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4 min
EL CONCIERTO
Reflexiones |
04.12.19
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Sinopsis

Dedicado a los padres y sus princesas ...

                                EL CONCIERTO

Las vi correr a mi lado como una trompa marina violenta que todo arrasa

Como si de golpe incontrolables se convirtiesen en una furiosa manada

La más joven creo que con suerte acaso cerca de los quince llegaba

A él no lo vi aparecer hasta que entre el ruido y la algarabía asomaba

Lentes oscuros, delgadoy despeinado, como cualquier chiquillo de barrio,

Levanto levemente la mano y un chillido estridente pobló todo el recinto

a cada gesto, un  estruendo de gritos, aullidos, sollozos y gruñidos sonaban

el chico intentaba retorciéndose, escapar indemne de las manos que lo tocaban

Arañando el aire, despojándolo de mechones de pelo, arrancando tela a trazas

Ante tal espectáculo decadente y humillante, me senté en la acera asombrado

la turba se movía  en bloque, como un enjambre de abejas sonando y silbando

vi en sus ojos el tedio, y la amargura reflejados, el asco, y el temor dibujados

un hombre corpulento le guardaba las escuálidas espaldas,  fuerte , empujando

a cada tanto saltaban por los aires  frágiles cuerpo  adolecentes, casi volando

Despeinadas, roncas, con el rostro descompuesto, contorsionadas en llanto

Sollozando patéticamente, cuando impotentes, no podían ni siquiera rosarlo

Me moví entre ellas raudo, con un sentimiento extraño, de vergüenza y rabia

Me ardían de improviso las manos, a cada tanto, un palpitar raro instalado

te busqué  desconcertado , deseando con el alma no verte en  ese estado

Ahí estabas, entre la multitud, con una polera azul con flores lilas y rosado,

Los jeans ajustados, saltando y moviéndote entre el tumulto, gritando

Me acerque despacio, al verme gritaste alegre y me rodeaste con los brazos

Súbeme papá - dijiste en un hilo de voz, sudada y con los ojos desorbitados,

Te monte sobre mis hombros, te movías, alzabas los brazos con entusiasmo

Mire en derredor, como yo muchos padres eran víctimas, siendo montados,

Cuando el chico por fin bajo del escenario, percibí que me dolían los huesos

Pero aún más me dolía el alma, mi pequeña princesa ronca, aun gritando

Le tome de las rodillas y la baje, tenía apenas catorce, delgada, no pesaba,

ya es hora de irnos muchacha,  intente ponerme serio, ella me abrazaba,

Saltaba y se agitaba, como si una alegría desbordante la colmara, sonreí

papá, te amo mil! - Exclamo y me besaba, en el rostro la sonrisa pegada,

Me tomo la mano y consiguió agua, tenía el rostro enrojecido y ya no hablaba

Un hilo de voz escapaba de su garganta agotada, un flash de ayer me picoteaba

Vino mi piel a erizarse al recordarla en una cuna, cubierta por una manta bordada

Los ojos cerrados, las venas en ellos dibujadas, tan frágil, tan blanca, tan delicada,

y ahora esta mini-mujer excitada, sonrosada de emoción , aquí  casi trastocada

colgada de mi brazo, camina con el corazón  aún palpitante, por la  ardua jornada

a ratos me mira, sonríe , pero no habla, como si mis íntimos pensamientos adivinara

Viniste justo a tiempo, no podía ver nada dice, deteniéndose a mirarme, ya calmada

No pensé que tanto de amaras, viniste hasta el concierto, y en andas me llevabas

Eres mi hija - respuesta improvisada, intentando ocultar la emoción que me embarga

Para no decirle que por ella; yo subiría montañas, atravesaría fuegos con una espada,

Que no importa cuánto crezca siempre será mi princesa soñada, mi niña adorada

Que no imagina mis temores, y el dolor de las noches blancas, cuando no está en casa

Que me arde la piel de solo pensar en soltarla, que sufro pensando que algo la lastimara,

Que ocupa mis espacios vacíos, y me llena de alegría, felicidad y gozo el alma, con bobadas

y que espero terminar aquella labor iniciada, cuando nació y fue en mis torpes manos dejada

 

 

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