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18 min
EL DIARIO
Amor |
15.07.13
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Sinopsis

Haces unos años, publiqué un relato, llamado el diario de Rebeca, Por motivos que desconozco, los relatos de ciertos años, quedaron reducidos casi a la mitad, cortando el desenlace de casi todos. Como no lo tenía guardado, anoche decidí volver a escribir el final de la historia. Espero sea de su agrado.

Hacía ya casi tres años que se conocían, las presentó una amiga que tenían en común. Desde entonces se hicieron inseparables. Al cabo del año ambas decidieron compartir piso. No es que fueran muy semejantes, más bien eran como el día y la noche; Rebecca era soñadora, ingenua y un poco irresponsable, todo lo contrario de su compañera de piso, siempre intentando no levantar los pies del suelo. Incluso eran distintas en el terreno sexual. A Rebeca le encantaban los chicos, mientras que a Laura, le fascinaban las chicas. Había tenido alguna que otra relación con hombres, pero su tendencia por las mujeres fue incrementando con los años, aunque en estos últimos, solo tenía ojos para la chica que dormía pared a pared con ella. Intentaba ser cauta y no hacérselo notar, pues lo que menos deseaba era incomodarla, tenía miedo de que si llegara a enterarse se marchara de su lado. La deseaba como jamás había deseado a nadie y no había una solo noche que no imaginara su cuerpo desnudo al lado de ella.

Aquella noche Rebeca no durmió en el piso. Al día siguiente se casaba su hermana, y deseaba pasar esa última noche de soltera con ella, en la casa familiar.

Laura la echaba de menos, como siempre que no estaba. Cenó y se sentó a ver la tele un rato, pero ese programa de cotilleo no era lo mismo sin su compañera, así que aburrida decidió que mejor se acostaba. Además, al día siguiente tenía que levantarse temprano, se había comprometido a recoger el ramo de flores de la novia y no quería quedarse dormida.
Camino de su habitación, casi por un impulso inevitable, se paró justo en el cuarto de Rebeca, encendió la luz y echó un vistazo a su alrededor. Su mirada se detuvo en el escritorio de laura, de lejos no lo diferenciaba bien, pero creía ver su diario abierto encima de aquella mesa. Por un momento tuvo la tentación de acercarse, pero esa ética que siempre la acompañaba hizo que recapacitara y frenara sus pasos.
Se acostó sin más, no sin antes fumar su último cigarro. Allí tendida en la cama, no se quitaba de la cabeza ese libro de color violeta que tantas veces había visto en las manos de rebeca. Intentó dormir, pero la cama se quedaba sin espacio para moverse. Estaba intranquila, nerviosa, su curiosidad poco a poco se iba adueñando de su moral.. hasta que por fín pudo con ella.
Volvió a aquella habitación llena de tonos rosas, el color preferido de su amiga. Sin pensárselo dos veces se lanzó sobre aquel diario como si de ello dependiera su vida.
No movió las hojas, leyó justamente por donde Rebecca lo había dejado abierto.
Cuando terminó de leer la página, se sentó en la cama. Su cara desprendía sorpresas por todos los poros, volvió a releer la hoja como si no se terminara de creer aquello que acababa de ver.
Rebeca reflejaba un sueño erótico en su diario, no siendo esto lo que más sorprendiera a laura....
Rebecca relataba en su texto su frustracción en las relaciones sexuales tenidas hasta el momento, todas llenas de demasiadas promesas y escasos orgasmos. Mostraba su inquietud por una experiencia sexual distinta ,nueva, fresca, donde pudiera desatar toda su pasión sin sentirse por ello una cualquiera. Deseaba notar un nuevo tacto en sus manos y unos dedos suaves en su piel. Oler el perfume de un cuello femenino y abrazarse a un cuerpo de mujer.
Definitivamente Rebecca estaba un poco cansada de tanta eyaculación precoz que forzosamente terminaba en masturbación, cuando al fín se quedaba a solas..

Salió de aquella habitación con la sensación de haber pillado desnuda el alma de rebeca, pero sin un pequeño brote de arrepentimiento. Le hubiera encantado coger el teléfono, llamar a su amiga y decirle que lo sabía, pero conciente de que el modo de haberlo descubierto para nada iba a ser del agrado de Rebeca, y puesto que no quería que dejara de hablarle de por vida, prefirió callarse y volverse a su habitación.

Se sentó en su cama, con un nuevo cigarro en la mano que no encendía porque había vuelto a perder el mechero. Estaba más nerviosa que antes, aturdida, con el corazón acelerado, con una estúpida sonrisa, que no podía evitar que le saliera de sus mordidos labios.

No sabía que hacer, ahora había perdido el sueño por completo, no podía apartar esas frases de su cabeza. Había imaginado tantas veces, como sería hacer el amor con ella, y lo veía tan meramente inalcanzable, que ahora al conocer los deseos de su amiga, por un momento dejó de verlo inalcanzable, para mirarlo de un modo menos lejano.

Se tumbó en la cama, soltó el cigarro, ya arrugado, sin intención ninguna de buscar algo para encenderlo y cerró los ojos. Intentó no pensar y dejarse invadir por el sueño, pero había dejado volar demasiado la imaginación para ello. Rebeca, se paseaba por su mente más desnuda que su alma. El cuerpo de Laura comenzó a vibrar más que su mente. Estaba muy excitada, deseaba poseer a Rebeca más que nada en este mundo, pensaba en su cara, en como sería su rostro al llegar al orgasmo, la imaginó sin pudor, con descaro, sin ninguna clase de arrepentimiento, siguió imaginando cada parte de su cuerpo, y a cada paso que daba sentía como se humedecía más y más. Vio sus pechos desnudos, y hasta creía poder tocarlos, los acarició, los apretó, los mordió con ganas, volviéndose loca de deseo. Entreabrió las piernas, y con desespero metió su mano entre las bragas, Su vagina estaba más húmeda que antes, podía notar como sus dedos resbalaban por ella. No tardaría en correrse, y lo sabía. El cuerpo de Rebeca, galopaba encima de ella con furia. Sus dedos se aceleraban a la vez que su imaginación, comenzó a gemir casi en silencio, Pequeños flaxes iban invadiendo su mente, Pudo fotografiar en su cerebro cada parte de su amiga, Vio su cara de deseo, sus senos firmes, su culo, sus piernas..Agarró la almohada y se tapó la cara con ella a la vez que se mordía los labios, dos rituales que hacía siempre justo antes de llegar al orgasmo, sus caderas se movían casi al compás de sus dedos provocando y acelerando más el placer. Se quitó con desesperación la almohada de su cara para dejar escapar el único grito que se permitió dar en todo el tiempo, un grito tan fuerte como lo que acababa de sentir.

 

La casa de los padres de Rebeca estaba a una media hora de su piso, acababa de recoger el ramo de la novia, y ya iba con la hora justa. En este tiempo ya había recibido dos llamadas de Rebeca impaciente por su tardanza. Lo cierto es que después de lo sucecido la noche anterior y antes de cerrar los ojos olvidó poner el despertador. Fue Rebeca quien la despertó con una primera llamada. Ni se le ocurrió decirle que se había quedado dormida, conocía su genio, y mucho menos aún los motivos por los que se quedó dormida.

La puerta de la casa estaba entreabierta, había gente en la puerta esperando que saliera la novia. Dentro de la casa había más familiares, saludó a todos, buscó con la mirada a Rebeca, pero no la vio. De pronto una voz desde la escalera, la llamaba. Era ella.

-eyy, ya era hora, ¿por qué has tardado tanto?-

Laura quería contestar, pero no podía, Estaba mirando a la criatura más bonita que había visto en la vida. Era preciosa, el vestido que llevaba, el mismo que le había costado tanto decidir, no podía quedarle mejor. Si siempre la veía preciosa hoy simplemente no tenía palabras.

-¿Qué te pasa, por qué me miras así, tan fea estoy?-

-Bueno, solo un poco-, se burló Laura, mientras se acercaba a los escalones. Su beso, fue cálido, cariñoso y lleno de sentimientos, hubiera querido dárselo en los labios, pero tuvo que conformarse con su mejilla.

Rebeca aprovechó para presentarle a varios familiares que aún no conocía:

-Mira, esta es mi tia Eva, ¿la recuerdas?, te he hablado muchas veces de ella-.

Laura asintió con la cabeza, aunque en realidad, no recordaba para nada que Rebeca le hubiera hablado muchas veces de aquella señora, es más, ni siquiera le sonaba el nombre.

Siguió preséntandole a la familia, hasta que la presencia de la novia interrumpió el acto, cosa que Laura agradeció enormemente. Los invitados se acercaban a la futura esposa inducidos por una fuerza mayor,como si en vez de una novia, hubiera hecho aparición la virgen María. Todos la halagaban con frases hechas y creadas para novias..desde que se fundó la ley del matrimonio.

-No le deis besos ahora, dijo su madre, que le vais a estropear el maquillaje, ya la felicitais luego-.

Laura, salió la primera de la casa, con mas ganas que nunca de no casarse en la vida. Por fín la novia, entre felicitaciones y alabanzas, consiguió meterse en el coche.

Rebeca y Laura también se montaron en el suyo, mientras ocupaba el asiento, Laura pensaba que aún le quedaba por aguantar toda la ceremonia, pero ni se le ocurrió protectar.

Efectivamente la ceremonia fue interminable para Laura, pero allí se mantuvo sin moverse, y con cara de encantarle aquello.

Por fín, el cura dijo el iros en paz, que Laura ansiaba desesperadamente desde el mismo instante en el que entró en el templo, tardó poco más de medio segundo en hacer caso sumiso.

Se dirigió a su coche, se apoyó en él y esperó a que Rebeca felicitará a su hermana. Apareció a los diez minutos. Desde lejos, Laura veía acercarse el cuerpo de Rebeca, contoneandose coqueta, segura de sí misma. Más que mirarla la devoraba con los ojos. Estaba tan extremadamente sensual con ese vestido, que en lo único que pensaba era en quitárselo.

El salón no era demasiado grande pero sí bastante lujoso. Las mesas perfectamente vestidas con elegantes manteles, sobre ellas se posaban los brillantes cubiertos y la preciosa vajilla de porcelana.

Los novios acababan de llegar, y los invitados iban ocupando sus asientos.

Laura y Rebeca compartían mesa con los primos de esta, en una mesa de ocho. Pronto comenzaron diversas conversaciones cruzadas, y sin demasiado interés para Laura, que en lo único que pensaba era en volver a casa con su amiga. De nuevo hizo como que se divertía y comenzó a participar de la charla. De vez en cuando giraba su cara hacia la izquierda para asomarse al escote de Rebeca, no sabía lo que iba a pasar, pero de lo que estaba segura es de que iba a intentarlo, no podía más, la llevaba deseando desde casi el mismo dia en que la conoció, y eso unido a lo leído en el diario, le daba más alas y menos miedo.

La pierna de Rebeca de vez en cuando se rozaba y se posaba con la de Laura, haciendo con cada roce subir un poco más el calor de Laura, la que cada vez miraba con menos sutileza los pechos de su amiga.

La cena concluyó con un postre exquisito. Los novios iban de mesa en mesa repartiendo regalos y saludando a los invitados, pronto partirían la tarta.

A punto casi de acabar su postre, Rebeca sufrió un percance con la cuchara, que le resbaló de la mano, haciendo que el trozo de dulce cayera en su vestido manchándolo por varios lados.

-joder, me he puesto perdida, ahora vuelvo voy al tocador-

Laura se levanto detrás de Rebeca y la siguió.

Rebeca entró y se puso frente al espejo, no acababa de abrir el grifo, cuando se encontró con la mirada de Laura a través del cristal.

-¿Qué haces ahí?, no me di cuenta que venías detrás.-

Laura no le contestó, pero tampoco dejaba de mirarla.

-¿Se puede saber que te pasa?

-Entra ahí conmigo- dijo Laura, señalando una de las puertas que ocupaban ese servicio, con voz firme.. intentando esconder el miedo que tenía.

Rebeca no supo que contestarle, se dio cuenta que preguntarle para qué era una estupidez, pues la cara de Laura, daba más explicaciones que todas las palabras juntas.

-Será mejor que volvamos al salón- dijo Rebeca

Estaban frente a frente, casi con los cuerpos pegados. Rebeca comenzó a sentirse rara, pero no incómoda. Laura puso la mano en su cintura y acercó la boca a su oído para susurrarle:

-Te deseo, como jamás he deseado a nadie, no aguanto más Rebeca..

-Estás loca, ¿por qué piensas que yo deseo follar contigo?

-De acuerdo, dijo Laura, dímelo entonces, dime que no y me voy.

Pero Rebeca no dijo no, solo la apartó, la miró unos segundos y luego se dirigió a una de las tres puertas que tenía el baño.

Laura la siguió.. posando su mirada en el culo de Rebeca. Cerró la puerta tras ella, y echó el pestillo, Allí estaba, frente a su amiga, lo había soñado un millón de veces, Mil veces había pensado las mil distintas maneras en que la haría el amor. Y ahora allí, teniéndola tan cerca con la mente llena de pecado, lo único que deseaba era follarla.

Rebeca también la miraba, estaba nerviosa, pero no asustada.

Laura la agarró con ganas y la echó contra la pared, pegó su cuerpo al de ella y comenzó a besarla con furia. Jamás había sentido tanta excitación por nadie, estaba como loca, desplegando todo el cúmulo de deseo que llevaba guardado en su interior desde que conoció a Rebeca. Y hoy, ahora..ya no podía más. Sus manos se movian ligeras, intentando acaparar cada parte del cuerpo de Rebeca, la cual permanecía inmóvil, pero cada vez más excitada. Laura bajó sus manos, hasta alcanzar el borde del vestido de Rebeca, Las metió entre él y comenzó a subirselo con desesperación, consiguió dejarselo encajado en sus caderas, luego posó sus manos en su culo, lo había deseado tocar tantas veces, que ahora que lo tenía no podía parar de hacerlo,

.-abre las piernas, Rebeca-

Rebeca abrió sus piernas lentamente, Laura metió las manos entre ellas hasta llegar a su sexo, lo acarició primero por encima del tanga, y luego entremetiendo sus dedos por él. Rebeca estaba mojada, muy mojada, lo cual desató más aún la pasión desenfrenada de Laura. Comenzó a mover su dedo lentamente, como tan lentos y tímidos iban apareciendo los primeros gemidos de Rebeca, la cual apoyó su cabeza en el hombro de su amiga abrazándola fuertemente, despertando en Laura una ternura que se unía homogeneamente con su excitación.

Laura no pudo evitar susurrarle al oído su nombre, mientras su dedo iba acelerandose cada vez más. Rebeca pasó de gemir casi en silencio para comenzar a gritar, sin importale casi, que alguien pudiera escucharla. Laura casi fuera de control, comenzó a morderle la parte del pecho que su escote dejaba al descubierto. Se puso nerviosa, muy nerviosa..por un momento sacó la mano de la vagina de Rebeca para agarrarla por la cintura. Puso a Rebeca de espaldas a ella, buscó la cremallera del vestido, tiró de ella con ganas, hasta conseguir bajársela y hacer que el vestido cayera al suelo. A continuación le desabrochó el sujetador, la sujetó fuertemente por detrás, agarrándose a sus pechos desnudos. Los acarició con la pasión que dan las ganas acumuladas durante años. Su boca junto con su lengua comenzaron a jugar con su nuca, luego bajó lentamente hacia su espalda, mientras sus manos iban bajando por su vientre hasta conseguir llegar a sus muslos. Agachada a la altura de su culo comenzó a bajarle el tanga. El culo de Rebeca era su debilidad, quizás, porque era lo único que había podido observar con delicadeza o sin ella, sin que Rebeca lo notara. Sus manos y su boca se centraron en él, lo mordió, lo apretó, lo besó.. Los gemidos de Rebeca indicaban a Laura que no aguantaba más, Laura volvió a abrir las piernas de Rebeca y metió su mano entre ella, buscando de nuevo su vagina, comenzó a mover su clítori, esta vez sin tanta suavidad, a la vez que no dejaba de mordisquearla por detrás. Para entonces los gritos de placer de Rebeca eran ya imparables. Laura llevada por un impulso inevitable, volvió a retirar de golpe su mano entre las piernas de Rebeca, que no pudo evitar quejarse por ello.

-¿qué coño haces, sigue joder, no pares..

-calla-, le dijo Laura, a la vez que le daba la vuelta.

La abrió de piernas más que antes, sin ningún tipo de delicadeza y hundió su boca en la vagina de Rebeca, quien dio un gemido casi tan grande como el deseo de Laura. Fue recorriendola lentamente, mordisqueándola, lamiéndola despacio, jugando con su zona más íntima, investigando sus puntos más sensibles, conociéndola..sus manos la ayudaban a entreabrir más su sexo..

-No pares esta vez-, advirtió exigente Rebeca a Laura con la voz entrecortada de placer, temiendo que su amiga retirara su boca de golpe.

Laura no pudo evitar desprender una sonrisa de sus labios, a la vez que siguia moviendo el clítorix de Rebeca con su lengua y apretaba su culo con fuerza.

No era posible que hasta en ese momento la hiciera reir.

Rebeca no dejaba de hacer fuerzas con su vagina en la boca de Laura a la vez que movia sus caderas. Luego dobló su cuerpo hacia Laura, agarrando su cabeza, sus hombros..La brusquedad con la que apretaba, hacía ver a Laura que Rebeca estaba a punto de correrse. Introdujo lo más que pudo su lengua dentro de ella y aceleró más y más el movimiento, para luego frenar de golpe durante unos segundos, dejando su clitorix presionado con fuerza contra su lengua y haciendo sentir a Rebeca el mayor placer de su vida antes de llegar al final, luego volvió a acelerar su lengua al máximo, para volver a parar y presionar de nuevo su clitorix. Repitió esto varias veces hasta que los gritos y gemidos de Rebeca estalló sin duda en el orgasmo más intenso y excitante que jamás supo ofrecerle nadie.

Laura apoyó con ternura su cabeza en el vientre de Rebeca, que comenzó a acariciarle el cabello con más ternura aún. Luego se incorporó y besó a la chica con todo el amor del mundo.

Rebeca apartó un momento sus labios, y con voz aún temblorosa, le dijo.

-¿Y tú qué?..Ahora te toca a tí, ¿no?-

Laura miró a Rebeca con una sonrisa pícara, para contestarle..

-cariño, yo llevo corriéndome toda la noche-. Volvió a besar a su amiga y a continuación la ayudó a vestirse.

 

Luego salieron de aquel servició. Primero Rebeca, y a continuación Laura, con los ojos puestos como siempre en el culo de Rebeca, era inevitable, para ella.

-Ah, dijo Rebeca, a la vez que se daba la vuelta, si vuelves a leer mi diario te mato-.

A lo cual Laura contestó..

-cariño, tú nunca olvidarías guardarlo.

 

 

 

 

 

 

 

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