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7 min
El Ensayo
Humor |
20.08.16
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Sinopsis

...las neuronas me dicen que no haga caso y que siga con mi experimento hasta que logre algo o todo se vaya a la mierda y renuncie porque me dé cuenta que fue una idea estúpida ¡otra más!

En este momento voy a hacer un ensayo. Cambiaré mi forma de escribir y haré lo que hace un gran número de nóveles autores y otros “escribistas” que tienen como fórmula comunicativa el teclado de sus respectivos celulares o celularotes que son unos pinches aparatos que ya no caben en el bolsillo del trasero. Esta nueva forma de comunicación incluye no prestar la más mínima atención a muchas de las formas correctas de la escritura que hemos aprendido en los colegios de pago y en aquellos gratuitos que tienen profesores que viven en huelga y alumnos que se la pasan jodiendo en la calle y tragando y fumando y chupando y hasta jalando cuanta mierda aparece en las junglas de cemento y se vende en las esquinas donde impera la no ley. Es raro escribir así de corrido y me cuesta hacerme el desentendido con las pausas y mi maldito hábito de la corrección ortográfica que me zapatea en el cerebro diciéndome que me desista de una idea tan pendeja como la de escribir de una forma inconsecuente con mi estilo y mi forma de expresarme, algo que parece muy lógico pero que sin embargo, en algún rincón de mi mente, las neuronas me dicen que no haga caso y que siga con mi experimento hasta que logre algo o todo se vaya a la mierda y renuncie porque me dé cuenta que fue una idea estúpida ¡otra más! de esas que no sirven para un carajo y que no conducen sino a ninguna parte, como cuando desde la colina miré hacia abajo y vi que la calle se perdía en un caracoleo cabrón y sin embargo no lo pensé dos veces y solté los frenos de mi bicicleta y me lancé cuesta abajo y me saqué la mierda y media y me quedé sin bicicleta y con varios huesos rotos y además, me castigaron por meses (¡por pendejo!, según la versión de mi padre). Lo bueno fue que mi progenitora, mi defensora, mi amiga y compañera inseparable, me convenció que para ser idiota se necesitan ciertas cualidades que sirvan para no matarse. Claro que con este comentario he perdido el hilo de mi escritura sin pausas y ahora tendré que recurrir a algún mecanismo para seguir el trote como decir por ejemplo que esta idea ya me está pareciendo requete pendeja y que no le veo el sentido a la insistencia de mi lado artístico (¡já!) en continuar escribiendo como si el mundo se fuera a acabar en los próximos minutos o el planeta fuera a colapsar en contra de algún cometa asesino de esos que la Nasa insiste que los tiene a todos muy vigiladitos y que cuenta con la tecnología para hacerlos reventar si se aproximan demasiado a la Tierra como a unos 400 mil kilómetros que es bastante más de lo que el padre de Filomena me puso como barrera de contención para poder acercarme a esa loca que nadie en su familia conoce ni de broma y que todos ellos creen que se trata de una niña dulce, inocente y frágil ¿¡frágil!? ¿como un bloque de concreto con piernas? ¿como un robocop con pantys? ¡Qué triste es la vida de los ciegos videntes que no huelen el olor a mierda aunque la tengan enfrente de sus narices! porque la muy ladina le vino con el cuento que yo quise violarla, que la arrinconé, que la convencí con mentiras, que me la llevé a la fuerza ¡¡hija de su re fea madre y del panzón de su padre!! Si me la pasé arrancando de la tonta esa que nunca me ha gustado (bueno, un poco) y que lo único bueno que tiene son sus nalgas (¿porqué será que me gustan tanto las malditas nalgas?) y lo único que verdaderamente hice fue topármela en la calle un día, decirle hola y darle una chupada de mi porro…claro que la demente se rayó con la piteada y se puso media rara y con risitas pendejas y los ojos chistosos y luego se empezó a cagar de la risa y yo como tarado me reí a los gritos con ella y luego, casi sin darme cuenta ya estábamos metidos en el garaje de su casa donde nos fumamos el resto del pito y quedamos requete locos…uy, no sabía ni cómo me llamaba y de la risa nos fuimos a los abrazos y de los abrazos a las caricias y de las caricias al manoseo y del manoseo a los chupones y de los chupones a los lamidos…¡huácalas, compadre! la muy loca gemía más que una vaca lechera llamando a su ternero y de pronto se escucharon unos gritos y alguien golpeaba la puerta y en la ventana aparecieron unas caras contraídas por el asombro y la rabia  y todo se volvió una maldita locura y a duras penas logré arrancar por la puerta que daba al interior de la casa y de ahí salté al patio de atrás y de ahí pegué el brinco (anda tú a saber cómo mierda lo hice) y salté el muro para caer en el patio vecino y de ahí agarrar la calle y correr y correr y correr hasta quedar exhausto metido en unos matorrales del parque a dos cuadras de mi casa. Después llegó el viejo panzón a hablar con mi papá y dijo un montón de mentiras y cualquier cantidad de falsedades de su hija “la pura y casta” y también le dijo que la iba a llevar a la clínica para que la revisaran a ver si había habido penetración y hubiese perdido la virginidad ¿¡¡virginidad!!? pero ¡qué viejo más lelo! ¡pobrecito! me dio hasta pena lo inocente del padre de la reputísima Filomena que de virgen tendría lo que Madona tenía a los 15. Esa noche, mi taita me llamó al orden  y nos encerramos en mi pieza para una conversación de hombre a hombre. Mi mamá estaba furiosa, decía que mi viejo no se estaba tomando en serio lo de la Filomena porque desde el living se escuchaba el cagadero de risa que teníamos cuando le conté de los detalles en el garaje. Mi viejo, le dio una última piteada antes de pasarme el porro y en voz baja me dijo conteniendo la risa a duras penas: Cabrón, apaga esa mierda, abre la ventana y tira un poco de esa cagada de aerosol ambiental, mira que tu mamá seguro que nos oyó y debe estar furiosa. Ya sabes ¿no? las mujeres siempre protegen a las de su clase…¡Jajajajaja!

 

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  • ...Finalmente, se hizo cierto aquel sueño con Eloísa junto al río cuando, recostados de igual forma, ella giró su rostro para besarlo, y sin embargo, había sido la boca de Francisco la que se abrió para entregarle una caricia urgente y apasionada. Esta vez, era el Francisco de carne y hueso...

    ...Sentía el calor emanando del cuerpo de Javier y colmándolo por completo de gozo. Sentía la caricia de su mirada, el vigor que lo invadía cuando sus ojos se llenaban de su figura, su cuello, su espalda y todo Javier moviéndose al ritmo de su cabalgar.

    A pesar de su corta edad, Javier, no dimensionaba nada homosexual en sus gustos y deseos. Para él, lo de Francisco era como una cosa propia de cualquiera de las experiencias que ocurrían en muchos de los animales que aparecían en los artículos científicos de las revistas de su papá. Le molestaba que la gente hablara de “homosexualismo” en referencia a las prácticas de tantos animales con otros miembros de su mismo sexo. Desde que se enteró que el sexo entre iguales en algunas especies es una forma de sostener el equilibrio social del grupo, sintió que sus sensaciones respecto de Francisco respondían a una emoción absolutamente normal y que naturalmente todo se resolvería más adelante una vez que a él le llegara lo que las revistas describían como la “madurez sexual”.

    ...Cuando Eloísa giró su rostro para mirarlo, tenía el rostro de Francisco, y cuando ella abrió su boca de labios sensuales para besarlo, tenía los labios de Francisco. Fue un beso largo, ardiente y desenfrenado. Su pelvis se agitaba con el ritmo de un frenesí arrebatador.

    "El rencor es como beberse un veneno y esperar que la otra persona muera" Carrie Fisher

    Mi imaginación vuela y desde las alturas, muy cerca de las nubes, veo el espectáculo increíble del suelo con sus calles, sus casas, los árboles, la serpenteante agua del río, los coches y las gentes como pequeños insectos moviéndose en todas direcciones. Soy un pájaro

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    Reírte hasta las lágrimas, te puede ayudar a conseguir una pizca de felicidad, pero también te puede conducir directamente al infierno

    ...Las nuevas hipótesis acerca de las razas alienígenas apuntan a que los seres y ovnis que pululan subrepticiamente a través del Cosmos, no son otros que nosotros mismos venidos desde un futuro, 45.000 años adelante.

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Sobre mí, no sé qué pensar. Tengo más dudas que certezas, aunque no tomarme demasiado en serio es mi certidumbre favorita

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