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6 min
El diablillo vengador.
Fantasía |
13.03.19
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Sinopsis

Por fin regresaba de nuevo. “ Un mes no es nada” le decían, pero para él pasar un mes en el infierno era una eternidad. Él era feliz entre los humanos, los necesitaba, eran su fuente de vida.

Por fin regresaba de nuevo. “ Un mes no es nada” le decían, pero para él pasar un mes en el infierno era una eternidad.  Él era feliz entre los humanos, los necesitaba, eran su fuente de vida.

Lucifer le había castigado con dureza, pues bien sabía que a Bilis le encantaba la tierra, sobre todo los humanos y mas concretamente sus ansias de sexo.  ¡Oh! Que feliz era entre ellos, siempre ardientes, siempre dispuestos.

 Bilis disfrutaba plenamente ahora que por fin habían caído los prejuicios que durante siglos habían atenazado a la humanidad.  Por fin eran libres y disfrutaban de su libre albedrio, se había quitado el yugo de los religiosos y disfrutaban de su ser como había sido creados.

Bilis era el encargado de castigar a los libertinos, a los pecadores del sexo, a los pervertidos que ninguneaban la libertad, la complacencia, el compromiso entre los que deciden y cumplía con creces su cometido cuando Lucifer le encadenaba en su parcelita en el infierno, pero el no era feliz allí.  El prefería incitar a los humanos a experimentar y ya de paso unirse a ellos en sus increíbles juegos.

Y allí se encontraba de nuevo, en la tierra, disfrutando del penetrante aroma del deseo que impregnaba cada rincón.  Solo había una pega, tenía una misión y eso le lastraba y le condenaba a sacrificar parte de su tiempo en complacer a su Señor.

Lucifer le había encargado localizar y torturar a un descarriado.  El jefe le quería a su vera para castigarle, pero el muy ladino no tenía intención de abandonar este mundo, el de arriba no le había fijado aún la fecha de caducidad y su misión era contaminarle para provocar su prescripción.

Bilis había accedido a ser el en persona quien consumara el acto, tenía un buen sequito de disciplinados diablillos bien aleccionados, pero este tipo merecía su atención en especial.

Un diablo es lo que es.  Disfruta con las perversiones, se relame con los pecados, se deleita con los malos pensamientos, aprecia un buen delito, pero siempre pensando en engrosar las filas de sus queridos sufridores, de los atormentados.  Eso si, su condición de caídos, de hijos de caídos, de descendientes de caídos, les mantiene su carácter angelical, escondido, pero está ahí y condenan los excesos, y castigan con fervor a los altamente corrompidos.

Bilis atravesó fugaz la ciudad en un suspiro.  Su víctima vivía al otro lado de la ciudad, lejos de las puertas del infierno, en todas las ciudades hay una entrada al averno.   Localizo su edificio y en lo que la noche acariciaba el asfalto, él deslizo su sombra entre las de los rincones del dormitorio de su objetivo.  Con ternura miro como deslizaba su conciencia en el reino de Morfeo.  Bilis le tendió su mano y juntos navegaron en sus sueños. 

Un demonio tiene costumbre de ver lo peor que puede fraguar el alma humana, pero Bilis encontró un alma tan negra que le fue difícil encontrar pesadillas con las que atormentar aquel putrefacto ser.  Araño todo lo que pudo su inconsciente, deslizo las peores culpas en su subconsciente, grabo las imágenes más perturbadoras en su memoria, pero le costó mucho rivalizar con lo que ya guardaba en ella.  Su trabajo estaba hecho pero dudaba que fuera efectivo, aquel humano dejaría pequeño a alguno de los peores condenados, esos que Lucifer cuida personalmente por lo vasto de su perversión.

Bilis abandono al pecador y disipo su espíritu demoniaco entre la corriente ardiente de vicio y lujuria que emanaba la ciudad.  Disfruto, se sacio, lleno su reserva de lascivia gracias a los humanos que llenan la noche con su insaciable sed de sexo.  Tres días dio rienda suelta a su perversión y al tercero regreso a ver al condenado, pero nada había cambiado, seguía igual, la culpa era una tímida semilla que se marchitaba en su interior, el plan había fracasado y solo le quedaba una alternativa.

Bilis era un demonio, su don era provocar ardientes deseos en los humanos, deseos lascivos, deseos sexuales, deseos de la carne.  Pero si era necesario podía utilizar su don para inculcar ideas terribles a quien el considerara necesario y tenía una víctima.

Juan era el padre de Virginia.  Su hija abandono el mundo de los vivos dos años atrás, desde entonces Juan pide justicia, exige que se encuentre al salvaje que violo, golpeo y mato a su hija.  Virginia solo tenía siete años, fue humillada de las formas más terribles que alguien puede llegar a imaginar.  Ella solo era una en la larguísima lista de un depravado al que la policía no podía localizar.  Actuaba por todo el país, no dejaba ninguna huella, no dejaba pistas, era como un fantasma, como el más terrible de los fantasmas, sádico, pervertido, con una mente enfermiza, un destrozador de vidas infantiles.

Bilis navego en los doloridos sueños del deprimido Juan.  Esas mentes no le gustaban, solo tenían dolor, culpa, sufrimiento, pero debía sembrar la semilla que indujera a Juan a culpar al autor de la muerte de su hija.  Era sencillo, solo debía tocar lo justo.  Dos indicios por aquí, una sospecha por allá, un informe por acullá y ya estaba, Juan sabría quién era el culpable, después todo dependía de él.  Bilis, a pesar de ser un diablo, no le deseaba ningún mal a su víctima circunstancial, él no era su objetivo, el no sería un inquilino en el infierno, solo sería un arma, alguien al que utilizar y por ello no merecía pagar, por eso desperdigo las pistas suficientes, y lleno de pruebas el domicilio del malnacido, era su buena obra como antiguo ángel.

Bilis recibió con todo lujo de honores a su reciente adquisición.  Lucifer había preparado la mejor de las mazmorras de sufrimiento para él, toda una clase A, la mas preparada para infligir eterno castigo e inmenso dolor.  El pervertido llego con el cerebro agujereado por un perfecto tiro entre las cejas, con la sorpresa de verse donde se encontraba y con la certeza de que no era su momento.  Bilis se lo aseguro, pero le dejo claro que al diablo nadie le marca el camino.

Juan fue exculpado, el arma era del pederasta, el solo había ido a confirmar sus sospechas, el otro le ataco y él se defendió con el arma que le arrebato.  Su alma encontró paz y con ella todas las de las victimas de aquel monstruo.

Bilis escapo del infierno, días después, se merecía un premio, merecía disfrutar de su querida humanidad.

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  • Tal vez fueran solo imaginaciones, la continuación de la perversión de mi sueño, pero me angustiaba no encontrar el huidizo interruptor. Necesitaba apartar las dudas, matar los miedos, aniquilar la ansiedad, la angustia, el desconsuelo, la intranquilidad.

    Las guerras las empieza ella. La paz solo dura lo que ella decide. El mundo solo está tranquilo si ella quiere que sea así. Benilda es única, todo gira en torno a ella, todo se mueve por ella. Conspiraciones, traiciones, guerras, batallas, luchas, magia, conflictos, todo por ella todo para pararla a ella. Conoce su mundo y a los que lo comparten con ella. Conoce a Benilda, la insufrible.

    Por fin regresaba de nuevo. “ Un mes no es nada” le decían, pero para él pasar un mes en el infierno era una eternidad. Él era feliz entre los humanos, los necesitaba, eran su fuente de vida.

    Las guerras las empieza ella. La paz solo dura lo que ella decide. El mundo solo está tranquilo si ella quiere que sea así. Benilda es única, todo gira en torno a ella, todo se mueve por ella. Conspiraciones, traiciones, guerras, batallas, luchas, magia, conflictos, todo por ella todo para pararla a ella. Conoce su mundo y a los que lo comparten con ella. Conoce a Benilda, la insufrible.

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