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8 min
El Escape
Drama |
29.09.13
  • 4
  • 12
  • 2819
Sinopsis

Un drama sin tiempo ni frontera, universal, que han sufrido y siguen sufriendo muchos hombres, por culpa de la ambición y la falta de escrúpulos de otros hombres.

Me encontré corriendo por un túnel que de alto tenía un poco menos que mi altura y que era apenas un poco más ancho que mi cuerpo. Observé que estaba hecho de viejos y carcomidos ladrillos, por los cuales salía un espantoso hedor a humedad, y luego me di cuenta de que esos ladrillos estaban cubiertos de musgo y otras pequeñas plantas. Del techo caían a cada momento gotas de agua, pero no era agua clara, era agua oscura, sucia, peligrosa. Escuchaba silbidos, golpes, explosiones, distintos ruidos muy cerca, y los imaginé detrás de mí, por lo que comencé a correr con más fuerza. Estaba huyendo, pero no sabía de qué, ni hacia dónde. Ni siquiera recordaba cómo entré en este túnel maldito. Miré hacia abajo y me encontré con que estaba pisando barro, un barro infecto, del cual surgían de vez en cuando algunas plantas y otras cosas que no me atrevía a espiar. Sin embargo un instante después me animé a mirar, y me di cuenta de que hubiera sido mejor no haberlo hecho. Eran cráneos, húmeros, tibias, todo tipo de  huesos de gente que había muerto hacía tiempo, quizás siglos. Corrí, si eso era posible, con mayor fuerza aún. Pero los ruidos que venían del exterior, o peor, desde dentro del túnel, muy cerca de mí cada vez eran más perturbadores. Mis piernas no estaban agotadas, pero sentía mi corazón latir con poca fuerza, como si me estuviera fallando. Tuve miedo, mucho miedo. El túnel se hacía cada vez más estrecho. Casi imperceptiblemente. Pero era verdad, ahora tenía que correr más agachado y a veces mis hombros chocaban con las paredes. Me di cuenta de que el esfuerzo que estaba haciendo no era suficiente, y me detuve. De inmediato quedé a oscuras, totalmente a oscuras, aunque los ruidos eran cada vez más fuertes y cercanos.

Entonces abrí los ojos, y cuando vi lo que vi, deseé estar todavía en el hediondo y apestoso túnel. Recordé todo. Estaba en una miserable trinchera con una bala enemiga en mi pecho. Luego de recibir el balazo brutal y salvaje me desmayé y entré en un sueño aterrador dentro de ese túnel de ladrillos, pero esta realidad era aún peor. Me desangraba de forma irremediable. Mi cuerpo estaba débil, bañado en mi propio líquido rojo y viscoso, que estaba escapando de mí raudamente. Miré hacia todos lados pero no vi a mis compañeros de pelea. Tampoco había enemigos, pero las balas silbaban todo el tiempo  y de vez en cuando algún cañonazo hacía estragos en lugares cercanos de la trinchera. Nadie a quien acudir, ese parecía ser mi destino. Morir solitario en un ámbito hostil, espantoso, debajo de la tierra, en una trinchera de mala muerte que no sirvió para contener al enemigo. Así, tirado sobre la fría tierra, esperé el final. Me di cuenta de que la herida ya no me dolía, señal inequívoca de que estaba partiendo hacia otros mundos misteriosos. Sentí frío, y de esa forma entendí que la vida se me escapaba. Cerré los ojos.

Volví al túnel. Ahora era mucho más bajo, así que tuve que arrastrarme cuerpo a tierra para avanzar dentro de él. De esa forma, todo sucio de barro, me arrastré durante horas y horas, con la esperanza de encontrar una salida, pero no pude hacerlo. La diferencia con mis primeros momentos en este tenebroso lugar es que ahora soy consciente de que en algún lugar, en alguna trinchera de mala muerte de una guerra despreciable (¿hay acaso alguna que no lo sea?) estoy tirado medio muerto y tal vez esté por dar mi último aliento. Pero, ¿será eso verdad o estaré imaginando cosas acá dentro de este túnel infame? Me toco el pecho y no lo siento agujerado por balas enemigas. Tampoco siento mi sangre fluir fuera de mí. No siento dolor alguno. He llegado al final del túnel y no hay salida, está sellado, y no tengo casi lugar para moverme. Pero no siento dolor. Me siento en paz, deseo dormir para reponer fuerzas. Duermo.

Me despierta un golpe en la cara. Uno de mis compañeros me grita, pero no puedo escucharlo bien. Miro mi pecho y me convenzo definitivamente de que la realidad es que me han disparado y estoy mal. Mi compañero me dice que tenga calma, que me van a llevar al hospital de campaña. Que no me duerma. Que no lo deje, dice en realidad. Vuelve a repetir, que no lo deje, que no lo abandone. De repente me doy cuenta de que quiero ir hacia el túnel, aunque no tenga salida. Allí todo era manso, al final ya ni se sentían ruidos. Allí no estoy herido, y puedo dormir para reponer fuerzas. Quiero ir de nuevo. Voy.

El túnel es mi remanso, mi lugar en el mundo. No quiero irme de allí. Aunque el barro es hediondo ya me acostumbré, y también a descansar sobre los huesos de los muertos de hace siglos. Siento que éste es mi lugar, que aquí por fin soy feliz, luego de las penurias que pasé durante los últimos años.

Otra vez mi compañero me golpea en la cara. Me pide que vuelva, no sabe lo que dice. Lo miro y no reconozco quién es. Mejor, si lo matan de un balazo no tendré que llorar por él. Pero él parece muy interesado en salvarme. Yo creo que ya no es posible.

Cae una bomba que explota con toda su potencia y un ruido ensordecedor muy cerca de nosotros. El soldado cae sobre mí. Tiene la cabeza abierta. Ha muerto. Me quito su cuerpo de encima porque me aplasta y busco desesperado el túnel, pero ya no puedo encontrarlo. Lo intento, pero el túnel ya no está disponible. Quizás la muerte de quien quería salvarme ha sido demasiado para mí. Intento levantarme para ver el panorama. Dos compañeros me toman de los brazos y me detienen. Me dicen que estoy loco, que si me asomo soy hombre muerto. No los conozco, pero les sonrío y creo que les digo algo así como ¿acaso no vieron como estoy?

Ahora estoy en el hospital de campaña. Recuerdo todo, pero por el balazo, o por el trauma que el doctor dice que tengo, no puedo hablar. Simplemente no salen las palabras de mi boca, sólo algunos ruidos inconexos. Sueño con muertos de cuerpos destrozados y con fantasmas encadenados por toda la eternidad, que vienen a buscarme. Veo a mis compañeros tirados en el suelo de la trinchera, tratando de que no les alcancen las infames balas enemigas. Pero también veo que muchos de ellos ya no se levantan. Recuerdo los momentos más crueles, los compañeros que murieron en mis brazos, las balas que silbaban a centímetros de mi cuerpo, la locura de vivir bajo el ruido y la furia de la metralla constante y los cañonazos interminables, de día y de noche. La bestialidad de la guerra, dentro de una miserable trinchera, muertos de frío, de sed, de hambre, muertos en vida.

Me dijeron que me abrieron el pecho y me sacaron una bala, pero yo sólo recuerdo enloquecedoras escenas de guerra y la soledad, la insensibilidad autoimpuesta y la muerte como mis únicos compañeros. Mientras tanto sigo buscando el túnel, pero no logro volver. Mis últimos momentos de tranquilidad y descanso transcurrieron dentro de ese infame túnel. No tengo otro lugar adónde ir en este mundo perverso y obsceno. Mis pensamientos me llevan a intentar volver allí, a ese lugar indeterminado del espacio infinito y que no sé  dónde queda.

Veo que el doctor ha puesto el arma de un herido a pocos metros de mi cama. La miro, la observo, como un soldado en la trinchera malherido contempla al doctor que llega con agua y medicamentos. Esa pistola es mi solución. Si logro alcanzarla, seguramente podré volver al túnel. Será cuestión de buscar el momento preciso, de otra forma mi locura no me dejará nunca. Ya no soy un ser humano, soy apenas un despojo mísero y sombrío buscando un lugar donde poder tenderme sobre el húmedo y fresco fango.

¡Volví! Por fin volví al túnel anhelado desde hace tanto tiempo. Pronto mis huesos poblarán el suelo junto a los huesos de los muertos de hace siglos. Pero ahora puedo descansar. Estoy tirado en el fango pestilente, rodeado por paredes de ladrillos carcomidos. No importa ya, el reposo está asegurado, ya ningún inoportuno vendrá a evitarlo y eso es lo único que me interesa. He logrado vencer a la locura. He logrado la paz.

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  • Buf, una historia claustrofóbica que evoluciona y va saltando con fluidez y habilidad de lo real y brutal a lo onirico, cuando el protagonista llega al final de tunel y lo encuentra cerrado me llevé un chasco, pero luego lo comprendes, muy buen trabajo, un saludo.
    Escape que consigue el protagonista a pesar de los inconvenientes que tiene por delante. Lo real y lo fantástico se funden para hacernos ver, de otra manera, lo crueles que somos los unos con los otros.- Un saludo
    Quise comprobar por mi mismo si esta clasificación tiene criterio (leí en "relatos destacados" escritos afirmando lo contrario) y aunque hay muchas excepciones por lo que he llegado a leer, en tu caso es acertado.
    Tremenda y claustrofóbica la angustiosa ambientación. Bien escrito y por lo se puede se deducir (por el título), el autor no no quiere dejar salidas ni esperanzas. La única que nos plantea es un "liberador" suicidio. Literariamente hablando creo que consigues lo que pretendes, en cuanto a la historia creo que también. Realmente me sentí agobiado. Saludos.
    Perfecta ambientación de la historia, angustiosa desde el primer momento. Transmites esa ansiedad del protagonista, que no logra escapar del horror en ninguno de sus dos estados, aunque termine optando por uno de ellos. Buen retrato del horror de la guerra.
    Excelente relato, pero tan horrible al mismo tiempo. El deseo de morir para no sufrir más. Una secuela de los horrores de la guerra, algo así como un cuadro de Goya, pero en palabras. A pesar de tanta destrucción, dolor y finalmente la liberación de la muerte, sólo digo , sí, sinceramente, excelente relato.
    Muy bien narrado,impresionante sin duda,te mereces cinco estrellas
    Finalmente alcanzó la pistola, y es que en el túnel quedó su último gramo de humanidad, el postrero recuerdo del hombre que fue; lo que rescataron del túnel a bofetadas era un un mero cuerpo herido. Una gran historia. Saludos.
    Me gustó mucho
    Magnífica descripción del túnel y la sensación de quedarme sin aliento en cada párrafo. Muy bueno Rolando.
  • ¿Qué sucede cuando comparas tus sueños de juventud con la realidad? Pueden pasar muchas cosas, y en esta reflexión reconozco que no me fue muy bien. Al menos en este caso.

    Un drama sin tiempo ni frontera, universal, que han sufrido y siguen sufriendo muchos hombres, por culpa de la ambición y la falta de escrúpulos de otros hombres.

    Nunca sabes la sorpresa que puede depararte la decisión de seguir a un gato negro...

    A veces una vida normal y segura de un matrimonio puede transformarse en una historia de violencia, si se pretende seguir para siempre con las costumbres habituales, enterrando muy profundo los sentimientos de cada uno.

    Una historia de persecución, argucias y distracciones. Con esos ingredientes las cosas pueden terminar muy mal, aunque a veces también se pueden obtener compensaciones inesperadas.

    Todos podemos afrontar dificultades que a veces parecen imposiblesde superar. Sin embargo siempre existe alguna forma de enfrentarnos a ellas. Y a veces se obtienen excelentes resultados, dependiendo del camino que elijamos para hacerlo.

    Cuando se vive como un esclavo maltratado una buena opción es pensar en escapar y tratar de cambiar de vida. Pero cuando sabes lo que quieres, la opción de escapar es la única posible.

    A veces, una mirada dice muchas cosas. Buenos Aires es una ciudad enorme, una de las más grandes del mundo. En el centro de la ciudad convergen millones de personas todos los días, personas que no se miran, y allí puede suceder de todo. Peleas, robos, persecuciones, son cosas de todos los días. Esta es sólo una pequeña historia de tantas que suceden.

    La envidia, uno de los sentimientos humanos más potentes, pocas veces favorece la claridad del pensamiento. Esto sucedió hace muchos siglos en un territorio muy lejano, pero hoy pasan las mismas cosas.

    Cuando elijas qué hacer debes hacerlo bien. Si eliges un trabajo equivocado, o para el que no estás preparado, te pueden pasar estas cosas como ésta.

Soy escritor, básicamente. Historiador, fotógrafo, empleado para sobrevivir, pero escritor ante todo.

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