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4 min
El bus
Varios |
13.02.14
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Sinopsis

Respetuosamente

Hoy no es un día como otro cualquiera. Es mi primer día como jefe de pagos. Ayer me ascendieron y me aumentaron el salario, por lo que al despertar, lo he hecho con una sonrisa inmensa en los labios.

Como cada día me afano en ducharme, vestirme, desayunar, darles un enorme beso a mi mujer y a mis dos maravillosos hijos, y salir pitando por la puerta. Cojo el autobús número treinta y me dirijo a la oficina.

Estamos viviendo en Londres, y una de las cosas de las que más disfruto es subir a los magníficos autobuses rojos londinense de dos plantas para ir a trabajar. Además del encanto que tienen ya de por sí los autobuses, dentro, puedes encontrar un elenco de personajes de lo más variopinto. Puedes encontrar mujeres y hombres trajeados con sus maletines que se dirigen a trabajar, turistas de cualquier nacionalidad y residentes de cualquier raza o procedencia. Londres es una ciudad muy cosmopolita.

Consigo sentarme en la parte trasera, he tenido suerte, mi trayecto es bastante largo. Me coloco bien el traje, apoyo el maletín sobre mis piernas, y me quedo absorto al mirar a la persona sentada frente a mí. Enseguida imagino mi cara de bobo contemplándola y bajo la mirada medio ruborizado. Delante de mí, está sentada un chica joven de unos veintitantos años, con unos ojos verdes esmeralda profundos a los que duele mirar. Su tez es bastante morena y lleva puesto un hijab de color azul muy claro que aún hace resaltar más el color de sus ojos y su piel. Me digo a mi mismo, ¡contrólate!, pero es muy difícil abstenerse de contemplar la belleza. Mientras la observo disimuladamente, me la imagino descalza, andando entre las Pirámides de Guiza, con el viento moviendo suavemente su hijab. La imagino con un vestido de transparencias del mismo color azul claro, insinuando el perfil de su cuerpo sombreado por el cálido sol de Egipto. Me la imagino egipcia, quizá porque estuve el invierno pasado con mi mujer en aquellas tierras, quizá porque la imagino tan bella como Cleopatra, quizá…

Vuelvo a bajar la mirada. Me he quedado embelesado mirándola de nuevo y sus ojos han encontrado súbitamente los míos. Me ha sonreído y he notado como la sangre de mi cuerpo se iba acumulando en la cara y las orejas.

Miro por la ventana, observo las calles de Londres, las magníficas cabinas rojas en las que ya hay algún turista haciéndose una foto, los característicos taxis negros que parecen de otra época… y de vez en cuando vuelvo a mirarla de reojo.

El autobús de desvía de su trayecto habitual. Normalmente pasa por King’s Cross, pero debe haber algún fallo en el metro y ha tomado una ruta alternativa.

Es increíble ver lo bien coordinado que está el transporte público en Londres. Cuando hay algún fallo en el metro, los autobuses, si les viene de camino,  pasan por delante de las bocas de metro para ir dirigiendo a los pasajeros hasta la siguiente estación. Parece que ha sido el caso, pues el autobús para justo delante de la estación y recoge un montón de nuevos pasajeros.

Observo de nuevo a la guapa mujer que tengo ante mis ojos. De nuevo, cruza una mirada conmigo y sonríe. Vuelvo a sonrojarme. En ese instante se levanta, se dirige a la puerta de salida y se baja en Plaza Tavistok. La observo a través de la ventana entristecido mientras  me pregunto: ¿de dónde será?, ¿cuál será su nombre?, ¿estará casada?... Agacho la cabeza, miro al suelo y me encuentro con su enorme bolso. Se lo ha olvidado. Lo recojo de inmediato, lo levanto y pico bruscamente a la ventana llamándola. ¿Tendré una oportunidad de hablar con ella?... Ya está muy alejada, pero se gira, me mira, y vuelve a sonreír.

Indicando con el dedo lo que tengo en la otra mano, le grito: ¡Te dejas el bol…!

 

 

Londres, 7 de Julio de 2005, 9:47 horas.

In memoriam.

 

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  • Escribiendo con los ojos. Buen recorrido londinense en bus y, además; simpático y logrado final. Un cuento que entretiene.
    Vaya final... sin palabras. Un tema peliagudo muy bien tratado. Me he quedado ensimismada con esa belleza y esos ojos y el final me ha pillado por sorpresa igual que al protagonista! Un saludo!
    Joorch ud como siempre regalandonos calidad
    Me uno a los otros comentarios. Me ha gustado de principio a fin. Leere los otros relatos, y te cuento que me han parecido.
    Un relato muy logrado con una narración absorbente, un ritmo fluido y un final impactante que me sorprendió como un auténtico mazazo. El ángel de la muerte usando el transporte público y hechizando incautos pasajeros. Difícil imaginar un arma más exótica y mortífera. Saludos.
    Me gusto la historia que cuentas tal ves por que guardo en mí, algunas similares a la tuya. En una oportunidadal subir,una diosa que iba sentada me marcó a fuego con sus ojos..bajé la vista y me pareció ver que tenía su brazo cortado a la altura del codo. Un poco más adelante bajó. Desde la vereda me tiró un beso con la mano que yo supuse que le faltaba. Me quise matar... ¡ Qué boludo!...
    Magistral. Final épico, dramático, súbito, elegantemente trágico... Me quito el sombrero.
    Buf, menudo tema para novelar has elegido, yo también me despiste con la descripción de la mujer y zas, In memoriam, un saludo.
    Estaba tan embelesado con los ojos de la chica y con la cotidaniedad del relato que el final me ha dejado helado. Esperemos que atrocidades como aquel atentado no se repitan. Muy bueno. Saludos.
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Siempre me ha gustado escribir, aunque nunca lo he compartido con nadie. Este es un primer paso. Saludos.

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