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13 min
El Baldío (capitulo 48)
Ciencia Ficción |
21.07.21
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Sinopsis

En el capitulo de hoy: Marta despide a la Flota H.

Este relato lo encontraras también en:

http://lashistoriasdelcalvo.blogspot.com/

                               *      *     *     *     *

 

Se despertó tarde para lo que en ella era habitual. Aprovechó que todavía no había comenzado en la nave el turno de la mañana, e hizo una incursión rápida en el comedor dónde la llenaron un termo de café negro y se llevó un par de pasteles y una manzana.

Después de desayunar, se puso cómoda con la camiseta grande que había llevado la tarde anterior, y estuvo toda la mañana trabajando en línea con el CCI en el Cuartel General. Sobre las doce del mediodía, llamaron a la puerta del camarote.

—Abrir, —dijo, y el computador la abrió y el almirante entró en el camarote.

—Buenos días niña, ¿qué tal te encuentras?

—Hecha una mierda.

—¿Y eso por qué, por la pelea?

—Pues claro.

—Pues te jodes, —y remedándola añadió—: “me peleo con todos, me peleo con todos”.

—No seas cabrón y no me hagas reír, —dijo Marta sujetándose las costillas con las dos manos.

—Me manda Itziar para que te lleve a comer, que dice que eres capaz de comerte solo una manzana, —Marta riendo y con las manos todavía en las costillas, le señaló con la mirada un mueble auxiliar sobre la que estaba la manzana—. ¡La madre que te parió! Vamos, ponte los pantalones ahora mismo.

Mientras Marta se vestía, el almirante sacó una foto de la manzana y se la mandó Cortabarria con el mensaje: “ya la tenía preparada” y el emoji riendo. Al rato contestó con un emoji enfurruñado. Cuándo salió vestida de la habitación se encontró al almirante riendo. La miró y la enseño el mensaje y la respuesta de Cortabarria.

—¡Joder Juan! Seguro que luego me llama y me da la charla, —dijo saliendo del camarote de su brazo porque tenía un tobillo un poco tocado—. Lo que me extraña es que no me llamara ayer, porque seguro que se enteró: alguno del CCI se chivaría.

—¿Qué si se enteró? —dijo Torremartin riendo—. ¿No te lo han dicho? Se enteró todo el mundo.

—¡No jodas!

—Itziar y los demás lo vieron en directo. El presidente, el gobernador, el Consejo Xelar, el emperador de Talíssia…

—Venga Juan, te estás quedando conmigo, —afirmó Marta.

—¡Qué cojones! si hasta en Riggel metieron la pelea en el circuito de apuestas.

—¡No me jodas!

—Ya te digo. Menudo susto se pegaron los chicos del barco que empezaron una historia de apuestas, ya sabes entre nosotros, cuándo el asunto se descontroló: tuvieron que suspender y no aceptar más apuestas.

—¡Hay pobres!

—La pelea ha entrado en el noveno puesto en la lista dónde se ha movido más dinero en toda la historia. Por cierto, ¿sabias que otras dos peleas tuyas están en esa lista? Una la primera, y otra sexta.

—Algo había oído. Y tú, ¿apostaste algo? —preguntó Marta achuchándole el brazo.

—Por supuesto. Aposté 5.000 y recupere 12.000. Igual que Itziar, Teo, Paco y Pepe. Inés menos.

—¡No me digas! —y riendo dijo—. Por eso no me llamó anoche para darme la charla.

—Seguro, —dijo el almirante entrando en el comedor de oficiales. Inmediatamente uno de los camareros les hizo señales con la mano señalándoles una mesa. Torremartin, con Marta del brazo se dirigieron a la mesa y mientras esta se sentaba con dificultad, el almirante se fue para coger algo del bufé.

—¿Qué la traigo mi señora? —la preguntó el camarero.

—No, no, gracias, ahora me levantó…

—Negativo mi señora: tengo ordenes directas del almirante. ¿No querrá que me regañe?

—Por supuesto que no. Tráeme algo verde, lo que sea: me da igual. Pero no me eches mucho por favor.

—¿Y de beber?

—Una copa de vino estaría bien.

—Ahora mismo se lo traigo

—Gracias, —contestó mientras veía cómo el almirante regresaba con su repleta bandeja—. Así tienes la panza que tienes, —le regañó.

—A mí es que esto de comer de bufé me mata, —se disculpó mientras se sentaba—. Me cuesta elegir porque me gusta todo.

—Y te pones hasta las trancas.

—Pues… más o menos: sí.

—Aquí tiene mi señora, —dijo el camarero poniendo la bandeja delante de ella—. Espinacas salteadas, trigueros y me he permitido echar unos champiñones también.

—Perfecto: muchas gracias.

—¡Joder tía! yo me paso y tú no llegas, —exclamó el almirante mirando lo que la había traído en la bandeja—. Y encima todo pasto.

—Esto que me han traído es más que suficiente, —dijo mirando la bandeja de Torremartin—. Salvo ese estofado, todo lo demás te sobra.

—¡Joder tía! sí como solo eso, a media tarde tengo que tomar al asalto la cocina.

—Pues si te entra hambre te comes una manzana, —dijo Marta riendo—. Yo tengo una en mi habitación ¿te acuerdas?

—Pero qué cabrona eres.

 

 

Unos días después, el República llegó a Káraman cerca de empezar el periodo de noche. Se convocó a todos los capitanes de la Flota H a una reunión para la mañana siguiente. Se hizo por los conductos habituales porque oficialmente la presencia de las naves allí se debía a una pequeña restructuración de flotas por la situación en ese sector.

Todos los capitanes conocían de sobra a la contralmirante Buendía, y no solo por la reciente pelea. Un mar de murmullos se elevó cuándo la vieron aparecer junto al almirante Torremartin y el contralmirante Torres.

—Señoras, señores, esta es una reunión clasificada de nivel cinco, —anunció el almirante Aguado, ayudante de campo del Torremartin cuándo se cerró la puerta. Todos se miraron entre sí porque no era habitual que se invocara el máximo nivel de confidencialidad—. Con ustedes el almirante general.

—Buenos días chicos, —Torremartin, cómo buen sevillano, utilizaba siempre un trato muy familiar y cordial con sus subordinados, por eso cuándo hablaba con Marta la llamaba cariñosamente “niña”. Se sitúo detrás de ella y puso las manos sobre sus hombros—. Os estaréis preguntando que cojones hace la contralmirante Buendía en esta reunión. Tranquilos, ella os lo va a explicar ahora, pero he querido hablar primero para que no haya la más mínima duda: ella esta al mando y por consiguiente el contralmirante Torres. Y cómo estáis deseando que me calle de una vez, cedo la palabra a mi amiga Marta.

—Gracias almirante. Hemos creado toda esta pantalla ficticia de reorganización de flota, para ocultar el verdadero objetivo de esta misión. Hace tiempo que sabéis que la emperatriz Kaxila está preparando una nueva flota más moderna que la que tenía, lo que no sabéis es que esas nuevas naves no se construyen el Tardasia, —la noticia levantó murmullos entre los asistentes mientras Marta se levantaba y activaba un mapa holográfico—. Así es, se reciben de fuera del imperio.

»Hace tiempo ordené la operación más audaz de la historia de la flota: mandé un crucero al otro lado del imperio tardasiano. Lo mandé a un lugar dónde nadie había llegado jamás, ni siquiera los Xelar. La nave fue el Benasque y su comandante el hoy contralmirante Torres. Después de mucho esfuerzo y riesgo, logró localizar el lugar dónde se construyen esas naves. Se trata de dos mundos independientes: Kaaitam y Mazabuka. Bien. En ese momento el Benasque no pudo destruir esas instalaciones porque ya estaba en precario e incluso regresó a casa racionando la comida.

»Esas instalaciones las vamos a destruir, pero será al final. Hay un problema importante, que es que esos dos mundos no tienen el nivel de desarrollo tecnológico suficiente cómo para proporcionar esos equipamientos. Estamos seguros de que esa tecnología la proporciona alguien más y eso es lo que vamos a ir a descubrir. Después, el contralmirante Torres valorara la posibilidad que hay de “castigar” de alguna manera ese mundo. No sabemos que nos vamos a encontrar porque cómo ya he dicho antes, ni siquiera los Xelar saben que hay allí. ¿Un mundo parecido a Kaaitam y Mazabuka? No parece lógico. ¿O un mundo mucho más avanzado? Es casi seguro que sea esto lo que nos encontremos. Esta operación lo que no es, es una misión suicida. Cómo ya he dicho, si podemos castigarles lo haremos y si no, recopilamos toda la información que podamos, destruimos Kaaitam y Mazabuka, y regresamos a casa.

»Todos ustedes han recibido un grupo de psicólogos y animadores sociales. Son muy importantes porque con la experiencia del Benasque nos dimos cuenta que es vital combatir la tensión de la tripulación y el estrés que una misión tan larga puede producir. Para liberar a los cruceros de otras ocupaciones, todo mi personal de inteligencia y sus equipos de computación, así cómo los equipos científicos y cartográficos, irán a bordo de una nave de transporte. Igualmente, en esa nave embarcara una fuerza de infantería y los grupos de operaciones especiales.

—Mi señora, supongo que la infantería será nuestra, —dijo uno de los capitanes levantando la mano.

—Negativo. Cómo me dijo en una ocasión mi amigo el almirante: “que no se note mucho que somos de la Armada” —la respuesta provocó las carcajadas de todos—. Una compañía de nuestro Tercio y otra de la Legión. También ira uno de nuestros equipos de la FGNE, además de Zapadores Paracaidistas, GOE y SEAL.

»Ahora el contralmirante Torres va a detallar la misión, —y mirando a Torremartin le preguntó—: ¿Quiere añadir algo mi señor?

—Solo una cosa Marta. Chicos, dadas las características de esta misión, Torres tendrá que tomar decisiones difíciles y complicadas y estoy seguro de que va a tener toda vuestra incondicional colaboración. En el momento en que esta flota parta, lo que ordene Torres es “palabra de Dios”, —y bromeando añadió—. Es decir, cómo si lo dijera yo.

El resto de la mañana, entre Torres y Marta detallaron toda la misión y respondieron todas las preguntas y despejaron todas las dudas. Finalmente, se dio por concluida la reunión y todos regresaron a sus naves, mientras el almirante y Marta se fueron a comer al comedor de oficiales.

Unos días después, cuándo la flota H partió. El República emprendió el regreso a Mandoria.

 

 

Una tarde que Marta estaba en una de las zonas de esparcimiento de la nave, con varios de sus contrincantes en la pelea con los que había hecho buenas migas, apareció el almirante y se aproximó a ellos.

—No se levanten, —les ordenó al ver el amago que hacían. Después se inclinó sobre ellos apoyando la mano en el hombro de uno de ellos y mirando a Marta la preguntó—: ¿Y tu móvil?

—¡Joder! —exclamó tocándose el bolsillo.

—Te ha llamado Cortabarria: no es importante, pero llámala luego.

—Sí, luego la llamo. Tengo la cabeza un poco fastidiada, seguramente de las hostias que me dieron estos el otro día, —bromeó Marta.

—Marta, tu siempre has tenido la cabeza más “payá que pacá”. A ver si ahora le vas a echar la culpa a mis chavales, —todos se echaron a reír y el almirante se incorporó y se fue.

Durante un buen rato siguieron charlando y finalmente repartió besos y se fue a su camarote para hablar con casa, pero antes comprobó la hora en Mandoria: era medio día.

Primero estableció una video llamada con Mira y la niña y durante casi una hora estuvo hablando con ellas.

—El lunes que viene empieza el cole, ¿estarás aquí? —la preguntó Mira antes de que cortara la comunicación.

—Si, en tres días estoy ahí: eso no me lo voy a perder por nada del mundo.

—Dale un besito a mama, —le dijo Mira a la niña que inmediatamente empezó a lanzarla besos con la manita, mientras a Marta se la saltaban las lágrimas.

Después de esperar un par de horas llamó también por video enlace con Cortabarria. Esperó ese tiempo porque conocía sus rutinas y presumía que en ese momento estaría en el comedor del Cuartel General.

—Buenas tardes Itziar.

—¡Hombre! Ya era hora que te viera la coleta.

—He estado liada.

—Si, ya lo he visto, cómo buena parte de la galaxia.

—¿No me iras a dar la charla? Ya me he enterado que te forraste con las apuestas.

—Hay por ahí un almirante al que le voy a tirar de la oreja, —dijo Cortabarria riendo—. ¡Será chismoso!

—No le regañes que le quiero mucho… igual que a ti.

—¡Joder! Espero que a mí más, —bromeo Cortabarria—. Ahora en serio. ¿Cómo se te ocurrió hacer una barbaridad así?

—Reconozco que me pasé de lista y lo pagué: me dieron hostias hasta en la coleta…

—Ya lo vimos.

—… pero gané, —afirmó con cierta arrogancia.

—¡Ya esta! Apareció súper Martita. Cariño, ya no estás para estás cosas y ni se te ocurra pensar que vas a cambiar las peleas de bar por pelear organizadas en los buques de la Armada.

—No joder Itziar que ha sido algo fortuito. ¿Cuánto hace que no me peleo en un garito?

—Pues sigue así, que además de que ya tienes 42 años, ahora tienes atrás responsabilidades.

—Sí mi señora: a la orden. Pero ¿te gustó la pelea o no?

—No me gustó porque te dieron palos por todos lados… aunque reconozco que lo que gané con la apuesta si me gustó.

—¡Joder! Por el interés te quiero Andrés, —bromeó Marta mientras reía.

—Me han dicho que para el viernes estáis aquí.

—Sí, sí, sin falta, que el lunes empieza Itziar el cole.

—¡Hostias! Me lo dijo Mira y se me había olvidado, —y mirando hacia un lado añadió—: por favor Inés, que no se me olvide que el lunes tengo que ir al cole de la nena.

—»No te preocupes« —se oyó a lo lejos la voz de la aludida.

—Bueno, pues el viernes te veo y te doy un montón de besos, —dijo Cortabarria con una sonrisa.

—Los mismos que te voy a dar yo. Dale un par de besos a Inés.

—De tu parte.

Cortó la comunicación y salió del camarote para ir a cenar al comedor, dónde ya estaba Torremartin.

—Hoy llegas tarde niña, —la regañó cariñoso cuándo llegó a la mesa con su bandeja y su copa de vino.

—He estado hablando con casa y luego con Itziar.

—¿Y que te ha dicho?

—Que ni se me ocurra pensar que voy a cambiar las peleas de bar por peleas en los buques de la Armada, —respondió Marta riendo.

—Algo muy comprensible.

—Pues se me ha ocurrido…

—Ni lo pienses.

—Pero si no te he dicho lo que es, —dijo Marta riendo.

—Da igual, lo que sea, la respuesta es no, y no vamos a discutirlo, —dijo tajante Torremartin apuntándola con el tenedor.

—¡Joder Juan! Que lo decía de broma, —dijo Marta que todavía estaba riendo.

—Pero que cabrona eres.

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