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5 min
El debut de Alma Mula
Varios |
17.05.20
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Sinopsis

"El debut de Alma Mula" pertenece a una serie de cuentos y escritos sobre fútbol. Un pequeño homenaje a mi barrio y a la redonda.

El picadito se terminó, Alma Mula paso otro día en el banco de suplentes imaginario. Los pibes de la catorce lo habían vuelto a hacer y le ganaban a los de la dieciséis por doce a diez.

Era un clásico de las tardes de Villa Corina, barrio humilde de edificios, casitas, casillas de chapa y cartón, con la particularidad de que encierra un cementerio, el de Avellaneda. Comenzaban a juntarse a eso de las seis de la tarde y los partiditos eran a doce goles. Hubo dos o tres que se tuvieron que definir a gol gana, porque la oscuridad de la noche arreciaba.

Alma Mula era el más pequeño de la bandita de la torre catorce y todavía no había debutado oficialmente, los capos del equipo no lo tenían en cuenta, los partidos eran duros y aún lo veían tiernito para estos envites. Igual el prefería quedarse a mirar desde afuera, que irse a jugar con los demás chicos a cualquier otra cosa.

Alma era de una familia bien humilde y vivía en las casitas de enfrente de las torres, un plato de comida al día y a aguantarse. Los pibes lo sabían y era invitado frecuentemente a merendar en algún departamento.

En la canchita volaban sueños de Bochini, Alonso y Maradona en cada jugada y hasta del Loco Gatti, que era el ídolo del “Ciego” arquerito titular del combinado de la uno-cuatro, al que apodaba así porque utilizaba gafas. La rivalidad era de lunes a viernes, los fines de semana se daban tregua. Un sábado la banda de Ivovite había estado juntando botellas de vidrio, que luego vendían en la chatarrería del barrio y con el botín comprarían una pelota número cinco nueva.

Mientras esperaba que los capos hagan la transacción con el empresario tuerto, Alma miraba el cartel donde estaban el listado de precios, se reía por lo bajo debido a la cantidad de errores ortográficos que tenía ese cartel: “Bronse, ierro”, era humilde, pero le encantaba leer y cuando uno lee algo aprende vio.

Mientras pegaban la vuelta Ivo le preguntó porque estaba tan contento y Alma le puso al tanto de las burradas del portador de un ojo de vidrio. Volvieron entre los pasillos de la villa, una encrucijada a cada paso, pero era el camino más corto y a Ivovite lo conocían hasta en el más mínimo escondrijo del populoso barrio, por eso no tenían miedo. Un último zigzag y salieron de “Las Vegas” hacia la zona de rascacielos, donde estaban más seguros.

Pasaron semanas, decenas de partidos y algunos platos de comida y Alma se mantenía firme en su persistencia quería pertenecer al equipo, jugar al fulbito con sus amigos. Un día se ausentó el Ciego porque habían operado a la vieja en el Hospital Fiorito y fue a visitarla junto a su familia. El equipo necesitaba un guardameta y a nadie le gustaba atajar, sobre todo en aquella época, pero Alma se tiró de cabeza y se ofreció, aceptaron rápidamente, a pesar del enfado de Marcel que ponía pegas a todo.

Su cuerpo era un tembleque, mariposas en la panza y en su cabeza el ansiado debut le puso en blanco, en quince minutos la dieciséis metió un seis cero, nunca visto en este clásico fulbito corinense, es más hacia tres meses que “la Cato” no perdía, Alma Mula hacía lo que podía, pero la pelota parecía estar viva, no podía agarrar una, todas pasaban entre la farola y un pedazo de cascote, el provisorio eterno arco que daba espaldas a la torre 13.

Esto no podía seguir así, Ivovite charló con Marcel y se cambió con Alma en el arco. Así que el pequeño se puso a jugar en defensa, y bueno la cosa mejoro muy poco, el partido fue corto y un doloroso 12-3 quedo marcado en los retales de todos los presentes, mientras los de la dieciséis cantaban el tradicional “despacito, despacito, despacito, le rompimos el…” la desazón se asentaba en el corazón del pobre Alma.

A Ivovite lo tuvieron que agarrar porque no se bancaba las gastadas de los vencedores, era de mal perder el tarta. Mientras Sergio animaba al pendejito para que no se viniera abajo. Así fue el debut, una goleada lastimosa que taladró el orgullo, no se quería cruzar con ninguno de la 16, si veía a alguno tendría que agachar la cabeza y comerse las gastadas, esa noche no pudo pegar ojo, pero desde ese día se ganó el respeto de los mayores y sin darse cuenta ya era uno más del equipo.

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  • "El debut de Alma Mula" pertenece a una serie de cuentos y escritos sobre fútbol. Un pequeño homenaje a mi barrio y a la redonda.

    Es un humilde homenaje a Leonard Cohen, estaba en medio de una historia y la noticia de su muerte me paso por arriba. De esta mutación salió el micro que les dejo a continuación:

    Una historia en donde dos jóvenes que se conocen en una discoteca de Buenos Aires. El amor es la excusa perfecta para jugar con las palabras y los tiempos.

    Relato corto sobre una historia de barrio.

    Las vueltas de la vida.

    Un relato corto sobre una colegiala.

    Un microrrelato de un mundo, lamentablemente, no tan distinto a lo que sucede en ciertos lugares del planeta.

    Microrrelato, historia de un cuidador de Cementerio.

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En tiempos que corren me gustan las historias cortas, directas y que te pinten un mundo. En los microrrelatos he encontrado el sabor lúdico de las palabras, de conectarlas para disparar historias, con aciertos y errores, Notas de Unit es mi forma de conectar con el mundo.

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