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13 min
El Baldío (capitulo 60)
Ciencia Ficción |
14.10.21
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Sinopsis

En el capitulo de hoy: Marta concreta sus planes.

Este relato lo encontraras también en:

http://lashistoriasdelcalvo.blogspot.com/

                               *      *     *     *     *

Hacia rato que Marta estaba en la sala de reuniones. A su lado, Anita su secretaria y la general Costa que la acompañaría en la exposición. Era la que más tranquila estaba, a diferencia de su ayudante de campo que estaba un poco de los nervios: era su primera vez. En cambio, Marta ya se había enfrentado al presidente de la República y la canciller Xelar. Las tres charlaban animadamente para que Costa soltara un poco los nervios.

No estaban solas. Media docena de altos funcionarios de la República, en dos grupos, charlaban igualmente haciendo tiempo hasta que llegaran.

Una puerta lateral se abrió y varios funcionarios españoles y Xelar empezaron a entrar. Inmediatamente después, lo hicieron el presidente y el canciller que empezaron a saludar a los asistentes.

El primero en acercarse fue el canciller que inmediatamente abrazó a Marta dándola dos besos.

—Buenos días mi señor. ¿Recuerda a mi ayudante de campo la general Costa?

—Creo que nos hemos visto una vez.

—Así es señor canciller, —respondió Costa estrechando la mano que le ofrecía Tórkurim.

—De ti me acuerdo más: eres Anita, —dijo el canciller ofreciéndole la mano.

—Así es mi señor, —afirmó Anita mientras aceptaba su mano—. Es un honor.

—¿Qué, ya estáis planeando invadir Tardasia? —bromeó el presidente llegando al grupo y dando dos besos a Marta.

—No me tientes, no me tientes, —respondió Tórkurim mientras el presidente saludaba a Costa y a Anita que, aunque se había retirado del grupo, tuvo que apresurarse a aceptar la mano del presidente.

—Ya saben que ese asunto esta de su mano: no tienen nada más que… insinuármelo.

—Vamos a no bromear con esto que ya sabes que esta se lía la manta a la cabeza rápido, —dijo el presidente.

—No, si ahora la culpa será mía, —bromeó Marta—. Le recuerdo que ha empezado usted.

—Creo que es mejor que empecemos, —propuso Tórkurim riendo.

—Sí, vamos a empezar, —dijo el presidente dirigiéndose a su sitio en la mesa. Inmediatamente, Anita cerró las puertas.

—Señor presidente, señor canciller, con su permiso: esta es una reunión clasificada de nivel 1, —dijo Anita, e inmediatamente se sentó justo detrás de Marta y Costa.

—Gracias Anita. Señor presidente, señor canciller, señora ministra de Defensa, señoras y señores: buenos días, —empezó Marta mientras tecleaba en su tableta—. Hace unos cuantos años que los limites de El Baldío liberado y bajo nuestro control no se han movido. Las últimas campañas fueron las lideradas por mi señora Cortabarria contra Sikam y Tamesna, en el límite con Orión, y contra Kradock y Purulk Kahu en la zona de demarcación con Tardasia. Después, se produjeron una serie de urgentes operaciones navales en territorio enemigo que impidieron que la infantería española y aliada siguiera avanzando y liberando mundos deseosos de quitarse el yugo de la opresión totalitaria de la emperatriz.

»No podemos esperar más. Cuánto más tiempo sigamos inactivos, más poderosos se hacen nuestros enemigos, algo que ha demostrado totalmente la segunda operación Benasque. Aunque por el momento hemos neutralizado parte de la amenaza, no tengo la más mínima duda de que la emperatriz Kaxila no se va a quedar quieta, al contrario, cómo ya he dicho antes, cuánto más tiempo pasa más peligrosa se hace. Solo tengo que recordarles que no ha tenido el más mínimo reparo en intervenir directamente contra el propio Consejo Xelar: algo que jamás había ocurrido.

»Antes de que finalice el año en curso, vamos a iniciar la operación contra el grupo estelar de Próxima Tambedrix, —continuo Marta mientras se levantaba con la tableta de la mano y se acercaba al mapa holográfico que había activado Anita—. Está situado junto a la zona de demarcación, incluso dos de sus sistemas forman parte de esta. Es un enclave vital para el futuro de las operaciones en los próximos años. Desde ahí, podemos continuar en dos vectores de avance hacia Arthangay y Makambaako por un lado, y hacia Ceres por otro. Son operaciones de envergadura que requerirán el empleo de gran cantidad de tropas y medios navales. Toda la zona esta llena de núcleos de población, —continuó Marta mientras con el puntero señalaba archivos y los abría—. Eso nos obliga a ir con cuidado para que la población civil no sufra las consecuencias: en un futuro serán ciudadanos de pleno derecho en un Baldío libre y democrático.

»Cómo ya he dicho, la primera operación será contra Próxima Tambedrix, —Marta amplio el mapa y lo centró en el lugar mencionado—. Utilizaremos medios navales propios, pero necesitaremos que la flota Xelar nos sustituya en el control de la zona de demarcación desde el teatro de operaciones hasta el espacio con Talíssia. En una fecha que esta por determinar, pero que no se puede alejar mucho de mediados de noviembre, diez ejércitos completos, unos cinco millones de soldados, desembarcaran en las inmediaciones de la capital del grupo estelar, Kuala Tambedrix, y en los sistemas más importantes: Pági Tambedrix, Bunga Tambedrix y Batú Tambedrix. Cómo ya he dicho anteriormente, actuaremos con cautela para que la población civil se vea afectada lo menos posible, por lo tanto, no efectuaremos ataques directos a esos núcleos de población, que según nuestras estimaciones ascienden en total a treinta mil millones en todo el grupo estelar. Desde hace un par de años, tenemos contacto con grupos de resistencia locales a los que les estamos proporcionando armas y suministros. Si todo va según lo previsto, creemos que para marzo del próximo año las operaciones estarán finalizadas.

»Cómo ya he dicho anteriormente, Próxima Tambedrix es la puerta de entrada a la zona bajo control enemigo y según nuestras estimaciones, el ejército imperial tiene al menos ocho millones de soldados, fuertemente armados y con gran cantidad de artillería y de escudos de energía portátiles. Cómo la flota imperial ha sido muy castigada en enfrentamientos anteriores, lo basan todo en el poder de su artillería de defensa planetaria. Eso nos obligara a desembarcar en puntos retirados de las zonas de despliegue imperial, y enfrentarnos desde distancia, a enemigos fuertemente atrincherados, fortificados y sin cobertura aérea, puesto que nuestros cazabombarderos no pueden actuar contra escudos de energía de máximo poder. Eso va a provocar que según nuestras previsiones nuestras bajas totales puedan ser muy elevadas, en torno a un diez por ciento: unos quinientos mil soldados de los que al menos treinta mil serán bajas mortales. A eso hay que añadir las bajas civiles, que a pesar de nuestras precauciones se van a producir.

»En la documentación que les hemos proporcionado hay adjunto un informe presupuestario para esta operación y para el resto de operaciones. Si desean que les aclare algún aspecto de la operación estoy a su disposición, —finalizó Marta sentándose y bebiendo un sorbo de agua.

—Sí, gracias almirante, —dijo la ministra—. Me preocupa la previsión de bajas, en especial las mortales. ¿Para el resto de operaciones nos enfrentamos a cifras similares?

—Creemos que serán superiores señora ministra.

—¿Cómo es eso Marta? —se interesó el canciller.

—Según nos acerquemos a la zona de demarcación la resistencia del ejército imperial será superior: lucharan hasta el final porque la emperatriz no tolera muy bien los fracasos, —el presidente y el canciller se acercaron uno al otro y estuvieron cuchicheando entre ellos. Marta miró a la ministra que imperceptiblemente la guiñó un ojo.

—Bien Marta. En primer lugar, tienes autorización para iniciar las operaciones en los plazos que propones, —dijo el presidente de la República—, pero en segundo lugar queremos que estudies alguna otra solución que no implique esa cifras de mortandad, tanto civil cómo militar.

—Mis señores, eso ya está hecho, —respondió Marta cogiendo la tableta que le tendía Costa.

—Muy bien Marta, pues cuéntanos, —dijo el canciller.

—Por supuesto señor canciller, —dijo la aludida mientras se levantaba y se aproximaba nuevamente al mapa holográfico—. Una vez que controlemos Próxima Tambedrix, tenemos dos opciones. Una es la que esta detallada en el plan de actuación que les hemos entregado y que se resume en seguir avanzando hacia Arthangay y Makambaako, por un lado, y Ceres por otro, —Marta iba señalando con el puntero láser—. La otra requiere una decisión que no está en mi mano puesto que es una decisión política. Es avanzar directamente desde nuestras bases en Próxima Tambedrix hacia Zoltan Tedra.

—Pero eso es zona tardasiana, —afirmó el canciller.

—Así es mi señor. Penetraríamos treinta y dos años luz en su territorio y necesariamente necesitaríamos apoyo de la flota Xelar.

—De acuerdo Marta. Supongamos que vamos allí y nos hacemos con Zoltan Tedra ¿y después? Y por favor, explícamelo cómo si fuera tonto.

—Por supuesto señor presidente. Si vamos directamente contra Zoltan Tedra, primero cortamos las comunicaciones imperiales con Orión. Segundo, Tardasia pierde una de sus zonas industriales y económicas más importantes. Tercero, desde allí tenemos a tiro no solo la capital imperial, también Bäu Kaï, que es otra gran zona industrial de características similares a Zoltan Tedra, y en cuarto lugar, la situación de las tropas enemigas en El Baldío seria insostenible y necesariamente la emperatriz tendría que evacuar.

—¿Y si no evacua? —preguntó el canciller.

—La emperatriz Kaxila, además de ser una hija de puta, es muy inteligente y sabe que no puede permitirse el lujo de perder a ocho millones de soldados y un tercio de lo que le queda de la flota. Y disculpen mi expresión.

Durante un par de horas el resto de asistentes fueron pidiendo a Marta aclaraciones, pero poco a poco el foco de atención se fue centrando en Zoltan Tedra. Finalmente, de mutuo acuerdo, el presidente y el canciller dieron por finalizada la reunión y todos se levantaron de sus respectivos asientos. Inmediatamente, el presidente y el canciller, junto a la ministra de defensa se acercaron a Marta, mientras Costa y Anita recogían las tabletas que habían utilizado y borraban la memoria del mapa holográfico.

—¿Sabes Marta? —dijo el presidente—. Casi prefería cuándo no os hablabais con mis ministros de defensa.

—No sé a que se refiere señor presidente, —respondió Marta poniendo cara de inocente—. La señora ministra y yo no nos podemos ni ver: lo sabe todo el mundo.

—¿Qué te parece Tórkurim? Encima me toma el pelo.

—Ya sabemos cómo es nuestra chica favorita, —respondió el canciller riendo—. Por cierto Marta, nos tienes que hacer un favor, que además es un favor que estoy seguro que te va a encantar.

—Ya sabe que estoy a su disposición.

—¿Recuerdas cuándo fuiste a Baronia? Pues desde entonces hemos tenido contactos diplomáticos con ellos y en un par de meses vamos a abrir una embajada en la capital, —Marta le miró con cara suspicaz—. Han pedido que asistas a la inauguración.

—¡No me joda! —exclamó para acto seguido taparse la mano con la mano.

—No hay duda de que dejaste huella, —dijo Tórkurim riendo.

—Pero si cada cinco minutos tenía ganas de estrangular a alguno.

—¿Sabes lo que pasa? Que aunque sea difícil de creer, se está produciendo una ligera apertura propiciada por diversas causas. Ellos se han dado cuenta de que España, y por lo tanto Hispania, se ha convertido en la potencia más importante de esta zona del Brazo de Orión, después de nosotros.

—¿Y cómo han llegado a esa conclusión? —preguntó el presidente.

—Porque además de establecer relaciones diplomáticas con nosotros, también han empezado a comerciar con Zeff y lógicamente les han llegado noticias. Tu nombramiento ha sido muy comentado en todas partes.

—Pues entonces lo más indicado es que vaya el presidente, —afirmó Marta.

—¡Qué lista! Me quiere endosar el marrón a mí, —dijo el aludido mirando a Tórkurim que no paraba de reír.

—Está claro. En tres semanas te quiero en Knysna.

—¿Recuerda que tengo que ir a atacar Próxima Tambedrix? —preguntó Marta.

—Te da tiempo de sobra: tranquila. ¿Te llevaras a la niña?

—No, no. Hasta las vacaciones de nuestras Navidades tiene que ir al colegio.

—Es una lastima, —dijo Tórkurim—. Mi hija y ella se llevaban muy bien.

—Lo recuerdo señor canciller y ellas también porque sé que en un par de ocasiones hablaron por galaxinet: ya tendremos otra oportunidad.

 

 

Cómo la había ordenado, Marta llegó a la capital Xelar en el plazo previsto y después de una serie de reuniones de alto nivel, acompañó al ministro de Asuntos Exteriores y a la delegación Xelar a la visita oficial a Baronia. Desde el primer momento vio que efectivamente parecía que algo estaba cambiando, y es que había un par de hembras en el comité de recepción de la delegación diplomática. Aún así, tapándose la nariz y haciendo grandes esfuerzos para no vomitar, Marta se mantuvo estoica repartiendo sonrisas a diestro y siniestro.

El ministro de Asuntos Exteriores hizo un gran trabajo y consiguió que las autoridades baronianas aceptaran que Hispania tuviera una delegación comercial autónoma en la Embajada Xelar.

—Quiero darle las gracias almirante, —dijo el ministro cuándo por fin, a bordo de un acorazado Xelar, regresaban a Mandoria. Los dos estaban en la cantina de oficiales de la nave tomando lo más parecido que los Xelar tienen al té—. Digamos que con su actitud ha facilitado mucho las cosas.

—¿Por qué lo dice señor ministro, por si le saltaba al cuello a algunos de esos cabrones?

—Más o menos. Ha habido momentos en que también me han entrado cagas de hacer algo parecido.

—Pues la primera vez que estuve aquí era mucho peor.

—Lo sé, he leído tu informe de ese viaje. La duda que me queda es si todo esto es real o solo fachada.

—Conociéndolos no me extrañaría que fuera lo último. De todas maneras, el contacto con nuestra delegación y con los diplomáticos Xelar será beneficioso para ellos.

—Esperemos que sea así.

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