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8 min
El buen Ambrosio
Humor |
17.09.13
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Sinopsis

Toda apariencia es engañosa. Una alegoría a los prejuicios; una vez más (suelen serlo casi todos mis escritos).

El buen Ambrosio Puede decirse que soy feliz. Tengo de todo a mi alcance para serlo. Tengo marido. Y debo decir de él, que realmente es una buena persona. Pero eso no importa. También tengo un trabajo que me gusta. Unos jefes severos, pero no obstante justos. Tampoco vale de mucho, si no le puedo tener a …¡Él! Porque ellos no pueden saberlo. De veras, no pueden. Ni tampoco lo entenderían. Porque desde hace mes y medio, estoy con Ambrosio. Si, Ambrosio, tal como suena. Podía haber escogido otro. Pero me gusta y no pienso cambiarlo por ninguno. Ahora siento, que mi felicidad es completa. ¡Pero ellos no pueden saberlo! El destino nos ha unido. Lo conocí trabajando. Me llamaron la atención sus dos bondadosos ojos grises, su pelo brillante. ¿Y qué decir de su bigote? Tenía un mostacho de lo más profuso y a mí me encantó desde el primer momento. Aunque en ese detalle reparé algo más adelante. En cuando le vi la mirada –eso sí que lo intuí de inmediato─ supe que iba a complacerme en todos los sentidos. Una verdadera lástima es que nos tengamos que esconder todo el tiempo para estar juntos. Creo que ya he dicho, que ellos no pueden saberlo…Ni los de mi trabajo, ni por supuesto mi marido. La primera vez que lo hicimos, fue trabajando. Yo estaba de servicio y él se vino conmigo. Primero probamos en el lavabo contiguo a la garita, luego comprobamos que nos gustaba más debajo del escritorio. He de decir que cualquier lugar es bueno, mientras sirva a nuestro propósito. El riesgo de ser pillados, es inmenso, inmensurable. Ambrosio lo comprende tan bien como yo, o eso creo. Y es que, de descubrirlo ellos, yo corro el riesgo de ser despedida, por no mencionar las consecuencias para Ambrosio. Luego, la temida reacción de mi marido que es quién más me hace disparar la adrenalina del cuerpo. Porque siempre sospecha algo. Estar con Ambrosio tantas horas, deja huella. Me quedo impregnada de su olor. El otro día mi marido se me acercó y preguntó, ─Cariño, ¿a qué hueles?  ¿No habrás…? ¿No tendrás…? ¡Sabes que no me gustaría! Cualquier cosa menos esa… ¡Dime que no es lo que pienso! ─y es que el alma se me resbala a los pies, cuando me interroga de esa manera. Entonces hago todo lo posible para calmarlo. Y siendo un cardumen de nervios, el estómago encogido y las manos como hojas, le miento como un cosaco y le digo, ─Sabes que no, mi vida. ¡Eso nunca! Yo te respeto… Sin embargo, mientras se lo digo, no puedo dejar de pensar en Ambrosio, en sus tiernos ojos, en su pelo sedoso y cómo no, también en su formidable bigote. Mientras paso el tiempo en compañía de mi marido, Ambrosio –de eso estoy bien segura- no hace otra cosa que esperarme. La puerta abierta y no sale. Nos aseguramos de todo. Y Ambrosio siempre lo entiende. Desde luego, no es fácil que sigamos juntos. Hoy es domingo y me ha tocado servicio en la vieja fábrica de cohetes. El turno de hoy es de doce horas. Mi euforia al salir de casa, ha sido difícil de disimular. Porque venir aquí significaba estar doce serenas horas junto a Ambrosio. Siempre y cuando, las cosas salieran según lo establecido, se entiende. En un principio, y solo por un instante, intuí que hoy algo iba a salir mal, pero no he tardado en descartar esa contingencia. Teníamos que probar sitios nuevos. Aunque casi siempre acabábamos por seguir haciéndolo bajo el escritorio. Había verdadera necesidad, puedo asegurarlo. A las diez y doce minutos de ésta mañana, han tocado el timbre situado en la entrada lateral. Me asomé y lo vi junto a la valla, visible como una señal, alto y derecho como un palo o como un signo de exclamación. Mis temores se habían confirmado. Inconfundiblemente, se trataba del Inspector Cabezerro. El corazón me latió hasta la boca y las manos me temblaron como a una vieja. Tenía que actuar con rapidez, para evitar toda sospecha. Recé para que Ambrosio siguiera bajo la mesa. Escuché la característica voz de trueno del temible inspector. ─¿Buenos días? ¡Soy Cabezerro! ¡Abre la puerta de una vez! ¿No? Cada vez que me siento atrapada, ni que sea por un mal miramiento, no consigo moverme del sitio. Me paralizo. Así que he tardado más de cinco minutos en ponerme en marcha. Cuando finalmente me personé en la entrada lateral para abrirle la puerta al examinador de oficio, éste me fulminó con ojos acusadores. El “Buenos días” interrogativo de hacía unos instantes, se había convertido en un nuevo “Buenos días”, censurador. Lo invité a pasar con la mirada.  Luego, traté de inventarme una excusa improvisada para justificar mi tardanza al abrirle la puerta. Pero no había colado. Seguí rezando para que Ambrosio continuara escondido bajo la mesa. Para ello lo había amaestrado. Con un poco de suerte, se habría quedado dormido, pensé. Al muy cabrito de Cabezerro le dio por rebuscar por todas partes. Es bien sabido por los vigilantes, que los inspectores son como fieros perros sabuesos, que necesitan justificar su trabajo a base de acusaciones equitativas. Tengo entendido que ahora van a comisión. En términos abstractos el inspector me reveló el grado de las sanciones que podía llegar a imponer, dependiendo de aquello y de lo otro. En términos precisos me advirtió de las consecuencias para mí: <<quince días sin empleo ni sueldo>> musitó, levantando una ceja. <<Un año sin la posibilidad de ascender>>repitió, como si no le hubiera oído. Y golpeó con sus nudillos la mesa. El corazón se me hizo un nudo. ¡Ambrosio…!  <<Un cambio de servicio>> remató, como si aquella punición ya fuera mía. Escudriñó mi puesto de trabajo durante más de quince minutos. Cuando finalmente desistió y se dirigió al escritorio para sentarse y hacer constancia de su inspección con una firma, me temí lo peor. No fue fácil y no lo voy a contar. Me limitaré a decir que Ambrosio se movió un poco bajo la mesa e hizo asomar un trozo de su formidable rabo. Que yo sepa, no fue más que eso. Y ha sido un milagro que el inspector no se percatara de nada. Sencillamente se le olvidó mirar debajo del escritorio. ¿Y cómo iba a esconder yo ahí a nadie, siendo el lugar menos sospechoso para la mente de un inspector? ¡Hacerlo, y haberlo planeado desde el principio ha sido nuestra suerte! ─¡Bien hecho, Ambrosio! ─le susurré a mi consorte, cuando finalmente estábamos fuera de peligro─. Siento haberte tenido que esconder todo este tiempo, pero de eso ya me he cansado.

Eso hoy mismo va a cambiar. ¡Porque te llevaré a casa! Hablaré con mi marido ésta misma noche. Le guste o no, me haces feliz. Porque si me quiere, si de verdad me quiere, entenderá lo nuestro. Aprobará mi decisión de que te quedes conmigo. Le diré que te llamas Ambrosio. Que pude haber escogido  otro, pero que me encanta el nombre que te he puesto, porque te pega. Y no pienso cambiártelo a éstas alturas. Punto y pelota. Ambrosio, se estiró y se desperezó, mirándome con dulzura. Luego me lamió la mano y se pegó a mis piernas para restregarse. Movía el bigote, de arriba abajo. ¡Qué contento se le veía! ─Si, Ambrosio, te llevaré a casa y de paso a mi marido a un buen psicólogo para que le cure la fobia a los gatos. ─ Miau. Miau… ─contestó el felino más instruido que jamás haya visto, comprendiendo que posiblemente ya nunca más sería abandonado en la calle, sabiendo al mismo tiempo que mi felicidad ahora iba a ser completa, pues siempre había deseado tener a un gato.

Ya no habría "gato encerrado". Y mi marido ahora iba a saberlo. Sub umbra floreo: C.Bürk 
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  • Muy divertido; el inspector me ha parecido un personaje redondo (el psicólogo tendrá trabajo con el matrimonio). La narración sostiene un ritmo alto que impide tomar aire y te lleva de corrido al sorprendente final. Saludos.
  • Puédase decir que en éstas epístolas que escribí; son más de cuatocientas todas juntas, sí que desaparece la escritora para volver a su verdadero ser íntimo, lo que ella es en lo más privado. Aquí sí soy Claudia, la de verdad, no la que se esconde habitualmente en sus escritos. Aquí me doy permiso para ser yo. Sólo y únicamente en éstas cartas, cuyo destinatario no existe. Pues a "X" lo inventé un día siendo niña.

    Hállese aquí el relato más terrible, más soez, más macabro, sexual explícito, profundamente psicológico que he escrito jamás. Un esrito que una vez más, se aleja completamente de mí misma. ¿Cómo una mujer que estuvo en un convento puede tener algo que ver con ésto? No. Pero lo escribí. Como otras tantas cosas que nada tienen que ver entre sí. Es lo que tiene la escritura automática, que dejas de ser tú, mientras otros y otras te ocupan para poder contar sus historias. Tras la lectura de éste relato, amigos, sacerdotes amigos, gente de la iglesia católica y fuera de ella me borraron del "Feisbú" y de sus vidas. Triste, para la escritora no ser respetada como tal. Con lo fácil que es saber que los que escribimos, reflejamos a los otros y pocas veces lo propio. Y que si lo hacemos parecer así, es con una intención.

    ¿Qué hay detrás de las Lolitas, cuyo comportamiento sexualizado deja entrever algo mucho más grave y oculto? ¿Volverán a ser cuerpo y alma en conjunto? Me temo que no. Sólo quién conoce de cerca lo que se siente. Lo comprende.

    Un irónico relato sobre el engaño de las apariencias. Una vez más, alejándome de mi misma al escribir. Son los otros los que quedan entre los relatos, nunca yo. Una se cuida de relevarse...

    Un relato escrito durante la tarde de hoy, día 18 de septiembre de 2013. Surgió del tirón y ante una idea previa. Espero arrancaros una sonrisa. Con ese fin fue escrito.

    Casi siempre descuidamos lo más importante: esforzarnos en ser felices. Cuanta gente hay que cree que felicidad es igual a suerte. ¡Craso error! Para ser feliz hay que querer serlo y es como el deporte: un ejercicio de voluntad y constancia. No pretendo aleccionar a nadie. Pues a mí también me queda pendiente ésta lección.

    Elogio a la Madre más amorosa que podamos tener: la Naturaleza. ¡Qué sencillo es todo tomándola como referente!

    Toda apariencia es engañosa. Una alegoría a los prejuicios; una vez más (suelen serlo casi todos mis escritos).

    Un divertido poema, con un toque de humor negro. Porque canallas, haberlos "haylos"...Otra cosa es ser el hijo de uno, entonces la canallería puede ser herocidad.

    La escritura automática es un método que se me presentó por sorpresa. Ahora, cada vez que tecleo, lo hago "guiada". Es así como escribí "Maldita Matilda" , novela que se publicará este año en el Reino Unido. Por tanto, no es meramente mérito mío. Sino de esos que vienen a ayudar.

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No recuerdo exactamente el momento en el que me planteé ser escritora. Quizás nunca fue así. Las cosas surgen según las planea el destino para nosotros. Poco podemos hacer para cambiar eso. Es difícil relatar mi vida literaria. Podríamos decir que como pez en el agua, necesité desde siempre de las letras, ligadas, eso sí, a las pequeñas cosas grandes, y detestando vanidades. La causa; un profundo anhelo por expresar lo que siempre escapa de los diálogos. Escribo casi siempre fuera de la norma, derrochándome porque sí, sin miramiento, ni metas, ni ambiciones. Es una especie de trance sin más. Las biografías de muchos autores, muchas veces se ven ahogadas por la enormidad de sus labores, homenajes y menciones obtenidas. A mí me resulta difícil hablar de esa manera de mí, precisamente porque es mucho más interesante hablar de los otros y del mundo que de una misma, difícil por la cercanía que tengo con los otros y la lejanía conmigo misma, que aun dando todo de sí, contándolo todo con pelos y señales, cubre mejor que nadie sus secretos. Soy, tengo que serlo y tenía que serlo a la fuerza, una escritora irregular. Comparada con el resto de escritores, regularmente irregular. También vivo, no siempre escribo. Y a veces, eso se invierte. Soy alguien que sobrevive mejor a su tiempo elogiando el pasado -porque lo abrazo, lo beso y lo amo de un modo muy particular-. Escribo cosas pasadas de moda en un mundo moderno que a eso lo llama “retro” o “vintage” con también definiciones modernas. Una intenta entender la realidad que está más alejada o que quedó atrás en el tiempo, o no descubierta en las almas, descifrarla, ponerle un lenguaje, y si es posible transmitirlo entonces. De ese modo, me gusta aportar un poco de comprensión o dar algunas respuestas a posibles lectores interesados por conocer cómo se vive en circunstancias adversas a uno mismo. Fue inevitable que yo abriese el cofre de ciertas vidas ajenas a mí, para sacar de él todo lo que me resultara provechoso y construir historias. Letras que en un contexto determinado, siempre incluyen el talante nostálgico, combinan la narración con elementos costumbristas o expresiones personales, que de otro modo no serían permisivas. De ahí a que todos mis trabajos sean meramente circunstanciales, nacen porque deben. El convencimiento acerca de una obra, la ilusión por el propio talento, es enemiga de la escritura. Escribir la vida íntima del mundo y de los otros, es también buscar ese lenguaje de la intimidad de los otros –mucho mejor alejado de uno mismo- esa trascendencia escondida en diálogos oídos en la tienda de la esquina, o en conversaciones con la gente corriente de cualquier lugar. El exceso de talento no existe, nunca se acumula. Todo fluye como el tiempo, como lo hacen también nuestras existencias semideshechas, nunca del todo terminadas. Siempre buscadoras de un sentido más profundo de lo evidente… Una es una presente de la picaresca en el mundo. Asisto como simple espectadora de los aspectos más desagradables de la realidad, de la hipocresía, de lo noble o de lo más prosaico. Con la naturalidad cotidiana a la que hacemos el vacío, trato de describir algunos de los aspectos más corrientes del mundo, cosas a las que nunca idealizaríamos… Desde bien pequeña tenía el convencimiento de que debía servir al mundo, y no ese a mí. De ahí a que a los diecisiete años, dejando mi Alemania natal y sin saber a penas cuatro frases en el idioma castellano -en el que ahora escribo todas mis obras- me vine a Castilla con el fin de ordenarme religiosa. Como mencioné anteriormente, la vida acaba encargándose de llevarte de la mano y mis planes dieron un nuevo giro, acabando en Barcelona y dedicándome al marketing y a las traducciones. Hasta ahí seguía escribiendo mis relatos en alemán. Fue alrededor de 2005 y tras la pronta muerte de mi padre, y afectándome esta en lo más hondo, que mi escritura viró a la expresión castellana. Y ya no pude parar. Nacieron un sinfín de relatos y poemas, ensayos y artículos que me atreví a publicar por internet, usando diversos portales literarios, como lo fueron yoescribo o tusrelatos. Ahí obtuve, para mi propia sorpresa, muchos comentarios positivos y algunos relatos fueron premiados o elegidos relatos del mes o de la semana. Una buena amiga, Begoña Bolaños, se encargaría además -sin yo saberlo- de enviar mis obras a certámenes literarios. Qué grande fue mi sorpresa cuando mi amiga me comentó su hazaña y que hubo ya varios premios positivos obtenidos, finalistas y ganadores. De ahí a que, así lo veo, es ella la responsable de éstas cosechas. Yo poco más hice que escribir para mí. Soy perezosa para según qué cosas y odio competir. Si, lo que más detesto es competir o tener que demostrar valías. Pues todos somos iguales. Cada uno a su manera. Todo ocurrió alrededor de la misma fecha. Así que, sin esa amiga, ahora no podría enumerar aquello. Y para hacerlo, que sé que debo, mejor dejo aquí lo que ella misma escribió sobre mí en mi blog: “Hablar de Claudia es hablar de una persona auténticamente apasionada. Es amante del simbolismo, de lo sincrónico y su búsqueda principal es el profundo misterio vital. Miradora de lo oblicuo, siempre le busca nuevos enfoques a la realidad. Claudia no tiene término medio, pues siente con una intensidad abrumadora, y esa manera de ver la vida la transmite a sus trabajos literarios. Autora de numerosos relatos cortos, siendo algunos distinguidos en diversos certámenes literarios(15 Concurso "Cartas de Amor", Premio Ganador, Ayuntamiento de Valdepeñas 2008, Tanatología Concurso Poesía 2007, Premio Ganador, Concurso de Poesía "Cartas de Amor" Ayuntamiento Calafell/Tarragona 2008, Premio Finalista,Certamen Literario Internacional 2007 (Argentina) "Ficción en el Éter ” de Obras para Radioteatro, Concurso PABLO NERUDA de CARTAS DE AMOR‏, Premio Ganador 2008,Premio Finalista NH relatos 2007,II certamen Poético Prometeo‏ 2007, Premio Finalista, Página Narrador.es: Tres relatos seleccionados como relatos del mes durante 2008 y 2009, Página web tusrelatos.com, Escritora más prolífica año 2006 hasta la actualidad: puesto tercero, etc. ). Claudia así mismo ha colaborado como comentarista en diversas revistas digitales y publicaciones en papel. Entre ellas se destacan, "Extrañología", "Clave7", "El cuele (sector minero" etc. Es colaboradora en muchos programas de radio, como lo es "Camino de Misterio" en Radio Intereconomía, Radio Nacional de España, Radio Clave Siete (Santa Cruz de Tenerife), Les set LLunes (La Garriga, Barcelona)"El cercle enigmátic" (El Vendrell, Tarragona)etc. Ha sido ponente recientemente en un congreso: "Ciencia i Espíritu". “ A lo citado por ella, añado que escribí la novela “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot”, publicada por la editorial “Grup Lobher” en 2008. Esa novela es un mero ajuste de cuentas con mi infancia. Una intrusión a los recuerdos. Y en el ejercicio de ese recuerdo, nació la protagonista, Jeanne Bardèot. Desde ahí, me he comprometido a no escribir nunca más sobre mí misma. Es importante alejarse de uno mismo, para ser otros para los otros. Es un consejo que me dio un poeta mejicano y que nunca olvidé. En esa primera novela se le permite al lector que construya su propia novela a partir de los elementos previos que se le dan. Esto lleva a una paradoja porque la figura de ficción que narra una gran parte de la novela postula en la verdad, la ficción de la que me jacté en esa novela, en realidad es lo auténtico. A la vez de esto, y pensando en un regalo estrictamente para la familia, escribí el libro de relatos y poemas “Desde el penúltimo rincón de mí espejo”. Menciono aquí que sin mi anterior agente literario, (al que no busqué sino me encontró él a mí) posiblemente nunca habría tomado la decisión de ser novelista. Fue este que quiso tal asunto de mí. Las cosas nunca han sido porque yo las buscara o encauzara. Insisto, que quizás sí dirigidas por algún invisible plan (como en todas las vidas) las cosas llegan a mí sin buscarlas. Así fue como escribí este mismo año, de un modo rápido y fluido a “Maldita Matilda” y nuevamente, por causas del destino (ahora las mencionaré), acabé en la agencia “Página Tres” tras jubilarse mi anterior agente. El azar quiso que otro escritor viera un comentario mío acerca de una valoración que se me hizo para “Maldita Matilda”. Este, muy ofendido, me contestó al comentario con un “¿Cómo te atreves a hablar de tu novela en las páginas de las editoriales sin que eso lo haga un agente por ti? ¿Es que no tienes agente?”. Pensé que tenía razón. Así que esa misma tarde envié mi novela a dos agencias, de las cuales ambas contestaron, la primera fue Piluca Vega, de mi actual agencia. Haciendo caso a la intuición, me decidí por ella, a la vez que ella lo hizo por mí. El factor principal fue el talante humano que denoté entre sus líneas, su empatía y su comprensión; algo difícil de describir en palabras. Las cosas, como digo, se sienten. En “Página Tres” me siento plenamente acogida y el trato por parte de Piluca y Fernando es exquisito. Luego de estar con ellos, todo se fue desencadenando. A penas me lo explico. Todo lo ocurrido me ha enseñado que no importa que decisiones tome, que las cosas se sucedan como deben. En todo caso, lo más importante de mi viaje por este mundo no aparece en las biografías o en las novelas que puedo escribir o escribiré, sucede en forma casi imperceptible en las cámaras secretas del alma. Espero que esta larga parrafada responda a las curiosidades. De haberlas. Porque soy y querré seguir siendo alguien que es desconocida. Por motivos obvios de naturaleza propia. Cuando una se propone servir, todo lo que es reconocimiento no hace más que pesar sobre la espalda. Entiéndase…

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