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7 min
El banquete se aplaza
Humor |
11.09.18
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Sinopsis

Un distinguido caballero hace un alto para descansar en una posada...

     El joven caballero iba cabalgando encima del elegante corcel negro en una noche cerrada.  Jinete y caballo, se unían en una apostura y gallardía natural. Ligeros restos de nieve adornaban el ancho camino de tierra. La noche era gélida y aún así, a nuestro personaje, parecía no importarle el frío. Su figura se defendía de este, con una brillante capa negra, una camisa blanca con lazo negro y un chaleco granate. Una melena negra larga, afloraba de un sombrero de copa.

       El rocín resoplaba, fruto de lo helado de la noche, un vapor denso emanaba de su hocico, que se confundía con la niebla que empezaba a emerger. La luna, todavía visible, brillaba en su máximo esplendor, mientras un lobo que se recortaba con la luminosidad de esta, aullaba en una colina cercana.

        Una luz amarilla, indicativa que estaban llegando a una posada en el camino, urgía a que caballero y montura pararan a obtener cobijo.

        El joven señor entró en una abigarrada posada, en donde por suerte había una mesa libre. Los lugareños, en medio de nubes de humo y vapores de cerveza, discutían por cualquier cosa…nadie advirtió en el noble señor el gesto de sentarse, salvo el mesonero que dando un sutil golpe de codo a su mujer, le urgió a que atendiera al caballero

       -Noble señor. ¿Desea usted cenar?...nuestro asado es excelente- dijo la rolliza mujer

      -No…gracias no tengo hambre de asado…si le agradecería que me trajera un vaso de vino y que cuando pueda me prepara una habitación para pasar la noche.

       El vaso de vino, no tardó en llegar, servido por una mujer joven y de extraordinaria belleza, una mujer de ensueño con los brazos y hombros, desnudos y sonrosados, falda agitanada y camisa roja cubriendo unos turgentes senos; la cabellera rubia con graciosos bucles y lo que más le gustó al respetable señor es que aquella chica no hacía mucho tiempo que había dado el paso de niña a mujer.

        Los ojos de la mujer y del hombre, se clavaron con insistencia. Los ojos azules de la muchacha, en los marrones del hombre. Parecía que se estaban midiendo, hasta que finalmente ya sabían que eran dos gotas gemelas…se gustaban, sin proferir palabras y gracias a su mirada, se creían conocer.

         Este detalle no pasó inadvertido a la esposa del posadero, así que al cabo de un buen rato se dirigió al hidalgo y le dijo

          -Ya tiene preparada su habitación…está justo delante de la de mi hija…le dijo guiñándole un ojo.

          El caballero no dijo nada y se puso en pié, dejando una moneda como pago de un vino que no había tocado.

          Lentamente subió hacia su habitación y sorpresivamente se encontró a la muchacha  en el pasillo… ella estaba abriendo su puerta. La muchacha lo miró coquetamente, sonrió con ingenuidad y se deslizó hacia el interior de su habitación.

         El hidalgo quiso ir detrás de la chica, pero antes prefirió entrar en su aposento.  Agradeció que en la habitación no hubiera colgada ninguna cruz ni cuadros de vírgenes. Entonces se sacó el sombrero de copa y su espectacular capa negra, forrada de rojo púrpura en su interior y los dejó en la cama.

        Antes de salir a la habitación de la chica-ya lo había decidido- fue tranquilamente a mirarse en el espejo de pared que colgaba a los pies de la cama, para arreglarse los cabellos y el lazo de la corbata. Llegó delante del espejo y como ya esperaba, este no reflejó su figura…sus formas  resultaban  invisibles  para el espejo. Suspiró hondo durante un rato, estuvo a punto de irse y de dejarlo correr, pero entonces, cosa extraña, el espejo si reflejó lo que tenía enfrente.

         Unos ojos hundidos inyectados en sangre, enmarcados por unas ojeras grisáceas, un pelo enrarecido, unas arrugas pronunciadas en una  carne blanca y  amorfa,  con unos pómulos demacrados en los que se adivinaba la calavera interior…el espejo reflejaba un conjunto de   lo que era verdaderamente el caballero…un vampiro… el rey de la noche,  salía relucir

         Continuó mirándose, complacido, en el espejo, cuando un retortijón en el estómago, le recordó que hacía tiempo que no comía sangre. Fantaseó con el recuerdo de los brazos desnudos y el cuello de la chica que lo estaba aguardando. El espejo reflejó fielmente su lengua bífida, como de reptil que salía de su boca descarnada, relamiéndose con el banquete que le aguardaba en la habitación de en frente.

          Pensó un momento como llegar a la chica… podría hacerlo como siempre,  es decir, llegar volando o atravesar la puerta sin más, pero había algo en aquella mujer, en su belleza que presagiaba que una unión sexual consentida, podía ser un triunfo añadido al banquete que se avecinaba. Por lo tanto, optó por un método más clásico y tradicional, consistente en llamar quedamente a puerta…como con la timidez de no ser bien recibido.

         Toc…toc…toc

          La muchacha abrió de inmediato la puerta y con una sonrisa que hubiera tranquilizado al más aprensivo de los hombres, dejó pasar al vampiro que había vuelto a adoptar el camuflaje de hombre noble.

         La chica introdujo al caballero a su acogedor refugio y miró de nuevo al joven señor con sus ojos en los que se adivinaban inconfesables promesas. El hidalgo se acercó, pero lo mismo hizo la mujer…se podría decir que ella tomó la iniciativa, ya que fue ella la que rodeó con su brazo el talle del varón y lo acercó para sí.

          El vampiro estaba eufórico, aprovechó la cercanía para observar de cerca el radiante cuello de la mujer…tan cerca lo tenía, que dudó por un instante si hincarle los colmillos directamente o por sí lo contrario, besar este esplendido cuello, continuar con el aspecto sexual y reservar fuerzas para más adelante en lo referente al banquete.

         Lo que no estaba previsto, es que la mujer, parecía estar haciendo exactamente lo mismo con él. Sintió como unos besos húmedos le tanteaban el cuello. Es decir que la chica parecía que adoptaba un interés sexual.

         Entonces, él, sin poderse aguantar ni reprimir ni por un instante…notó como sus colmillos se iban agrandando y su ansia de sangre era perentoria y urgente. La necesidad de comer sangre pasaba por delante de cualquier otra cosa.

         Dio un paso atrás para no equivocar el mordisco en el cuello de la chica…pero al contemplar a la mujer se sintió desfallecer…los rubios bucles de la chica, se habían convertido en jirones de pelo canoso, la fina dentadura blanca en una descarnada boca en la que le estaban creciendo los colmillos y aquellos ojos que prometían aventuras sexuales, en unos ojos hundidos y también inyectados de sangre. Les  estaban creciendo los colmillos a los dos, ya sin remedio, y al mismo tiempo se lanzaron unos infructuosos y estériles mordiscos, uno al cuello de la otra y viceversa.

         La unión fue yerma e infecunda…el destino es caprichoso…le había jugado una mala pasada al vampiro,…el banquete tendría que esperar…con la de muchachas normales que había, rellenas de sangre fresca le había ido a tocar una vampira hembra sin sangre en las venas.

 

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