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10 min
El delta interior del río Níger.
Amor |
21.05.13
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Sinopsis

El remitente ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio.

-¡Monique, es una carta de Pablo!

Remite: Pablo Calvillo.

Caporal del primer Pelotón del primer Escuadrón del segundo Regimiento, Légion Étrangèrie, Armée de France; Cuartel Expedicionario en Bamako, república de Malí.

En Moptí, a 23 de febrero de 2013.

¡Mi querido hermano! Deseo que cuando recibas este pliego te encuentres saludable y animoso; yo estoy muy bien, feliz de escribirte desde el populoso puerto de la ciudad de Moptí en la confluencia del río Bani con el ancho y pardo Níger.

Te sorprenderá que te remita una carta por correo ordinario; en pleno siglo veintiuno podría estar hablando contigo ahora si quisiera; pero no sería igual, ¿verdad?

Verdura verdura.

Me preguntaba si desde el delta interior del río Níger, el paraíso soñado de las aves migradoras europeas que vienen hasta aquí con sus meras alas, aquí en número de cientos de miles para pasar el invierno  después de un viaje de diez mil kilómetros que cada año marca una raya en sus vidas, ¿sería, acaso, un despropósito requerir al servicio postal para que transportara mi humilde sobre de papel desde la orilla de la inabarcable corriente hasta tu hogar en París? Era el lugar y el momento de hacerlo, hermano.

Una bonita ocurrencia, hermanito.

Respetando las limitaciones de la censura militar te informo que llegamos a la capital de Malí el día uno de febrero, permanecimos durante cuatro días en el acuartelamiento general aprestando el vehículo y la nueva ametralladora de veinte milímetros puesta a mi cargo, fijada sobre una torreta giratoria en el techo del todoterreno; practicamos algunos ejercicios de puesta a punto y habituación.

El día cinco de febrero partió una caravana de blindados ligeros y autos todoterrenos en dirección a Ségou, donde entramos el siete sin novedad. La multitud se agolpaba a nuestro paso, agitaban la tricolor y nos jaleaban con felicidad desbordaba. Los hombres son de cuerpos proporcionados y las mujeres esbeltas ninfas, frescas hijas del río, en general seres frugales adaptados para el siguiente año de sequía. En Ségou nos dividimos en dos grupos. Nosotros avanzaríamos por la carretera abierta hacia Moptí, Diré y Tombocutou con la intención de alcanzarlo en el menor tiempo posible; a pocos kilómetros al este de Ségou se dibuja la línea que separa Malí del estado islámico de Azawad, el comienzo del territorio enemigo de los yihadistas tuaregs.

No te aclaras, Pablito, los tuaregs separatistas del norte rompieron sus alianzas con los islamistas salafistas, tus queridos yihadistas.

Al atardecer del día ocho en un recodo en la sabana que enfilaba hacia el sol poniente los rebeldes nos recibieron con una refriega de balas y granadas de mano, la única vez hasta ahora. Matamos a algunos.

Cuando dispara más de cinco veces seguidas tiene una erección.

Avanzamos bordeando la orilla del río, admiramos el delta interior aunque solo es cabalmente comprensible a vista de pájaro, de g-map; la corriente pierde el desnivel que la contenía como un brazo coherente y se disgrega ocupando enormes espacios de límites desdibujados; desde el suelo se afronta un laberinto de canales, sabanas inundadas, lagunas pútridas, florestas inaccesibles, elegantes acacias, la algarabía es ensordecedora, el frenesí de pares alas sin número asombra el cielo ¡oh, hermano! es el refugio secreto de las aves migradoras  y en estas jornadas de febrero se reúnen por millares inquietas preparando la vuelta a Europa para una nueva crianza (…golondrinas, aviones, vencejos, abubillas, cigüeñas blancas y negras, alcaravanes, milanos, alcaudones, abejarucos, buitres leonados, águilas calzadas, águilas culebreras…) ¿Te acuerdas cuando críos que tío José Manuel nos llevaba al monte a observar aves? Cómo gozábamos, los prismáticos, sus explicaciones apasionadas ¿te acuerdas?

Sí, y el perro Can.

El diez de febrero hicimos jornada en las afueras de una aldea de unas cincuenta cabañas dispuestas a lo largo de la orilla, rodeadas a su espalda por nuestra carretera R-24, a unos treinta kilómetros antes de llegar a Moptí. Se había puesto el sol, asistí a una explosión de alas flameantes que especulaban con su reflejo sobre las aguas doradas, todavía extasiado me reclamó el teniente Roussell.

-Caporal, en aquella casa más alejada hay un tipo que al parecer es compatriota suyo. Vaya y averigüe quién es y qué coño hace aquí.

La cabaña era una construcción elemental de una planta de adobes y madera seca, esquinas redondeadas y techo plano; una niña de pocos años juega rodeada de algunas gallinas, accedí a la única habitación, oscura, con el aire espesado, las mínimas partículas de polvo ascendían y descendían dentro de la pieza en desarrollos brownianos; un hombre yace en el suelo sobre una estera, su lividez y los ojos hundidos anuncian la cercana avenida de la muerte, a su lado tiene dispuesta una jarra con agua.

-¿Es usted español?

Se le ha olvidado el “supongo”; se lo tengo que decir cuando le vea.

Se trata del doctor Fernández-Fernández, madrileño, un biólogo naturalista con la cabeza llena de pájaros, un personaje extraordinario y demencial. Pasó media vida recorriendo España y países del entorno realizando censos de aves migradoras, hay publicados estudios suyos, un día concluyó que su trabajo no podía cerrarse satisfactoriamente sin un censo de las mismas aves en su lugar de invernada, así que dejó a su esposa y sus dos hijas pequeñas en Madrid y se vino a Malí con el pensamiento de pasar aquí el invierno, la estación seca africana, censando aves y regresar a España en primavera, repitiéndolo las veces que fuera necesario hasta que concluyera su obra; sí, a mí también me recuerda a tío José Manuel.

El tío es perfectamente capaz de provocar una colisión múltiple para evitar atropellar a un pichón.

Se instaló discreto y respetuoso en la aldea, antes de la aurora se internaba en la sabana y no volvía hasta la noche bien oscura. Era el mes de marzo de 2012, terminando su segunda campaña, cuando los militares habían dado un golpe de estado y desde el gobierno robaban más a su placer. Los soldados patrullaban por la zona comportándose zafiamente, decían que buscaban a los “boinas rojas” huidos, la guardia de élite del presidente derrocado, pero se dedicaban a cometer desmanes y fechorías. Un día mientras estaba apostado en lo alto de una acacia no fue advertido por tres uniformados que agarraban con violencia a una mujer y la arrastraban hacia la espesura, se dispusieron a violarla de forma sucesiva. Fernández-Fernández que desde su involuntario escondite lo veía todo no lo podía sufrir, se abalanzo sobre ellos ciego de rabia, les abatió por sorpresa y les abrió en canal arrojando sus cuerpos al río. La mujer, Fátima, le comentó que eran los huidos que andaban buscando los soldados. Con el tiempo Fernández-Fernández y Fátima se quisieron y se amancebaron, él hizo suya a la hija pequeñita de ella y ahora los dos agonizan enfermos de sida. Ella está otra vez embarazada, espera que de él.

El estado natural en Malí es el contagiado de sida.

Los soldados también acostumbraban a violar a las mujeres de la aldea, raptaban a las que se alejaban para ir a la fuente o al huerto a recoger yuca y hortalizas, y en rincones umbrosos y apartados las tomaban, luego las dejaban marchar y negaban su crimen si fuera preciso. Fernández-Fernández también tuvo ocasión de lanzar al negro Níger varios cuerpos destazados de reclutas.

Qué terriblemente desgraciada la mujer en África, es tratada peor que un animal.

A finales de 2012 los soldados se mostraban inquietos temiendo las intenciones de los separatistas tuaregs del Sahel, que se equipaban con remesas de armamento libio, hasta que un buen día desaparecieron como tragados por un cenagal. Pocos días después se presentaron los rebeldes subidos en motocicletas y pick-ups; se diferenciaban de los soldados en que violaban a las mujeres sin temor a represalias, en la propia cabaña de las víctimas. Fernández-Fernández organizó a los hombres de la aldea, se escondían y cuando los rebeldes se divertían con sus esposas e hijas se precipitaban sobre ellos incendiados de ira, troceaban los cuerpos y de noche los tiraban al río junto con sus motos.

Desde que conoció a Fátima, Fernández-Fernández ya no ha vuelto a España, rompiendo su promesa, ha enloquecido y reniega de su familia, y proclama que su verdadero hogar está aquí. Me ruega que me haga cargo de la criatura que Fátima lleva en su vientre cuando nazca, porque ella también va a morir pronto; asegura que él es el padre y que el que nazca tendrá nacionalidad española y ciudadanía europea; nosotros, hermano, no somos una oenegé, regalamos galletas y chocolatinas.

En su desvarío sangriento Fernández-Fernández ha arruinado la vida de su familia que le quería, y ha perdido la suya.

¿Ahora te has hecho predicador?

Me han llegado noticias de que papá tiene novia y se va casar otra vez, y que quiere regresar a España a vivir sus últimos años, ¿es así?, ¿volverá a la vieja casa del pueblo?

Mi querido hermano, bien sabes que Monique es el amor de mi vida, la dueña de mi corazón, la madre que deseo para mis hijos venideros. Constantemente me abruma la pena de tenerla lejos de mí y de que esté tanto tiempo sola en nuestra casa, pero la milicia es la vida que he elegido y conlleva ausencias prolongadas.

Muy lejos estás, ciertamente, hermano.

Por eso te vuelvo a pedir que estés pendiente de ella para cualquier cosa que necesite, sé que os lleváis bien, y, sí, también que te pido la vigiles discretamente, si trata con algún desconocido, ven a visitarla a casa alguna vez. Te adelanto que la voy a prometer solemnemente que cuando terminen los dos años que me faltan de contrato con la legión no renovaré y comenzaremos una nueva vida juntos para siempre, quizá en España.

Tu hermano te manda un abrazo y cuenta los días que faltan para verte.

-¿La quieres leer?

-Ah! Estoy empapada, déjame que me seque -Monique avanza desnuda por el pasillo hacia el dormitorio, liando una toalla alrededor de su cabeza.

-¿Qué dice?

-Manda recuerdos.

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  • Ah, y donde dice "Étrangèrie" debe decir "étrangère". De otro lado, me ha extrañado leer por ahí abajo que La Celestina hace reír, pero cosas más raras he visto en este planeta.
    Bueno, ahora que te veo entre los 10 primeros hay que afinar más el comentario. El relato falla desde el punto de vista estructural: hay cuatro temas a la vez o más y de tipo heterogéneo, y no veo que se ensamblen bien: la guerra, los pájaros, la situación de la mujer en África y la mujer compartida. De otro lado, hay una gran incoherencia en lo que se llama técnicamente 'decoro' literario (acepción 8 del DRAE): el lenguaje descriptivo que otros comentarios te valoran es completamente impropio de un militar, ¿o no? Pero de todos modos es un relato superior a otros que he lamentado leer de la zona alta de la clasificación.
    Una vez más, me quedo asombarda de tu capacidad de salirte de las fronteras al escribir, situándote en lugares y hechos que pareces conocer más que de cerca. Así la situación de las africanas o de los terribles hechos bélicos. La simbología de los pájaros es también muy acertada. Yo me pregunto qué haré si ya no me quedan relatos tuyos que leer...Me los estoy dosificando a conciencia.
    Bueno J.M. no te he puesto más estrellas porque no hay. Qué te puedo decir de este relato. Es magistral. Bien documentado y bien narrado (otra vez vuelven a aparecer impresiones del narrador que rompe con la monotonía). No te quepa duda que puedes meterte de lleno en una novela que sería seguida por muchísimos lectores. Te animo a ello si es que aún no lo has hecho. De nuevo mi enhorabuena.
    Excelente relato que toca aspectos ciertamente delicados como la guerra o la situación de la mujer africana en medio de las contiendas, presa de continuas violaciones. La imagen de las aves es como un vaso de agua fresca en medio del drama. En cuanto a los dramas de índole sentimental pues tienen su punto de ironía, la vida que da muchas vueltas.
    Esplendido relato amigo. Un relato que combina aventura, cultura, amor y sorpresa final que me encantan. Dejas patente tu magnífica pluma y tu sabiduría en paises desconocidos para la mayoría y la afición a las aves. Una historia de diez.Mi enhorabuena. Saludos y gracias por leerme.
    Un escrito muy bien documentado en cuanto al tema militar y el conflicto en Malí. Por unos minutos me he sentido como si estuviera allí, viviendo la crudeza de la situación. También el final es sorprendente y no te lo esperas. Muy buen relato. Saludos.
    Buenas noches, compañero JM Boy. Quiero ante todo agradecerte tu amable valoración. Robo unos minutos a la noche para poder entrar de vez en cuando en TR, dado que el reloj nos tiene esclavizados durante el día. El título de tu relato me atrajo poderosamente. Me sonaba a "Las 4 plumas" o "Las montañas de la luna". Y no me equivoqué. Tu relato posee casi todos los ingredientes de una novela corta de aventuras. Una exaltación que va desde la necesidad del dramatismo bélico hasta el documentalismo etnográfico, pasando por la magnífica recreación epistolar con que subrayas los aspectos más turbadores de tu personaje. El tratamiento paisajístico no menos fenomenal. Un relato sin duda extraordinario, aderezado por una prosa impecable. Gran final. ¡Enhorabuena! Hasta la próxima. Un gran saludo-stavros
    Un gran relato, denso y muy bien escrito, que bien podría ser el embrión de una novela dada la complejidad argumental y estructural. Comienza por derroteros bélicos, prosigue con ramalazos naturalistas dónde se manifiesta tu apasionado conocimiento del mundo de las aves con alguna que otra joya descriptiva ( " el río que abandona el desnivel como brazo coherente y se desdibuja disgregándose"), retratas con trazos duros las miserias de la guerra, en cuatro líneas condensas magistralmente la azarosa peripecia del ornitólogo con la "cabeza llena de pájaros" (genial duplicidad semántica ) y rematas con un puyazo inesperado a un Pablo astifino y cornigacho. ! Olé !
    Ac{a va el comentario. Me encantó la carta y te digo que adivine mel final. Muy buena,
  • Aquí el protagonista casi no habla. Este relato guarda concordancias con otro que publiqué en TR, "Las tumbas de Yucucuy", con el que comparte personajes y escenario.

    Muerte de un naturalista.

    Sobre el alargado brazo del criminal.

    Sobre el resurgimiento del conde de Cagliostro.

    Mucho ojo, si vas a señalar a un culpable.

    Un tesoro desgraciado, vale el oxímoron. Lo que sucedió a los cien ladrones del Emperador Carlos.

    El remitente ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio.

    El paseante se ve sorprendido por amores antiguos y olvidados.

    Cayo Folías es denunciado, juzgado y condenado por insultar y amenazar a un médico que trataba de limpiarle su nariz rota en un oscuro suceso en una noche de borrachera. Mientras tanto se informa sobre el protagonista.

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SEMPRONIO. ¿Tú no eres cristiano? CALISTO. ¿Yo? Melibeo soy y a Melibea adoro y en Melibea creo y a Melibea amo.

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