cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

12 min
El Baldío (capitulo 61)
Ciencia Ficción |
21.10.21
  • 0
  • 0
  • 286
Sinopsis

En el capitulo de hoy: ataque a Próxima Tambedrix.

Este relato lo encontraras también en:

http://lashistoriasdelcalvo.blogspot.com/

                               *      *     *     *     *

En la primera semana de noviembre, varios vórtices de salto se abrieron en Batú Tambedrix, uno de los sistemas exteriores de Grupo Estelar de Próxima Tambedrix. La flota de ataque barrió a las escasas unidades navales enemigas presentes, asegurando el sistema para la llegada de la flota de transporte que inmediatamente efectuó descensos de combate sobre la superficie del cuarto planeta, único con soporte de vida.

Varias horas después, el grueso de la flota enemiga presente en el grupo estelar llegaba al sistema cuándo se abrieron nuevos vórtices y la segunda flota de ataque española les cogió por la retaguardia. En poco más de dos horas la flota española al mando del almirante Marchena, jefe de la Armada, destrozó la flota imperial.

Mientras todo esto ocurría, el grupo principal de desembarco llegaba sin oposición a Kuala Tambedrix, capital del grupo estelar. A cierta distancia de la órbita para no estar al alcance de la artillería de defensa planetaria, los cruceros españoles comenzaron un duro bombardeo de saturación que iluminaba los escudos de energía con formas fantasmagóricas. Al mismo tiempo, los transportes de tropas empezaban a aterrizar en los puntos prefijados a más de mil kilómetros de distancia de los principales núcleos de población y de las mayores concentraciones de tropas imperiales.

Destruida la flota enemiga y con las tropas en la superficie de Batú y Kuala, los transportes regresaron a sus puntos de partida, recogieron el resto de las tropas y con el apoyo de cazabombarderos las desembarcaron en el resto de objetivos del grupo estelar: Pági y Bunga.

Marta llegó a Kuala con la tercera oleada de desembarco. Su nave de transporte, preparada cómo cuartel general, aterrizó en la retaguardia de su ejército compuesto por más de dos millones y medio de soldados y que desplegado ocupaba una extensión de alrededor de 90.000 km2.

El jefe del ejército, el general Soto, que actuaba cómo jefe de operaciones, había llegado en la primera oleada y ya trabajaba en el Centro de Mando Avanzado. Las vanguardias aliadas, utilizando a los cuerpos acorazados cómo punta de lanza, comenzaron inmediatamente el avance al encuentro con las vanguardias enemigas. La táctica era bordear los núcleos de población para obligar al enemigo a evacuarlas ante el riesgo de quedar embolsadas.

 

 

Inés entró en el camarote de Marta cuándo todavía no había amanecido y cómo todas las mañanas la encontró haciendo dominadas en un aparato de ejercicios.

—Buenos días mi señora, —la saludó Inés consciente de que a Marta la molestaba mucho que la llamara así cuándo estaban a solas.

—Cuidado que eres gilipollas Inés.

—Ya veo que has pasado mala noche, —respondió Inés mientras la daba un par de besos—. ¿No pudiste hablar con la niña?

—Que va, el bloqueo imperial de las comunicaciones me tiene hasta la raja, —dijo Marta cogiendo la toalla que Inés la entregaba—. Cuándo descubramos dónde tienen el distorsionador voy a ir yo misma a pegarle fuego.

—¡Joder tía! Pues coge una lanzadera y sube a la órbita: llevas ocho días sin hablar con ellas.

—No me parece bien aprovecharme de…

—Vete a la mierda tía. Eres la capitán general de El Baldío, casi puedes hacer lo que te salga de la raja, —dijo Inés mientras cogía el teléfono móvil de Marta que estaba vibrando—. Dime, soy Inés… de acuerdo en diez minutos estamos allí, —cortó la comunicación y dijo—: Burton quiere verte.

Marta entró en el baño mientras se quitaba la ropa y se metió en la ducha mientras Inés la preparaba la ropa y la dejaba sobre la cama. Pocos minutos después, salió del baño envuelta en la toalla mientras con otra pequeña se secaba el pelo. Se vistió y mientras con el secador se terminaba de secar el pelo, Inés la colocó la cartuchera con su arma reglamentaria en la cintura. Después, salieron del camarote y entraron en el Centro de Mando dónde Burton la esperaba.

—Dime Mike ¿Qué ocurre?

—Buenos días mi señora. Cómo ya sabes, las tropas enemigas en la capital están preparando posiciones fuera del perímetro de la ciudad, pero esta noche han empezado a preparar posiciones artilleras en este parque público, —Burton señaló un punto en el mapa dónde se veía un cerro desde dónde la artillería enemiga podría tener a tiro toda la capital.

—Desde allí pueden apoyar sus posiciones defensivas exteriores y pueden destrozar la ciudad.

—Así es.

—Hay que intervenir: no lo podemos permitir.

—Cómo puede ver, hay casi quince kilómetros desde sus posiciones al perímetro de la ciudad. Eso nos permite meter ahí un cuerpo de ejército…

—Mientras las fuerzas especiales ocupan ese cerro.

—Así es. Después podemos instalar nuestra artillería y darles por la retaguardia.

—¡Joder Mike! Eso ha sonado fatal, —bromeó Marta y todos los asistentes rieron—. Vale, los que ocupen eso van a estar tiempo: que se ocupe la Legión. Planifícalo todo, que yo me voy al Centro de Mando Avanzado y lo hablo con Soto.

—A la Orden.

 

 

Unos minutos después, perfectamente equipadas con chalecos, casco y fusil de asalto, se dirigían en un vehículo blindado al CMA. Con ellas iban los escoltas habituales salvo Esther que se había quedado en Mandoria para dirigir la seguridad del Cuartel General.

Cuándo llegaron, el general Soto la esperaba en el exterior, también perfectamente equipado, pero sin fusil de asalto.

—Buenos días mi señora, —la saludó.

—Buenos días Edu. ¿Ibas a salir?

—Iba a ir a inspeccionar las posiciones del sector 4.

—Pues vamos.

—¿Serviría de algo decirte que no es seguro? —preguntó el general Soto.

—¿Edu, te vas a poner ahora a preguntar chorradas? —respondió Marta entrando en el vehículo acorazado.

—No mi señora, —dijo Soto entrando también en el vehículo.

—Hay un cerro en la capital, un parque público, dónde hemos detectado que lo están preparando para instalar posiciones artilleras. Desde allí no solo pueden apoyar a sus defensas, también pueden bombardear toda la capital y machacarla.

—Eso es muy preocupante Marta.

—Mike ya está preparando los planes. Quiero ocupar ese cerro y un terreno de nadie que han dejado entre los limites de la ciudad y sus posiciones de retaguardia por el lado oeste. Después instalaremos artillería en el cerro. Quiero que sea la Legión: allí van a estar tiempo.

—Conforme: luego hablo con Mike.

Al rato, la caravana de vehículos llegó al sector 4 y, Marta y Soto empezaron  a visitar las posiciones de avanzada. La presencia de Marta levantó pasiones entre sus tropas. Con muchos se abrazó y se besó, mientras Inés y los escoltas intentaban interponerse en la trayectoria de posibles tiradores enemigos.

A la hora del almuerzo, sentados en el suelo y parapetados detrás de un talud de tierra, compartieron las raciones de combate con los soldados presentes que estaban encantados. A pesar de disparos esporádicos y algunas explosiones, casi todos se hicieron selfis con ella. Finalmente, los dos entraron en una unidad de mando acorazado y se sentaron.

—En el Centro de Mando creemos que vamos con los planes muy adelantados: a estás alturas no esperábamos haber avanzado tanto. ¿Qué opinas?

—Esperaba más resistencia, pero lo cierto es que la oposición que están demostrando es para ganar tiempo para terminar el perímetro principal de fortificaciones en torno a la capital.

—Así lo vemos nosotros también.

—Eso que me has comentado sobre ocupar un cerro dentro del perímetro de la capital puede ser interesante porque meteríamos una cuña en su sistema defensivo. Y si de la defensa se ocupa la Legión, pueden hacer incursiones fuera: ya me entiendes.

—De acuerdo, —dijo Marta y sacando su teléfono móvil buscó en el menú y activo una llamada—. Mike, ¿podemos poner en marcha la operación del cerro esta noche?… genial… coordínate con la gente de Edu para organizarlo todo… de acuerdo, —cortó la comunicación al tiempo que la puerta del vehículo blindado se abría e Inés se asomaba al interior con su móvil de la mano.

—Es Anita, —dijo entregándola el aparato.

—Dime Anita, —dijo Marta colocándose el teléfono en el oído—. Sí, es que estaba hablando por el mío… de acuerdo: ya vamos para allá, —me tengo que ir Edu, —dijo cortando la comunicación—. Lo dicho: coordínate con Mike y lo ponéis en marcha.

—A la orden.

 

 

Un par de horas después, Marta entraba en su despacho del Cuartel General. En una mesa lateral, trabajaba Anita que levantó la mirada del ordenador al oírla llegar.

—Ha surgido un problema con rehenes en Batú. El general Pérez quiere que vayas allí.

—De acuerdo, pre…

—Ya tengo una patrullera preparada en la zona aeroportuaria. El grupo de escolta os espera en la órbita. 

—Voy a por tus cosas, —dijo Inés saliendo del despacho.

—Avisa al mando de operaciones para que tenga preparado un par de equipos de la Fuerza de Guerra Naval…

—Recuerda Marta: que no se note.

—¡Joder! Siempre estamos igual. Da igual: que los mande.

—A la orden, —dijo Anita riendo—, pero te recuerdo que eres tú la que me ha ordenado que te lo recuerde.

—Ya lo sé Anita: no te enfades.

—¡Ah! y en un par de horas puedes hablar con la niña: es cuándo llega del cole.

—Gracias Anita. No sé que haría sin ti.

—Pues la verdad es que poco, teniendo en cuenta que te vas de visitas a primera línea cada dos por tres.

 

 

Un par de horas después, la patrullera ya estaba en la órbita con el grupo de escolta dispuesta para partir hacia Batú. Marta, recién duchada, estaba frente a la pantalla holográfica a punto de establecer conexión.

—Hola cariño, —respondió Cortabarria con una amplia sonrisa—. Mira ha subido a por Itziar que esta en su habitación. ¿Tú que tal estás?

—Pues muy bien: con ganas de veros, pero por aquí nos queda un tiempo todavía.

—¡Mamiiiiiii! —llegó la niña cómo un torbellino. Se puso frente a la pantalla y frunciendo el ceño la regañó—: llevas muchos días sin llamar.

—Lo siento mi amor, pero es que los malos no me dejan.

—Cárgatelos mami, —afirmó la niña.

—Si fuera tan fácil ya estaría hecho mi amor, pero son muy pesados: no se dejan. ¿Qué tal estás?

—Muy bien.

—¿Y el cole?

—También bien.

—Ya la han dado las notas. Ha sacado un sobresaliente y cuatro notables y el resto bien.

—¿Un sobresaliente? Que guay.

—¿A que no adivinas en que? —la preguntó Cortabarria mientras la niña sonreía de oreja a oreja—. En educación física por el complemento de boxeo thai.

—¡Cómo mola! —exclamó Marta.

—Cada vez está más claro a quien ha salido, —bromeó Cortabarria riendo.

—¿Pues a quien voy a salir abuela? —intervino la niña—. A mama.

—Sí mi amor, pero espero que seas más lista que ella.

—No es difícil, —intervino Mira riendo—. El listón no está muy alto.

—Pues no me ha ido tan mal, —se quejó Marta.

—No me hagas hablar Marta, —dijo Cortabarria.

—Sí mami, es mejor no tocar ese tema, —dijo la niña con cierto tonillo.

—Pero bueno, ¿Para esto os llamo?

—No mami: para hablar con nosotras que te queremos.

—Y yo a vosotras mi amor.

—¿Inés está bien? —preguntó Cortabarria.

—Por supuesto: la tengo entre algodones, —bromeó Marta consciente de que Inés estaba con ella en el camarote aunque fuera de la imagen.

—A ver si te voy a dar una leche, —se oyó desde el fondo.

—Tita Inés, no se dice eso, se dice torta, —dijo la niña.

—Tienes razón mi amor, —dijo Inés entrando en la imagen junto a Marta y dándola un beso en la mejilla.

—¿Qué estáis, en una nave? —preguntó Cortabarria.

—Si, vamos a Batú. Por eso hemos podido conectar.

—Tened cuidadito, —dijo Cortabarria y mirando a Inés añadió—: y a esa no la quites ojo que ya sabes que se lía la manta a la cabeza…

—Sí, mami es un poco burra, —dijo la pequeña Itziar.

—Pero bueno ¿será posible? —dijo Marta con cara de sorpresa.

—Es lo que dice la abuela.

—¡Será chivata! —exclamó Cortabarria frunciendo el ceño.

—A la abuela la voy a dar yo para el pelo, —dijo Marta.

—¡No! a la abuela no, además, también lo dice la tía Mira.

—Vamos a dejar el tema que al final van a salir todos los trapos sucios, —dijo Inés riendo.

—Sí es lo mejor, —afirmó Cortabarria—. Al menos mientras esta esté presente.

—Sí, porque es peligrosa, —añadió Mira—. Lo cuenta todo.

—Pero, es mama, —dijo la niña que no entendía que pasaba.

—Di que si mi amor, —dijo Marta—. Todo lo que digan esas dos me lo cuentas.

—Si mami.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 78
  • 4.69
  • 6

Soy un escritor aficionado sin ningún tipo de pretensión: solo quiero contar historias.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta