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6 min
El Cuadro
Suspense |
01.11.13
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Sinopsis

Tom quiere hacerse rico y famoso robando un cuadro de una pintora enigmatica

Tom es un muchacho de 19 años, su pasión es el dinero fácil, gusta llamarse asi mismo “ladrón de cuello blanco” y un día hacerse famoso por eso, se imaginaba ser recordado como un ladrón al que nunca capturaron.

Cierto día fijo su atención en la mansión de una artista enigmática, según su fama, pintaba cuadros de paisajes con personas de espaldas que eran vendidos por millonarias sumas, esto solo ocurría una vez al año, y justamente el día siguiente se cumpliría un año de que iba a entregar una nueva pintura algo que Tom no quería desaprovechar, si robaba la pintura, por la fama de la obra, fácilmente la puede vender en el mercado negro o a un comprador deseoso de poseer tal cuadro.

Tom se sentó en una banca cercana a la casa, cruzando la calle se encontraba su objetivo, aguardo pacientemente, toda la tarde verificando los movimientos que ocurrían en su interior, la verdad es que no logro divisar nada sino hasta muy entrada la tarde a eso de las 7:00pm pudo observar algo de acción, la puerta se entreabrió quedamente y del interior de la casa salió un gato negro que se acomodó en el portal de la puerta observando un extremo de la calle, la noche estaba por caer y un viento frio anunciaba una tormenta que podía durar toda la noche. Para gusto de Tom, la puerta permaneció abierta.

El gato se levantó y empezó a caminar por la calle hasta perderse de la vista de Tom, este cruzó la calle pensando… -“¿Qué señora más tonta, dejar la puerta abierta?”, así mismo recordó que nunca había visto a la señora, de hecho nadie la había visto, la casa había sido herencia de la madre esta, pero ni los más viejos la recuerdan de adolecente o incluso de niña, - “Que importa” pensó Tom –“La historia de esa vieja es lo que menos me interesa ahora”.

Tom se escurrió a hurtadillas por la puerta, observo por todos lados, a primera vista esperaba encontrar una mansión con  lujos modernos, sin embargo parecía detenida en el tiempo, con una decoración Art Decó propia de los años 30´s del siglo XX, a Tom le recordaba la habitación de la abuela.

Husmeando por todos lados y guardando sumo silencio de manera de no ser descubierto, asumió que la señora se encontraba descansando en las habitaciones de arriba, como ocurre en este tipo de mansiones. Algo alumbro la mente de Tom, todo pintor excéntrico lleva sus pinturas al sótano donde en su soledad obtiene la inspiración. Buscó por la cocina, por la sala hasta que dio con la entrada al sótano en una puerta debajo de la escalera que daba a las habitaciones superiores. Tom temió que la puerta fuese a hacer algún ruido que alertara a la señora, pero no fue así, la puerta se abrió con suavidad, empezó a bajar por una escalera de madera donde noto que el pasamano estaba lleno de polvo, la oscuridad era absoluta así que no arriesgo y encendió una pequeña linterna de mano que era su compañera de hurto al igual que las ganzúas y sogas que lo acompañaban en sus bajezas.

Apuntó a un extremo del sótano con la linterna y su sorpresa casi lo hace caer escaleras abajo, dentro de la habitación había varios maniquíes de espalda, se tomó el pecho con la mano izquierda y bajó despacio, se acercó a uno de los maniquíes más cercanos, no tenían rostro sin embargo tenían algo de familiaridad, incluso el olor era como de persona real. Tom comprendió que la inspiración de la señora se debía estos maniquíes que inmortalizaba en sus cuadros y le daban aquel toque realismo que tanto gustaba a sus seguidores. Siguió avanzando por aquellos maniquíes algunos vestidos con una moda que décadas atrás había terminado… de pronto, ahí estaba, un cuadro… no, dos cuadros… no, varios cuadros ya pintados con paisajes, pero ninguno con la persona de espalda que los caracterizaba, -“ese cuadro tiene que estar por algún lado”, pensó Tom, buscó y buscó pero no encontraba el que debía ser entregado el día siguiente, Tom empezó a temer que ese cuadro estuviera en la alcoba de la señora, no quería subir, encararla, deshabilitar y amarrarla. De pronto fijó su vista en un cuadro extraño, era una calle de la ciudad, lo extraño era que un especie del mismo cuadro estaba pintado de lado suspendido en la nada, -“Un mismo cuadro pintado y suspendido dentro de sí mismo, que tonta señora y de los que compran estas cosas”, Dijo en su mente Tom. Estaba absorto observando la inconsistencia del cuadro… un golpe sordo en su cabeza lo hizo perder el conocimiento, sintió que caía lentamente pero era como si una parte cayera al suelo y otra se mantuviera de pie.

 

-Excelente cuadro, esta vez Madame Figs se ha dado la tarea de complacer un gusto urbano inmortalizando la calle de enfrente.

-Como ve, ella no decepciona a nadie.

-¿Sabe lo que me intriga?, ¿Por qué la madame pintaría un cuadro donde alguien sostiene la réplica del mismo?

-La madame es enigmática, pero de buen gusto, los tonos le dan aquel realismo increíble.

-Me gustaría ver quiénes son sus modelos que inmortaliza.

-Créame, no querrá saberlo, ella es muy estricta con su inspiración.

-Lo entiendo, lo entiendo, empáqueme el cuadro para llevármelo, este cuadro será el más famoso que La madame haya pintado, ¿Por cierto, el que lleva el cuadro… es un ladrón?

-Es lo que usted quiera que sea, es su cuadro ahora.

Tom sintió que era mecido de un lugar a otro, había escuchado toda la conversación, abrió los ojos y ahí estaba, sosteniendo el cuadro, parado en la calle de enfrente, inmóvil, incapaz de poder ver de donde provenían las voces.

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