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4 min
El exterminador de humanos
Terror |
18.01.16
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Sinopsis

Cuando el deber llama.

“Mátalos a todos...”, “Hazlo…”, “Mátalos ya”; decía una voz en la cabeza de José, un joven de 21 años que vivía en Paraguay en la ciudad de San Lorenzo que está ubicada en el Departamento Central.

Ya no soportaba oír esa maldita voz en su cabeza que lo atormentaba desde hace 5 meses. Tenía miedo porque a veces sentía que iba a perder el control.

Hasta que llegó el día en que los pensamientos que tenía llegaron a dominarlo por completo. Y se dijo así mismo: “Tengo que cumplir con mi misión” y luego soltó una carcajada macabra.

Tomó un cuchillo de la cocina de su casa, fue hacia una tienda de armas de fuego y mató a cuchillazos al vendedor de la tienda, luego se llevó una escopeta, una pistola y municiones en su mochila.  Cuando salió de la tienda cargó su pistola y apuntó al guardián de la tienda de armas apoyando el cañón de la pistola en la frente del hombre, a plena luz del día y en plena calle, se oyó el ruido de un disparo, muchas personas voltearon a ver asustados cuando ven el cuerpo del guardián tirado en la vereda y a José sosteniendo la pistola. Fue en ése momento cuando empezó el caos en aquella calle, por instinto la gente empezó a correr y a esconderse.

Entonces nuestro héroe empezó a disparar con su pistola a todo aquel que se le cruzaba en frente sin importarle quien sea. Empezó a correr sin rumbo matando a mucha gente a su paso.

El muchacho había recorrido algo de diez cuadras matando gente. Hasta que la policía empezó a perseguirlo, él logró ingresar a un supermercado arrasando con todas las personas con las que se topaba. Los policías empezaron a seguirlo a pie. Él seguía matando cuanta gente podía, para él las personas eran una plaga, “son unos idiotas, deben morir, además ellos no son capaces de amar a nadie” se decía así mismo.

Logró escabullirse en el supermercado (siempre matando gente a su paso) y salir a una calle que quedaba a espaldas del edificio, le disparó con la pistola en la cabeza a un hombre que estaba en su auto estacionado, los sesos de aquél hombre se desparramaron en el asiento contiguo, sacó al cadáver del auto, se subió, encendió el auto y empezó a correr. Nuestro muchacho corría a toda velocidad aprovechando en atropellar personas, pero siempre cuidándose de no chocar contra otros autos.

La policía lo perseguía en auto, entonces después de un largo tramo de haber sido seguido, decidió frenar de golpe con la intención de que el auto de la policía que lo perseguía chocase con la parte trasera de su auto. Tanta era la velocidad con la que corrían los autos que al colisionar cuando el muchacho frenó, los policías quedaron prensados adentro del auto, el policía conductor murió asfixiado ya que el volante había presionado brutalmente su pecho partiéndole las costillas y aplastándole los pulmones. Parecía un suicida, hizo tal hazaña sin importarle perder su vida, salió del auto y fue a ver cómo habían quedado los policías. Se dio cuenta que el conductor estaba muerto pero que el copiloto estaba en un estado muy grave, agonizando. Entonces regresó a su auto y saco las armas y la mochila que llevaba con él, fue una vez más a ver al auto de los policías, miró al oficial que estaba agonizando y decidió no matarlo sino dejarlo así para que sufriera y mueriera lentamente. Con una sonrisa dibujada en el rostro se marchó.

Todo esto sucedió un 14 de Enero de 1998. José después de haber escapado en esa oportunidad de la policía, decidió mudarse a una ciudad de sudamérica. En la actualidad él tiene una bella esposa y dos pequeñas hijas, y de vez en cuando mata a una persona pero lo hace sin que nadie se dé cuenta y entierra los cadáveres de sus víctimas en un bosque cercano a la ciudad en donde vive.

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