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2 min
El color de los espejos.
Reflexiones |
28.05.16
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Sinopsis

-Y dime cariño, ¿cuál es finalmente el color de los espejos? Él miraba por la ventana del cuarto, frente a la que se levantaba un gran muro, un muro invisible, que solo él podía sentir. -¿Lo sabes tú?

La luz de las estrellas se borra entre la niebla del sol, cegador gigante que todo lo engulle, egoísta infame que todo lo inhala con el aire incandescente de sus pupilas apagadas.
Los sueños lejanos en su reverso advierten un temprano pensamiento.
Lo mires por donde lo mires, no hay nada más allá de esta pátina pura y fina de aluminio, que bajo el cristal construye la mirada perfecta. Ni siquiera en los más oscuros atardeceres se conjugan la fuerza y el destino para hacer brillar ese color indefinido.
Pero él ya no piensa en eso.
Él está más allá.
Ha indagado más allá de sus propios recuerdos, más allá de su propio ser, para hallar lo que siempre se le escapó. Y ahora él esta perdido en un mar de necesidad, un océano de ansia que le devora. Pero está tranquilo, absorto en su planeta de esperanza. Como cada mañana, entre el café y la dulce voz que regala sus oídos. Lejana. Tan lejana. A un metro a su derecha. Tan, tan lejana...
-Y dime cariño, ¿cuál es finalmente el color de los espejos?
Él miraba por la ventana del cuarto, frente a la que se levantaba un gran muro, un muro invisible, que solo él podía sentir.
-¿Lo sabes tú?
-Tengo una intuición.
Aquella mirada añil llevaba meses perdida en los confines de su consciencia, buscando lo que dormida no era capaz de recordar. Una gota de luz que calmara el estrellado océano que se erguía ante ese mundo. El único atisbo de fantasía que aquella mirada escarlata alcanzaba a degustar tras el muro invisible de lo imposible. Cabezazos contra una pared que se dislocaba al resistir. Una pared carente de sentido que no existe si no la ves y no existe si no la miras, y que en definitiva, no existe.
Pero en un fractal de romanticismo barroco, un escéptico instante cruzó el universo, como aquel que cruza una mirada con el destino, y fue solo entonces cuando, por un instante, dejó de mirar. Dejó de apartar su mirada del resto del mundo, y miró la pared de metafórico ladrillo. Y entonces comprendió que, pese a todo, aquel era el color de los espejos.

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  • Demasiado recargado para mi gusto... Prefiero tus relatos más sencillos y directos... ¡¡Suerte y ánimo para continuar escribiendo!!...
    Me ha encantado, creo que el espejo del alma está plasmado en cada renglón de tu relato y el alma no tiene color
  • No fue sino cumplir un sueño, el sueño de aquellos que anhelan la libertad, volar, y de aquellos que extrañan esas nocheviejas en familia, con aquellos que ahora les cuidan desde el cielo.

    -Y dime cariño, ¿cuál es finalmente el color de los espejos? Él miraba por la ventana del cuarto, frente a la que se levantaba un gran muro, un muro invisible, que solo él podía sentir. -¿Lo sabes tú?

    Porque todos algunas vez hemos pensado eso de... "no creo que pueda pasarme a mí".

    A veces un día cualquiera es algo más que cualquier día.

    Él era el hombre que tenía la misión de cambiar el mundo. Pero nunca llegó a saber con certeza cómo hacerlo.

    La puerta se cerró. Ella sabía que sería para siempre, pero no quiso decir nada, porque sabía que tenía que marchar. Era solo cuestión de tiempo, no quería entretenerlo más, y así, haciéndose la dormida, comenzó su llanto, que duró eternamente.

    Y es que después de tanto tiempo, nunca olvidó aquella frase, aquellas seis palabras que cambiaron su vida para siempre.

    Dicen la mayoría de las leyendas que los héroes son grandiosos, que los héroes son fuertes y poderosos, nobles y atractivos. Pero esta no es una de esas leyendas, no es una historia heroica, no es una gran gesta ni nada parecido. Es una historia sencilla que nace en el recuerdo y muere en los recuerdos...

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Me gusta escribir relatos y algunas cosas más, también escribo en https://www.yarning.es/usuario/juanantoniosoria

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