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6 min
DURANTE LA TORMENTA
Reflexiones |
22.02.21
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Sinopsis

"Saber que nosotros o nuestros seres queridos vamos a morir algún día crea ansiedad, eso lo descubrimos pronto en la vida. Allí comienza nuestro duelo anticipatorio, miedo a los desconocido, miedo al dolor que algún día sufriremos" (Kübler Ross y Kesller (2004)

La única forma de salir de la tormenta es atravesándola

Gabriel y Julia, amores de adolescentes que llegaron a consumarse en la unión conyugal y llevar una vida feliz.  Tuvieron dos hijas, la menor de ella, Yulimar, por su gracia y afecto fue la consentida de su padre, pero ambas crecieron felices. Hechas mujeres,  se enamoraron  y formaron su propio hogar en otro país, que les permitió mejores condiciones vida. Gabriel y Julia siguieron las huellas de sus hijas y se residenciaron a pocos kilómetros de ellas para ver nacer, crecer y cuidar a sus nietos. Tanto Yulimar como su hermana tuvieron hijos y crecieron bajo la custodia de los abuelos, quienes lo recibían diariamente en casa, mientras las hijas y sus parejas iban al trabajo.

Así pasaron varios años, hasta que una tarde de regreso a buscar a su hijo, Yulimar sufrió un fatal accidente donde perdió la vida. La muerte de Yulimar enlutó al grupo familiar, pero la noticia del vital acontecimiento impactó de forma brutal la psique de Gabriel. Sus primeras palabras negaban el hecho.

— No es cierto, ella no puede estar muerta, —dijo con incredulidad. —Solo perdió el camino, pero pronto regresará a casa.

Cuando Yulimar ingresó dentro del ataúd a la funeraria, Gabriel miró el cadáver a través de la ventanilla de cristal de la urna. Pensativo se dirigió a su mujer.

— ¿Quien es la mujer que está en la urna? —preguntó Gabriel.

—Nuestra hija Yulimar, —respondió Julia con lágrimas corriendo por sus mejillas.

— ¿Entonces es cierto, sucedió realmente?  —exclamaba Gabriel en sus adentros.

Después del crematorio, familiares y amigos lo acompañaron a casa. Gabriel se reclinó en el sofá sin emitir palabras.  Hector, su hermano mayor se acercó para consolarlo.

— Es increíble hermano, esta mañana mi hija dejó al niño en casa y se fue al trabajo y regresó dentro de un ataud, —expresó Gabriel.

—Así es hermano, es lamentable lo sucedido, pero la vida continua, —respondió Hector.

Gabriel continuaba hablando de la tragedia de Yulimar con todos los amigos y familiares que lo visitaban, tratando de esa forma afrontar el trauma de la pérdida y aliviar el dolor que sentía.

Pasaron los meses, y Gabriel sentado en su diván pasaba la mayor parte del tiempo en soledad, absorto en sus pensamiento como tratando encontrar una explicación a lo sucedido, así pasaba horas mirando por la ventana con la añoranza de verla regresar.

— ¿Tenía que suceder esto o  podría haberse evitado? —eran las preguntas que a diario se hacía en sus adentros. — Tal vez sea cierto que se ha ido para siempre.

De tanto repetir la historia, Gabriel comenzó a darse cuenta de la realidad, su hija estaba muerta y no regresaría. Ese día cuando tomó conciencia de la pérdida, como un volcán en erupción brotaron sus sentimientos reprimidos e inmediatamente se escucharon gritos con maldiciones y entre lágrimas de dolor expresaba con rabia todo lo que sentía.

—¿Por qué no advertimos a tiempo lo que podía suceder o no hicimos lo suficiente para evitarlo? —decía Gabriel a gritos y golpeando las paredes. 

— ¿Por qué los médicos no llegaron a tiempo para auxiliarla?

— ¿Dónde estaba Dios, su amor y compasión que dice tener hacia nosotros? —decía enfurecido.

—Cálmate Gabriel, —decía la angustiada esposa. — Con la rabia no lograrás regresar a nuestra hija, solo puedes ocasionarte un infarto.

— Ojalá me muera de una vez para no sentir este dolor, —gritaba Gabriel

En vista de la crisis emocional que presentaba Gabriel, su mujer y su cuñado lo trasladaron a emergencias. Julia relató al médico la situación de duelo que estaba viviendo y la reacción de su marido ante tal situación.   El doctor lo examinó e hizo un electrocardiograma cuyo resultado fue normal. Le suministró un ansiolítico y lo dejó bajo observación durante dos horas.

—El señor Gabriel ha tenido un shock emocional tras la muerte de su hija, —comentó el galeno. —Actualmente está viviendo una etapa del duelo al tomar conciencia de la realidad.. Sus sentimientos reprimidos han aflorado y la ira se ha hecho manifiesta, porque considera injusta la muerte de su hija. La ira es una fase normal y necesaria para elaborar el duelo, pero hay que evitar que se haga daño o dañe a otras personas.

Recuperado de su crisis llegó a casa y abrazó a Tato, un perrito blanco que él había regalado al nieto en su cumpleaños, luego fue al jardín a regar las plantas, que había abandonado después de la muerte de su hija. Un día domingo, en las primeras horas de la mañana solicitó a su esposa lo acompañara a la iglesia y allí ante Jesús crucificado, se arrodilló y pidió perdón por las ofensas.

Al llegar a su hogar, se sentó en el diván frente a la ventana a mirar hacia el cielo como esperando que el pacto que hizo con Dios le devolviera a Yulimar. Así pasaron, los días y meses sin obtener el resultado esperado. Abandonó la ventana, se encerró en la habitación y se negó a ingerir alimentos. Su estado de salud física y mental fue deteriorándose. Nuevamente fue llevado al médico. En vista de su grado de deshidratación fue hospitalizado.

—El señor Gabriel presenta un cuadro de depresión reactiva, — dijo el doctor. — Es otra fase de la elaboración del duelo, Él está consciente de la realidad que está viviendo, perdió a su hija y no hay retorno. La ira fue desplazada por la tristeza y el vacío interior los llenó con dudas e interrogantes donde cuestiona la vida. ¿Vale la pena vivir así? Ante este cuadro clínico es necesaria consulta con el especialista. Dos días después, Gabriel fue visto por el psiquiatra y posteriormente dado de alta y llevado a su domicilio bajo tratamiento con antidepresivos.

Pasaron los años y Gabriel aceptó la pérdida de su hija, pero se negó a vivir con esa realidad. Se encerró en su soledad y se negó a reorganizar su vida. En forma lenta y progresiva, Gabriel fue elaborando una idea con la esperanza de encontrase con Yulimar.

—Si ella no vuelve a mí, yo iré a su encuentro y allí le haré compañía para siempre,—decía en sus adentros.

Se hizo el ciego y sordo a toda ayuda que aliviara su pena y lo regresara a la vida. Hasta que llegó el día, en que su sueño se hizo realidad y se vio caminando sobre las nubes al encuentro de su amada hija.

Esta historia es de la vida real y está basada en la obra "Sobre el duelo y el dolor" Kübler Rossy Kessler (2004)

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  • Muy interesante Ramon. Yo también conozco la obra de Klubber Rosse, y he ido a conferencias de su grupo que se han organizado en Barcelona. Esto es lo que suele pasar ante la pédida de un ser querido. Mas ahora he conocido noticias de que en un hospital de Barcelona, hay médicos que están concencidos de que existe un Más Allá, a tenor de casos de muertes clínicas y he escuchado sus conferencias. Hace muchos años que estoy con este tema y he visto cosas sorprendentes. He participado también en programas de Radio para hablar de este fenómeno. Esto es una cosa hipotética, pero parece que algo hay.
    Quién no ha perdido a algún ser querido?Desgraciadamente el duelo hay que pasarlo. Y el dolor parece insuperable, luego mitiga, después son constantes recuerdos que estarán de por vida. Bien narrado, la vida misma. Un saludo Ramón.
    Saludos Dr. Ramón, quienes hemos tenido pérdidas inesperadas, impredecibles, el shock trae consigo, definitivamente, fases depresivas complejas, unos superables, otras lamentablemente, no. Lo seguro es que cada quien "vive" su duelo a su manera, también depende de la idiosincrasia y cultura, porque de cualquier forma, algún día nos visitará la muerte.
  • “Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas” Carlos Ruiz Zafón (2001)

    Los cuidadores de personas enfermas, generalmente están sometidos a situaciones estresantes, que les pueden conducir al agotamiento físico y/o mental, ocasionando en el cuidador alteraciones emocionales de tipo ansioso y depresivo. Al no poder o no saber afrontar lo que está sintiendo pueden desencadenar un estrés postraumático con consecuencias imprevistas.

    La ira es una emoción que aparece ante lo que consideramos una injusticia, pero debe expresarse en su momento. Hay muchas formas de manifestar la ira, no necesariamente con agresiones, pero callarla o disfrazarla es autodestructiva.

    La vida es lo único que te pertenece, lo demás son vínculos afectivos que llenan tus espacios vacíos.

    Andar, andar sin tener claro donde llegar o qué buscar es correr el riesgo de caminar sin rumbo cierto pero, ceder al corazón la dirección de tus pasos, quizás es terminar en un lugar muy distinto al que hubiésemos querido y a veces incluso, sin posibilidad de regreso.

    La vivencia de un acontecimiento vital estresante puede provocar alteraciones emocionales de tal magnitud, que dejen como secuelas trastornos psíquicos y orgánicos.

    El miedo a la soledad se convierte en tu peor enemigo, porque domina los pensamientos, agobia con sus mentiras y falsos presentimientos.

    No hay enfermedad, sino enfermo, porque cada quien sufre o padece la enfermedad en forma diferente, según sea la razón o actitud que asume ante la vida.

    Cuando el sentimiento duerme la enfermedad despierta.

    La muerte de un ser querido representa un acontecimiento vital estresante, la no adaptación al hecho repercute en forma negativa en la persona pudiendo ocasionar trastornos psíquicos u orgánicos.

Escribir, es dejar una huella de existencia en el tiempo, Es abrir una ventana al mundo para comunicar pensamientos y sentimientos. Cuando escribo soy yo, como un libro abierto, donde cada palabra escrita expresa mi manera personal de entender e interpretar la vida.

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