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26 min
El encanto de lo inesperado
Amor |
09.02.14
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Sinopsis

El relato de como alguien puede tener algo en sus narices y no darse cuenta, como los trenes pasan de largo y no vuelven, como mientras esos trenes pasan nos limitamos a mirar, y cuando nos queremos dar cuenta de que ése era nuestro viaje, nos vemos corriendo tras ese tren, contemplando con impotencia y mientras jadeamos por el cansancio, como se aleja en la distancia hasta que DESAPARECE. Desaparece... Desaparece... ya no se ve, ya no es. Necesitamos distancia para apreciar las cosas, ya sea en tiempo, ya sea en kilómetros.¿Si me gustaría volver atrás y actuar de otra manera? por supuesto, me gustaría volver a esos días y haberme comportado de otra forma, haber sabido tocar con mis dedos la calidez de su alma, abrazar ese sentimiento que me regalaba y no soltarlo. Pero no fue así como ocurrió. No toqué su alma con mis dedos, no abracé sus sentimientos, los desprecié, y los utilicé para sentirme superior. La vida no es un juego, las personas no son un juguete, nunca volverás a vivir una experiencia así, no se encuentra a una persona como esta fácilmente, probablemente nunca la vuelvas a encontrar. Pero si la vuelves a encontrar, no cometas ese error, no la desprecies, VALÓRALA, porque si la pierdes, el recuerdo de esos momentos te torturará toda tu vida. Me gustaría volver atrás y decirme a mi misma esas palabras, me gustaría valorar las cosas. Creo que mi defecto más gordo es que nunca he apreciado nada de lo que he tenido. ¿Es posible cambiar eso? A veces pienso que debería ir a un psicólogo a que me ayudara a apreciar las cosas importantes.


Después de una adolescencia/edad del pavo complicada, me saqué la ESO en la escuela de adultos con 18 años para 19, y quise ir a la escuela de arte a hacer lo que siempre quise, dedicarme a dibujar. A primero de bachiller de artes plásticas, por fin se acabó el malgastar mi talento, por fin profesores evaluarán mis dibujos, por fin la gente lo verá. Podré mejorar mi técnica y estudiar bellas artes.

-Lo siento, no puedes coger artes plásticas, las plazas están llenas, lo único que puedes hacer es ir a artes musicales, ya estarías dentro y al año que viene te podrías cambiar- las palabras del conserje-. 
Pues nada, acepté ese trato con el diablo y me metí a bachiller musical, pensando que me cambiaría, que podía pasar un año más malgastando mi talento, que lo haría con la esperanza de cambiarme al año siguiente. 

El primer día no conocía a nadie, pero en seguida hice amistades ya que soy muy abierta.
Pasaron los días y mientras yo estaba dando palmas para marcar el compás, otros estaban en la clase de al lado con sus caballetes y sus pinceles, haciendo dibujos a los que yo les daría mil vueltas, y yo ahí, con las palmas, con la flauta, empezaba a deprimirme.

Y le conocí. 

Él era moreno, con muchísimo pelo, llevaba unas gafillas, sus ojos eran preciosos, verdes, con muchas pestañas, algunos días iba afeitado, otros llevaba perilla, otros llevaba una barba inmensa, era como yo de alto, y muy ancho (que no gordo) su sonrisa era encantadora, sus dientes blancos, y su risa la mejor melodía que escuché en todo el curso musical.

No sé como fue, quién dio el primer paso, qué fue lo primero que me dijo o que le dije... seguramente lo primero que nos dijimos sería ''¿llevas un piti?'' Je, je. Tuvimos una química increíble desde el primer día, de repente me ví bajando al patio entre clase y clase para encontrarme con él, con su cara buscando la mía ''¿qué tal el examen?'' ''Tío, qué frío hace'' y de ahí pasábamos a conversaciones que fluían como el agua de un río, risas, miradas de complicidad, y más risas...

En los recreos siempre me sentaba a su lado, o él se sentaba al mío, y hablábamos como si el resto de la gente no estuviera y solo fuéramos nosotros dos, a veces le miraba cuando él no me estaba mirando, y pensaba en lo guapo que me estaba empezando a parecer, en qué nariz más bonita, qué perfil tan bien hecho, me estaba empezando a gustar. 

Cuando tocaba el timbre de la última clase nos íbamos por el mismo camino él y yo junto a cuatro amigos más, pero nosotros dos siempre nos quedábamos unos metros atrás, andando más despacio para disfrutar de nuestra compañía, sobre todo los viernes, ya que estaría todo el fin de semana sin verlo, y hablábamos de nuestras cosas, me escuchaba, y le gustaba escucharme, me sonreía, soltaba carcajadas a mis chistes... era tan perfecto. Nunca un chico me había tratado así a no ser que fueran amigos de la infancia como dos que yo me sé, otros chicos que había conocido no me escuchaban de esa manera, no me miraban de esa manera, simplemente me veían como a una chica rubia risueña en su mundo. Pero él era diferente. 
Él quiso conocer mi mundo.

En la escuela de arte había un chico que se metía mucho conmigo, disfrutaba humillándome. Un día estábamos en el recreo, como siempre yo estaba sentada al lado de este chico especial, en esta historia le llamaré Pedro, cuando llegó el chico que se solía meter conmigo, y se me ocurrió decirle ''hola'' con una sonrisa, él me miró mal y por encima del hombro. Me sentí avergonzada y pensé que estaría pensando Pedro, ''vaya pringada'' o algo así, cuando de repente me miró y me dijo - él te puede mirar mal, pero yo te puedo mirar por encima de las gafas - y sonrió, yo me reí, y me olvidé de el otro chico, mientras veía a Pedro mirándome con sus ojos verdes por encima de sus gafillas, me sentí super arropada. 

Recuerdo el primer abrazo que le di, después de hacer un examen que me salió bien gracias a que él me pasó las preguntas. Cada día me gustaba más y me preguntaba si él sentía lo mismo. Aunque también tenía dudas, pensaba que era un amigo demasiado valioso para estropearlo con los enredos del amor. 

Un día nos fuimos a tomar unas cervezas porque no teníamos clase, él, otro amigo, y yo, y hablamos los tres entre risas, se me rompió un vaso... 
- ¿Qué vas a hacer este finde? - me preguntó Pedro
- Pues voy a salir por ahí con mis amigos ¿y tú?
- Lo mismo- me contestó, y me decidí...
- Podríamos quedar y nos vemos...-
Y lo hicimos, quedamos el sábado por la noche.

 Eran las diez y media y empecé a arreglarme, me puse unos vaqueros ajustados y una camiseta de manga corta azul con una cremallera en la espalda que se abría y dejaba ésta al descubierto sin llegar al cierre del sujetador, me rice el pelo y me hice un recogido, y me pinte los ojos con sombra azul. La verdad es que me veía bastante guapa. Me puse la bufanda y el abrigo y me bajé a la calle, había quedado con mis dos mejores amigas, Andrea y Paula.

Nada más verlas les conté que había quedado con Pedro, que él me había dicho que estarían sobre las once y media doce en el piso de un amigo, bebiendo, y me había propuesto que fuera allí con mis amigas.
- Ja, ja. Qué corte ¿No? - dijo Andrea
- No les conocemos de nada - dijo Paula con una tímida sonrisa. Pero ellas sabían lo ilusionada que yo estaba con Pedro, y al ver mi cara, aceptaron. Así que allí nos dirigimos.
Cuando llegamos fue una situación super rara, estaba Pedro sentado en un sillón, y tres amigos suyos de los cuales ni recuerdo su cara, sentados en sillas, y un sofá de tres plazas vacío, como si estuviera reservado para nosotras. Pedro iba totalmente afeitado y no llevaba gafas, estaba muy guapo, de hecho se lo dije, y el me dijo lo mismo, que yo estaba muy guapa. Llevaba un jersey de rayas gruesas de colores y unos vaqueros. 

En primer lugar tuve que presentar mis amigas a Pedro para que Pedro pudiera presentarnos sus amigos a todas, era una situación muy cómica.
Mis dos amigas y yo nos sentamos en el sofá y empezamos a hablar entre nosotras recalcando historias graciosas para romper el hielo, riéndonos a gritos, liándonos cigarros. y bebiendo litronas de cerveza a morro. Yo intentaba entablar conversación con los otros chicos, aunque sinceramente, no me acuerdo de nada de lo que les decía.
Estaba sentada en el extremo del sofá, y Pedro en un sillón algo alejado de mi, así que sin levantarme del sitio, cogí su sillón de un brazo y tiré de él hacia mi para que se acercara, el sonrió.
- ¡Ven a mi vera! - le dije con mirada cómplice.
Le cogí de la mano (algo que suelo hacer muchas veces con los chicos que me gustan) con mis dos manos y mientras se la acariciaba empecé a hablar con él. Era muy gracioso me sentía como en una primera cita, y como si los demás no estuvieran, parecía como si nos acabaran de presentar esa misma noche y hubiera habido un flechazo, como si todas las mañanas en la escuela no hubieran existido. Los dos estábamos cortados y tímidos, a la vez que juguetones, no parábamos de sonreír, era genial. Sentía mariposas en el estómago. 

Después de unas horas en el piso que para mi fueron como cinco minutos, bajamos a la calle, y quedamos con todos mis amigos, se los presenté a Pedro, a la vez que los amigos de Pedro se fueron a sus casas, supongo que aburridos, mis amigas no les dieron bola, je, je.
Pasamos por un bar de unas rusas que venden cerveza super fuerte y muy barata, pasé con mi amiga Paula y me pedí una, entonces miré hacia una mesa y vi a una vieja amiga mía, Lorena, estaba con mucha gente, y fui a saludarla, le di un abrazo y dos besos ( ya iba un poco achispada) le pregunté que tal todo, y bueno, todo eso que se suele decir a gente que no ves hace tiempo, y después me salí fuera.
-Tía, ¿has visto a Carlos?- me dijo Paula
-¿Cómo?¿Estaba Carlos?- Carlos era mi ex, lo habíamos dejado hace unos tres meses, la cosa no había acabado demasiado bien.
- Si tía, estaba sentado al lado de Lorena y ni le has mirado, ja, ja, ja. Menuda cara ha puesto. Pues no, ni lo vi, supongo que estaba demasiado en una nube y demasiado feliz como para fijarme en él.

Total que fuimos al bar donde siempre vamos, y ahí estábamos, todos mis amigos, Pedro y yo. 
Pedro y yo. 
Fuimos los dos a la barra y me invitó a un cubata de Barceló con coca-cola, supongo que ya os imagináis que iba borrachilla. 
Pedro se fue al baño, y aproveché que no estaba para contarle a mi mejor amigo Rober.
- Ay, Rober... te tengo que contar.... Madrrrrruemia.... Pedrrrruo... Esssss coooOoooMo mi almaaa gemelaaa, he encontruado a mi alma gemela Ruuuoobeeer.- decía mientras le abrazaba - Es geeeeniiiallll lo quieeeeruoooo me estoy enamoruaaandooo.- todo esto lo tuve que decir gritando ya que el bar tenía música como cualquier bar sábado noche.
A los dos minutos Pedro salió del baño, me sonrió y nos pusimos a hablar. No paraba de sonreír y de reírse.
- ¿De que te ríes tanto? - le pregunté sonriendo
- Desde el baño se oye todo- me contestó.
- ¿Has oído todo lo que le he dicho a Rober? - pregunté con cara de asombro - Je, je... Bueno... ¿TODO?-
Él se empezó a reír, y brindamos, empezamos a hablar de lo que sentíamos, yo le dije que si no fuera por el no iría a la escuela con el mismo ánimo, que era el motivo de mi sonrisa en la escuela por las mañanas, que me alegraba los días, el me dijo que sentía lo mismo, conforme íbamos hablando nos íbamos acercando, había como un magnetismo.
- Es que tengo miedo de que si nos enrollamos cambie nuestra relación- le dije
- No va a cambiar en absoluto- Y nos besamos.

Mientras me estaba besando con él no podía pensar en nada, solamente sentía como si fuéramos dos imanes opuestos unidos por un magnetismo sobrenatural. 

Su beso fue como un dulce de leche, suave y lentamente, no podía creer lo que estaba sintiendo, me refiero a que siempre acababa con chicos que no me llenaban, simplemente lo hacía para saciar mi lujuria, o para sentirme deseada, pero con Pedro... era distinto, me gustaba de verdad.

No sé cuanto rato estuvimos besándonos, para mi fue bastante corto, aunque en el fondo sé que estuvimos un buen rato. Después fuimos a otro bar y si no recuerdo mal por el camino íbamos cogidos de la mano, nos parábamos en cada esquina, en cada farola, en cada portal, y nos besábamos, era perfecto. 

Empecé a sentirme muy excitada cuando llegamos a otro bar con todos mis amigos, pero Pedro y yo nos aislamos en nuestros besos. La respiración y el corazón se me aceleraron, y sentía su respiración acelerada mientras nos besábamos. Entre tanta gente que había y la oscuridad del bar, me agarró de la cintura con fuerza y me subió a una pequeña plataforma donde me quedé sentada, juntó su cuerpo contra el mío y pude sentir su miembro duro contra mi (con la ropa de por medio claro). 
No era como con otros chicos, Pedro era tímido y potente a la vez, no me susurraba groserías al oído como otros chicos, solo oía su respiración y algún leve gemido mezclado con los míos. Me agarraba por todas partes y me transmitía todo lo que yo le excitaba. Me metía la mano por dentro del pantalón, me cogía del tanga, y tiraba de él hacia arriba, eso me encantaba, no se por qué.
Entonces, en un momento de lucidez entre mi borrachera y mi excitación... lo recordé... estaba con la regla.

Separé suavemente a Pedro de mi... le miré, me miró, él estaba a mil, y yo también. No sabía como decírselo.
- Pedro...- dije con un hilo de voz - estoy con la regla - y me salió esa sonrisa nerviosa que sale cuando dices algo que te avergüenza decir, no porque me de vergüenza tener la regla, sino porque no era el momento más oportuno para decirlo, ni para tenerla. Pedro se limitó a sonreír, una sonrisa de esas en plan ''menuda faena'' y sonríes porque no te queda más remedio. Y me volvió a besar.
-Vámonos- le dije, no quería que todos mis amigos siguieran viendo como me ponía a cien con Pedro, quería intimidad.

Nos fuimos del bar cogidos de la mano y me acompañó a mi casa, nos empezamos a besar en mi portal y pasamos dentro (al portal, no a mi casa), nos sentamos en las escaleras y nos empezamos a besar con más fuerza, supongo que sería el hecho de saber que no íbamos a llegar a más, yo no recuerdo haber estado más a cien en mi vida. Me tumbó de una forma muy rara sobre las escaleras (al día siguiente me dolía la espalda) y se tumbó sobre mi, empujando su cuerpo contra el mío. Me lamió los pechos y me mordisqueó los pezones... me besaba y lamía por todas partes excepto por la zona más excitada de mi cuerpo...
Después de un rato así nos levantamos para despedirnos, me cogió en brazos y yo puse las piernas rodeando su cintura, me empujó suavemente contra la pared y bueno... ya os podéis imaginar, no llegamos a hacer nada, pero fue una de las noches mas excitantes de mi vida.

 

Cuando por fin subí a mi casa eran sobre las seis y media de la mañana, me tumbé en la cama y aún estaba a cien, y un poco borracha. Estar con la regla me había impedido llegar a más con Pedro, pero luego pensé que así era mucho mejor, porque cuando lo haces con un chico en la primera vez que os enrolláis, el interés se pierde más rápido de lo normal, o eso, o lo único que tendrás en esa relación será sexo. No digo que pase siempre, pero es lo más normal.

La habitación me daba vueltas y la boca me sabía a los besos de Pedro y a alcohol, era entre asqueroso y genial.
Miré hacia la mesita de noche y vi mi móvil... Le mandé un mensaje a Pedro.
''Tenemos que repetirlo, hemos hecho bien quedando, espero que te lo hayas pasado tan bien conmigo como yo contigo, un beso''
a lo que él me contestó:
''La verdad es que me lo he pasado genial, me ha encantado estar contigo''
Me di media vuelta mientras sonreía en la cama, y me puse de lado a la vez que dejaba colgar el brazo donde tenía el móvil por el borde de la cama, cayendo éste al suelo. Y me dormí al instante.

A la mañana siguiente me desperté con resaca, al incorporarme en la cama, vinieron a mi cabeza algunas escenas de la noche anterior, supongo que no todas ya que el alcohol hace sus efectos, pero si las más importantes. Solo de recordar sentía como me excitaba. Me levanté y fui al baño a asearme, desayuné, y mientras desayunaba empecé a tener un montón de planteamientos en mi cabeza.
''¿Qué cara le pongo el lunes en la escuela a Pedro?''
''Espero no enamorarme, no quiero sufrir''
''Deberíamos haber sido solo amigos...''
''¿Hago buena pareja con él?''

Tras pasar el domingo, llegó el lunes, las tres primeras clases, y el recreo, y allí estaba Pedro, con todos los demás con los que nos juntábamos en los recreos, me paré un instante para pensar en que iba a decirle, o como iba a mirarle, pero no llegué a ninguna conclusión, así que eché a andar pensando ''que sea lo que Dios quiera''
Me miró, sonrió.
Le miré, sonreí.
Y hablamos como siempre, no nos besamos en toda la mañana. La semana transcurrió con normalidad. 
Hablábamos por tuenti de lo que no nos atrevíamos a hablar a la cara. Hablábamos de sexo.

Yo: ¿Con cuántas tías lo has hecho?
Pedro: Solo con dos, y ni siquiera llegué al orgasmo, pero ellas si.
Yo: Ja, ja, ja. No sé si creerte, normalmente es al revés. Y ¿Cómo es que no llegabas? ¿Cuál es tu problema?
Pedro: Si no llegaron fingieron muy bien. Digamos que nunca lo he hecho con una chica que me guste de verdad. ¿Con cuántos lo has hecho tu?
<<Esa era la pregunta del millón, ni siquiera los había contado, con mi ex lo hice como mas de cien veces, y con otros chicos de una noche esporádicamente...>>
Yo: Pues la verdad es que tengo algo de experiencia, pero también me cuesta mucho llegar al orgasmo, como a todas las mujeres supongo. Solo lo he conseguido con mi ex.
<<También hablábamos de lo que sentíamos>>
Pedro: tú eres la primera chica que me gusta de verdad.
Yo: ¿en serio? no te creo.
Pedro: en serio.
Yo: ¿me quieres, Pedro?
Pedro: sabes que si.
Yo: Ji, ji, ji. Yo también te quiero. Hacía tiempo que no sentía algo así, sin ti no sé como sobreviviría en la escuela.

Era genial, hablando por el tuenti sentía que si lo tuviera delante, le abrazaría, le besaría... Pero luego en la escuela delante de todo el mundo no hacíamos nada.
Pedro me contó que nunca había tenido novia, que nunca se había enamorado. Me decía que yo era guapísima, pero no le gustaba por eso, si no por mi personalidad, me dijo que le encantaba mi naturalidad, mi sentido del humor, que no era creída a pesar de ser tan guapa. 
''¿en serio? ¿tan guapa me ves? Yo me veo del montón e incluso a veces fea.''
''Eres tonta no digas eso, no vuelvas a decirlo''- me decía.
También me decía que no se creía que un chico como él le gustase a una chica como yo. Yo siempre se lo decía, que me gustaba, que me encantaba... Pero él era un poco inseguro.

Y llegó el sábado. 
Salí de fiesta con mis amigos y volví a quedar con él. Nos besábamos e íbamos cogidos de la mano, y cuando íbamos borrachos empezábamos a decirnos cosas preciosas el uno al otro, era absurdamente genial.

Llegamos a una discoteca y me presentó a una amiga suya, a dos amigos, me paseaba por ahí, nos besábamos, nos poníamos a cien.

Por fin nos fuimos, me acompañó a mi casa, y nos besamos un rato en mi portal, después empezamos a hablar...
-Eres perfecta- me dijo
- Bah, no me digas eso - contesté sonriendo
- Es verdad ¿tú sabes por qué te presento a la gente? Para presumir de ti.- fue muy bonito que me dijera eso, pero a la vez me sentí un poco agobiada.
- ¿Qué dices Pedro? No es para tanto, no digas esas cosas.
- ¿Por qué no las voy a decir si las pienso?
- Porque me agobio, y no quiero agobiarme, no quiero que eso me pase contigo, no quiero hacerte daño.
- No te entiendo-
- Es que me gustas, pero no quiero que el segundo día que nos liamos ya me digas que soy perfecta, que presumes de mi, como si te estuvieras enamorando, quiero ir más despacio... Si vas tan rápido me voy a agobiar, y Dios sabe que no quiero que eso pase- la cara que puso Pedro me rompió el corazón, quizá había hablado sin pensar...
- Está bien, intentaré no agobiarte-

 

La verdad es que después de que Pedro me dijera aquellas cosas tan bonitas, desgraciadamente en mi cabeza todo empezó a cambiar... Desgraciadamente.
No sabría cómo explicarlo aunque seguro que muchas mujeres lo entenderán, pero cuando vi como abría su corazón y que lo que había en él eran sentimientos preciosos hacia mi, digamos que me sentí acorralada, y responsable de poderle hacer un daño enorme en un futuro cercano. Además de eso, sentí como un jarro de agua fría al oír esas palabras, porque significaba que ya no las iría descubriendo poco a poco, Pedro me había desvelado en un segundo lo que es maravilloso ir averiguando por una misma... y se me había roto un poco el encanto de lo inesperado.
No puedo culpar a Pedro de decir lo que sentía, es más, yo también sentía cosas increíbles por él, la única diferencia es que no las desvelé, y a veces me arrepiento... Pero así pasaron las cosas, y poco a poco todo empezó a ir cuesta abajo y sin frenos.


Después de ese fin de semana de declaraciones de Pedro, la escuela siguió su curso, pero algo había cambiado. Ya no me hacía tanta ilusión ir al patio para ver a Pedro, ni encontrármelo por los pasillos. Él seguía igual que siempre, me sonreía, me seguía a todas partes, me hablaba...
Con el paso de esa semana, me di cuenta de que yo (inexplicablemente) causaba ''sensación'' por así decirlo entre los chicos de la escuela, y lo repito, me considero una chica del montón. Hasta entonces estaba tan ensimismada en Pedro que no me había percatado de que muchos chicos me reían las gracias, me miraban, me agregaban al tuenti, me proponían quedar, me gastaban bromas cómplices, etc
Esa semana con Pedro, fue como si ya no me gustase, me hablaba por el tuenti y yo apenas le contestaba con monosílabos, mientras que otros chicos de la escuela me hacían tener conversaciones interminables. 
Y así hasta que llegó el fin de semana, y como siempre, salí con mis amigos y amigas de fiesta, haciendo caso omiso de las propuestas de vernos que me hacía Pedro por el tuenti. La verdad es que me estaba empezando a portar bastante mal. 
Pero en ese momento me daba igual, ya estaba cansada de quedar los fines de semana con Pedro, y que se viniera con mi grupo de amigos y sentirme comprometida a estar con él. Me apetecía estar únicamente con mis amigos y pasarlo bien.


Y así fue, así fue hasta que Pedro apareció, solo y borracho, en el bar en el que sabía que yo iba a estar.
Yo estaba bailando con mis amigos y mi cara al verlo ahí tuvo que ser un cuadro. Vino hacia mi, me cogió, y me besó con fuerza. Y ya no se despegó de mi en toda la noche. El hecho de que Pedro estuviese super borracho y super salido, no solo me hacía estar de besos y tocamientos todo el tiempo, sino que también tenía que hacer un poco de ''madre'' y tener cuidado de que no se cayera de bruces al suelo con la borrachera que llevaba. Mi plan de pasarlo bien con mis amigos se esfumó. Recuerdo que entramos a una discoteca, Pedro se cayó por las escaleras, y claro, como iba cogido de mi brazo, yo me caí con el, y sentí mucha vergüenza...
También discutió con unos conocidos míos, y casi le pegan. Vamos, que dio un buen espectáculo esa noche, hasta que decidí que lo mejor era que nos fuéramos a dormir...


Íbamos de camino a mi casa ya que siempre me acompañaba a pesar de que vivía lejos, la verdad es que empezaba a sentir que estaba un poco obsesionado conmigo, y me agobié mucho.
-Pedro, creo que tengo que decirte una cosa- le dije -esta noche me apetecía estar con mis amigos y me podías haber avisado antes de presentarte en el bar como si nada, además has liado una...-
- Perdona, es que voy muy borracho-
-Ya lo veo, no hace falta que lo jures...- 
Seguimos andando en silencio, haciendo eses... y entonces le dije
- Creo que deberíamos dejar esto y ser solo amigos- 
-Qué voy borracho, ya no lo vuelvo a hacer más-
- Si ya no es eso, es que me estoy agobiando prefiero que seamos solo amigos antes de que se estropee más la relación- 
Estuvimos poco rato más discutiendo sobre su comportamiento esa noche, y sobre mi agobio, hasta que se dio media vuelta y se fue. Vi como se alejaba y le daba patadas y puñetazos a todo lo que veía...

Después de ese día, cuando le dije a Pedro que fuéramos solo amigos, nuestra relación se enfrió, más por mi parte que por la suya, yo sé que si por él fuera, hubiera seguido conmigo igual que siempre, pero yo ya estaba cansada de él. No sé por qué me pasaba esto, pero lo veía tan bueno, que me daba hasta vergüenza ajena ver como le ofrecía cigarros a la gente así porque si, a todos les decía -¿quieres un piti?- cuando ahí la gente se mata por un cigarro y yo pensaba ''es demasiado bueno, tanto que es tonto'' sus bromas ya no me hacían gracia sino que me parecían estúpidas.
Los caminos de vuelta a casa ya no eran Pedro y yo varios metros atrás de los otros dos chicos, llamados Julián y Daniel, ahora empezaba a relacionarme más con ellos dos, especialmente con Julián.


Me di cuenta de que Julián me caía super bien, me reía mucho con él y no parábamos de hablar, de repente, Julián había ocupado el puesto de Pedro, lo buscaba en los recreos, en las vueltas a casa me quedaba con el muchos metros atrás... Pero con Julián era distinto, con él no fue algo tan especial, simplemente hubo complicidad pero no sentía que me gustaba ni le miraba con los mismos ojos que en su día miré a Pedro. 


Todo transcurría así durante días, cuando me conectaba en el tuenti, Pedro siempre me hablaba y yo pensaba ''qué pesado'' siempre intentaba ser simpático conmigo me preguntaba todo el rato que qué hacía, que si iba a salir esa noche, que qué tal los exámenes, y yo le contestaba con ''si'' ''no'' ''bien'' ''nada'' la verdad es que no se por qué fui tan imbécil de no darme cuenta de que tenía a mis pies a un chico maravilloso que solo tenía ojos para mi...


Otra noche más, salía con mis amigos, fuimos a los bares de siempre a la zona de siempre y en fin... lo de siempre, cuando de repente, me lo encontré... Pedro... ahí estaba, con sus amigos... Tan bueno... tan inocente... tan noble... Con su pelo negro, con su barba espesa... con sus gafillas...
Y yo sentía que mi vida sin él no era la misma... Me acerqué a él, y le saludé dándole dos besos en las mejillas claro.
-Pedro... ¡Cómo te gusta la fiesta!- sonreí
-Lo mismo que a ti- me dijo sonriendo y soltando una leve carcajada
-¿A dónde vas ahora?- le pregunté
-Pues no sé-
Pero si lo sabía, porque se vino conmigo y con mis amigos, y nos besamos toda la noche... 


Así fue durante varios meses, en la escuela todo era normal, amigos, pero cuando me lo encontraba por las noches de fiesta (y siempre me lo encontraba), siempre acabábamos igual, besándonos en todos los lugares de la ciudad... Yo ya no sabía qué era lo que sentía, por qué no me decidía a tener una relación seria, ¿Por qué? Tal vez me asustara agobiarme, tal vez me asustara hacerle daño, tal vez me asustara romper la preciosa relación que teníamos, o quizás tuviera miedo al compromiso. Era la primera vez en mi vida que me sentía tan valorada por un chico, que sentía que de verdad le gustaba solo yo, que daba igual que hubiera chicas más guapas, para él era yo. Era perfecto.

Mientras escribo esto siento una impotencia terrible mezclada con nostalgia y ganas de llorar... porque ahora... todo es tan distinto...

 

 

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  • Gracias Diana :)
    Es bello. Me ha gustado mucho leerlo
    Igualmente gracias por leer José, no conozco ''Historias del Kronen'' así que busqué información, y me siento algo alagada, no puedo evitarlo. Es la primera vez que publico un relato en mi vida.
    Gracias por leer Fernando Edmundo, la verdad es que este relato está escrito en muchos días, lo primero que escribí supongo que tiene más fuerzas porque es lo que recuerdo con más cariño, cuando Pedro y yo nos conocimos (los principios) y luego la cosa empezó a decaer... Tenía este relato por ahí guardado y quise publicarlo es la primera vez que lo hago, suelo escribir mucho. Me ha hecho mucha ilusión tu comentario!! :D me anima a seguir publicando. Muchas gracias!!!
    Empezó súper bien, pero como que hacia la mitad empieza a perder algo de fuerza. Pero tiene poder de persuasión y agilidad. Igual estuve enganchado hasta el final. Te seguiré leyendo. Saludos.
  • ...

    A veces cierro los ojos y me pregunto si no he dejado escapar más cosas de las que puedo recordar. La respuesta es clara y la misma para todo ser humano.

    ...

    Después de escribir y leer esto lo puedo asemejar con la vida misma, y lo curiosos y fascinante es que al igual que la vida, te toca por sorteo, no sabemos por qué estamos aquí, pero estamos. Cualquiera podría decir que hay que ser valiente para enfrentarse a la vida, que es un tramo de subidas bajadas, y muchas puertas que pueden abrirse o cerrarse. Y encontramos en el camino personas que nos completan y a las que amamos, con las que guardamos recuerdos a veces retratados en imágenes, otras efímeros como pensamientos en nuestro cerebro. Y vemos desde que llegamos a este mundo, a personas que están a punto de salir de él, que parecen cansadas, sea como sea, al final del camino uno siempre esta agotado.

    Silencio... Es lo único que me ofreces.

    ...

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