cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
EL BAR DEL GALLEGO
Reales |
01.10.21
  • 5
  • 4
  • 462
Sinopsis

LUGARES DE ALGUNA CIUDAD Y SUS PERSONAJES. COLECCIÓN DE EJERCICIOS DE ESCRITURAS.

El bar del gallego

Desde la redacción, con la persiana a media asta y la luz del velador lanzada por la ventana, veo las nubes lilas que flotan dulces al ras del segundo piso. Entre las horquetas del palo borracho y las hojas del árbol de la libertad, las vidrieras del bar del gallego, miran, inquietan, sugieren. Como la francesa que sin enterarse, desde la comodidad de su revista lejana, suele no dejarme dormir de noche.

¿Qué tiene de especial ese bar? 

Vacío, es un edificio común, al que le falta pintura y le sobra humedad. Alto, para que el calor quede pegado al horizonte del cielo raso descascarado. Cuatro ojos, marcos de cedro y párpados metálicos. Desde allí, mirar pasar la gente sonriente de un pueblo sin sobresaltos es un deporte sencillo.

Las huellas del desfile de almas ha aplastando el mármol de carrara. Los colores del interior lucen gastados, hay que tener tiempo para descubrirlos y en algunos casos, imaginarlos. Mesas viejas y sillas cansadas, fichas lanzadas sobre el damero del piso. El mostrador minimalista provisto de dos bocas cerveceras y veinte ceniceros recorre todo el largo de pared a pared por el oeste. Su maderamen marchito tiene aspecto de naufragio. Detrás, cual velamen que aflora sin sumergir, el mueble cuadriculado con su espejo espanta envidias. Cargado de botellas, quesos y frascos de aceitunas, decorado con gruesas telarañas retorcidas de estilo gótico. Hasta la cortina roja que flamea grasienta al viento del extractor de la cocina. Sobrevolando este paisaje, el tesoro del gaita pendiendo del techo: jamones envueltos en tela de lienzo. 

En el rincón de los ventanales coloridos al patio que tiñen de alegría el interior y obnubilan con sus gotas y relieves a concurrentes sin ocupación, se codean tres mesas de billar. Tapadas con paños color corridas de toros. Los ventiladores, gladiadores incansables de luchas sin cuartel ante el humo espeso y las moscas verdes, se empeñan en sacudir cuadros de equipos de fútbol, afiches de bebidas, algunos cuadros familiares y al toro negro de chapa.

Sobre el escaparate de los tacos de billar, el reloj de madera, de cuadrante circular y máquina suiza. Imparcial, sin opinión. Avisa, ordena, pone principios, fines y límites. Disfruta del irrecuperable minuto de tardanza con la tranquilidad del que advierte. Cava una trinchera de rencor entre los que lo ningunean y los que le rinden pleitesía. 

Por las tardecitas y los fines de semana, las mesas viajan a la vereda. No hay nada más deseado que un liso con un platito de papas bravas al fresco. No hay lugar que otorgue más chapa.

El gallego, que, en realidad es un vasco macizo, de boina perenne, osco como jabalí de monte, deambula de aquí para allá gesticulando. Para “la barra del café de las siete”, es un duende que se mantiene inalterable en el tiempo. Sus días comienzan y terminan calcados uno del otro. Tiene la experiencia del que lo ha visto todo y la inocencia recién inaugurada. Tras cincuenta años, a mi abuelo, a mi padre, a mí, a quien se cuadre ante su altar le preguntó siempre inmutable: ¿qué le pongo, hombre?

Paco, de mandíbula cuadrada y barba sombreada al carbón, su hijo, aunque lo único que parece unirlos es la boina negra con el escudo cercado por la corona verde. Jesús, el cejijunto, es el segundo, la parte viva de la máquina de café. Anduriña, su mujer, permanece enclaustrada en la cocina. Nadie conoce su rostro, cuando va a misa, lo cubre una espesa mantilla. Una vez contó el cura, mistela mediante, que no dejaba de llorar lo de Guernica.

Los cuatro componen la armada incansable del “Siglo de Oro”, porque, aunque nadie preste atención al detalle, así se llama.

Cuando en verano comienza el piar del hambre de los pichones en los árboles de la plaza o en invierno, la helada baja espesa desde la negrura de humo, el izar de la cortina metálica compite con las campanas de la iglesia a ver quién atrae más adeptos.

Bastión machista. Salón de fumadores, sector de diarios, jugadores de cartas, ajedrez, dominó, billar y apuestas encubiertas. Entre semana las mujeres no se atreven, “los pibes”, sólo entran por algún pedido especial de cigarrillos o buscar monedas al brillo de los zapatos.

Tan fácil como un mago saca un conejo de la galera, el domingo día de familia, muda su fisonomía. El eco de los murmullos se aplaca en cada grito de niño. En el interior o en las veredas se disfruta del día, del vermut y de la fonda. Hay flores en las ventanas sobre el mostrador y en el piso no hay cáscaras de maníes ni colillas. 

Los billares clausurados convertidos en vitrinas de panadería y repostería.

A la siesta café, política y ajedrez. Paco, acerca la cuenta a la primera discusión. 

Los solitarios leen y apoyan sus sueños sobre el humo del elixir pardo.

Las tardes pertenecen a las parejas jóvenes, submarinos, churros, poemas y flores en servilletas de papel. Sonrisas tontas, dibujos en las vidrieras empañadas. Besos robados.

Las noches, a los matrimonios sin hijos, momento exclusivo para ahondar sobre cómo marchan las relaciones entre consortes. Cenas en silencio monótono, recelos en cruces de reojo o descorches con risas y miradas chispeantes.

Por la madrugada funciona sin excepción el quitapenas. Amores y desamores. Negocios fallidos. Desencanto. Nostalgias. Partidas prematuras. Engaños. En las butacas de la barra, anidan clientes a los que les cuesta despegar los ojos del fondo de las copas. Dicen los viejos, que no hay terapeuta que haya curado más que la caña artesanal, la oreja sin fondo y el silencio cómplice del gallego. Palmada sanadora incluida.

El lechuzón que sabe acompañarme por las noches da un par de vueltas buscando comida, vuelve y se posa en la nave que une las dos torres de la iglesia. Me mira. Mira hacia el bar del gallego.

¿Estará pensando lo mismo?

¿Qué tiene de especial este bar?  


 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Excelente descripción tanto de un bar castizo, típico de cualquier lugar, y de los personajes que viven a su socaire. Me recordó el estilo de Cela en "La colmena". Un abrazo, Roluma
    Reseña del ámbito local, "El bar del gallego", con sus circunstancias, problemas y logros, en donde el cliente es potencial inspiración de la existencia. Relato ilustrativo que hace vibrar la añoranza de la identidad. Saludos gratos Roluma( por favor, no te pierdas...aunque el Águila esté volando alto)
    Una descripción increíble de esos lugares donde uno se conecta con el alma. Gracias
    como olvidarte en esta pena cafetín de Buenos Aires si sos lo único en la vida que se pareció a mi madre.......
  • Jirones de la vida diaria.

    Anduriña oficia el funeral de su madre.

    COLECCIÓN PERSONAJES DEL BAR DEL GALLEGO

    COLECCIÓN DE PERSONAJES DE LA CIUDAD

    LUGARES DE ALGUNA CIUDAD Y SUS PERSONAJES. COLECCIÓN DE EJERCICIOS DE ESCRITURAS.

    A veces, algún hecho revela lo que no habíamos podido esclarecer.

    Curso acelerado sobre amor

    Serie historias de vida.

    Un guapo del 900, en el escenario del Río de la Plata. Un "ex" malevo atormentado por sus dudas existenciales, cuenta en el café una parte de la historia que lo desespera. Esperando que alguien invente de una buena vez el psicoanálisis, recurre a este método para sacar afuera lo que lo carcome.

    Feliz día del escritor (al menos en Argentina) Un reconocimiento a todos quienes hallan placer al momento de sentarse a escribir, A quienes además de escribir, tienen la generosidad de difundir el trabajo de colegas de toda América. A quienes son capaces de hablar y denunciar todos los temas, tal cual el caso y por eso debe ser la rima, de la querible Ana Pirela. Un saludo Walter Rotela con tu página en blanco y gracias por tu labor incansable, al mostrar un camino para tanta gente que comienza o necesita un faro. https://open.spotify.com/show/7KZBOLYsqghkHueEvKUQ4t...

  • 89
  • 4.51
  • 291

Soy águila. De las que vuelan alto. De las que ven sin proponérselo. Tengo maestros de los que no acepto palabras. Tengo lapices que dicen lo que siento. Cuando vuelo mi vuelo, cuando respiro mi cielo.

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta