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14 min
El Baldío (capitulo 8)
Ciencia Ficción |
02.10.20
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Sinopsis

Después de la victoria, se reestructura la organización española en El Baldío.

Varias cabezas cayeron tras la batalla de Mandoria y la primera y principal fue la del jefe del estado mayor en El Baldío. Se consideró inadmisible que la ayuda llegara cuando la batalla prácticamente había finalizado y más tarde que las milicias de Raissa y Tarquinia. Incluso desobedeció la orden directa del gobernador para que enviara las tropas de refuerzo a Mandoria. Igualmente, y a pesar de las protestas del almirante Torremartin, la flota tardó tres días en recibir la orden de dirigirse a Mandoria y solo lo hizo cuándo el gobernador puenteó al jefe del estado mayor y se lo ordenó directamente. La indecisión, las precauciones, la negligencia, la posible cobardía y una serie de errores logísticos y de comunicación habían sido los culpables. Además, cuándo finalizada la batalla todos se reunieron en Mandoria, se produjo un duro enfrentamiento con cruce de reproches entre Cortabarria y él, cuando esté la acusó de haber iniciado negligentemente las operaciones sin consultarle previamente y ella respondió llamándole cobarde e inepto.

—¿Qué querías, que saliéramos corriendo a escondernos cómo conejos? —le espetó con furia—. ¡Yo no he preparado este ejército para que huyan cómo cobardes! Y ya has visto de lo que son capaces, y sin tu ayuda cobarde de mierda.

El presidente de la República y el canciller Xelar, que hacia tiempo le tenían en el punto de mira, no lo pensaron más y le destituyeron fulminantemente.

¿A quién nombrar para ese cargo? El presidente tenía varios candidatos entre los que lógicamente estaba en primer lugar Cortabarria, pero los Xelar, el canciller de Mandoria y el gobernador en El Baldío lo tenían muy claro: ella era la persona idónea. Después de una reunión que se produjo en Nueva España, cuatro semanas después de la batalla, se decidió ascenderla a general de ejército y posteriormente a capitán general, y nombrarla jefe del estado mayor conjunto en El Baldío, lo que significaba que tendría bajo su mando el ejército, la fuerza aérea, la flota y las milicias aliadas.

Por imposición del canciller de Mandoria, el estado mayor conjunto se instaló en el planeta. Para tal fin se empezaron a ampliar las instalaciones ya existentes para triplicar su capacidad en cuanto a efectivos, además de albergar las instalaciones administrativas del estado mayor conjunto. Igualmente, se construyeron los nuevos edificios administrativos del gobernador, que también se trasladaría a Mandoria puesto que el nuevo parlamento confederal estaría allí.

 

 

Un par de meses después de finalizada la batalla, los mandorianos se empeñaron en hacer una gran celebración de la victoria donde el acto central seria un gran desfile militar de todas las fuerzas que habían participado en la batalla. Aunque no la hizo gracia, Cortabarria no se pudo negar, pero consiguió negociar y que sólo desfilaran un regimiento de cada división. El desfile empezó por la mañana con la participación de las milicias. Cincuenta mil mandorianos abrieron el desfile sin ningún tipo de organización, en masa, ante cientos de miles de compatriotas que les aclamaban sin descanso. A continuación, desfilaron otros tantos de las milicias de Raissa y Tarquinia: también en masa y sin ningún tipo de organización. El desfile empezó a las ocho de la mañana y cuándo finalizó, más o menos a la hora de comer, se hizo una pausa para tal fin. Por la tarde, a las cinco en punto, comenzó el desfile español. Causo un gran impacto por varios motivos. Primero por la marcialidad y la organización, pero también por la enorme presencia de mujeres, y es que la sociedad mandoriana era tremendamente protectora con las hembras de su raza en una actitud claramente machista y misógina.

El desfile comenzó con miles de cazabombarderos sobrevolando a baja altura todo el recorrido. A continuación, varias decenas de patrulleras y corbetas, precedieron a una docena fragatas que a su vez precedieron a dos cruceros de batalla que a su paso a tres mil metros de altura eclipsaron momentáneamente los soles mandorianos.

Después se inició el desfile terrestre. Lo abrieron el jefe del operativo y los estandartes de todas las unidades que participaban. A continuación, llegaron las unidades acorazadas. Las orugas de cientos de carros Leopard y Pizarro hicieron retumbar el suelo creando cierto temor entre los asistentes, pero que terminaron aplaudiendo cómo locos, incluso viendo cómo muchos de los carros de combate tenían tripulantes femeninos.

Detrás llegaron las unidades a pie: marciales, organizados, con sus estandartes al viento. Compañía tras compañía fueron desfilando arropados por el júbilo de los asistentes.

—Quiero tener un ejército así, —dijo el canciller a Cortabarria durante el desfile. En la tribuna estaba el canciller con Cortabarria y el gobernador en El Baldío.

—En esto se tarda señor canciller, especialmente en preparar oficiales y suboficiales: es algo laborioso, —respondió Cortabarria—. Tenga en cuenta que la tradición militar española tiene cientos de años y cuándo empezamos a ampliar las fuerzas armadas tiramos de los reservistas que eran muchos. En su caso, hasta dentro de dos años, si son candidatos con estudios superiores, no tendrán oficiales de carrera.

—Pues cuánto antes empecemos mejor, ¿no le parece general?

—De todas maneras señor canciller este asunto es político y lo tiene que tratar con el gobernador.

—De acuerdo, mañana lo hablamos, —dijo el canciller mirando al gobernador y este asentía.

—De acuerdo señor canciller, —dijo el gobernador—, pero se dará cuenta de que en nuestro ejército hay muchas hembras, empezando por nuestra flamante comandante en jefe, y la sociedad mandoriana tiene ciertos problemas con eso.

—Sí, sí, pero tarde o temprano hay que abordar ese asunto y no veo mejor momento que este. Si hay hembras que se apuntan al ejército, pues bienvenidas sean: las leyes mandorianas no lo prohíben.

—¡Ah! ¿No? —preguntó Cortabarria sorprendida.

—Muchas de nuestras “leyes” son tradiciones no escritas. Ustedes empiecen a trabajar en este tema que yo me ocupó de los posibles problemas.

­—Muy bien señor canciller, pues mañana lo hablamos y lo organizamos.

Anochecía sobre la capital cuándo se dio por finalizado el desfile. Los soldados españoles regresaron a la zona española y los mandorianos ocupaban la gran avenida dónde se había desfilado comenzando una gran fiesta organizada por el ayuntamiento.

 

 

Nada más tomar posesión de su cargo, Cortabarria emprendió una reorganización profunda del despliegue militar español en El Baldío. La flota pasó definitivamente a depender de la Armada, y es que hasta ese momento, y a pesar de tener un almirante al mando, estaba en una situación confusa entre esta y la fuerza aérea. Esta se encargaría en exclusiva de la defensa de todos los mundos con presencia militar española o aliada con bases orbitales y terrestres.

En cuánto al ejército, la fuerza principal seguía estando estacionada en Nueva España. Para hacer frente a la petición de creación de fuerzas armadas propias, no sólo de Mandoria, se trasladaron las academias de oficiales y suboficiales a la capital española en El Baldío. También se creó una escuela de estado mayor en Mandoria.

El contingente en Mandoria de amplió a dos cuerpos de ejército, además de otro enteramente mandoriano a los que había que añadir las divisiones que ya estaban: la Legión y la de montaña, y se amplió la presencia de Regulares hasta llegar a una división. Igualmente se establecieron en el planeta varios grupos de operaciones especiales de los tres ejércitos encuadradas en el Mando Unificado, además del de la capitana Marta Buendía que había sido ascendida por sobrados meritos de guerra. En Tarquinia se estacionaron dos divisiones más su propio ejército: otra división procedente de las antiguas milicias, y en Raissa otras dos divisiones españolas: Raissa no quería tener ejército propio y siguió manteniendo su estructura de milicias.

Cuatro meses después del nombramiento, Cortabarria presentó los planes de actuación para los dos siguientes años que estaban a punto de comenzar. En una reunión conjunta de los estados mayores de Xelar y España, con la presencia del presidente de la República y el canciller, detalló pormenorizadamente los objetivos a alcanzar y que supondría la liberación de cinco mundos y la ampliación del territorio controlado por España al 45% de El Baldío. El primer objetivo seria el sistema Trílaton situado muy en el interior de la zona controlada por los corsarios tardasianos, y que tenía un planeta con soporte de vida, dónde se instalaría una gran base polivalente, que se utilizaría cómo cabeza de puente para la conquista de los mundos de Kánaster y Turbión, sociedades con más de diez mil millones de habitantes. Para preparar la operación en estos mundos se introducirían previamente unidades de inteligencia y de fuerzas especiales. Todos estos planes suponían un aumento de los efectivos españoles de más de quinientos mil soldados, que tendrían que salir de España y de los países y mundos aliados.

Los Xelar quedaron impresionados y aceptaron sin reservas los planes de Cortabarria. Posteriormente, los líderes nacionales se reunieron y decidieron poner en marcha definitivamente la Confederación de Mundos Libres, contemplado en los acuerdos bilaterales España-Xelar, que tendría capital en Mandoria donde se instalarían los edificios administrativos y el Parlamento Confederal.

 

 

Una semana después del gran desfile se abrieron oficinas de alistamiento en la capital y en las ciudades más importantes, dónde se formaron largas colas para recabar información. En un par de semanas ciento veinte mil mandorianos, entre los que había muchas hembras, se habían alistado provisionalmente.

Los mandorianos no tenían ninguna tradición en prácticas deportivas y por ese motivo el alistamiento era provisional. En la primera semana, después de un programa intensivo de preparación física, cuarenta mil desistieron y se fueron a casa y en la segunda semana otros quince mil. Curiosamente entre los que quedaron, la proporción de hembras era superior: cuándo se alistaron, el 37% era hembras y al final representaron el 52%. El canciller estaba abochornado y para solucionarlo decidió introducir la práctica deportiva en las escuelas y colegios mandorianos. Contrató a miles de profesores de educación física españoles para que empezaran a trabajar en el siguiente curso escolar.

Con los que superaron las dos semanas infernales, y después de tres meses de duro entrenamiento, se formó el primer cuerpo de ejército mandoriano, con oficiales y suboficiales españoles. En el seno de la unidad, se formó un regimiento acorazado con carros de combate Leopard y Pizarro cedidos por España.

 

 

La llegada de los españoles a Mandoria, sacudió a la sociedad de tal manera que rápidamente se empezaron a notar los efectos. Empezaron a proliferar restaurantes, bares de tapas y copas y terrazas a las que rápidamente se aficionaron. También abrieron tiendas de ropa deportiva de marcas españolas.

En el plazo de un par de años, en las montañas Azules se abrió una estación de esquí, un deporte totalmente desconocido por ellos. Al principio se hizo pensando en los españoles, pero gracias al auge que tuvo entre la población mandoriana, se ampliaron las instalaciones y se construyeron nuevos complejos en las montañas del norte, en la zona dónde tenía su acuartelamiento la división de montaña. Algunos de los complejos tenían más pistas esquiables que las estaciones más grandes de la Tierra pasando de los 800 kilómetros y que estaban en servicio todo el año. Posteriormente se abrieron también estaciones de esquí nórdico. Por supuesto todas las instalaciones con sus correspondientes infraestructuras hoteleras y de servicios. Al poco tiempo empezaron a llegar turistas de la Tierra y de otros mundos atraídos por la amplia oferta de nieve.

También se fomentó el senderismo. La primera ruta que se preparó fue una que en cuatro días recorría los escenarios de la batalla. Al ver el éxito, muchos pueblos pequeños y mancomunidades empezaron a preparar las suyas. Con el tiempo se preparó una especie de Camino de Santiago que después de recorrer 800 km finalizaba en la capital.

En el plano cultural las artes humanas causaron sensación. El teatro, que aunque cientos de años antes si tenían algo parecido, ahora estaba totalmente olvidado. La música humana, sobre todo la clásica y el jazz, que nada tenían que ver con el tipo de música de abstracción mandoriana. Las artes plásticas en general, en especial la pintura y la escultura.

Se empezaron a aficionar a ir a los centros culturales españoles que había anexos al complejo militar, y es que había una verdadera ciudad dónde residían las familias de los militares y de los funcionarios civiles adscritos al gobernador general. Estaba totalmente equipado con teatros, cines, salas de exposiciones y de conferencias, polideportivos, establecimientos hosteleros, centros comerciales, etc. Establecimientos que con el tiempo también empezaron a abrirse en la capital y las principales ciudades.

 

 

Tal y cómo había detallado Cortabarria, la campaña para liberar el sistema Trílaton, se dividió en dos fases. Primero la flota, al mando del almirante Torremartin, mediante engaños, fue atrayendo a los grupos corsarios que picaron y juntaron más de ciento cincuenta naves en las inmediaciones del sistema. En ese momento, los cruceros y las fragatas atacaron mientras las patrulleras las cerraban el paso para impedir que huyeran. En pocas horas la escuadra corsaria estaba destrozada y los trasportes de tropas aterrizaron en el cuarto planeta. La segunda fase consistió en limpiar de presencia corsaria el planeta algo que se hizo sin mucho esfuerzo. Después, los ingenieros militares y las unidades de ingeniería robótica empezaron a construir la base militar desde la que se lanzarían la ofensiva sobre Kánaster y Turbión y a instalar baterías de defensa planetaria.

En los plazos previstos, se inició la ofensiva para liberar Kánaster. Para cuándo llegaron las tropas de invasión, las fuerzas especiales y de inteligencia, con la ayuda de grupos de resistencia locales, ya habían derribado la canciller títere de Tardasia y a sus compinches, que desde hacia cientos de años habían impuesto un régimen dictatorial y de terror que subyugaba a la población. Las milicias se mantuvieron al margen al ver lo que se les venia encima y se acuartelaron. Los únicos combates que se registraron fueron contra la policía política, pero fue algo bastante patético, y terminaron rindiéndose.

En seis horas todo había terminado y la población llenó las calles de la capital y las principales ciudades para recibir a los libertadores. Durante varios días, continuo la fiesta, y es que los ciudadanos de Kánaster querían disfrutar de su recién adquirida libertad.

Dos semanas después se inició la campaña contra Turbión. Cuándo la flota llegó al sistema se encontró con que no había presencia de naves corsarias. Las tropas de invasión aterrizaron sin ningún contratiempo después de que las fuerzas especiales y los agentes de inteligencia informaron de que los dirigentes turbionanos, y sus colaboradores habían salido corriendo, y su policía política detrás. Cómo en Kánaster, la población salió en masa a la calle y los festejos duraron varios días.

Con la adopción de las nuevas constituciones, se abrieron procesos constituyentes que derivaron en regimenes políticos democráticos. Aseguradas las rutas comerciales, los dos mundos empezaron a prosperar económicamente con el intercambio comercial con Nueva España y los otros mundos aliados, y aportando más de veinte mil millones de nuevos consumidores.

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