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10 min
El carnero y la zorra
Infantiles |
22.01.20
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Sinopsis

Esta es mi segunda fábula, espero les agrade, de ante mano agradezco sus lecturas y comentarios. Quiero decirles que jamás me ha importado la valoración, lo que si me importa realmente es que les guste lo que escribo así como yo disfruto al escribirlo. Bueno eso era todo por ahora.

Había una vez un hermoso carnero blanco de gran tamaño, de enormes cuernos dorados, poseedor de unos verdes ojos de mirar profundo. Siempre se le veía en la cima de alguna montaña; comiendo algunas plantas aromáticas o frutos rojos. Le gustaba estar solo, lejos de su manada. Muchas ovejas lo asedian porque era el más esplendido y salvaje de todos los machos cabríos.

Una tarde mientras se dirigía hacia el sendero de una montaña, escucho una jauría de perros cazadores que perseguían a una indefensa zorra. ─ Auxilio, alguien que  me ayude. Chillaba asustada. Él sin pensarlo si quiera uso sus cuerno para envestir a los tres canes estos salieron por los aires. La zorra aun permanecía oculta dentro  de un viejo tronco. Observaba a través de un pequeño agujero en la parte superior del tronco,  la osadía que tenía el animal frente a aquellos perros enfurecidos que salieron despavoridos en medio del bosque.

─ ¿Estás bien? Le pregunto el carnero.

─ Gracias por salvarme, te debo mi vida Carnero.

─ No me debes nada, es mejor que no estés por aquí tú sola, este bosque es peligroso  hay muchos cazadores merodeando en este lugar. Hoy tuviste suerte, quizás no podre salvarte la próxima vez. Le dice en tono seco.

─ Solo estaba buscando algunas moras y frambuesas, no he podido cazar nada y tengo mucha hambre, tanta que me comería hasta un carnero. Le dice con un extraño brillo en sus ojos ámbar.

─ ¡Qué graciosa eres! Ja-ja-ja. Mejor te llevare a un sitio cerca de la montaña Blackstone, allí podrás comer unos cuantos frutos rojos y plantas aromáticas. Puedes estar tranquila no correrás peligro.

─ ¿Por qué eres tan amargado?, deberías sonreír más de seguido. ─ ¿Y podremos ir ahora? Le dice emocionada.

─ Creo que otro día será porque va a llover se acerca una tormenta.

La zorra miro al cielo para constatar que lo que decía  era verdad. De pronto una gota cayó sobre su nariz, la lluvia hizo presencia los relámpagos se escuchaban en el horizonte. Ambos huyeron en busca de refugio, ella siguió al carnero hasta una cueva, entraron para favorecerse de la fuerte lluvia. La zorra cubría su rostro cada vez que sus puntiagudas orejas perciban el sonido de los relámpagos. Mientras el carnero dormía plácidamente, ella aprovecho para tocar sus gruesos y prominentes cachos  con su garra derecha, eran ásperos al tacto, luego rozo con la misma pata su pelaje blanco, estaba calientito  y suave como la seda, despedía un agradable olor a flores silvestres. Ella no puedo resistirlo y apoyo su cabeza sobre el lomo de él quedándose profundamente dormida.  Al llegar la mañana el carnero se despertó sorprendido al ver a la zorra durmiendo encima de su lomo.

─ ¡Oye zorra, despierta! Es hora de que te largues  de mi cueva. Le grita mientras se incorpora del suelo.

─ ¿Por qué me tratas así? ¿Te hice algo que te molestara? No cabe duda de que eres un amargado, deberías conseguirte una oveja.

─ ¡Cállate! No digas tonterías, yo no soy ningún amargado y mucho menos quiero estar cerca de una oveja, son insoportables y acosadoras. Prefiero estar solo…ahora vete. No deseo convivir con un animal carnívoro sería un gran riesgo para mí.

─ Pero yo soy omnívora, me alimento de animales pequeños como roedores, conejos y ardillas también consumo algunas plantas y frutas. Y jamás te comería, porque eres mi salvador, mi héroe. ─ Por favor Carnero no me abandones, contigo a mi lado me siento protegida. Eres tan valiente, fuerte y hermoso. Tienes unos lindos ojos, es como estar viendo a través de ellos el reflejo de un bosque en plena época de primavera. Tu pelaje blanco me huele a florecillas del campo, ¡me encanta!. Le dice tras un gran suspiro.

Él la queda mirando extrañado, nunca nadie le había dicho ese tipo de cosas, ni siquiera las hembras de la manada. Esas mismas que lo acosaban todo el tiempo. Ella solo le sacudía sus largas pestañas mientras  sus ojos ámbar brillaban con intensidad. Él dio media vuelta, salió de la cueva y se fue alejando, hasta dejar atrás a la zorra. De repente se detiene a mitad de camino, voltea a verla. ─ ¿Vienes conmigo o te quedas? Le grita a lo lejos en tono seco. La zorra corre hacia el carnero con una gran sonrisa, ésta comienza a dar vueltas a su alrededor, y pegar brincos de felicidad como si fuera un conejo.

─ ¡Ya basta! ¿Quieres hacerme enojar? Le dice frunciendo el seño.

La zorra se detiene y se sienta sobre sus dos patas traseras, ladea su cabeza hacia su izquierda y pone una cara enternecedora. Él se para y voltea a mirarla. ¿Ahora qué pasa? ¡Camina! No vamos a alcanzar a llegar a la montaña Blackstone. Le dice con desespero.

─ Me están doliendo las patitas. ¿Me podrías dar un empujón?

─ ¡Qué desgracia la  mía tan infinita! Exclamo el carnero poniendo sus ojos verdes en blanco.

Se pone detrás de ella y usa su cabeza para empujarla hacia adelante. Su trasero se arrastra sobre las hojas secas y el suelo polvoriento. De repente ella mueve sus orejas puntiagudas. ¡Corre carnero, corre, allí vienen los cazadores con sus sabuesos!. Le grito. Ella lo dejo atónito al verla como corría de rápido. Al alcanzarla en el sender la zorra se empezó a reírse a carcajadas. Lo había engañado, nadie los perseguía excepto el viento y el polvo que habían dejado atrás.

─ ¡Me molesta esta clase de  de bromas! Al parecer te divierte verme molesto ¿Cierto? Pues bien…comienza a correr porque te voy a envestir con mis cuernos. Lo haré tan fuerte que no volverás a sentarte. Le advirtió en tono serio.

─ ¡No, carnero no, solo era una broma, te prometo no volver a hacerlo pero por favor, ten piedad. Le suplicaba. Pero él la correteo de todos modos entre los troncos y campos de margaritas. Después de dos horas se le había pasado el enojo y en su lugar se puso a jugar con la zorra entre flores. Esa tarde logro cazar dos conejos con su ayuda. Y ella le consiguió algunas semillas y hojas de menta. Nunca se imagino divertirse tanto con otro animal y menos con una zorra tan simpática como lo era ella. solo la zorra era capaz de hacerlo enojar y al mismo tiempo arrancarle una sonrisa. Cuando el sol se fue ocultado en el horizonte, Lo llevo a una vieja granja, en ese lugar solía ir con su madre y sus tres hermanos a cazar algunas gallinas y patos.

Entre tanto los dos miraban por un pequeño agujero del techo del granero a la luna en todo su esplendor. Repentinamente el carnero hizo una pregunta…¿Alguien como tú y yo podrían llegar a enamorase?

─ El amor puede nacer entre dos seres sin importa quienes son realmente. Porque el amor es un sentimiento libre, no tiene género, ni color,  ni lógica. Solo lo sientes y lo vives como si fuera  el último respiro en tu vida. La zorra toma por sorpresa entre sus garras la cara del carnero y le da un cálido beso en su blanco hocico. Él se queda inmóvil ante el momento y cierra sus grandes ojos verdes para disfrutar de ese dulce beso.

Ambos se quedan dormidos, la zorra se acuesta junto al carnero y cubre con su gruesa  y cobriza cola a su lomo. Al amanecer la zorra se levanta y corre al lago que se encuentra a doscientos metros de la granja. Ha pasado una hora y ella aun no regresa. El carnero se despierta con los rayos del sol que cubren su pelaje lanudo. La busca por los alrededores del sitio pero no la encuentra por ningún lado. Un cuervo que estaba sobre un árbol de manzano, quien los había visto entrar al granero la noche anterior. Le informa que la zorra se había ido a bañar a un lago que estaba cerca de allí, luego se había ido a recoger unas hierbas y a cazar unas ardillas. Justo ahí fue sorprendida por cuatro cazadores, quienes la atraparon en una enorme red.

─ ¡Qué desgracia la mía tan infinita! Exclamo el carnero.

Le pide al pájaro que le mostrará el sitio en donde la tenian cautiva. Él lo lleva rápidamente. La pobre zorra estaba encerrada en una jaula grande y oxidada. No paraba de chillar de dolor, uno de los sabuesos le había rasgado con sus afilados dientes una de sus patas traseras cuando intentaba huiradicada, el pobre animal no podía pararse. El carnero la vio desde lo alto de una colina. Su corazón se estremeció al verla así. Sin importarle nada decidió salvarla por segunda vez. Iba hacer uso nuevamente de sus cuernos, escarbo la tierra árida con sus pezuñas traseras, tomo impulso, balo y salió como un cohete y choco sus cuernos contra la puerta de la jaula, esta cedió. La zorra emergió de su encierro arrastrando sus extremidades inferiores.

─  Viniste a salvarme por segunda vez, por un instante pensé que no volvería a verte mi valiente carnero. Le susurro.

─ ¡Rápido! Sube a mi lomo, sujétate de mis cuernos con fuerza. Te sacare de aquí Le dice  en tono autoritario. Mientras tanto bajo su pecho, luego dobla sus patas traseras y delanteras sobre la tierra. La zorra se acomoda y se aferra a los cachos del animal. Afortunadamente lograron escapar de nuevo de la muerte. El carnero la llevo a una cueva cerca de unas montañas donde se podía visualizar una pradera donde un pastor cuidaba un rebaño de ovejas, estas se veían como pequeños puntos blancos pintados sobre una tela verde que se ondeaba suavemente con el viento. Era un  paisaje inspirador, de pronto algo irrumpe su atención. La zorra sintió algo húmedo que se deslizaba sobre su herida; se trataba del Carnero, le estaba lamiendo la herida. Ella jadeaba por el dolor, él sin embargo continuo lamiendo su laceración. Su lengua larga, cálida y humedad hacia una leve presión sobre la piel afectada, eso le provocaba  un poco de placer. Ya que se sentía bien, quizás por la forma con la que lo hacía. Por un momento se sonrojo. Después se fue quedando dormida con la cabeza apoyada sobre su lomo. Él solo quedo contemplándola y velando sus sueños.

Al final el bosque quedo libre de cazadores, el gobierno distrital de la zona decreto una nueva ley que prohibía la caza indiscriminada de zorros y de todas las especies que se encontrarán en vía de extinción. Ahora el carnero y la zorra vivirían felices y tranquilos en aquella agradable cueva.  Y ya no sería una desgracia infinita para él  sino una bendición infinita.

Solo ellos, cultivando un amor que nació entre dos seres totalmente opuestos, quienes se arriesgaron a enfrentar las leyes de la naturaleza para amarse libremente a su manera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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