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3 min
El cuco
Varios |
12.12.16
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Sinopsis

Siempre tuve miedo a la oscuridad, desde pequeño me inculcaron que existe un “cuco”, que atacaba si me portaba mal, es así que nunca pude darle pelea a mi miedo a la oscuridad. La hora de dormir era la hora del infierno para mí, no quería que llegue esa maldita hora, ir a la cama era como ir a un campo de batallas lleno de sombras oscuras.
Dormía tapado hasta la médula, solo dejaba un huequito entre las sabanas para poder respirar, el interruptor de la luz estaba como a dos metros de mi cama, esos dos metros parecían dos millones de años luz, cuando tenía que prender la luz por cualquier cosa, (casi nunca). En esos dos metros sentía como me atrapaban calaveras endemoniadas, lloronas, viejas levitando, todo tipo de monstruos y muertos vivos, hombres lobos, vampiros y el famoso cuco, era una eternidad llegar a esa perilla por eso casi nunca prendía la luz.
Solo esperaba el amanecer para así poder vaciar mi vejiga. Sabiendo mi calvario nocturno mi padre en un acto de misericordia paternal, me compro un velador.
Así tuve mi interruptor salvador a solo treinta centímetros de mi hueco  respirador, peroo... Por las noches esos treinta centímetros eran tres kilómetros, ya que mientras sacaba mi mano para alcanzar la luz, me mordían, me picaban, me amputaban, me lamían y el cuco me zamarreaba
Era lo mismo, no me sentía seguro, hasta que un día….Tenía tantas ganas de ir baño que no soportaba más, tenía que salir y enfrentar a los demonios a las arañas a las viejas de pelo blanco levitando, tenía que pelear contra todos los demonios, caminar entre tumbas y criptas abiertas, era eso o cagarme encima.
Llamar a mis padres era inútil, ya que mi habitación estaba en la planta alta, casi en una cumbre nevada más lejos que los monjes Shaolin.
Tome coraje, tanto coraje que obvie los tres kilometros y opte por los dos millones de años luz, salí de un salto corrí más rápido que Forrest Gump y prendí la luz, me di vuelta esperando encontrar al cuco a punto de comerme y... nada no había nada, solo mi cuarto y los juguetes, fui al baño hice lo segundo y me acosté pensando.
¿Era necesario que mis padres inventaran a ese famoso cuco? Desde esa noche puse al cuco en la misma repisa donde duermen Papá Noel, los tres reyes magos y el ratón Pérez.

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