hombro— y ahora me haces falta aquí. ¿Estamos?

—¡Joder! A la orden.

—¿A cuánto esta?

—A once años luz.

—Muy bien: pues en marcha.

La Campeadora conectó los propulsores y lentamente empezó a maniobrar hasta salir del campo de asteroides ferromagnéticos que los había ocultado hasta entonces. Una vez fuera, activó los hipermotores y saltó al hiperespacio.

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