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16 min
El Clan Medio Mocho
Varios |
20.11.11
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Sinopsis

Es la historia de unos amigos con una adicción que les llevará a una muerte no lenta y algo atípica.

Paco es un chico de barrio, tiene 25 años, es más bien bajito y muy delgado. Vive con sus padres, Juan, el cual padece del corazón y es fontanero Y Ana, su madre, es ama de casa. Tiene una hermana mayor que es policía nacional, se dedica a investigar crímenes, pero no es capaz ni de oler lo que pasa en su casa.

Paco tiene una pandilla compuesta por 4 chavales, a cual peor.

Luis, un chico que ronda los 30 años y que no sabe leer ni escribir, tiene más hermanos, el mayor es cocainómano a la máxima potencia y desaparece durante días. Sus padres y sus hermanas pequeñas comen todos los días huevos fritos con pan, porque en su casa no trabaja ni dios, por lo que no entra dinero para lujos.

Sergio, se acerca a los 30 como Luis, es el más hábil de todos y junto con Luis, se van a robar muchas noches para sacar dinero y darse fiestas. Vive con su madre y sus 3 hermanas, con las cuales se lleva a matar. Pero le da igual.

Carlos, tiene algo de cultura, pero no la suficiente para deducir que está metido en la mierda junto con sus compis. Es algo más joven, unos 23, vive con su  madre y su hermana, Su padre está desaparecido, como el padre de Sergio  y también sale a robar.

El cuarto miembro de la pandilla no existe, es imaginario. Le utilizan a su antojo cuando no quieren quedar por cualquier motivo entre ellos. Se ha dado el caso en el que en alguna ocasión se han escaqueado los unos de los otros y curiosamente habían quedado con el amigo imaginario todos el mismo día y a la misma hora.

Paco es el que más dinero tiene, ya que es el único que trabaja de todos ellos, así que su banda de parásitos utilizan la técnica del “arrejuntamiento”, es decir, cuando Paco saca la pasta, se van a pillar toda la coca que pueden. Cuando tienen en su poder la droga,  son culo y mierda, hermanos de sangre. Son la pandilla medio mocho.

En el barrio de estos seres, hay una pequeña banda desorganizada de casi criminales los cuales se dedican a vender todo tipo de droga adulterada a los consumidores habituales que son sus vecinos y colegas. Están en la calle todos los días del año, en el mismo banco día tras día, son perennes y si los tuviera que definir con una sola palabra sería moho.

La banda del moho está compuesta por gitanos, semi gitanos, payos que van de gitanos y gitanos que van de payos. Se las dan de tener mucho dinero, y van a comprar pan de horno y coca cola, para la hora de la comida a los chinos en sus Audi y sus BMW deportivos y de vez en cuando se mueven para extorsionar a sus clientes y amenazarlos con darles de ostias.

Sergio se junta mucho con ellos y tiene muy buena amistad con los mohosos, de hecho, de la pandilla medio mocho, es el único que les trata, ya que les conoce de toda la vida.

Podría contaros y detallaros mucho más sobre todos estos individuos y sus costumbres rutinarias, pero voy a ir al grano y a contar como fueron hundiéndose en la mierda, que es lo divertido, y lo que tanto nos gusta a todos.

 

El declive de la pandilla medio mocho, empezó cuando tras varios años de consumo de cocaína sus cerebros empezaron a parecer chicharrones y en vez de utilizarlos para pensar lo utilizaban para rellenar sus cabezas llenas de ojos, pelo, boca con dientes, etc.

El padre de Paco irrumpió en su habitación sin llamar a la puerta, se quedó helado cuando vio a su único hijo varón sentado en la cama, con la caja del CD de la niña de la puebla sobre una mano y con la otra sujetando lo que parecía un billete de 10 euros, esnifando unos polvos blancos.

-Hijo mío, ¿pero qué haces?, no me puedo creer lo que estoy viendo. ¡Serás hijo de la gran puta!, toda la vida dándote una educación y ¿tú vas y te compras el CD de la niña de la puebla?

-Me lo ha regalado una amiga, no te pongas así. Se lo devuelvo y punto-contestó Paco atemorizado

-No trae eso ahora mismo que lo tire a tomar por culo, ¿eso en mi casa? ¡No!-sentenció su padre

Le arrancó el CD de las manos y se manchó los dedos con aquellos polvos blancos. Se los chupó con cara de circunstancias y se marchó dando un portazo.

Paco que estaba enzarpado, no sabía donde meterse, quería huir de allí. Abrió el armario y se vistió para irse a la calle. Entonces su padre volvió a entrar en la habitación ya más calmado.

-Hijo, esos polvos que estaban en el CD me han dormido la lengua, ¿qué coño es eso?-preguntó su padre curioso

-¿Qué polvos?-contestó Paco desencajado y nervioso

-¿Cómo?, ¿eres tonto?, los polvos que te estabas enchufando por la nariz, cacho cabrón-respondió el fontanero padre malhumorado

-no sé papá, estarían ahí-contestó Paco tímido o más bien cagado de miedo.

Para desgracia de Paco, su hermana Lucía, agente de policía investigadora de crímenes imperfectos del barrio de Tetuán, estaba en la cocina rellenándose los mofletes con una empanada de atún del Mercadona.

- ¡Lucía!, ¡ven al cuarto de tu hermano, por favor!-gritó el padre que estaba hasta la polla de su hijo.

Cuando llegó a la habitación se encontró a su padre en posición de ataque y a su hermano con los ojos muy abiertos, sudando y con la mandíbula independiente de su cara totalmente desencajada.

-¿Qué pasa aquí?-preguntó la hermana poli

-¿Estos polvos blancos que son?-preguntó el padre

La hermana poli mala, pasó el dedo índice por encima del CD, impregnándose la yema con aquel polvo blanquecino, se lo llevó a la boca y miró a Paco.

-Es cocaína, y de mala calidad, dicho sea de paso-se chivó la poli

El silencio invadió la habitación, el padre se marchó por el pasillo y Lucía tras él intentando consolarle. El padre se giró repentinamente y volvió a la habitación donde le quitó a su hijo la cartilla del banco y las tarjetas de crédito, dejándole sin un duro.

Paco se vistió, cogió una baraja de cartas y se fue a la calle donde tras dar 20 vueltas sobre su mismo eje, divisó a su pandilla en un banco planeando como sacar algo de dinero para pillar yeyo.

Cuando la pandilla medio mocho vio aparecer a Paco, el único trabajador de la pandilla, comprendieron que él tenía dinero y que podían comprar toda la coca que quisieran, pero Paco les contó lo que había pasado minutos antes y ahora sí que no tenían medios posibles para conseguir farlopa.

Tras dar cientos de vueltas a los chicharrones que tenían dentro de sus cabezas, decidieron que lo mejor sería coger un par de gramos a la panda del moho, sabiendo de ante mano que si no les pagaban iban a recibir palos hasta en el hueco de la muela.

El elegido para ir fue Luis, que cruzó tres calles y se les encontró de frente.

-Hey chicos, ¿Qué hacéis aquí?-preguntó

-aquí, pasando el rato, ¿y tú?-contesto Ramiro, uno de los cabecillas mohosos

-Nada  estoy ahí con estos, que estamos a ver si pillamos algo de farlopa que hemos quedado con unas chicas a ver si nos las follamos-mintió descaradamente

-¿Cuánto quieres?-le preguntó Ramiro

-un par de gramillos, pero no cobro hasta el lunes que viene-se atrevió a decir

-vale, yo te los doy, pero el lunes vienes y me lo pagas-dijo Ramiro

-Si, si, no hay problema el lunes sin falta-dijo Luis con cara de felicidad

Luis cogió las 2 papelas que Ramiro le entregó disimuladamente y se fue un momentito a su casa que estaba solo a 3 minutos, donde con alevosía, robó unas rayitas y se las guardó para metérselas a cara perro él solito, y ya de paso se puso una rasquilla.

Bajó a la calle silbando una canción de los chichos y notaba como el ojete se le dilataba solo con pensar que se iba a poner cerdo de clenchas.

Se reunió de nuevo con sus amigos que estaban impacientes.

-¿Te han dado eso?-preguntó Sergio histérico

-Pos claro- dijo orgulloso Luis

-Pues ponte unas clenchaaaaaaaaass-dijo alegremente Carlos

Y los 4 se pusieron unas buenas lonchas en el banco del parque. Nada más darse las rayas los amigos empezaron a tener ganas de cagar.

-Joder macho, no falla, es darme una raya y me cago vivo-dijo Carlos

-yo solo con pensar que me la voy a dar, se me cae la caca-bromeó Paco

-Pues yo no sé vosotros pero yo me voy a ir a plantar el chorizo ahí detrás de aquel seto-dijo Sergio

Sergio se fue a cagar detrás del seto y se limpió el culo con uno de sus calcetines. El otro se lo dejó puesto, por si luego tenía más ganas de cagar.

La pandilla medio mocho no se movió de aquel banco en toda la tarde, sacaron la baraja de Paco y jugando al hijo puta se la pasaron enterita, eso sí entre partidita y partidita una rayita.

Todo iba fenomenal hasta que Luis dice.

-Bueno chicos la última ronda, ya no hay más tema

-No jodas, ¿Nos la hemos metido toda?-preguntó Sergio

-Si, ya no queda más-respondió Luis

El pedo se les cayó a plomo al suelo, dejaron las cartas y volvieron al punto de inicio, donde planeaban como conseguir más. Decidieron hacer lo mismo otra vez, ir a coger más farlopa fiada, pero esta vez le tocaba ir a otro. Sergio se prestó voluntario e hizo la misma operación que Luis, bajó a la plaza, pidió 2 gramos fiados, subió a su casa, se guardó unas rayitas para luego y volvió a reunirse con sus colegas. Que cuando le vieron aparecer le preguntaron.

-¿Te lo han dado?

-Si claro, ¡Ponte unas rayitas Paquito!, Paquito el farlopero te voy a llamar- bromeaba Sergio con Paco.

-¡trae que me las ponga hombre!-respondió Paco afanado

Loncha tras loncha y partida a las cartas tras partida, se les volvió a acabar la coca, solo que esta vez eran las 3 de la madrugada, pero les sudaba la polla, querían enzarpe total y esta vez fue Paco quién bajo a la plaza a pillar al clan mohoso.

La pandilla moho sabía que Paco tenía dinero y que su familia era adinerada y Paco sabía que los mohosos lo sabían, así que se dejó llevar por su pedo y les pidió fiados 10 gramos y un par de güeva de hachís.

A la vuelta, se reencontró con sus amigos que no le preguntaron nada, porque sabían de antemano que le fiarían lo que fuese sin problema. Paco les subió el pedo cuando sacó las 10 bolsitas con las rocas de coca y las dos güevas de Hachís.

-Tú ponte ahí ahora mismo unas rayas como un brazo gitano, y tú Sergio hazte un 4 papeles-dijo Paco totalmente ido

-Nos la vamos a dar buena, jajaja-contestó Sergio.

Se pusieron como el Kiko de pedo.

Estaba amaneciendo así que bajaron al sótano de Sergio, donde permanecieron el resto del tiempo.

Sus caras estaban desfiguradas. Milagrosamente les había crecido en cuestión de horas una barba de chichinabo, hacían chistes pero su pedo no les dejaba reírse. Se les iba la mandíbula de lado a lado de la cara, hablaban rápido con la boca más seca que el chichi de la abuela de Heidi. Oían constantemente pasos y gente imaginaria que se les acercaba, se quedaban en silencio con cara de miedo y al rato alguno decía:

-No viene nadie, dejar de flipar.

 Tenían los ojos rojos y no paraban de moverse sobre las sillas, pero eso no impedía seguir jugando a las cartas y darse rallas y más rallas.

La coca llegó a su fin, los porros también y decidieron irse cada uno a su casa, donde los listos de turno, se pusieron esas rayitas que habían robado anteriormente.

Se tiraron chupando techo 3 semanas, y volvieron a encontrarse esta vez sin drogas y sin nada. Se dieron cuenta que debían cerca de 600 euros al clan mohoso. Que aunque iban de ricos eran capaces de romper piernas por 5 euros, imagínate lo que les harían por 600, además la panda del moho, tenía la fea costumbre de cobrar al moroso un extra por faltar al pago.

El clan medio mocho estuvo desaparecido durante un mes después de aquel gran pedo, los mohosos les buscaban y habían dicho por el barrio que les tendrían que pagar 1.000 euros por listos y que les iban a quitar la vida.

Los medio mocho eran unos muertos de hambre, no tenían ni mierda en las tripas, así que se reunieron en el sótano de Sergio y hablaron.

-Los mohosos dicen que les tenemos que pagar 1.000 euros y que nos van a quitar la vida- dijo Paco

-Pues si nos van a quitar la vida, no pagamos.-respondió Luis

-Si salimos a robar a lo mejor sacamos algo, pero los 1.000 euros en una noche, complicado lo veo-añadió Carlos

- ¡Qué les den por el culo!-dijo Sergio

-Pues entonces, la única solución es que cada uno se quede en su casa sin salir, que cuando llamen al telefonillo, su madre diga que no está y así siempre hasta la eternidad- dijo Paco

-Pues sí, salir lo menos posible y que no nos vean, arrastrarnos por el suelo al estilo boa hasta que se les pase el mosqueo o hasta que saquemos el dinero-dijo Luis

Y en eso quedaron, cada uno se fue a su casa y permanecieron allí años encerrados.

Los mohosos no estaban dispuestos a perder su pasta y ya era cuestión de orgullo, así que se reunieron en la plaza y trabajaron en un plan para pillar al clan medio mocho y darles su merecido.

Alguien dejó correr la voz de que un gran amigo de los medio mocho del barrio había muerto en un accidente de moto en una huída, tras atracar una tienda de chucherías y llevarse 2 cajas de chicles Bubbaloo, un puñado de caramelos del conde drácula, 7 chupa-chups Kojak y varios ladrillos de pica-pica.

El clan medio mocho cayó en la trampa, y se encontraron de frente con los mohosos que sin pensárselo 2 veces se abalanzaron sobre ellos y les curtieron el lomo. Hubo de todo en aquella pelea. Les arrancaron las pestañas una a una y les arrastraron de los abuelillos de la nuca, les pellizcaron en el antebrazo clavándoles las uñas, les apuñalaron con navajas llenas de mierda que no les ocasionaron graves daños pero sí que pillaron la enfermedad del tétano y así durante 3 días consecutivos hasta que accidentalmente les mataron.

El clan medio mocho ha muerto, era lo único que se oía en el barrio.

Los mohosos descubrieron que la venganza no les había llenado, es decir, no estaban satisfechos y seguían con ese resquemor de no haber podido cobrar su pasta. Así que se volvieron a reunir y a currarse el “Máster Plan”. Y así lo hicieron

Se llevaron los cadáveres del clan medio mocho  y les incineraron, cogieron los restos que estaban dentro de unas urnas que parecían los típicos jarrones de 3 euros de los chinos y en casa de Ramiro sacaron la balanza de precisión y un paquete de folios del todo a 1 euro que Carmen, mujer de Ramiro y experta en papiroflexia, convirtió en papelas y empezaron a trabajar.

Primero fueron los restos de Luis, seguidos por los restos de Paco, Carlos y Sergio. Cucharilla a cucharilla iban rellenando papelas con las cenizas de los morosos, hasta que sacaron 150 kilos de una cocaína de la muerte.

Los mohosos sacaron los mayores beneficios de su triste historia, ahorraron el dinero suficiente para comprarse un piso en la cooperativa del ensanche de Vallecas, pero no contaban con que Paco tenía una hermana policía investigadora y zampa empanadas de atún muy vengativa, así que murieron todos los miembros de la pandilla moho a balazos en la misma plaza donde habían pasado cada día de sus miserables vidas.

Lucía guardó su pistola que estaba aún caliente en su pistolera y con cara de satisfacción se dispuso a cruzar la calle, donde murió atropellada por un gran coche blanco de alta gama conducido por Tamara Falcó, la cual llamó a su madre que se presenció en el lugar de los hechos con una bandeja de Ferrero Rocher que portaba su mayordomo Ambrosio y todos fueron felices y comieron tanto chocolate que en el culo les salieron lombrices

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