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4 min
El desprecio del océano. { Relato Conjunto }
Varios |
09.02.17
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Sinopsis

A pesar de su mueca sonriente...

 

La resaca llegaba perezosa a la playa, y desde el extremo de una caracola se podía escuchar el canto de las ballenas y los dientes de un tiburón masticando.
A pesar de estar aislado en una isla desierta, porque el mismo lo había decidido. Barba negra lució una mueca torcida toda la mañana, mostrándosela a un par de cangrejos bailarines, a las atolondradas gaviotas y hasta a un ermitaño de mar, el cual terminó abandonando su casa en ese paisaje majestuoso que le había costado diez años encontrarlo.
A pesar de su mueca sonriente, Barba negra estaba triste por la situación que lo había llevado a tomar tal decisión. Una vez tirados los remordimientos por su tabla de madera mental, guardó su mueca agonizante dentro de una almeja y se fue a acobijar con las olas del mar, hasta que volvió a ver su reflejo en el agua cristalina y se acarició aquella barba que había dejado de ser negra para mostrarse blanca.
Mientras sus vestimentas legendarias se mezclaban con la sal y las lágrimas de sus ojos se reencontraban con el mar, recordó cada abordaje que había liderado, cada cabeza que había cortado, cada dama a la que había violado, cada barco al que había hecho naufragar, cada soldado inglés que había obligado  a recorrer la tabla, cada clérigo que había quemado y cada hombre o mujer que había abandonado a su suerte.
En cuanto el agua le cubrió de pies a cabeza, su barba se volvió a oscurecer, hasta que el mar lo volvió a escupir de sus entrañas mientras los cangrejos lo miraban y le repetían:
—Las almas de aquellos que mataste no quieren que un pirata tan malvado perpetúe su maldad por todo el océano.
En aquella isla huérfana encontró  su castigo prefecto. No podía permitir algo más; que el silencio le perpetuaba sus oídos como un enjambre de avispas. El letargo que traía desde hace días le hacía pensar en un clímax en donde él, era el cañón sin proyectil ni metralla que solía disparar desde su navío legendario.
Sus planes habían fallado, esa paz que tanto anhelaba le molestaba más que la arena en sus botas viejas, las cuales se quitó tras ser renegado por el océano. El tacto de sus pies contra la arenisca se agudizó, pero el camino no pretendía ser placentero, más bien, lo hacía sufrir.
Ya no le encontraba gracia a sus intentos de suicidio, su paciencia ya estaba agotada de tantos tragos de agua de mar, de tantas cortadas en la piel, de tantos días a solas, tal vez el capitán que había sido bajo el seudónimo de Barba negra, ya estaba muerto y no lo sabía, tal vez su paraíso era su infierno y su conciencia era su verdadera ignorancia.
Cansado, decidió caminar hacia unas aguas azules que contempló en un oasis, eran tan transparentes que se podía ver a través de ellas  desde la cima de un acantilado. En el habían unos magníficos peces hambrientos y sedientos de sangre que lo invitaban a descansar en sus estómagos.
Poco a poco la pirañas lo convirtieron en huesos dejándole en un estado cadavérico que deambuló por aquella isla, olvidado de la mano de un dios que nunca quiso respetar mientras se dedicaba a piratear por todos aquellos océanos en los que su ley se fue de la madre, que un día decidió traer al mundo e intentar educarle como un tirano del océano.

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Pido disculpas por mis errores ortográficos que pueden provocar algún desprendimiento de retina o algo peor: (No maneje peso mientras lea uno de mis relatos) espero mejorar. Respecto a las puntuación, no dañare ningún firmamento; puesto a que todos nos merecemos brillar. Mis comentarios serán sobre la estructura, la creatividad y si he disfrutado leyendolo. Un relato que te hace plantearte cosas a mi parecer es una gran historia; leer entre linias imaginarias es una de mis pasiones. Respecto a mi persona; SOY LO QUE EL DESTINO HA QUERIDO QUE SEA.

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