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14 min
El Baldío (capitulo 57)
Ciencia Ficción |
23.09.21
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Sinopsis

En el capitulo de hoy: primeros pasos de la nueva capitán general.

Este relato lo encontraras también en:

http://lashistoriasdelcalvo.blogspot.com/

                               *      *     *     *     *

 

Ya por la tarde, la comitiva llegó a “El Puto Buzo”. Antes de entrar, Marta se quedó a un lado para ceder el paso al canciller y al presidente.

—Pasa tu primero Marta, —dijo Esther—. ¿No querrás que los chicos arrollen a nuestros invitados?

—¡Qué exagerada!

—Vamos a hacerlo de otra manera, —dijo Inés—. Me los llevo por la puerta de atrás, pero tenéis que esperar un par de minutos.

—Sí, casi mejor, —admitió Cortabarria— que esto es territorio Marta.

Transcurrido el tiempo, Esther abrió la puerta y entrando primero gritó: ¡Atención, la comandante en jefe!

Automáticamente, el centenar de personas presentes se cuadraron para acto seguido empezar a aplaudirla y vitorearla.

—¡Capitán general Marta Buendía! —gritó alguien provocando más aplausos. Marta iba de abrazo en abrazo hasta que finalmente la subieron a hombros de un par de buzos y la pasearon por el bar.

Mientras esto ocurría, el presidente, el canciller y el resto de los invitados ya habían ocupado discretamente sus mesas aprovechando que todo el mundo estaba pendiente de la puerta porque ya se sabía que Marta había llegado a la zona de aparcamiento.

—Esa chica de ahí tiene más brazo que yo, —bromeó el presidente cuándo se había sentado—. ¿Todos son fuerzas especiales?

—Prácticamente todos, aunque la mayor parte son nuestros, —dijo Inés que por indicación de Cortabarria se había sentado con ellos—. Veo FGNE, COE, Zapadores Paracaidistas y también SEAL y el Grupo Aéreo Especial de Nueza Zelanda. En cuánto a esa chica, es sargento de la Fuerza Aérea, es zapadora paracaidista. ¿Quiere conocerla?

—No, solo me faltaba que algún periodista…

—Le aseguro que aquí está a salvo.

—Parece que ya la traen, —dijo Cortabarria viendo cómo Marta seguía a hombros de sus compañeros y se acercaba a la zona restringida.

Y así era. Los que la portaban la depositaron con suavidad en el suelo y después de abrazarse a ellos se sentó en una silla junto a Inés.

—Lo siento mis señores.

—Tranquila Marta, —dijo Tórkurim al que se le veía disfrutando con el ambiente del local—. Podíais abrir uno de estos en Knysna.

—Cómo ve, este local es muy peculiar, —dijo Marta— y sinceramente no veo a los ciudadanos Xelar bebiendo cerveza de la botella: son ustedes muy… refinados.

—Además, esto no deja de ser un negocio, —intervino Inés—. Pero tal vez, y con las ayudas oficiales necesarias, podríamos abrir una “Marina” que es más acorde con los gustos de ustedes.

—¡Joder! Ya me quiere sacar una subvención, —dijo Tórkurim riendo y mirando a Cortabarria añadió— Esta es peligrosa.

—Aprovecha las oportunidades, o ¿no tendrían derecho a una subvención? —preguntó Cortabarria mientras Esther regresaba después de ultimar la cena para los invitados y se sentaba junto a Cortabarria.

—Claro que si, y te aseguro que me encantaría, —respondió Tórkurim.

—Esther, —dijo Marta— Inés ha decidido que vamos a abrir una Marina en Knysna.

—¡Ah! ¿Sí?

—Tengo que asegurarme el futuro, —dijo Inés y rápidamente Marta la cogió de la mano mientras la miraba con el ceño fruncido—. No creo que la nueva comandante en jefe necesite de mis servicios.

—La nueva comandante en jefe, tu puta amiga, sí necesita de tus jodidos servicios, —dijo Marta.

—Está claro que si la haces falta, —intervino Cortabarria riendo—. Así la regañas cómo a mí cuándo dice tacos en público.

—Sí, va a tener mucho trabajo, —dijo Esther riendo cómo los demás invitados.

—Entonces estoy por llevármela a Nueva España, —dijo el presidente riendo también— para que ponga orden por allí, que hay ocasiones que algunos se me desmadran.

El resto de la tarde estuvieron charlando e incluso el presidente, con una botella de cerveza de la mano se levantó y mezclándose con los clientes estuvo departiendo con ellos cambiando impresiones y si algo le quedó claro es que todos apoyaban sin condiciones el nombramiento de Marta y que al mismo tiempo todos sentían la jubilación de Cortabarria.

 

 

Al día siguiente, Cortabarria estaba en el puerto espacial despidiendo al presidente. Marta, no la acompañaba porque la pequeña Itziar se había puesto mala y había tenido que ir a las urgencias del hospital militar. Ocurría pocas veces porque los nanobots de la niña la protegían, pero su madre se asustaba mucho.

—Bueno Itziar, —dijo el presidente antes de embarcar—. Cómo ya sabes voy a hacer una gira por los sistemas próximos a la zona de demarcación con Orión, y después tengo que regresar a Nueva España para el debate de presupuestos. Calculo que en un par de meses podré estar por aquí para la toma de posesión de Marta y darla su quinto entorchado.

—De acuerdo señor presidente. Iré dejando más cosas en sus manos, aunque ya ha visto que está al tanto de todo.

—Cuándo hace un año decidimos apostar por ella, yo ya estaba prácticamente convencido, y Tórkurim también, pero estos días que he pasado con vosotras me ha terminado de convencer del todo.

—Pero le va a ocasionar una crisis de gobierno.

—Puedo vivir con ello, —dijo el presidente—. Mira Itziar, la situación en el Ministerio de Defensa no se podía mantener por más tiempo.

—Eso está claro.

—Esta situación la creó mi antecesor para protegerte a ti…

—lo sé.

—… de los ataques de toda esa caspa política que no veían con buenos ojos tu nombramiento, precisamente por ser una mujer y además de fuera de la burocracia del ministerio. Todavía queda mucho machista carpetovetónico y retrógrado, principalmente en España dónde se está concentrando toda esa chusma descerebrada porque han sido devueltos desde aquí, o porque por ideología no han podido entrar en las Fuerzas Armadas.

—Estoy al tanto de las noticias que llegan desde allí.

—Pues esa situación se ha acabado. Voy a reformar el ministerio para que en lugar de ser un instrumento opositor al JEMAD, trabaje conjuntamente con él.

—Me parece una muy buena decisión, señor presidente.

—por cierto, cuándo regrese hablaremos, pero quiero que pases a formar parte de mi equipo de asesores.

—Con el debido respeto señor presidente, no voy a aceptar ningún cargo que signifique mi salida de Mandoria.

—Tranquila que no te voy a separar de tu nieta.

—Además, esta el hecho de que Marta se puede sentir tutelada…

—No, no, no. Tú cargo será de absolutamente político. Para asuntos militares ya tengo a Marta y al estado mayor, además del nuevo ministro de Defensa.

—Entonces a su disposición señor presidente.

 

 

Cómo había dicho el presidente, en algo más de un mes estaba de regreso en Mandoria. Primero hubo un acto más intimo en el Cuartel General dónde se nombró a Marta JEMAD y se la impuso su quinto entorchado de capitán general de todas las fuerzas en El Baldío. Después, todos se trasladaron al palacio de la cancillería de Mandoria, dónde en presencia de las más altas autoridades aliadas, incluido el canciller Xelar, en el gran salón de audiencias se le colocó el fajín morado de comandante en jefe de todas las fuerzas aliadas encima de su fajín rojo de almirante. A continuación, antes de la cena de gala, hubo un coctel y Marta estuvo haciendo los honores recorriendo todos los corrillos. La pequeña Itziar era la atracción correteando por entre los grupos, perseguida por su tía Mira y en ocasiones por Cortabarria, ante la hilaridad de todos los asistentes.

 

 

La semana siguiente fue muy intensa porque Marta tenía muchas cosas que decidir antes de viajar a Nueva España para presentar su nuevo organigrama al presidente de la República. También se tenía que entrevistar con mucha gente a la que tenía más o menos apalabrada para la nueva estructura militar.

Finalmente, Marta embarcó en el crucero Fuenlabrada y viajó a la capital de Hispania. Era la primera etapa de un largo viaje de dos meses que la llevaría a visitar los puestos militares más importantes del despliegue español y aliado en El Baldío.

—Buenos días mi señor, —saludó al presidente de la República cuándo, en compañía de su secretaria la sargento Ana Torrecilla, entró en su despacho.

—Buenos días capitán general Buendía, —respondió el presidente con una sonrisa—. ¿Sabes qué? No me gusta llamarte así.

—Por supuesto puede llamarme cómo usted quiera, —dijo Marta estrechando la mano que le ofrecía.

—Pues no se hable más: Marta.

—¿Recuerda a mi secretaria la sargento Ana Torrecilla?

—Por supuesto, —respondió el presidente estrechándola también la mano. Haciendo una indicación con la mano hacia una gran mesa de reuniones, añadió—: sentémonos, —los tres lo hicieron e inmediatamente Ana desplegó un ordenador holográfico y empezó a buscar archivos. Cuándo activó el primero, lo envío a la tableta de Marta.

—¿Ha podido ver el documento que le envíe ayer? —preguntó al presidente.

—Sí, pero solo por encima: prefiero que me lo cuentes tú.

—De acuerdo mi señor. Cómo habrá visto, quiero reestructurar todo el Estado Mayor Aliado y por consiguiente el Estado Mayor Conjunto. Parte de esos cambios ya estaban previstos por mi señora Cortabarria, pero dadas las circunstancias prefirió posponerlos para que lo hiciera yo dentro de una restructuración mucho más amplia.

»En los últimos años, el JEMACON se ha convertido en una especie de pozo sin fondo dónde va a parar todo. La consecuencia es que actualmente ese organismo de apoyo al JEMAD tiene más infraestructura y atribuciones que los propios estados mayores. Según mi criterio, hay una serie de divisiones que van a tener un papel preponderante en nuestro futuro estratégico y por esa razón he decidido desgajarlas de la estructura del JEMACON y que pasen a formar parte directamente del Estado Mayor Aliado. Esas divisiones son:

»División de desarrollo tecnológico. Quiero que las Fuerzas Armadas tengan una implicación decisiva en el desarrollo tecnológico de nuevos armamentos. Para eso, la división llegará a acuerdos con las universidades españolas y aliadas para fomentar ese trabajo. Al frente de esa división estará un científico militar Xelar: Temsamon. Hace muchos años que está trabajando con nosotros cómo enlace Xelar.

»División de Recursos Humanos. Actualmente tenemos unos efectivos totales de cerca de veinte millones de militares de los que tres cuartas partes son tropas aliadas, tanto terrestres cómo alienígenas. Según el plan de alistamientos actualmente en vigor, esperamos recibir en los dos próximos años otros dos millones. Los nuevos paquetes de derechos sociales aprobados tras la última reforma constitucional, hace necesario fortalecer esta división porque afecta también al estamento militar. Al frente estará la general Karlisa Tauní, de Kánaster.

»División de Planes Estratégicos. Sinceramente señor presidente, yo no tengo el talento de Itziar Cortabarria y Teodoro Reding para la táctica militar. Eso no significa que no sepa cuál debe de ser nuestra estrategia en los próximos años: lo sé perfectamente. Esta división generara planes de futuro para cubrir cualquier tipo de contingencia y al frente estará el general Mike Burton.

»Voy a fortalecer el mando Unificado de Operaciones Especiales. Quiero ampliar el número de operaciones para tener constantemente bajo presión al menos veinte años luz a lo largo de la zona de demarcación en el interior del espacio tardasiano. Al frente estará el general Andrés Pulido de la Legión.

»Quiero unificar todos los servicios de información militar exceptuando el de la Guardia Civil. A partir de ahora solo habrá el CCI que pasa a llamarse Comando Central de Información. Al frente estará el número dos del CCI, coronel Esteban Gutiérrez.

»El nuevo JEMACON será Alicia Luque con el grado de contralmirante. El resto se queda cómo está: Tierra, general Eduardo Soto. Armada, almirante Felipe Marchena. Aire, general María Martín. Tendré un ayudante de campo que será la general Isabel Costa del ejército del Aire. Cómo su nombramiento no se ha formalizado, en esta ocasión me asiste mi secretaria, la sargento de la Armada Ana Torrecilla a la que ya conoce.

—Muy bien Marta, y por curiosidad ¿con Inés…?

—Pasa a ser mi asistente personal, pero no va a tener dedicación exclusiva cómo antes. Digamos que su horario está ligado al mío y yo pienso estar tiempo con mi hija.

—Y me parece perfecto Marta, —dijo el presidente consultando sus notas en su ordenador holográfico—. Sobre el tema del Mando Unificado de Operaciones, entiendo que quieres actuar permanentemente en espacio tardasiano, pero ¿no correremos el peligro de crear una especie de baldío?

—De ninguna manera vamos a hacerlo porque eso significaría estacionar un número muy significativo de tropas permanentemente en espacio imperial. En esa franja fronteriza, hay sistemas con grandes núcleos urbanos y una población total que estimamos en no menos de setenta mil millones. Es una incógnita su reacción ante una invasión: nos podemos meter en un avispero con unas consecuencias nefastas para nosotros.

—Estoy de acuerdo, —dijo el presidente asintiendo con la cabeza.

—Lo que queremos es hacer una campaña permanente de ataque y destrucción a objetivos militares e industriales, y después, regresar a nuestras bases. La flota hará igualmente ataques puntuales, pero no asiduos, en espacio tardasiano. Por supuesto, sin exponer a riesgos excesivos a soldados y naves.

—Te voy a ser sincero Marta, tengo dudas con que un estadounidense entre en el Estado Mayor. Cuándo se llegó a un acuerdo con ellos y aceptamos sus tropas, establecimos un periodo transitorio para que adecuaran su legislación a la nuestra. Aunque reconozco que el presidente se está enfrentando a serias dificultades, lo cierto es que no están cumpliendo con los plazos previstos. Principalmente con el tema del control de armas.

—Entiendo sus reticencias, pero el general Burton es totalmente fiable. Aun así, va a tramitar su nacionalización, la suya y la de su familia, incluida su hija que ya es primer oficial en un crucero de la flota. Es algo que ya quiso hacer hace mucho tiempo cuándo nuestros servicios médicos ayudaron a su esposa enferma de Alzheimer. Además, es un gran teórico de la estrategia militar. No le hubiera propuesto para ese cargo si creyera que no es la persona idónea.

—Voy a aceptar ese nombramiento porque confío en ti, —Marta se revolvió en el asiento—, pero la próxima vez que nos veamos quiero entrevistarme con él.

—Cómo usted quiera señor presidente, —respondió molesta—, pero con el debido respeto, respondo personalmente por todos los componentes de este Estado Mayor Aliado.

—Y por eso te he dicho que voy a aceptar el nombramiento porque confío en ti, pero el que va a tener que dar explicaciones en el parlamento soy yo, por lo tanto, quiero entrevistarme con él.

—De acuerdo.

—Otra cosa. Con la reestructuración del nuevo Ministerio de Defensa, todo lo referente a las Fuerzas Armadas Españolas lo trataras con ellos, mientras que todo lo que atañe a las fuerzas aliadas lo seguirás tratando con el gobernador. Hay que empezar a normalizar esa situación.

—A la orden.

—Y por cierto, cuándo se te requiera tendrás que ir al parlamento.

—¡Eh! Vale, —dijo Marta no muy convencida.

—Tranquila Marta, que con tu simpatía natural, para ti eso será coser y cantar.

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