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18 min
El caballo perdedor
Drama |
10.05.16
  • 5
  • 4
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Sinopsis

Un día el destino puede darte una oportunidad de volver a ser el que eras, pero todo tiene un precio, y no suele ser barato.

                           

Me miro al espejo y noto el peso de los años en mi rostro, casi puedo asignar una etapa de mi vida a cada cicatriz que recorre mi piel. “Ya no tienes edad para esto” me digo mirando mi figura cansada y una vez más maldigo mi estupidez, pero como siempre lo hago tarde. Ya no hay vuelta atrás. Aunque esta vez sea tan diferente, aunque esta vez haya hecho un pacto con el mismísimo diablo que marcara mi vida.

            A mi espalda el bueno de Alfredo prepara las vendas para mis puños, lo observo reflejado en el espejo trabajando con afán, sin juzgarme, a sabiendas de que hoy representare una farsa. Pero él siempre fue así, desde que éramos jóvenes era la profesionalidad personificada, un hombre sencillo que siempre me entreno con eficacia. El paso del tiempo no había sido benévolo con él, su cuerpo otrora lozano y vigoroso había ido consumiéndose con los años y con las decepciones.

La puerta del vestuario se abre con su característico gruñir de bisagras oxidadas casi tan ruidosas como yo cuando me levanto por las mañanas.

El que entra es Vichy Samoa, con su traje de tres mil pavos, sus zapatos con alzas y su caminar erguido como un palo intentando disimular sus apenas 160 cm de altura. Del brazo lleva a la típica rubia neumática de los sábados entrada en carnes pero aun atractiva con un revelador vestido rojo y una inamovible mueca de asco en su boca maquillada. Por el rabillo del ojo veo a través de la puerta a medio cerrar a su escolta habitual, dos enormes armarios con patas y con cara de pocos amigos haciendo guardia en el pasillo.  

            — ¡Hay!!Alfredo que bien te veo.! Por ti no pasan los años hombre. —Mintió sin tapujos con su sonrisa de hiena, dándole gruesas palmadas en la espalda, Alfredo se limitó a estrechar la mano que le ofrecía con una sonrisa cortes. —Buenas noches señor Samoa me alegro de verle. —Dijo el viejo, que enseguida volvió a su tarea. A Ricky no pareció gustarle la actitud fría de Alfredo, y después de un segundo se volvió hacia mi visiblemente contrariado.

— ¿Y cómo está el rival de mi chico esta noche? ¡El gran Cañonero Vargas el “viejo”  

Campeón continental!—Exclamo exagerando la expresión de su cara mientras abría sus brazos de par en par. —Ignore  lo de viejo, cuando aceptas que lo eres deja de  molestarte…y yo hacía tiempo que lo había aceptado, acababa de cumplir cuarenta

Años y llevaba veinte en el mundo del boxeo mis días de gloria pasaron hacia mucho

.

—Estoy bien Ricky. —Dije, aunque sabía que no era así.

 

—Bien, bien muchacho, me dijo con una sonrisa lobuna, el puro que llevaba en la boca hedía espantosamente, con gusto se lo hubiera quitado de un puñetazo, pero aquel tipo era el mismísimo demonio…Imperial City pertenecía a tipos como el, tipos que podían hacer que tu cuerpo fuera a parar a los cimientos de algún parking en construcción o al fondo del puerto con los pies incrustados en cemento

.

El enano me dio una palmada en la cara que intentaba ser un signo de simpatía, mientras me examinaba como si fuera un caballo que se estuviera pensando comprar. —Quería asegurarme de que todo estaba bien. —Dijo mirando de soslayo a Alfredo.

Recordé el trato, Samoa había invertido mucho en una joven promesa, un par de combates más y seria profesional. Las instrucciones fueron claras, el chaval debía ganar con autoridad, debía dejarme machacar durante cuatro asaltos. Podía dar algunos golpes al cuerpo, tocar un poco su cara de modelo de Calvin Klein pero nada más.

Hubo un tiempo en el que me hubiera reído si se me acercara alguien y me contara como me iba a ganar la vida, y seguramente después le hubiera partido la cara. Mi yo de entonces era un joven arrogante y despilfarrador aunque nadie se atrevía a decírmelo a la cara.

            Emprendí mi camino desde el túnel de vestuarios con Alfredo delante de mí, de inmediato empecé a oír silbidos y el abrumador barullo de miles de almas buscando el olor de la sangre. En aquella fiesta yo era el viejo perdedor y mi contrincante era la estrella y el bueno de la película. No me importo, aquel combate solo era una exhibición de talento de la joven promesa de Samoa, y yo sabía cuál era mi papel.

 Creo que empecé a sentir la mirada del chaval desde el momento en que Alfredo aparto las cuerdas para que pudiera subir al cuadrilátero. Mi contrincante era un joven de unos 25 años, alto y espigado  que me miro con fijeza, sin miedo. El juez nos dio las indicaciones reglamentarias pero yo solo veía sus ojos fijos en mí, como si me conociera, como si hubiera algo personal en aquel combate. Esa mirada penetrante venida de unos ojos azules  me parecía que ahondaba en mi interior, como esperando una respuesta por mi parte.

            El primer round empezó y el chaval vino hacia mí como un toro, era rápido muy rápido. Su juego de pies era increíble, buscaba el cuerpo a cuerpo. Pero aunque rápido, el chico era imprudente dejaba huecos y se adelantaba demasiado. Yo ya no podía igualar su velocidad, pero sabía cómo cubrirme.

            Lo que no entendía es que el chico no paraba de mirarme, y eso me molesto. Decidí saltarme las reglas durante unos segundos y esquive un jab para conectar con su cara, durante una décima de segundo aquella locomotora dejo de funcionar y eso me basto para asestar un buen golpe al hígado. El chaval emitió una mueca de dolor y yo sonreí, pero para mi sorpresa él también lo hizo. En ese momento sonó la campana. Quedaban tres asaltos “todo va bien” me dije, pero en el fondo sabía que no era verdad.

 

Desde el primer momento tuve que lidiar con una feroz lluvia de golpes, pero,  no podía bloquearlos todos y recibí un par bien dirigidos a mi estómago que hicieron que me encogiera e impulsivamente baje mi guardia para protegerme, y entonces recibí un uppercut de libro, creo que durante un segundo perdí el conocimiento. Pude ver mi protector bucal caer a la lona y rebotar lentamente.

El público estallo en aclamaciones hacia el chaval que se limitó a retroceder mientras el juez me examinaba. —Estoy bien, puedo seguir. —Dije, mi cuerpo era un saco grande y desgarbado que podía aguantar, debía aguantar.

“Estas bien, concéntrate, todavía falta mucho combate, todo va bien. Pero aquella serie de movimientos me dejo desconcertado, había algo en aquella manera de pelear que me tenía intranquilo.

Me abrace a él, el chico se revolvió furioso, sus potentes golpes me estaban castigando más de lo esperado. Entonces me miro a los ojos y me hablo. — ¿Te acuerdas de Josu Valentino? Era mi tío. Él te admiraba. —Entonces recordé, sus movimientos, su mirada penetrante su forma de golpear…

Aquellas palabras me paralizaron, Valentino. Mi eterno rival, mi amigo. El único tipo que me había hecho sangrar durante doce asaltos. Valentino El Canadiense  muerto hacía más de diez años. Por eso el chaval me miraba así.

Volví a mi rincón y Alfredo examino mi rostro, por fin satisfecho empezó a secar el sudor y a masajearme enérgicamente la espalda.

—Debes tener cuidado, ese chico es joven e impulsivo pero parece que sabe lo que se hace. No dejes que se te acerque, mantenlo a distancia o te llevaras más sorpresas como esa.

—Yo no respondí, mi cabeza era un hervidero de emociones, necesitaba concentrarme pero me era imposible, los recuerdos regresaban a mi como si hubieran estado encerrados en un cuarto oscuro, hambrientos, durante años y ahora con la puerta abierta se me abalanzaban avasallándome.

Cuando sonó la campana me levante como un robot y me dirigí hacia el centro del ring con la sensación de que mi alma se había quedado sentada en el taburete. El chaval lanzo un par de series rápidas que me dieron en el rostro con fuerza, mi ojo izquierdo se cerró. El público estaba fuera de sí, pero pude ver a Samoa revolverse inquieto en su asiento. Tal vez pensaba que se podía notar demasiado el tongo, así que lance un par de golpes al cuerpo que no parecieron hacer ningún efecto en mi contrincante, y después me dedique a cubrirme de vez en cuando y a aguantar la paliza con resignación.

 

Cuando volví a mirar Samoa volvía a estar tranquilo, le veía bromear con sus acompañantes y nuestras miradas se encontraron. —“Hasta el cuarto asalto, cumple tu parte”—Parecía decirme con la mirada.

No sé cómo acabe en la esquina, aunque buena parte de culpa la debió tener que mi mente retrocedió a aquella larga noche en la que dispute el título continental al gran Josu. Aquella noche me partió la mandíbula pero gane el mejor amigo que alguien como yo puede tener... Pero allí estaba, acorralado y recibiendo golpes por todos lados. Intentaba cubrirme como podía pero aquel aluvión no era fácil de parar. Aun así podía notar que el chaval se estaba dejando llevar por la furia, si no tuviera unas ordenes podría haber hecho mucho daño a aquel chico puesto que se limitaba a golpear sin cubrirse.

Y volví a recordar, Josu en el hospital después del accidente lleno de tubos y enganchado a una fría maquina emitiendo monótonos pitidos. Nunca había llorado hasta entonces, y nunca había vuelto a hacerlo.

De repente oí un chasquido y todo se volvió de un blanco cegador, cuando recupere la conciencia  oí la voz del juez contando, y ya iba por el cuatro. El chico apareció en mi campo visual, mirándome furioso sin dejar de moverse de un lado a otro.

 

— ¿Qué estás haciendo viejo? ¿Qué es esto? ¿Así quieres acabar? ¡Yo te admiraba!—Me grito el chaval desde arriba. El juez se lo llevo a su esquina y le debió dar una buena bronca porque aunque me miraba acusadoramente no volvió a hablar, se limitó a escuchar los consejos de su entrenador sentado en el banquillo.

El público estaba enfervorecido aunque lo que más oía eran gritos de que me retirara. Me incorpore pesadamente y el juez me examino los ojos, pero yo estaba bien, había sido un buen directo de izquierda pero mi vieja musculatura aun aguantaba ,a lo largo de mi carrera había recibido golpes más fuertes que ese…

Fui a mi rincón y un banquillo apareció rápidamente bajo mis posaderas, Alfredo me examino el corte de la mejilla y me seco el sudor, después me ofreció agua mientras miraba a mi rival.

—Parece que el chaval es fan tuyo.

—Sabias que es sobrino de Valentino. ¿Verdad?

Alfredo rehuyó mi mirada, y centro su atención en cerrar la brecha de mi ceja.

— ¿Qué más da? ¿Cambiaría algo eso? Eran otros tiempos Rubén,…entonces boxeabas.

Sus palabras me pillaron por sorpresa, aquel golpe bajo hizo que le mirara entre sorprendido y furioso. Pero el no pareció inmutarse, siguió tratando mi ceja herida sin cruzar la vista con la mía.

—No puedo... no puedo echarme atrás, hay acuerdos que no se pueden romper, pero puedo dar lo mejor de mí...por él, hasta que llegue el momento. —Alfredo seguía sin mirarme.

— ¡Valentino!—Grite mientras me levantaba del taburete. El chico me miro con una expresión de sorpresa en su rostro pero en un segundo su expresión cambio, y me sonrió, feroz. Sonó la campana

Tenía dos asaltos para honrar a mi amigo.

—Suerte, Cañonero. —Me dijo Alfredo que por primera vez en toda la velada me miro a los ojos.

Nos encontramos los dos en el centro del ring y entonces hicimos algo que el público no acabo de entender, chocamos nuestros puños como si el combate acabara de empezar, nuestras miradas se encontraron y yo ya no veía al chico nuevo que me tenía que derrotar, ante mi tenía a Josu Valentino, el Mazo Canadiense y yo volvía a ser Cañonero Vargas y durante unos minutos memorables en aquel reducido espacio, en aquel ring donde debía caer sin honor, se desato el infierno.

 Nuestros golpes se encadenaban sin descanso, el público gritaba con delirio mientras nuestros puños impactaban en nuestros cuerpos, el dolor era atroz y mi resistencia estaba al límite y el chaval estaba igual que yo. Pero sorprendentemente me escuche reír como nunca lo había hecho y el chico también lo hacía.

Termino el tercer asalto y Alfredo observo preocupado mi cara desfigurada, tenía el ojo izquierdo completamente cerrado y los pómulos abiertos, no conseguía que mi nariz dejara de sangrar y me notaba como mínimo un par de costillas rotas.

Me miro preocupado. —Ya puedes ir aflojando compañero, o te llevara la ambulancia a casa. —Yo no respondí, mi mirada estaba fija en el chaval, yo estaba mal pero el parecía estar igual o peor. Su cara estaba hinchada y casi tan desfigurada como la mía, y sus segundos no paraban de pulular alrededor del como moscas... Pero al escuchar la campana se levantó y señalándome con su puño me grito con una sonrisa feroz.

— ¡Cañonero!—Me levante como un resorte y me lance hacia él, en aquel momento ya no sentí dolor. Si hubiera tenido un momento para que mi cuerpo se diera cuenta ya me hubiera desmayado, por eso no iba a dárselo.

El público volvió a rugir cuando volvimos a enzarzarnos a golpes, pero al momento enmudeció, observaban hipnotizados aquella sinfonía salvaje de músculos ensangrentados que manchaban el ring de sudor y de la sangre que manaba de nuestras heridas. Pronto solo el sonido de nuestros golpes se escuchó en el recinto.

            Imagine a Valentino contar con grandes aspavientos a su pequeño sobrino nuestra pelea, a lo mejor empezó a enseñarle sus primeros golpes antes del accidente.

 Y supe que mi amigo quería esto, quería que el chaval sintiera aquello, que lo experimentara.

Realmente puedo, él lo querría así hasta ahora el chaval había tenido unos cuantos combates fáciles amañados por Samoa… Pero esto es el boxeo, se lo enseñare. Solo tengo que tener cuidado, pensé y entonces solté mi puño, mi viejo cañonazo, el que me llevo a la gloria tantas veces, el que me dio dos títulos nacionales. El público, el ambiente, todo estaba allí igual que el día que debute, mis brazos se mantenían erguidos, mis piernas aguantaban mi espíritu había vuelto.

Toda mi rabia y mi fuerza, una fuerza que ya creía pérdida se acumularon en mi gastado puño, que salió disparado hacia el rostro del chaval. El subió la guardia y mi golpe fue ligeramente desviado por sus guantes.

Ligeramente.

La cara del chaval pareció estallar durante una fracción de segundo y el impacto echo su cabeza hacia atrás como si fuera la cabeza de un muñeco de trapo. Inmediatamente me di cuenta de mi terrible error, vi sus piernas flaquear y sus ojos quedaron en blanco “me he venido arriba, la he cagado mierda mierda... Rápidamente me agarre a él y mientras el juez intentaba separarnos observe sus reacciones, y lo que vi no era bueno, tenía una conmoción. Se aguantaba solo porque yo lo sujetaba con mi abrazo.

Mickey nos separó bruscamente, otro viejo veterano, había arbitrado más combates que nadie en la ciudad. Me hizo retroceder y observo al chaval y también lo vio, me dirigió una mirada furiosa.

— ¡Qué diablos haces Vargas! La estas cagando—Me susurro por lo bajo.

Él también estaba en el ajo, de repente sentí como si un jodido mar entero de agua helada cayera sobre mí, y me devolvió de golpe a la dura realidad.

Estaba a punto de acabar el cuarto asalto y yo ya debía estar besando la lona, un escalofrió recorrió mi espalda, y sentí la mirada de Samoa clavada en mi nuca.

Pero entonces el chaval reacciono, sacudió la cabeza y se puso en guardia

— ¡Puedo seguir! ¡Estoy bien árbitro! Mickey lo examino atentamente pero el chaval volvía a tener esa mirada desafiante y a la vez limpia en sus ojos.

—De acuerdo —dijo, seguid. — Lanzándome una rápida mirada asesina antes de apartarse.

El chaval me lanzo un par de jabs torpes, estaba tocado y el teñir de la campana era inminente. Ya había tenido mi momento y ahora había que acabar eso. Abrí mi guardia y mi mentón quedo expuesto. Sentí su golpe en la mandíbula, fue un buen golpe pero mal dirigido pero debía ser más creíble, lance un lento directo de izquierda a su rostro, un golpe flojo y sin fuerza que hasta un niño podría esquivar y abrí nuevamente mi defensa. El chico lo eludio como esperaba aunque su velocidad había bajado mucho, y lanzo su derecha. Aquella vez si me conecto bien, si hubiera recibido ese golpe en el primer round hubiera tenido serios problemas para cumplir el trato con Vichy. No me hizo falta fingir, el impulso de su golpe junto con mis escasas fuerzas  me hicieron caer de espaldas a la lona.

La gente se volvió loca, mientras escuchaba la cuenta recordé cuando esos vítores eran dedicados a mí, pero me sentía bien. Mi mente estaba clara después de mucho tiempo, estaba en paz. Los miembros del equipo del chaval lo sacaron a hombros del ring entre aplausos mientras a mí me ayudaba a levantarme Alfredo

Ya había oscurecido cuando salí del local, Alfredo se fue enseguida a casa, con su familia y sus nietos pero yo no tenía a nadie esperando en mi apartamento ni prisa por llegar a ninguna parte. Una sombra me salió al paso, era uno de los matones de Samoa. Saco un abultado sobre de papel manila del bolsillo de la chaqueta y me lo lanzo despectivamente. —El señor Samoa agradece tus servicios, aunque le hiciste pasar un mal rato. La próxima vez intenta motivarte menos o tendremos que enseñarte como se cumple un acuerdo.—Dijo mientras me lanzaba una ultima mirada amenazadora antes de dar media vuelta y desaparecer por donde había venido.

“No habrá próxima vez, imbécil”—Pensé horas después acodado en la barra del local, con aquel dinero alquilaría una pequeña oficina en el barrio marítimo y me sacaría la licencia de detective. Puede que estuviera viejo para el boxeo pero me creía bastante capaz de esperar horas en un coche espiando a la mujer infiel de algún banquero para sacar unas fotos.

Si, Cañonero Vargas termino su carrera aquella noche y que noche…ya llevaba varios whiskies en el cuerpo cuando Lola la propietaria me paso el teléfono.

En el momento en que Alfredo empezó a hablar supe que algo había ido endemoniadamente mal. Su voz sono tomada y grave.

—Rubén, el chaval se desmayó durante la fiesta en casa de Samoa, lo llevaron al hospital pero murió antes de llegar. Parece que tubo una hemorragia cerebral durante la pelea. No se pudo hacer nada, ..lo siento amigo.

Colgue el teléfono mientras notaba como mis fuerzas, mi optimismo y mis renovadas ganas de vivir se escurrían de mi cuerpo como el agua cuando la evapora el fuerte sol del mediodía.

Sali del local a la gélida noche y dirigi mis cansados pasos hacia mi pequeño apartamento aunque sabia que era muy posible que jamas llegara a el.  Una elegante limusina paso a mi lado mientras caminaba hacia mi casa y cuando estaba a punto de doblar la esquina freno en seco, oí el brusco frenazo y como daba marcha atrás hasta ponerse a mi altura y lo supe, Valentino me esperaba en aquel ring infinito e  imagine que sonreía.

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  • Despues de leer vuestros comentarios debo pediros perdon a todos. Teneis mucha razon soy nuevo y no conocia la mecanica del portal, entiendo que mi relato era demasiado largo y no todos disponen del tiempo necesario para detenerse a leer todo lo que se publica. Muchas gracias a todos por los consejos.
    En escribir estos dos comentarios, por ejemplo, me tardé 10 minutos desde el teléfono. Yo solo comento cuando me gustan mucho o cuando creo que mi comentario le sirve al autor. Bueno, pues este relato lo leo el fin de semana. Otro comentario: en este lugar hay de todo, yo soy terror, hay poetas, románticos, infantiles y muchos más. Te tardas un mes mas o menos en hacerte de tu público, siempre y cuando publiques por lo menos tres veces a la semana el primer mes. Si comentas los relatos de otros autores esos te comentan a ti.
    En efecto es largo para lo que el público de aquí acostumbra leer. Lo que pasa es que eres nuevo y no te conocemos. Yo sí leo a los nuevos cuando sacan relatos cortos, pero para leer uno largo solo lo leo si es de escritores que escriben lo que me gusta. No bien ni mal, escritores que ya me sé. Y aún así los más populares tienen menos vistas entre más grande el número. Mucha gente lee y no comenta, yo he publicado unos que tienen 500 visitas y solo 5 comentarios. Yo casi nunca comento, por ejemplo, porque vengo a leer, no a comentar. Entiendo tu necesidad de crítica, me pasa lo mismo, pero ahora me conformo con que me lean, ya no espero muchos comentarios.
    La verdad es que cuando me vino la inspiración empecé a escribir emocionado, tanto que cuando lo publique vi que tal vez era demasiado denso para que no diera pereza leerlo. Pero hay relatos en los que puedes plasmar lo que quieres expresar con cuatro líneas y aquí la verdad no supe como hacerlo.
  • De como las cosas que empiezan mal, pueden acabar peor. Como siempre mil gracias por leerlo.

    Unas dudas trascendentales para un aspirante a escritor.

    Un día el destino puede darte una oportunidad de volver a ser el que eras, pero todo tiene un precio, y no suele ser barato.

    Pequeño microrelato de terror, espero que os guste.

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