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12 min
El error de las mansas o...De las pagafantas
Humor |
18.09.13
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Sinopsis

Un relato escrito durante la tarde de hoy, día 18 de septiembre de 2013. Surgió del tirón y ante una idea previa. Espero arrancaros una sonrisa. Con ese fin fue escrito.

El error de las mansas o…de las Pagafantas.

Aunque lo desapruebe, a estas alturas de mi vida estoy comprendiendo los procederes canallescos de algunas féminas o del género humano en general. Una se explica, hasta cierto punto, que todas y todos añoramos ser aceptados y queridos. ¿No es entonces una contradicción que cada vez veamos a más sujetos ir por el mundo con aires de frivolidad?  Ahora me doy cuenta que la chulería, el recochineo y las actitudes déspotas atraen mucho más que la bondad; el estar siempre disponibles y poniendo la otra mejilla. Ya digo, una lo entiende y que éstas condiciones horribles las quieran recuperar cada vez más mujeres. Si, en especial las mujeres. Es la conveniencia de la hipocresía. Me explicaré.

Yo he sido y soy una de esas féminas que siempre da explicaciones de todo, de lo que es y de lo que hace y deja de hacer. Además sin echar mano de la mentira. Ni tan siquiera de la exageración. Muchas veces sin que se las pidan, las explicaciones vuelan. Para ser sincera, casi siempre.

“Así me entenderán mejor”, me justifico. Cuándo recibo un mensaje, lo respondo con entusiasmo y al vuelo. Este dónde esté, o haga lo que haga, aunque me encuentre en plena meditación, ante un notario o en un funeral, corro a responder. Lo dejo todo. Doy el triple de información por la recibida, con un ansia que me puede. Una cree que lo sabe todo, que domina el campo emocional. Que los acercamientos a los otros deben ser con entrega y sinceridad. Con el corazón asomando por la blusa, volcado a los cuatro vientos. Ah. ¡Craso error! Lerda y ceporra, hago uso continuado de la buena educación, de voltear la otra mejilla e ir por la vida abierta como una biblioteca entera. Soy así y hoy lo siento más que nunca.

Mi madre me lo decía hace muchísimos años. Cuando todavía era demasiado pequeña para entender a las verdades de la vida, porque éstas aun estaban por tomarme delantera.

“En un futuro con los hombres, espera siempre a que den el primer paso, hija. Ni los mires, no los saludes cuando se giran a hacer lo propio. Hazte la dura. Si uno te mira, baila con otro toda la noche. Date tu puesto y hazte la sueca. Te tienen que ir detrás. Nunca tú. Ya verás que no se te despegan. Que te lo digo yo, tu madre que ha vivido y ha visto mucho”.

Lo que no encajaba con exactitud, es que no la veía yo poner en práctica sus sabidurías al tratar con mi padre. Pero esa es otra historia, para otro momento.

Que aquello me lo dijeran todas, vino más tarde. Pero yo seguía sin estar de acuerdo. Hasta que la realidad me alcanzaba a todas horas como un ladrillo cruel. Podía comprobar que el arte de hacerse la dura se recomendaba en los libritos de autoayuda. Se insistía. Al parecer, era obligado. Se heredaba, se aconsejaba y se precisaba entre las filas femeninas con férrea disciplina y amor a la cosecha.

Llegada a la adolescencia, me lamentaba y lloraba lagrimones de plomo cada vez que un noviete me abandonaba por irse con la otra, que bien vista era más fea, menos inteligente y más vulgar que yo. Esto se sucedía una tras la otra vez. Algo debía haber en mí que les hacía preferir otras féminas menos interesantes. Ahora comprendo, que más discretas y duras de pelar. Yo era vista como “dispensadora de favores”. Lo daba todo. Les hacía los deberes en clase. Les llevaba regalos. En el fondo echaba de menos algo de reciprocidad aunque me acababa por conformar con sus “Mira, te voy a hacer un inmenso favor al poder disfrutar de mi compañía por unos momentos. Como el favor es inmenso, podrás pagarme las fantas de hoy y dejarme diez marcos para los futbolines. Habrás de agradecerme que te hable y que disponga de tú tiempo a voluntad. Habrás que estar callada y estarme muy agradecida. ¡Faltaría más! Ten en cuenta que si te retiro mis grandes favores, estarás sola. Porque nadie querrá estar contigo. Ni en sueños se te ocurra pedirme más.”

Expresados así, aquellos discursillos sonaban a franqueza y yo, insegura como una gallina, me lo creía todo al detalle y a pies juntillos. Los novios que me iba echando, eran cada vez más feos, más canallas, de peores familias y costumbres. Porque, ¿quién iba a querer estar conmigo si todos huían? ¡Ja! Por aquel entonces ni en sueños se me hubiera ocurrido pensar en que quizás todo fuera culpa de demasiada amabilidad por mi parte. De que, a lo mejor no era buena idea airear mi cuenta corriente y darles paso en la segunda cita a mi casa. Dejarles mi coche o prestarles dinero. A lo mejor convenía más esconder mi bondad, mi alma madreteresina y disfrazarla con una piel negruzca. Cual cordera que iba de loba.

La lección la aprendí definitivamente, al tercer novio serio. Un sujeto obeso y pasivo, cuyas únicas respuestas eran siempre un “sip”, al parecer así no se esforzaba demasiado en pensar ni en contestar. No hablaba mucho más. Y me pareció bien. Porque por hablar; yo sí hablaba. Mi agradecimiento por haberle encontrado, hizo que me arrodillara ante todos los dioses habidos y por haber, los del Olimpo y los paganos, los inventados y los que fueran -cuantos más mejor- . Por fin escuché sonar campanas de boda. O al menos lo quiso escuchar mi entusiasmo. Aquel novio era como un osito de peluche sobredimensionado. Aunque necesitaba más de seis brazos de longitud para abrazarle, no me importaba. Tampoco me atañó, una vez entrados en materia, y tras que mi novio de entonces hubiera ganado otros veinte kilitos de peso, encontrarme con un pene del tamaño de una nuez. Sepultado bajo unas bamboleantes lorzas, no sólo era difícil de ver para mí. Pues yacía oculto incluso a los ojos de su propio dueño. Por lo que aquel pito, a efectos reales y prácticos, ya no estaba en el reino de los vivos, o peor que eso, de las vivas. Yo, pese a las dramáticas perspectivas sobre el uso de aquel diminuto aparatejo, colmaba a mi osito con afecto. Por supuesto, mostrándole todos mis encantos y atiborrándole de regalos, atenciones varias e infinitas. Le cocinaba, le levantaba de la cama, le leía y hubo días que hasta le daba de comer con una cucharita.

Todo lo que empieza acaba. Y el osito también me abandonó para no volver. El principio del final empezó cuando los besos diarios que le daba, aumentaron a la bárbara cantidad de unos trescientos por hora. Le limaba las uñas y le cortaba el pelo. Y un día me ofrecí a afeitarlo. Entonces estalló la bomba y pasó del amable “sip” al “Tía, ¿estás majara?” Yo había vuelto a calcular mal. Muy mal.

Ahora, las salchichas Oscar Mayer me recordarán para siempre a un diminuto hermano suyo, que ya nunca regresará.

Me llevó meses, años, superar aquella pérdida. Abandonada de nuevo por aquel a quién me entregué sin fronteras. Dándolo todo.

Ahora, por fin he recordado nuevamente los viejos consejos de mi santa madre. ¡Qué razón tenía! Toda ésta repentina erudición me vino en boca de un pajarraco en cuestión; una mente iluminada que me ha aclarado todos los errores cometidos por mí y tantas otras de miles –qué digo, millones- de féminas ilusas más. Este gran sabio de entre los hombres, me ha explicado que las chicas nos mantenemos demasiado abiertas si amamos. Cuando lo lógico sería comportarnos de forma misteriosa y más distantes que el planeta Marte. En lugar de todo eso, desplegamos el arsenal de emoticonos entero en nuestro móvil; desde la carcajada al corazón y desde éste, al osito que aparece en el whatsapp, junto al emoticono del bebé por si pilla la indirecta. Antes de decirlo él, ya hemos dicho que lo queremos; desesperadas, dispuestas, abiertas de par en par, de piernas y de mente. Dispuestas a chupar banquillo y lo que haga falta. Y es que se trataba  de  todo lo contrario: mantenernos inaccesibles. Guapas y bordes. Si, ser borde es sexy y hace que te los lleves de calle. Todo ello, al parecer, les hace pensar que están ante una “masterpiece”, la pieza maestra, más valiosa que una obra del mismo Prado.  Mi erudito amigo –un santo a venerar, desde luego- me ha explicado la cosa poniendo ejemplos que ya he osado poner en práctica. Veamos el ejemplo de recibir un mensaje al móvil o vía whatsapp. A éstos últimos tardaremos aun más en contestar. No tienen ningún mérito. Son gratuitos y no demuestran nada.

Si un sujeto cortejable te escribe “¿Cómo estás? Debes esperar al menos de veinticuatro a cuarenta y ocho horas en contestarle. Y cuando lo hagas, usa una sola palabra. No más. Limitándote a un “bien”. Ningún emoticono. Ninguna explicación más. ¿Qué el sujeto que te gusta y había quedado contigo tiene muchos planes y al final no puede quedar? Le contestas con una palaba: “bien”. También puedes usar la palabra “Chachi” o “guay” en su lugar. Empero, ese “Bien” lo puedes usar siempre y para todo. Te hará más misteriosa que la espía Nikita. Pero bajo ningún pretexto, digas ni una sola palabra más. Sé un témpano de hielo. Y espera la eficacia de tal falacia. El mundo está lleno de este tipo de trucos para atraer un suculento macho en edad de fecundar y con ansias de comprometerse.

¿Qué te sientes bien a su lado y observas que ambos podríais ser felices si solamente él se atreviera a dar el paso? ¿Qué hacer entonces con ese macho que recurre a ti solamente cuando le sale de la punta del pito?


En primer lugar, comienza  por negarte a salir con él.  Hazle creer que no eres materia disponible. Pronto comenzará a inquietarse. Te buscará para convencerte que él es la mejor elección genética. Cuéntale entonces como quién no quiere la cosa “que estoy  aburrida del entorno y que necesito cambios, que me voy a Japón a trabajar de modelo para un pintor húngaro que a su vez también es modelo y que de paso estudiaremos juntos ictiología en Japón. O tal vez me den ese puesto de secretaria de un maharajá de Dubái.

Tras eso, con una exactitud matemática te mirará cual cordero degollado, preguntándote si es que no te ata nadie a tu patria. Incluso te insinuará que si hubiera alguien que te dijera que te quedaras por él, tú te lo pensarías. Y pastelitos semejantes.
Llegados a tal punto, te conviene aumentar un poco más el grado de tu dificultad, diciéndole que tienes prisa y debes marcharte, porque un conocido escritor de éxito no ha parado de llamarte para que quedéis porque quiere sacarte en una de sus novelas. Al levantarte para marchar, bajando los párpados a lo Ava Gardner, le explicas que las palabras por si solas no sirven para hacerte cambiar de opinión. Que hará falta un compromiso más concreto, porque te sientes libre para hacer lo que te venga en gana, incluso volar por medios propios o convertirte en Hare Krishna. Claro está, que en cuanto se percate de que tu mansedumbre natural se haya transformado en incógnita, dejará bruscamente de no tener tiempo para ti y hasta se volverá más hablador, más generoso, se lavará más y te abrirá las puertas para darte el paso.

Ah, el premio difícil a obtener es la búsqueda del Santo Grial de todos los humanos, explica mi amigo. Y me explica al menos quince ejemplos más para la utilidad de la caza femenina. Y concluye su perorata con un “cuando te proponga que os caséis, tú podrás sonreír para tus adentros, comprendiendo que te lo habías propuesto mucho antes sin que él se percatara.”

Me dio por aplaudirle y algo más.

Pero no puedo más. Tengo que confesarlo. ¿Sabéis lo peor del asunto? Si bien ahora mi sabiduría ha aumentado. Si bien he empezado a ser una mujer difícil. Pero quién me tiene deshojando ahora margaritas es mi amigo el sabio erudito. No recuerdo cómo demonios se llama. Su desodorante le abandonó hace meses y ésa pérdida está afectando a todo su entorno, menos a mí, porque yo huelo rosas. El está tratando de rehacer su vida social con otro desodorante mientras yo estoy de luto encerradita en casa, prometiéndome a mí misma seguir sus consejos, esperando a que el teléfono suene con un ansia que me desgarra las entrañas. ¡Qué malito es el amor! Malito, un demonio. Porque el otro día le mostré a mi amigo mi agradecimiento. Y todavía no me ha venido. Me refiero a la regla.

Sub umbra floreo: C.Bürk


 


 

 

 

 

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  • Muy bueno, de los más entretenidos que he leído por ahora. Me gusta como te expresas en estos temas, plasmas una fuerte personalidad en pocas lineas. Me gusta.
    Divertido divertido, e intrigante (todos también queremos saber). Pero supongamos que en vez de una reflexión ficticia este texto es una confesión a corazón batiente de la autora ("yo he sido y soy una de esas féminas que siempre da explicaciones de todo...") y entonces, ¿habrá comprendido cabalmente aquello de "ni los mires, no los saludes, hazte la dura, baila con otro..." que le aconsejaba su madre, o "ni una explicación más, ni una sola palabra más..." del amigo sabio? ¿el arte de la seducción no debe practicarse en todo momento? Y es verdad que seducir es mostrarse interesante y misterioso para lucir valioso y deseable, siendo la manera más exitosa de lograrlo la de permanecer mudos para que no se nos vea el plumero (¡estamos más guapos callados!), ¿pero dónde queda la verdad? ¿puede aclararse todo luego? Saludos.
  • Puédase decir que en éstas epístolas que escribí; son más de cuatocientas todas juntas, sí que desaparece la escritora para volver a su verdadero ser íntimo, lo que ella es en lo más privado. Aquí sí soy Claudia, la de verdad, no la que se esconde habitualmente en sus escritos. Aquí me doy permiso para ser yo. Sólo y únicamente en éstas cartas, cuyo destinatario no existe. Pues a "X" lo inventé un día siendo niña.

    Hállese aquí el relato más terrible, más soez, más macabro, sexual explícito, profundamente psicológico que he escrito jamás. Un esrito que una vez más, se aleja completamente de mí misma. ¿Cómo una mujer que estuvo en un convento puede tener algo que ver con ésto? No. Pero lo escribí. Como otras tantas cosas que nada tienen que ver entre sí. Es lo que tiene la escritura automática, que dejas de ser tú, mientras otros y otras te ocupan para poder contar sus historias. Tras la lectura de éste relato, amigos, sacerdotes amigos, gente de la iglesia católica y fuera de ella me borraron del "Feisbú" y de sus vidas. Triste, para la escritora no ser respetada como tal. Con lo fácil que es saber que los que escribimos, reflejamos a los otros y pocas veces lo propio. Y que si lo hacemos parecer así, es con una intención.

    ¿Qué hay detrás de las Lolitas, cuyo comportamiento sexualizado deja entrever algo mucho más grave y oculto? ¿Volverán a ser cuerpo y alma en conjunto? Me temo que no. Sólo quién conoce de cerca lo que se siente. Lo comprende.

    Un irónico relato sobre el engaño de las apariencias. Una vez más, alejándome de mi misma al escribir. Son los otros los que quedan entre los relatos, nunca yo. Una se cuida de relevarse...

    Un relato escrito durante la tarde de hoy, día 18 de septiembre de 2013. Surgió del tirón y ante una idea previa. Espero arrancaros una sonrisa. Con ese fin fue escrito.

    Casi siempre descuidamos lo más importante: esforzarnos en ser felices. Cuanta gente hay que cree que felicidad es igual a suerte. ¡Craso error! Para ser feliz hay que querer serlo y es como el deporte: un ejercicio de voluntad y constancia. No pretendo aleccionar a nadie. Pues a mí también me queda pendiente ésta lección.

    Elogio a la Madre más amorosa que podamos tener: la Naturaleza. ¡Qué sencillo es todo tomándola como referente!

    Toda apariencia es engañosa. Una alegoría a los prejuicios; una vez más (suelen serlo casi todos mis escritos).

    Un divertido poema, con un toque de humor negro. Porque canallas, haberlos "haylos"...Otra cosa es ser el hijo de uno, entonces la canallería puede ser herocidad.

    La escritura automática es un método que se me presentó por sorpresa. Ahora, cada vez que tecleo, lo hago "guiada". Es así como escribí "Maldita Matilda" , novela que se publicará este año en el Reino Unido. Por tanto, no es meramente mérito mío. Sino de esos que vienen a ayudar.

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No recuerdo exactamente el momento en el que me planteé ser escritora. Quizás nunca fue así. Las cosas surgen según las planea el destino para nosotros. Poco podemos hacer para cambiar eso. Es difícil relatar mi vida literaria. Podríamos decir que como pez en el agua, necesité desde siempre de las letras, ligadas, eso sí, a las pequeñas cosas grandes, y detestando vanidades. La causa; un profundo anhelo por expresar lo que siempre escapa de los diálogos. Escribo casi siempre fuera de la norma, derrochándome porque sí, sin miramiento, ni metas, ni ambiciones. Es una especie de trance sin más. Las biografías de muchos autores, muchas veces se ven ahogadas por la enormidad de sus labores, homenajes y menciones obtenidas. A mí me resulta difícil hablar de esa manera de mí, precisamente porque es mucho más interesante hablar de los otros y del mundo que de una misma, difícil por la cercanía que tengo con los otros y la lejanía conmigo misma, que aun dando todo de sí, contándolo todo con pelos y señales, cubre mejor que nadie sus secretos. Soy, tengo que serlo y tenía que serlo a la fuerza, una escritora irregular. Comparada con el resto de escritores, regularmente irregular. También vivo, no siempre escribo. Y a veces, eso se invierte. Soy alguien que sobrevive mejor a su tiempo elogiando el pasado -porque lo abrazo, lo beso y lo amo de un modo muy particular-. Escribo cosas pasadas de moda en un mundo moderno que a eso lo llama “retro” o “vintage” con también definiciones modernas. Una intenta entender la realidad que está más alejada o que quedó atrás en el tiempo, o no descubierta en las almas, descifrarla, ponerle un lenguaje, y si es posible transmitirlo entonces. De ese modo, me gusta aportar un poco de comprensión o dar algunas respuestas a posibles lectores interesados por conocer cómo se vive en circunstancias adversas a uno mismo. Fue inevitable que yo abriese el cofre de ciertas vidas ajenas a mí, para sacar de él todo lo que me resultara provechoso y construir historias. Letras que en un contexto determinado, siempre incluyen el talante nostálgico, combinan la narración con elementos costumbristas o expresiones personales, que de otro modo no serían permisivas. De ahí a que todos mis trabajos sean meramente circunstanciales, nacen porque deben. El convencimiento acerca de una obra, la ilusión por el propio talento, es enemiga de la escritura. Escribir la vida íntima del mundo y de los otros, es también buscar ese lenguaje de la intimidad de los otros –mucho mejor alejado de uno mismo- esa trascendencia escondida en diálogos oídos en la tienda de la esquina, o en conversaciones con la gente corriente de cualquier lugar. El exceso de talento no existe, nunca se acumula. Todo fluye como el tiempo, como lo hacen también nuestras existencias semideshechas, nunca del todo terminadas. Siempre buscadoras de un sentido más profundo de lo evidente… Una es una presente de la picaresca en el mundo. Asisto como simple espectadora de los aspectos más desagradables de la realidad, de la hipocresía, de lo noble o de lo más prosaico. Con la naturalidad cotidiana a la que hacemos el vacío, trato de describir algunos de los aspectos más corrientes del mundo, cosas a las que nunca idealizaríamos… Desde bien pequeña tenía el convencimiento de que debía servir al mundo, y no ese a mí. De ahí a que a los diecisiete años, dejando mi Alemania natal y sin saber a penas cuatro frases en el idioma castellano -en el que ahora escribo todas mis obras- me vine a Castilla con el fin de ordenarme religiosa. Como mencioné anteriormente, la vida acaba encargándose de llevarte de la mano y mis planes dieron un nuevo giro, acabando en Barcelona y dedicándome al marketing y a las traducciones. Hasta ahí seguía escribiendo mis relatos en alemán. Fue alrededor de 2005 y tras la pronta muerte de mi padre, y afectándome esta en lo más hondo, que mi escritura viró a la expresión castellana. Y ya no pude parar. Nacieron un sinfín de relatos y poemas, ensayos y artículos que me atreví a publicar por internet, usando diversos portales literarios, como lo fueron yoescribo o tusrelatos. Ahí obtuve, para mi propia sorpresa, muchos comentarios positivos y algunos relatos fueron premiados o elegidos relatos del mes o de la semana. Una buena amiga, Begoña Bolaños, se encargaría además -sin yo saberlo- de enviar mis obras a certámenes literarios. Qué grande fue mi sorpresa cuando mi amiga me comentó su hazaña y que hubo ya varios premios positivos obtenidos, finalistas y ganadores. De ahí a que, así lo veo, es ella la responsable de éstas cosechas. Yo poco más hice que escribir para mí. Soy perezosa para según qué cosas y odio competir. Si, lo que más detesto es competir o tener que demostrar valías. Pues todos somos iguales. Cada uno a su manera. Todo ocurrió alrededor de la misma fecha. Así que, sin esa amiga, ahora no podría enumerar aquello. Y para hacerlo, que sé que debo, mejor dejo aquí lo que ella misma escribió sobre mí en mi blog: “Hablar de Claudia es hablar de una persona auténticamente apasionada. Es amante del simbolismo, de lo sincrónico y su búsqueda principal es el profundo misterio vital. Miradora de lo oblicuo, siempre le busca nuevos enfoques a la realidad. Claudia no tiene término medio, pues siente con una intensidad abrumadora, y esa manera de ver la vida la transmite a sus trabajos literarios. Autora de numerosos relatos cortos, siendo algunos distinguidos en diversos certámenes literarios(15 Concurso "Cartas de Amor", Premio Ganador, Ayuntamiento de Valdepeñas 2008, Tanatología Concurso Poesía 2007, Premio Ganador, Concurso de Poesía "Cartas de Amor" Ayuntamiento Calafell/Tarragona 2008, Premio Finalista,Certamen Literario Internacional 2007 (Argentina) "Ficción en el Éter ” de Obras para Radioteatro, Concurso PABLO NERUDA de CARTAS DE AMOR‏, Premio Ganador 2008,Premio Finalista NH relatos 2007,II certamen Poético Prometeo‏ 2007, Premio Finalista, Página Narrador.es: Tres relatos seleccionados como relatos del mes durante 2008 y 2009, Página web tusrelatos.com, Escritora más prolífica año 2006 hasta la actualidad: puesto tercero, etc. ). Claudia así mismo ha colaborado como comentarista en diversas revistas digitales y publicaciones en papel. Entre ellas se destacan, "Extrañología", "Clave7", "El cuele (sector minero" etc. Es colaboradora en muchos programas de radio, como lo es "Camino de Misterio" en Radio Intereconomía, Radio Nacional de España, Radio Clave Siete (Santa Cruz de Tenerife), Les set LLunes (La Garriga, Barcelona)"El cercle enigmátic" (El Vendrell, Tarragona)etc. Ha sido ponente recientemente en un congreso: "Ciencia i Espíritu". “ A lo citado por ella, añado que escribí la novela “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot”, publicada por la editorial “Grup Lobher” en 2008. Esa novela es un mero ajuste de cuentas con mi infancia. Una intrusión a los recuerdos. Y en el ejercicio de ese recuerdo, nació la protagonista, Jeanne Bardèot. Desde ahí, me he comprometido a no escribir nunca más sobre mí misma. Es importante alejarse de uno mismo, para ser otros para los otros. Es un consejo que me dio un poeta mejicano y que nunca olvidé. En esa primera novela se le permite al lector que construya su propia novela a partir de los elementos previos que se le dan. Esto lleva a una paradoja porque la figura de ficción que narra una gran parte de la novela postula en la verdad, la ficción de la que me jacté en esa novela, en realidad es lo auténtico. A la vez de esto, y pensando en un regalo estrictamente para la familia, escribí el libro de relatos y poemas “Desde el penúltimo rincón de mí espejo”. Menciono aquí que sin mi anterior agente literario, (al que no busqué sino me encontró él a mí) posiblemente nunca habría tomado la decisión de ser novelista. Fue este que quiso tal asunto de mí. Las cosas nunca han sido porque yo las buscara o encauzara. Insisto, que quizás sí dirigidas por algún invisible plan (como en todas las vidas) las cosas llegan a mí sin buscarlas. Así fue como escribí este mismo año, de un modo rápido y fluido a “Maldita Matilda” y nuevamente, por causas del destino (ahora las mencionaré), acabé en la agencia “Página Tres” tras jubilarse mi anterior agente. El azar quiso que otro escritor viera un comentario mío acerca de una valoración que se me hizo para “Maldita Matilda”. Este, muy ofendido, me contestó al comentario con un “¿Cómo te atreves a hablar de tu novela en las páginas de las editoriales sin que eso lo haga un agente por ti? ¿Es que no tienes agente?”. Pensé que tenía razón. Así que esa misma tarde envié mi novela a dos agencias, de las cuales ambas contestaron, la primera fue Piluca Vega, de mi actual agencia. Haciendo caso a la intuición, me decidí por ella, a la vez que ella lo hizo por mí. El factor principal fue el talante humano que denoté entre sus líneas, su empatía y su comprensión; algo difícil de describir en palabras. Las cosas, como digo, se sienten. En “Página Tres” me siento plenamente acogida y el trato por parte de Piluca y Fernando es exquisito. Luego de estar con ellos, todo se fue desencadenando. A penas me lo explico. Todo lo ocurrido me ha enseñado que no importa que decisiones tome, que las cosas se sucedan como deben. En todo caso, lo más importante de mi viaje por este mundo no aparece en las biografías o en las novelas que puedo escribir o escribiré, sucede en forma casi imperceptible en las cámaras secretas del alma. Espero que esta larga parrafada responda a las curiosidades. De haberlas. Porque soy y querré seguir siendo alguien que es desconocida. Por motivos obvios de naturaleza propia. Cuando una se propone servir, todo lo que es reconocimiento no hace más que pesar sobre la espalda. Entiéndase…

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