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4 min
El Colmo de la Perversión
Terror |
17.06.16
  • 5
  • 4
  • 2137
Sinopsis

Sabes bien que podrá ser cierto.

Te observan, lo sabes. Alguien ha pagado por ti. Se paga por lo que acontece. Un ruido mecánico delata la situación.
Chispas saltan. Más que saltaran. Esquiva o muere.
Antes de hora.
Inevitable.
Una vez más.
Te agachas por instinto, ¿cómo sabías qué iba a surgir? Sientes crujir tus huesos al tiempo que estiras el cuello y vigilas. Ruido de llamas, engranajes y aceite cubriendo el hierro; oxido entre puntas y pinchos anticuados; paredes que escuchan por la confesión final.
Pasa al confesionario, pobre diablo.
Te ves en las últimas a cada segundo, pero sigues vivo. Corres. Te quieren correr la cara y la piel. Tus dientes chirrían; aguanta; hijo de puta…
Las sienes palpitan y delatan que tu corazón vale el doble. El dolor se anula por la adrenalina. ¿Otra dosis? Clamas con gritos entremezclados de un leguaje primitivo, inentendible pero esclarecedor del horror. Lenguaje universal.
El silencio. Otro lenguaje. Mala señal.
Miras alrededor, analizas la ranura extendida a lo largo de la pared. De ahí surgirá la sierra.
El tobillo.
Una sierra inesperada casi te cercena el pie, marcando el tobillo con una señal que, de sobrevivir, te dejará una horrible cicatriz infectada. ¿Sabes de quienes viven sin un pie? ¿Sabes de inicios del infierno? Hay muchos tipos, y tú estás en uno desde hace rato.
¿Qué es este lugar…?
Ruedas por el suelo a tiempo de esquivar un pincho afilado digno del videojuego más tosco y mal programado, mala idea que casi te lleva por delante… digno idiota, el dolor te arremete a lo largo de la pierna. Te retuerces pero te pones en pie, articulando lo arcano. La orina sigue cayendo, ¿vas a parar? Que le jodan a la moral. Corre sin parar, desgraciado.
Corre.
Los mecanismos se enaltecen, se crecen con orgullo de frío de acero. Peso muerto que temes acompañar.
Cae y volea.
Una enorme esfera de hierro negro.
Manchado.
Te golpea en el hombro.
Crack.
Va a regresar, agáchate más…
Golpea tu espalda. Ese crack es delator.
Tu final.
Un pene se endurece.
En el suelo, las máquinas eléctricas como serpientes harán el resto. Cuando ya no tengas fluidos, serás despedazado.
Cacho a cacho.
Neurona a neurona.
Te apagarás.
Pero aún toca vivir porque una droga en el aire te mantendrá despierto, alterado, potenciando el dolor…
Una sierra cercena tu brazo.
Blasfemas.
Otra termina el trabajo del pie.
Quedarías afónico.
Se escucha un mecanismo de cadenas. Es la bola.
La pared se abre y cae justo en la zona baja de tu espalda.
Ya conoces ese sonido.
Las cadenas prosiguen.
Continuas gritando, tus ojos acabarán por escapar.
El mecanismo de cadenas se detiene.
Eyaculación.
Tu cara contra el suelo, muerdes la arena.
Masticas.
Sangras.
Las cadenas emiten un sonido corto. Se deslizan.
Imploras.
Falleces junto al estruendo cuando la bola termina de caer.

Te aprecias aplastado.

Aprecias tus brazos surgiendo por abajo.

¿Qué más quieres?

¿Otra?

Mil dólares.

 

Se rebuscó en el bolsillo por la tarjeta, pero a tiempo frenó de introducirla por la ranura. Evaluó lo que llevaba gastado. Tenía ahorrado, pero con lo que ganaba al mes no debía abusar.
Pero era tan tentador y fascinante… Verse a sí mismo morir de aquella forma.
El negocio del snuff con clones daba mucho dinero, pasta de la buena, y al gobierno le interesaba para controlar la perversión del ciudadano medio. De todo ello algo también saqueaba, como sucediera en el pasado con el tráfico de drogas o la pedofilia. De lo primero algo quedaba, pero lo segundo era historia cuando son los clones quienes sacian las oscuras lenguas de la mente. Hay ojos ocultos donde menos esperamos.
Regresó a mirar la tarjeta. Se decidió por sólo una vez más, se lo prometió. ¿Qué sería esta vez? Ya había probado a ser violado en grupo y a perecer en un río de caimanes. ¿Qué grabación se llevaría ahora para casa y que repetiría su visionado hasta llevarlo a la mente constante? ¿Qué tal ser apalizado por policías corruptos? ¿Y vejado por simios…?
Todo era posible con el snuff de hoy día, tan realista que era imposible decir que no. Un clon es fácil de fabricar, y el entorno no tiene por qué ser realista mientras los otros clones estén bien amaestrados.
Sí, se dejaría obrar por un cirujano loco. El programa de grabación tardaría un par de horas en prepararlo, pero así daría tiempo a su pobre pene a estar listo para la acción una vez más.

Cada vez más.

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Músico, escritor y guionista de cómics. Y, por fin, con primera novela: http://bit.ly/UnDiaPerfectoparaElis

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