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10 min
El destino de los dioses
Fantasía |
05.05.16
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Sinopsis

La historia de Vali, el dios nórdico del que dependerá el destino de los dioses.

Ven, acércate, es hora de que te cuente la historia que tanto tiempo llevas deseando escuchar…

 

1.

—Largos años han pasado desde nuestra partida, pero el hogar aparecerá de nuevo en la línea del horizonte, y lo hará pronto hermano—me dijo Tyr casi esbozando una sonrisa y apoyando su única mano sobre mi hombro.

—Sí, Vali, todo habrá merecido la pena si conseguimos volver—dijo Vidar.

Esas fueron las primeras palabras que escuché tras subir al navío que nos devolvería a nuestro hogar. Ambos parecían cansados, la interminable guerra había hecho mella en sus ánimos, en nuestro ánimo, ya era hora de regresar.

Viajaba con mis dos hermanos, Vídar y Tyr. El primero nunca se interesó por las armas, su maravillosa mente podía sacarle de cualquier apuro, y Tyr era un dios en el combate. Yo también fui un gran guerrero tiempo atrás, de los mejores. Sí, no me mires así, lo fui.

Pero la idea del retorno no era suficiente para conseguir apartar mi mirada del cielo, esas nubes habían aparecido de la nada y se acumulaban de manera preocupante. La mar no iba a tratarnos bien y me preocupaba que fuera más que una simple tormenta. Además sabía que el resto de la tripulación podía sentirlo también, por mucho que intentaran ocultar la desazón.

—¿Qué ocurre señor?—me preguntó Vidar tras mi silencio. Pero no podía hablar de mis desvelos, no hasta que estuviera seguro, así que me limité a contestarle:

—Debemos apresurarnos. Asgard nos espera.

—Señor, las aguas—advirtió Vidar atemorizado mientras señalaba el cada vez más embravecido mar.

Un agujero tan grande que parecía que se iba a tragar la nave separó las aguas y de entre estas emergió la serpiente marina más imponente que seas capaz de imaginar. El pánico cundió, los tripulantes más cobardes corrían desesperados y el valeroso capitán perdió el mando.

No tuve más remedio, hijo mío, que tomar el control. Saqué mi arco y mis flechas e hice gala de la puntería que me caracterizaba. Comencé a disparar a la bestia, ordené al capitán que controlara a sus hombres y juntos atacamos al malnacido monstruo.

—Dioses, es la mismísima Jörmungandr —tuvo Vidar el valor de afirmar.

—No digas sandeces. Ambos sabemos que es a Thor a quien le aguarda el destino de derrotar a la gran serpiente hija de Loki, no a nosotros. No es más que un simple animal que habita en estos mares—afirmé intentando calmar sus corazones.

—Y de ser derrotado por ella, no lo olvides—me contestó Vidar, tan apesadumbrado como de costumbre

—NO—grité—Vencerá y vivirá, todos lo haréis. Os doy mi palabra.

Seguí disparando, mientras Tyr a mi lado luchaba con sus manos desnudas. Muchos murieron ese día, incluido el capitán, que se sacrificó para que pudiéramos derrotarla y así seguir nuestro camino, mientras la bestia volvía herida a su morada.

 

2.

La serpiente quedó atrás. Nos dirigíamos al más grandioso de los nueve mundos y por el sagrado fresno que los sostenía a todos que nada ni nadie iba a impedirnos llegar.

Decidimos organizar un funeral, las bajas eran numerosas y era necesario proporcionar a esos hombres un digno final. Fue largo y hermoso, nunca pensé que un marinero pudiera pronunciar palabras tan bellas. Las mismísimas Valkirias hubieran debido llevar al fallecido capitán al Valhalla pues pocos hombres he conocido que ofrecieran su vida de tal manera. Ver los honores que los muertos recibían me hizo recordar el sepelio de Baldr, el más bello y gentil de todos.

—Odioso Loki, el Helheim le lleve.

—Pero no debemos verle de nuevo hasta dentro de mucho. ¿O no son ciertas mis palabras, Vali?—me preguntó Vidar. Probablemente sintiera los mismos temores que yo.

Debieron de pasar varios días antes de divisar tierra, días en los que la mar arreció con brutal fuerza y el cielo se tornó negro como el azabache.

3.

Ahí estaba, la recuerdo tan vivamente como si fuera ayer. Tierra. Y en ella el puente que me conduciría a casa. Visión que rápidamente fue tornada en desánimo por un ser monstruoso del tamaño de la fortaleza de Asgard.

 —Mi padre me habló de él—advertí a la tripulación—Se llama Vafthrúdnir y atacarle es inútil pues es el más fuerte y sabio de los gigantes.

En ese momento, uno de sus enormes pies se hundió en el mar y continuó andando por este hasta llegar a la altura del navío. Vidar, que hasta entonces no había dicho nada, gritó tan fuerte que igualó el sonido de los truenos que nos habían seguido durante las dos últimas jornadas:

—¡Vafthrúdnir! Tengo dos preguntas para ti, sabio gigante.

Hoy sé que ambos conocíamos las respuestas antes de oírlas.

 —¿Cómo el mundo fue creado, venerable gigante?—fue la primera pregunta.

—Del cuerpo de Ymir se formó la tierra, las montañas de sus poderosos huesos, con el cráneo del helado gigante, el cielo y el mar salado, de su sangre—respondió sin vacilar.

—Así es y, ¿cómo acabará, honorable gigante?

Cuatro simples palabras fueron su respuesta:

—Observa a tu alrededor.

—Está bien maldito, si lo que dices es cierto, ¿cómo impido el terrible destino que le aguarda a mi familia?—el día había llegado y era mi deber evitarlo.

El gigante se limitó a reír y siguió su camino mar adentro.

 

4.

Finalmente desembarcamos, el Bifröst estaba tan cerca que casi podíamos tocarlo con las yemas de los dedos. De repente escuché una voz de mujer a mis espaldas proveniente del lugar donde había estado Tyr segundos antes.

Me giré y, ahí estaba, la mujer más bella que había visto en mi vida, tu madre me perdone. Se acercó a mí, me cogió la cara con ambas manos y sonrió, no la había visto jamás pero supe que no podría volver a separarme de ella.

—Márchate, no hay nada que puedas hacer. Debes marchar, amor mío—repetía una y otra vez sin dejar de acariciarme la mejilla—Ven conmigo, seremos felices juntos pero solo lejos de aquí.

Aún hoy me avergüenza admitir que a punto estuve de hacerlo, pero la idea de mi padre y mis hermanos sufriendo hasta el último aliento me dio fuerzas para negarme.

—JAMÁS—grité.

Un ruido atronador siguió a mis palabras, el suelo tembló y varias construcciones cayeron. Su belleza desapareció y una horrible y desfigurada mujer ocupó su lugar, Hela, la hija de Loki. Mi corazón cobró fuerzas ante la espantosa visión.

—Juro aquí mismo demonio que impediré esta catástrofe—a continuación me giré para dirigirme al resto de la tripulación que ya había desembarcado, así como a mis hermanos—Lo haré porque soy hijo de Allfödr, Herran, Hnikar, Hnikud, Fjölnir, Oski, Ómi, Biflindi, Svidar, Svidrir, Vidrir, Jálk. O como muchos de vosotros le conocéis, Odín.

 —Sí, sí, sí…yo también—dijo una voz a mis espaldas.​

 

5.

He de reconocer que siempre supo como hacer una entrada dramática, hay momentos en los que incluso creo que le echo de menos, al fin y al cabo también era mi hermano.

—Veo que te han liberado Loki—Un signo más de que el Ragnarök había llegado. Tras el asesinato de Baldr, Loki había sido condenado a pasar la eternidad encadenado a tres bloques de piedra, condenado a sufrir por el veneno de una víbora goteando sobre su cara. Pero el ocaso de los dioses comenzaba y de nuevo era libre.

La profecía de la vidente se iba cumpliendo. Había jurado impedir lo que iba a suceder pero si mis fuerzas fallaban tan pronto, ¿cómo iba a conseguirlo? Estaba escrito: yo viviría, pero el resto no. Aún así debía intentarlo y así se lo hice saber a Loki.

—Por mi parte tienes vía libre para intentar lo que te plazca. Yo tengo cosas más importantes de las que preocuparme, como de arrasar tu querido hogar por ejemplo—esas palabras me helaron el corazón hijo, y aún a día de hoy sigue quedando escarcha.

El sonido del cuerno de Surt, el más vil de todos los gigantes de fuego, se convirtió en la señal que instó a Loki a marchar en dirección al puente. Le seguía su otro hijo, el lobo Fenrir, el azote de Tyr. Justo antes de marcharse, Fenrir le miró desafiante y dijo:

—Y yo tengo otras manos que arrancar.​

Corrimos tras ellos, pero Surt y su ejército de gigantes ya habían entrado en el puente y eso significaba que pronto caería. Estaba escrito. Se me acababa el tiempo.

 

6.

Todo sucedió en un instante, el puente se desplomó y las estrellas se precipitaron del cielo dejando al mundo en tinieblas. El nivel del mar aumentaba cada segundo amenazando con tragarse la tierra. A continuación una luz cegadora proveniente de un lugar desconocido iluminó la escena. La batalla final había comenzado.

Odín y Thor aparecieron triunfantes, los más grandes de entre los dioses se disponían a entregar sus vidas por defender su hogar. El primero fue atacado por Fenrir, el gran lobo, mientras Thor luchaba valientemente frente a la verdadera Jörmungandr, que había despertado de su letargo.

Los muertos se liberaron del inframundo y cargaron contra los ejércitos de héroes de Asgard. En el campo de batalla se oían rugidos furiosos. El gran fresno Yggdrasill, ensamblador de los nueve mundos, tembló desde sus más profundas raíces hasta sus más altas hojas. Efectivamente el Ragnarök había llegado.

Yo no podía más que permanecer inmóvil frente a la masacre. A mi izquierda Heimdalir, el guadián del puente, y Loki, el más desgraciado de todos los Aesir, se mataban el uno al otro ferozmente.

Entonces lo vi, Thor acababa de derrotar a la serpiente, quizá no todo estaba perdido. Quizá no todo estaba escrito. Pero solo unos segundos después mi hermano cayó desplomado, Jörmungandr le había envenenado. A  continuación le llegó el turno a mi padre, que acabó también vencido por el lobo.

Vidar perdió el juicio en aquel momento y se lanzó contra Fenrir dispuesto a acabar con su vida aunque perdiera la suya en el intento. Aplastó su cabeza con sus botas de cuero, creadas con todas las sandalias de los héroes muertos a lo largo de la historia.

 

7. 

Y así acabó todo. Una gran bola de fuego cubrió el mundo, la tierra se hundió en el mar y todo signo de vida desapareció.

La profecía se había cumplido. Asgard era historia y todos los que algún día amé habían desaparecido con ella. Más tardé averiguaría que Vidar también había sobrevivido al Ocaso de los dioses, así como otros, tu madre por ejemplo.

Desperté años después solo en medio de un campo carbonizado pero un nuevo sol brillaba en el cielo. Una era comenzaba y me había tocado jugar un papel importante en ella.

 

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