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11 min
El cuento de la mariposa
Drama |
15.03.13
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Sinopsis

Una historia triste de una niña muy lista.

Margarita se disponía a poner su segunda lavadora. Esta vez tocaba de color. Como todas las mañanas llevaba a Elena al colegio y volvía a casa para hacer sus faenas. Era sin duda una contra reloj en toda regla pero Margarita ya lo tenía dominado. Maniática como ninguna, siempre hacía las tareas con un mismo orden. Al llegar del colegio preparaba la comida y aprovechando el tiempo de cocción, realizaba varias tareas a la vez. El plato de cada día era confeccionado en la cama la noche anterior . Hoy tocaba estofado de ternera. Espero que le apetezca, se decía refiriéndose al marido. Él trabajaba fuera, venía para comer y volvía a marcharse. Ésta es mi vida, pensó, mientras doblaba la ropa en el salón. En el equipo de música sonaba flamenco. Margarita, metida en su mundo, ya no pensaba en nada más salvo en su hija Elena.

Vivían en una casa de una sola planta en las afueras de Tarragona. No podía quejarse, su situación económica era buena. Él trabaja mucho para pagarnos esto, se dijo a sí misma. Toda la casa estaba decorada con un estilo bastante clásico, como a ella le gustaba. Un gran tapiz presidía la pared del comedor, podía verse una tribu africana junto a unos leones. Mientras lo contemplaba, empezó a recordar ese viaje a Kenia y sonrió ¡Qué felices éramos!  Comenzó a aspirar la gran alfombra del salón cuando sonó el teléfono.

— ¿Sí, dígame? - dijo casi sin pensar. —

— ¿Margarita? ¡Hola qué tal! soy Leonor la directora de la Escoleta. —

— Ah, hola Leonor ¿ocurre algo?  — dijo Margarita confusa.

— No, tranquila. Te llamaba para comentarte una cosa —  dijo con tono tranquilizador — como ya sabrás, esta semana preparábamos un concurso de cuentos.

— Si, si lo sé. Elena está entusiasmada con eso —  replicó

— Pues tengo que darte una buena noticia Margarita. Entre todos los profesores hemos elegido el cuento de Elena. Nos ha sorprendido mucho la verdad  — dijo Leonor con ilusión.

—  ¡Qué bien! Ay mi niña, ay mi niña ...—  La noticia le alegró de corazón, se sentía muy orgullosa.

— Hemos pensado a ver si podrías venir media hora antes de recogerla para explicarte cómo será la celebración y demás —  dijo Leonor.

— Ah ¿hoy? de acuerdo allí estaré. —

Margarita no paraba de sonreir, se sentía feliz por su pequeña de siete años. Esa mañana fue diferente para ella ya que hacía mucho tiempo que no se alegraba por algo. Como pudo, se resguardó en esa cita y pasaron las horas como si de un sonámbulo se tratase.

Margarita estaba llegando a la Escoleta con un sentimiento agridulce. Por un lado quería comerse a besos a su hija. Por otro no podía olvidar aquél ¡Anda mira! de su marido al saber la noticia. Sin darle más vueltas entró al colegio y se dirigió al despacho de Leonor.

— Buenas tardes Margarita — dijo Leonor con una melodía dulce.  — Siéntate porfavor, ¿qué bien, no? ¿estarás contenta? — dijo de una forma simpática.

— Pues si, mucho la verdad. — dijo conteniendo las lágrimas.

— Bueno, les dijimos a los niños que no podían explicar a nadie el argumento de sus cuentos, que así sería como una sorpresa.  — dijo Leonor con un tono misterioso como quién cuenta un cuento  — ¿No sabrás nada verdad? —

— No, ya me dijo que iba a ser una sorpresa — contestó Margarita.

— Perfecto. Pues aquí tienes el relato de la campeona, te has ganado el derecho de poder leerlo — dijo la directora rebuscando en la mesa.

Margarita cogió el cuento y de un suspiro comenzó a leer:

 

                                        EL CUENTO DE LA MARIPOSA

                                                   por Elena Miró

 

Érase una vez una simpática hormiga que vivía en el bosque de las flores. Cada mañana salía de su hormiguero para jugar con sus amigos, el grillo burlón y la mariquita tímida.

— ¿Qué tal te sientes hoy hormiguita? — dijo el grillo mientras jugaba con una pequeña rama.

— Muy bien gracias grillo. Hoy me han dicho que puedo alejarme hasta el campo de amapolas.—  dijo la hormiguita muy contenta.

— ¿Hasta el campo de amapolas? — dijo la mariquita tímida mientras sus mofletes se sonrojaban . A la mariquita siempre le daba vergüenza todo.

Los tres amigos, la mariquita, el grillo y la hormiga corrieron mientras cantaban. Fueron a ver el campo de amapolas. Para la hormiga era la primera vez que podía verlas tan cerca. Aún era pequeña pero era una hormiga muy obediente.

— ¡Pues yo de un salto me subo hasta las amapolas! —  dijo el grillo burlón intentando volar.

— No te alejes mucho, que la hormiguita no puede ir más lejos — dijo la mariquita preocupada.

— Yo me quedo aquí, mariquita, no te preocupes — dijo la hormiga mientras jugaba con sus antenas con los pelos de los troncos de las amapolas.

— Pues yo voy a vigilar al grillo, ahora volvemos. — dijo la mariquita con cara de pena.

La hormiguita simpática se quedó sola por un momento, cuando escuchó un llanto. Empezó a caminar para adivinar de dónde venía. Cada vez estaba más cerca. Justo detrás del gran árbol, vio a la hermosa mariposa llorar otra vez.

— ¿Por qué lloras mariposa? — dijo la hormiguita haciendo pucheros.

— No pasa nada tranquila hormiguita, no pasa nada. — dijo la mariposa intentando dejar de llorar.

— No quiero que estés triste mariposa. Te he visto llorar muchos días y quiero ayudarte. —

— Sólo tengo pena hormiguita, no es nada más. — dijo la mariposa cuando se escuchó el ruido de unas alas venir. De un salto, apareció el malvado saltamontes dándole un golpe a la hermosa mariposa. La hormiga pudo esconderse para verlo todo.

— ¡Te he dicho que no estés aquí! — gritó el malvado saltamontes mientras le daba una patada.

— Ya me voy, ya me voy. — dijo la mariposa asustada mientras volaba.

La hormiguita simpática pasó miedo y esperó a que el malvado saltamontes se marchara. Estuvo temblando un buen rato hasta que escuchó a sus amigos llamarla. — ¿ Hormiguita? —

— ¡Estoy aquí! — gritó.

— ¿Por qué te has escondido? — dijeron el grillo y la mariquita a la vez.

— El saltamontes malvado hace llorar a la mariposa. ¡ Tenemos que ayudarla! — dijo la hormiga.

— ¿Y cómo vamos a ayudarla si se puede saber? — dijo la mariquita con rintintín.

— Yo sé como. —  dijo el grillo sabelotodo.

— El saltamontes es muy malo, nos matará. — dijo la hormiga asustada.

— Eso, eso. — replicó la mariquita.

— No, no tranquilas. Mañana iremos a ver a las ranas sabias y tú se lo explicarás.Ellas sabrán que hacer. —

Esa noche la simpática hormiguita no pudo dormir bien. Estaba preocupada por la hermosa mariposa. Una mariposa tan y tan bonita no podía estar llorando siempre. Y menos por culpa del malvado saltamontes.

A la mañana siguiente se reunieron los tres amigos para cumplir su misión.  Ir al pantano a hablar con las ranas sabias.

— Pero las ranas no nos pueden ver juntos a los tres. — dijo la mariquita preocupada.

— No mariquita. Cuando lleguemos al pantano sólo se acercará la hormiga.—

— Yo soy valiente mariquita, pero no os vayáis, no me dejéis sola mucho tiempo. — dijo la hormiga.

Al llegar al pantano el grillo y la mariquita se pararon y se despidieron de la hormiga. La hormiga sólo tuvo que andar unos metros más. Ya podía ver a las tres ranas sabias flotando en el pantano.

— ¿Y tú quién eres tan pequeña? — dijo la primera rana sabia.

— Soy una hormiga y vengo a quejarme de una cosa.— dijo la hormiga firmemente.

— Tú dirás hormiguita ¿qué te pasa? — dijo la segunda rana sabia.

— Pues que cerca de las amapolas, hay una hermosa mariposa que siempre está llorando. —

— ¿Y por qué crees que llora, hormiguita? — dijo la tercera rana sabia.

— Porque el malvado saltamontes le pega y le chilla. — dijo la hormiguita enfadada.

— ¡Oh! — dijeron las tres ranas sabias a la vez. Empezaron a murmullar entre ellas y al final habló la primera de nuevo.

— Muy bien hormiguita, te diremos cómo puedes solucionar ese problema. — dijo la rana.

— Tendrás que coger una hoja seca y escribir lo que le pasa a la mariposa. Cuando ya lo hayas hecho, la guardarás bien y justo cuando venga el ruidoso viento la soltarás al aire. Así le llegará el mensaje a los pájaros buenos y ellos sabrán qué hacer ¡ Ahora corre! — animó la rana — Y no se lo digas a nadie. —

— ¿Ni a mis amigos? — preguntó la hormiga.

— No, a nadie. —

La hormiga se fue corriendo en busca de sus amigos. Se sintió mal por no poder explicarles nada pero así lo querían las ranas sabias. Se despidió de sus amigos y regresó al hormiguero.

A la mañana siguiente, la simpática hormiga salió corriendo de su hormiguero antes de lo normal. Quería encontrar la hoja seca antes de que la vieran sus amigos. Se dirigió al campo de amapolas cuando cerca de un charco vio la hoja. La cogió sorprendida y como bien le habían dicho las ranas, escribió lo que le pasaba a la mariposa. Al acabar guardó su hoja y fue a buscar a sus amigos. Camino de vuelta volvió a escuchar el llanto de la mariposa de nuevo. Fue corriendo en su busca y allí estaba en el suelo arrodillada delante del malvado saltamontes.

— ¡Déjala en paz! — chilló la hormiga

— ¿Y tú quién eres diminuta? — dijo el saltamontes muy enfadado.

— ¡A ella no le hagas nada porfavor! — dijo la mariposa llorando.

— ¡Tú te callas! — chilló el saltamontes golpeándola.

En ese momento la hormiga escuchó un sonido del cielo. ¡ El ruidoso viento! Cogió la hoja y la lanzó al aire con todas sus fuerzas. La hoja fue subiendo sin parar y la hormiga miró al cielo. En ese momento el saltamontes dio un salto y fue a por la hormiga. La hormiga cerró los ojos con miedo, cuando escuchó el ruido de unos pájaros cerca de sus orejas.

Los pájaros buenos vinieron y se llevaron al malvado saltamontes para siempre. La hormiga simpática fue corriendo a abrazarse a la hermosa mariposa. Por fin era libre.

                                                          FIN

 

Margarita se quedó sin palabras al acabar el cuento que había redactado su pequeña. Casi le faltaba el aire. Su cabeza buscaba el significado de aquello y al final pudo encontrar su disimulo.

— ¡Qué bonito! Ay mi Elena — dijo Margarita incrédula.

— Es una niña encantadora y muy lista — dijo la directora. — Verás, ayer le preguntamos que cómo se le había ocurrido ese cuento. Que nos había gustado mucho. ¿Sabes lo que pasó Margarita? —

— ¿Qué pasó? — contestó Margarita con miedo.

— Nos dijo: Mamá es la mariposa y se puso a llorar. Lo sabemos todo cariño. — dijo Leonor acercándose a ella.

Margarita rompió a llorar sin poder controlarlo. Luchó con Leonor por no abrazarla pero al final se rindió y se fundió en ella.

 

       Los pájaros buenos vinieron y se llevaron al malvado saltamontes para siempre.

 

 

 

 

 

 

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