cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

7 min
EL ESPEJO
Suspense |
20.04.17
  • 5
  • 4
  • 96
Sinopsis

Un espejo, una magia ancestral, una injerencia en el pasado...

     En este astroso callejón pende la ropa de los tendales, la fachada está descarnada en algunas zonas dejando al descubierto cemento y ladrillo, hay basura arremolinada en los rincones y el herbaje crece desordenado por doquier; descuido y abandono propiciado quizás por ser dicho callejón parte trasera, rara vez frecuentado por transehúntes, salvo por los que se emboscan en sus recovecos para aliviar urgencias urinarias o los que, como éste que sorteando las gotas de agua que rezuman por los perniles de los pantalones, se dirige a la tienda de antigüedades que hay al final del callejón.

     El escaparate está sucio y opacado en las esquinas y solo se muestra traslucido en el centro en donde se ha circunscrito un círculo trazado con una bayeta húmeda con la que se ha limpiado el cristal dejando un ojo de buey lo suficientemente amplio para poder avistar lo que se expone en su interior: una benditera de ónix, esmalte y cloisonné, un Cristo del diecisiete atado a una columna, de movimiento contenido, con los brazos a un lado, las piernas en pose inestable y la mirada al cielo como mandan los cánones de la imaginería barroca, un calientacamas de cobre para cisco, un par de candeleros del dieciséis y un espejo rectangular, adornado con una talla dorada de rocalla con motivos florales y vegetales en los laterales y parte superior...

     Cuando empuja la puerta suena una campanilla que está colocada sobre el dintel y que avisa de la llegada de un cliente, acontecimiento que parece suceder en muy contadas ocasiones.

El anticuario tarda en reaccionar como si necesitara un tiempo para procesar en su cerebro lo que el desacostumbrado tintineo significa o porque quizás y debido a su avanzada edad, padece de sordera, lo que hace inservible la citada campanilla demostrándose que su presencia es puramente testimonial, a no ser que esté ahí desde los tiempos en que el anticuario conservaba intacto todos sus sentidos.

El anticuario es viejísimo, diríase que acabó mimetizado con los objetos que le rodea. Tiene el pelo cano y grandes bolsas en los párpados acrecentadas por el excesivo aumento de los lentes de unas gafas antiquísimas de esas que se sostienen al tabique nasal sin auxilio de  patillas y que parece haberlas arrancado del rostro al caballero decimonónico que posa con semblante solemne en un retrato al óleo pintado por Federico Madrazo que está colgado en una pared en la tienda.

El anticuario cierra un cartapacio en el que elabora un inventario y levantando flemáticamente la vista pregunta al cliente si busca alguna cosa en particular.

          -Me interesa el espejo del escaparte.

          -¡Buena elección, sí señor! ¿Ha observado usted el refinado trabajo del marco? ¿No le parece delicioso? 

El espejo es el original, nunca ha sido reemplazado. Data de 1700, una joya... Parece ser que en cierto momento estuvo colgado en el gabinete de Napoleón primero, aunque no hay documentación fidedigna que lo corrobore, pero si no se trata de un simple rumor, Le Petite Caporal  se habría reflejado en este espejo innúmeras veces. También se rumorea que tiene propiedades mágicas y que conociendo el ritual apropiado se transmuta en una especie de puerta transdimensional. De ahí que Napoleón quisiera poseerlo: ya conoce usted la atracción que sentía el emperador por lo esotérico...¿No le parece fascinante?

               -Ciertamente lo es. Lo que no me parece tan fascinante es el precio.

               -Bueno, bueno. Siempre podemos llegar a un acuerdo. No deje pasar la oportunidad de hacerse con esta maravillosa pieza histórica. No estará mucho tiempo en el escaparate, se lo aseguro, Recuerde que cuando le vendí hace algunos años aquellas enigmáticas cartas cifradas escritas por Napoleón  me dijo lo mismo, pero al final supimos ponernos de acuerdo en el precio.

El anciano echa mano de una pluma y garrapatea una cifra en un trozo de papel. 

          -¿Se lo envio a la dirección de siempre?-pregunta  cuando acaba de leer en el rostro del cliente que estaba conforme con el precio.

     Con un cutter y con la destreza de un cirujano plástico corta la cuerda del paquete en el que está rotulado la advertencia "MUY FRÁGIL" y después la cinta de embalar, acto seguido despliega cuidadosamente el papel marrón Kraft, retira unas planchas protectoras de corcho y extrae el espejo del interior de una bolsa hecha de plástico de burbujas.

     -Ya estás aquí- dice con palpable complaciencia.

Era la última pieza que le faltaba para completar el puzzle, el duplicado exacto del gabinete de Napoleón en el Palacio de Fontainebleau, reproducido al milímetro en su apartamento. Los muebles y enseres eran originales en su mayoría (requisito sine qua non para el buen fin de sus propósitos, según se exige en las cartas ahora descifradas) y los había ido adquiriendo a lo largo de los años en subastas y tiendas de antigüedades de todo el mundo.  Cuando no pudo consequir alguna pieza por hallarse expuesta en algún museo o por formar parte de alguna colección privada mandó realizar una réplica fehaciente de la misma.

Valiendose de los planos del palacio y haciendo magistral uso de la agrimensura traspasó las medidas del gabinete a su apartamento readaptándolo para que fuera fiel hasta en el más mínimo detalle al camarín napoleónico, consiguiendo un duplicado exacto aunque inverso, puesto que lo dispuso todo al revés, es decir, reprodujo el gabinete tal  y como se vería en un espejo.

Con la adquisición de la última pieza ( fundamental para llevar a cabo el sortilegio) su obra estaba conclusa.

     Se despoja de la ropa que lleva puesta y se pone un pantalón breeches, botas altas, camisola, casaca de gala azul y un bicornio ataviado con una escarapela tricolor que se coloca atravesado en la cabeza.

Enciende una vela y la sitúa a la altura de su hombro derecho, después en una lengua que parece copto salmodia una extraña liturgia. Al instante sus rostro reflejado en la especular superficie adopta una identidad ajena, un nuevo rostro que, sin embargo, reconoce por haberlo vito tantas veces en el Louvre.

          -Bienvenue. L´a attente a été longue- Dice una imperativa voz desde el otro lado del espejo.

          -Mais je suis déjá lá, mon empereur.-contesta la dúplica al tiempo que atraviesa el espejo apareciendo en el Palacio de Fontenebleau el nueve de abril de 1814.

Los dos hombres absolutamente idénticos se miran y creen estar mirando a un espejo, lo que, en cierto modo no dejaba de ser cierto. Permanecen así largo tiempo como tratando de asimilar que aquello era real y que la magia que el emperador trajo de la campaña de Egipto y siria, había surtrido efecto.

          *En dos días se firmará el tratado por el que me exiliarán a Santa Helena-dice sin más preámbulo el emperador. 

 Creen que deben mantenerme lo más lejos posible de París ¡maldito Fouché!  Estos traidores quieren  evitar cualquier intriga por mi parte, aunque todo eso ya lo sabeis pues venís del futuro.

Este es el plan: iréis en mi lugar al destierro. Yo permaneceré de incógnito en París y recuperaré de nuevo el trono  con la ventaja de conocer los hechos venideros sobre los que me pondréis al corriente para poder torcerlos a mi voluntad por el interés de la nación.

Una vez consumado el plan seréis liberado y os colmaré de honores y  riquezas en pago por vuestros servicios prestados a Francia. 

 

 

     

     

     

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta