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11 min
El Bosque de Fisú
Reflexiones |
03.08.14
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Sinopsis

Juseff se reencuentra con una vida que había decidido dejar de vivir. La vida te regala de vez en cuando una oportunidad de volver a vivir o de empezar a vivir.

Las hojas de la primavera adornaban con colores el camino hacia Faulkner Road. El carruaje en que viajaba Juseff se paseaba elegantemente por el camino de lastre al que un arcoíris protegía desde lo alto; en el bosque se escuchaban las aves celebrando la nueva mañana y los arboles mecían sus ramas al compás del viento que atizaba con su silbido el valle de las Gacelas.

La mirada de Juseff parecía extraviada, aquellos detalles le parecían insignificantes, era la primera vez que viajaba en un carruaje y sin embargo aquella primera experiencia estaba teñida de desencanto y amargura; los arboles más altos le daban la bienvenida al que sería su nuevo hogar sin embargo aquel chico no parecía inmutarse ante la acogida del bosque de Fisú.

Vestía con pantalón corto negro y una camisa blanca con mangas recogidas, unos tirantes grises y unos zapatos negros que reflejaban los rayos del sol, su sombrero despistaba sus ojos tristes y recogía su cabello color miel.

El correr de un lejano rio se envolvía con el sonido de los cascos de los caballos apurados en llegar a su destino para descansar y tomar el camino de vuelta a Hirod.

Poco después del medio día finalmente llegaron al pueblo. ‘’Welcome To Faulkner Road, Fisú Forest - Ad Amphitruo-´´. El muchacho no presto mucha atención a aquel letrero sin embargo sintió mucha curiosidad por saber que significaba aquella frase en latín tallada como por los Dioses en aquel trozo de madera.

El carruaje se detuvo finalmente y con él, sus pensamientos, aquello parecía el final de una obra de teatro de muy mal gusto, pronto el conductor abrió la portezuela, miro al muchacho, este asintió con la cabeza, sabiendo que el momento había llegado.

Habían pasado seis horas desde que partieron del puerto de Hirod y tres días más desde  había embarcado en el puerto de Hum. Ya hacía los 13 años, era demasiado viejo para continuar en el orfanato y demasiado joven para buscar un empleo. Sin embargo había una pareja que continuamente enviaba cartas al Abad del Monasterio de Hum solicitándole interponer sus oficios para hacerse con un hijo adoptivo. La vida les había negado la oportunidad de concebir y la adopción era su única esperanza.

El chico no era un gran conversador sin embargo en los años que estuvo en el Orfanato, cumplió con las tareas que le fueron encomendadas y nunca dio ningún problema, nunca se le vio jugando los demás niños, se le consideraba retraído. El mismo Abad le escucho muy pocas veces pronunciar palabra alguna.

Salve! –dijo el conductor- me envía el Abad de Hum, traigo al muchacho. Un hombre delgado de unos 50 años, estrecho la mano del conductor y recogió la pequeña maleta, le guiño el ojo como queriendo preguntar dónde estaba el muchacho, en ese preciso instante los zapatos negros asomaron la vista por la escalerilla. Juseff descendió del carruaje levanto la mirada y reto con la mirada a aquel hombre que desde ese momento era ya su padre.

Debes estar hambriento y cansado después de tan largo viaje, tu madre—interrumpió el hombre — mi esposa ha preparado el almuerzo y tu cama está hecha si es que tu deseo es descansar, ya habrá tiempo de ponernos al corriente.

Juseff volvió la mirada hacia el carruaje pero este ya había partido, a lo lejos solo se veía la silueta de los dos caballos alejándose por el camino.

La casa era de madera; pequeña pero acogedora, el olor que provenía de la cocina despertaron en el chico su apetito, pronto le fue presentada su madre y juntos se sentaron a la mesa, nadie hablaba, únicamente se escuchaban los sonidos de los cubiertos y los platos.

Si me disculpan, me gustaría descansar, les agradezco las atenciones y los alimentos. El hombre asintió con la cabeza y le indico donde estaba su habitación, Juseff se dejó caer en la cama y cayó en un profundo sueño, recordó aquel fatídico día en que sus padres murieron en el incendio que acabaría con su hogar y con su vida. Tenía apenas cinco años pero recordaba cada detalle de aquella tragedia…

De la vida solo conocía tristeza y amargura, antes de aquella tragedia solía ir con su padre a caminar por el bosque mientras su madre se dedicaba al hogar, por las mañanas el suave aroma a pan recién horneado le abría los parpados, el sonido del hacha de su padre cortando trozos de leña para alimentar el fuego le dibujaba una sonrisa en su rostro. Eran tiempos felices.

Ahora estaba en otro hogar, era otro el aroma de aquella casa, eran otros sonidos, aquellos parpados eran pesados y escondían unos ojos tristes, vacíos, una mirada agobiada por el cansancio que provocaba vivir.

Muchas veces se preguntó por qué no murió él aquella noche. Porque su padre le rescató, porque no le dejo morir, era mejor la muerte que aquella vida sin vida? Por qué?

Si no es molestia para ti me gustaría que me ayudaras a conseguir algunos leños secos en el bosque. Los senderos del bosque están bien marcados no te perderás, solo toma el camino de la izquierda yo tomare el camino de la derecha el sendero te llevara a un puente viejo de madera que une ambos caminos. Nos encontraremos ahí y regresaremos a tiempo antes de que Elizabeth empiece a renegar. El muchacho asintió.

El chico estaba acostumbrado a seguir órdenes y a cumplir con las tareas que le solicitaban, trataba de hacerse creer así mismo que aún estaba en el orfanato, a pesar que no tenía grandes amigos aquel lugar se había convertido en su hogar.

Tomo el sendero de la izquierda de pronto se vio rodeado de altos pinos que se mecían al ritmo del viento, la calma del bosque le tranquilizaba, sentía una paz profunda, había pasado poco más de media hora desde que había tomado el camino,  aquel bosque le susurraba al oído, como si todos aquellos arbustos entendieran la soledad que llevaba por dentro.

Al llegar a una pequeña loma vio cómo se alzaban imponentes una fila de árboles, adornados por un fino pasto y pequeñas flores blancas, aquel paisaje provocaba abrazarse a cualquier árbol y dejarse llevar por los sonidos del bosque. Se acostó en el suelo a la sombra de un viejo árbol y sin darse cuenta  entro en un profundo sueño, la suavidad de aquel pasto servía de descanso para sus pensamientos y el murmullo de las ramas le arrullaban el alma, al cabo de un tiempo logro despertar de aquel profundo sueño.

Solía venir siempre a este lugar con mi padre sabes-dijo Liam- Mi nombre el Liam Greimmy a propósito. Juseff le miro y sintió una gran vergüenza, cuanto tiempo ha pasado dijo…creo que al menos dos horas desde que salimos de casa, llegue al puente y decidí seguir el camino para ayudarte en caso de que trajeras una pesada carga pero veo que no es así dijo sonriendo.

Disculpe señor Greimmy, me detuve aquí y me provoco descasar, no me di cuenta de… ¡No te preocupes! Interrumpió Liam- sé que este lugar es mágico, ahora lo mejor será que regresemos a casa antes que Elizabeth se enfurezca, ese es el nombre de mi esposa; Elizabeth Lamp.

Juseff, se incorporó rápidamente y ayudo a Liam a cargar los leños; esperaba con ansias el momento en que pudiera volver a aquella cama de hierba, a mirar las copas de los árboles a escuchar el sonido del viento viajando por los surcos.

Supongo que su padre murió hace mucho tiempo señor Greimmy, lo note en su voz. Mi padre murió cuando yo tenía tu edad, harán ya más de tres décadas, fue un reconocido  herrero y además un gran poeta, decía que lo único que tenía era su pobreza, su bosque y su poesía, desde niño me leía su poesía, luego con el pasar de los años me di cuenta que casi todo lo que escribía tenía que ver con este bosque, con el bosque de Fisú.

De ahí aprendí a mirar el bosque como una obra maestra como la obra maestra que me recitaba mi padre. Este bosque ha sido mi amigo desde entonces, vengo a aquí cuando quiero reencontrarme con mi padre, basta con tomar un sendero para transportarme a cuando era niño y verme de pronto correteando las liebres y buscando frutos silvestres.

Nunca supe de mi madre y supongo que a mi padre le dolía demasiado aún como para hablarme sobre ella, lo único que sé, es que un día mi padre, su poesía y yo no fuimos impedimento para que se fuera; por lo que crecí solo, aprendí a trabajar y aquí me tienes, recogiendo leña para Elizabeth. Pues bien hemos llegado, si así lo deseas puedes ir a descansar ya te llamaremos a la hora de la cena trata de ponerte cómodo si hay algo que puedas necesitar háznoslo saber.

Juseff, permaneció callado, subió los escalones. Se detuvo un instante, señor  Greimmy – Liam volvió a verlo – mi nombre es Juseff. Liam sonrió y el chico desapareció en la escalera. 

Con el pasar de los días las presiones de los silencios incomodos cedieron a la delicadeza de aquella pareja que veía en los ojos de Juseff no el consuelo de un hijo no tenido sino la esperanza de una vida que comienza a vivir de nuevo.

Pero cuando la noche era fría y los recuerdos se empeñaban en oscurecer la delicada salud de aquella vida y los parpados de aquellos ojos cedían ante el asedio de la soledad no había consuelo para aquel chico.

Agradecía cada bocado, cada sonrisa de su nuevo hogar, disfrutaba poco a poco del cariño de una familia pero adolecía de la complicidad de los amigos, de la cercanía de un ser querido, de la eternidad del tiempo cuando luego de la cena pasaban horas hablando de historias de pueblo, de las travesuras de Liam cuando era niño pero a pesar de su glacial silencio durante las conversaciones, escuchaba atento y de vez en cuando dibujaba una sonrisa que rápidamente ahogaba con un suspiro.

Estando una noche Liam sentado en el jardín en un viejo tronco de los que servían de base para cortar la leña, el chico se acercó y le pregunto qué tanto miraba el cielo; Liam le respondió, no lo miro a él, el me mira a mí.

Mi padre me contaba que cuando uno muere se convierte en una estrella, a mí me gusta pensar que mi padre me mira desde las estrellas, cuando el cielo está despejado me gusta sentarme acá, para que mi padre me mire y se sienta orgulloso de verme feliz.

Mi vida no ha sido fácil, pienso que no ha sido fácil la vida de nadie, todos tenemos momentos de felicidad y momentos de tristeza y angustia,  todos nos sentimos en el paraíso alguna vez y muchas veces hemos estado en el infierno.

Pero siempre fui rico sabes; porque me sigue emocionando tocar la textura de la hierba, sentir el aroma del campo, sentir el viento de frente, cuando la vida se disfruta así, todo se vuelve emocionante, vivo emocionado porque éste instante puede ser el último.

Ahora lo mejor será que entremos, es un poco tarde y mañana necesitaré que vayas al bosque por leña. Juseff sonrió y espero con ansias que llegase la mañana.

A la noche siguiente Juseff, se sentó en el viejo tronco y elevo su mirada al cielo.

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