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11 min
El gato
Varios |
20.06.16
  • 5
  • 7
  • 1922
Sinopsis

¿Te gustan los perros o los gatos? Yo prefiero los perros, los gatos me dan miedo. La forma en que te analizan en todo momento, son sigilosos en su ataque sorpresivo, y lo peor; sus uñas y dientes afilados como agujas. La peor pesadilla que he tenido fue de un gato que me enterraba sus colmillos hasta el hueso y me destrozaba la piel con sus garras. Lo peor que me ha pasado en la vida, también fue por un gato.

Mi hermana no pudo tener hijos. Mi cuñado insistió en adoptar pero ella no aceptó, si dios no quería que tuviera hijos no los tendría. Un día, como el ángel a María, un pequeño gato apareció en su cuarto, nunca supieron por dónde se metió. Era un indefenso animalito, estaba sucio, enfermo y mal alimentado; estaba condenado a morir en breve. Sin dudarlo, mi hermana le dio de comer, lo limpió y lo llevó al veterinario. Se encariño de inmediato y lo quiso como al hijo que nunca tuvo. El pequeño creció y fue consentido como príncipe. Le dedicaron todo su tiempo y su dinero. Lo atiborraron de juguetes caros que no necesitaba y comida gourmet gatuna (en serio existe, es ridículo).
Le dolía dejarlo en casa solo cuando se iban a trabajar y decidió darle un hermanito. En la tienda de mascotas vio un gato de pelo largo y cara chata. El precio era absurdo, lo de un pasaje ida y vuelta a Europa, pero al verlo se enamoró de él y supo de inmediato que ese era el indicado.
Mi hermana se obsesionó con sus animales. No los dejaba solos más de un par de horas, y cuando salía se preocupaba en exceso por ellos. Yo le hablaba una vez a la semana y nos veíamos una vez al mes. Me insistía en reunirnos en su casa, pero yo no soportaba a sus demonios. A pesar de que limpiaba diario, era inevitable tragarte un par de pelos en la comida. Luego la ropa y el eventual rasguño. Casi siempre me salía con la mía y terminábamos por vernos en un restaurante. A mi esposa no le gustaba invitarlos porque nuestra casa era un desorden y solo limpiábamos cuando teníamos visitas.
Así fue por diez años, hasta que el primero enfermó de los riñones y murió, y al segundo lo mató la tristeza un par de días después. En su momento no comprendí lo que este acontecimiento significó para mi hermana. Para mí eran solo dos animales menos, para ella el fin del mundo. Mi hermana cayó en depresión y por no comprender su dolor me dejó de hablar, se alejó de mí por completo. Le llamé varias veces e incluso fui a su casa, le hablé a mi cuñado y le supliqué que me comunicara con ella.
–No quiere hablar contigo, está furiosa contigo y con la vida. Dale tiempo –sugirió mi cuñado.

Le di tiempo, dejé de buscarla y luego le volví a marcar; descubrí que había bloqueado mi número. Fui a su casa y le dejé una carta con tres páginas de disculpas y dejé de insistir. Un año después me sorprendió con una llamada.
–¡Hermano! ¡Tienes que venir a mi casa! Te tengo una sorpresa –dijo emocionada.

¿Me había perdonado? No del todo, pero a falta de amigos me invitó a mí a ver a sus nuevos gatos. Días más tarde me enteraría de que necesitaban pedirme un favor. Cuando mi hermana se metió a la cocina a preparar la cena mi cuñado me dijo molesto que habían gastado demasiado dinero en los nuevos gatos.
–Se compró los persas más caros que encontró pensando en que así no se enfermarían y vivirían más. El más caro fue Diego, el de color miel. Santi costó mil pesos menos.

Disfracé mi fobia a los felinos, jugué con ellos y le demostré que estaba encantado con sus bebés; que no eran gatos para mí sino sobrinos. Les compré juguetes y hasta ropa, conseguí pasteles para gato y la llamé para preguntarle por ellos. Casi me perdonaba, pero no olvidaba,  cada que podía mencionaba cuanta falta le hice cuando perdió a sus hijos, y de pronto lo soltó, “Podrías tratar de ayudar esta vez, nos vamos de vacaciones y necesitamos que alguien cuide a nuestros hijos”. Sería la primera vez en más de una década que viajarían, me explico que preferían dejarlos en mi casa porque tantos días en el veterinario sería un martirio para ellos.
–Puedes confiar en mí –la interrumpí con falsa seguridad, ni yo ni mi mujer sabíamos un carajo del cuidado de animales.

Me dejó la comida de cada uno en bolsas etiquetadas con fecha y hora, la tarjeta del veterinario y dinero para cualquier emergencia. Mi casa era vieja. Abajo estaba nuestra habitación, la sala, la cocina y un baño completo. Arriba había otro baño y tres habitaciones llenas de cajas y muebles que nadie usaba.
–Diego es muy inquieto. Por favor cuida que no salga corriendo a la calle o al jardín cuando abras la puerta– me advirtió mi cuñado preocupado.
–Y no olvides dejarles agua cuando salgas. Tu casa es muy caliente y estos últimos días de verano han estado fatales– repitió por tercera vez mi hermana.

Pasaron en la noche a dejarlos y se fueron al aeropuerto. Les dejamos las luces apagadas y  nos fuimos a dormir porque estaban asustados en el nuevo territorio. Nos levantamos y nos preparamos para ir a trabajar. Alcancé a ver a Santi esconderse debajo del sillón y Diego apareció antes de que nos fuéramos. Revisamos la comida y el agua, y fuimos ridículamente precavidos al abrir y cerrar la puerta. Mi hermana me habló a las cinco en punto, hora en que salgo de la oficina. Le conté que estaban tranquilos y contentos. Al entrar a casa los vi en la sala y corrieron a esconderse. Salieron en un rato e hicieron lo mismo cuando llego mi mujer. Perdieron el miedo en breve. Mi esposa jugó con Diego un rato, Santi solo los vio muy atento debajo del sillón, les cambié el agua y la comida, y nos fuimos a dormir. Me calmé un poco al darme cuenta que sería más fácil de lo que pensaba. Cinco días y nada que reportar, de hecho empezaba a encariñarme con ellos y a entenderlos cada vez más. Pero el viernes algo horrible sucedió.
En la mañana les cambié el agua y la comida. Jugué rápido con Santi y Diego no salió. Mientras comía mi desayuno lo busqué debajo y detrás de los sillones, en la cocina y en el baño. Revisé mi closet y me serví más leche. Mi esposa revisó arriba y tampoco lo encontró.
–Les gusta la oscuridad, seguro se metió en alguna caja y está dormido. –Me sentía todo un experto en gatos.
Le hablamos con cariño y luego hicimos ruido con la aspiradora, esperanzados en que lo veríamos correr. Golpeamos las paredes, chiflamos y empezamos a revisar caja por caja en el mar de vejestorios del segundo piso. Perdí la noción del tiempo y se me hizo un agujero en el estómago. Le hablé a mi jefe y le avisé que llegaría un poco tarde, no lo autorizó y me advirtió que si no llegaba en una hora perdería mi empleo. Moví todos los muebles y la basura. Con cada objeto que cambiaba de lugar, mi corazón se retorcía pensando en que había escapado. Aplaudí, grité y maldije pero no salió. Estaba decidido a encontrarlo, mi trabajo era lo de menos. Me quité el saco y me arremangué la camisa, esculqué mi casa cuarto por cuarto. En tan solo media hora pude cambiar todas las cosas de una habitación a otra. Mi esposa me ayudó a deshacer la casa pero Diego no estaba. Nunca me había sentido tan afligido; vivía segundo a segundo el peor día de mi vida.
–No pudo haber salido de la casa. Todas las ventanas estaban cerradas –aseguró mi mujer.
–Ayer lo vi después de haber cerrado la puerta; no se escapó. Podría estar en un lugar, asfixiado. ¿Tú saliste después de que fui a tirar la basura? –Mis ojos amenazaban con molerla a golpes si me respondía que sí.
–No; llegué a casa y me bañé de inmediato. Me puse la pijama, ¿te acuerdas? –Si el gato había salido por la puerta era cosa mía.

Se pudo haber ahogado en el baño o en el lavabo de la cocina, el cuerpo estaría por ahí. Era muy tarde, tenía que irme. Mi esposa dijo que ella sí podía llegar un poco tarde a su trabajo y se quedó en casa buscándolo. Estaba muy nervioso, no podía manejar así que tomé un taxi. El conductor trató de hacerme la plática pero no me pude concentrar. Oía las palabras y no las entendía. En el trabajo fui el obrero menos eficiente. Me marcó mi mujer y un rayito de esperanza me ilusionó.
–Tengo que salirme ya. No lo encontré. ¿Qué hacemos? –Preguntó mi esposa.
–No sé. Vete a trabajar. Cuando regrese lo sigo buscando.

No estaba seguro de que estuviera muerto o desaparecido, y aún así sufrí su ausencia en lo más íntimo de mi alma. Me sentía triste, asustado y enfadado. Tenía miedo de lo que mi hermana me fuera a decir. Ya sentía la culpa de provocarle un hoyo en su familia. Sería un daño irreparable para ella y para nuestra relación fraternal. Volvió a sonar el teléfono, era la madre de Diego
–Hermano, tuve un sueño horrible. Soñé que Diego se escapaba por un agujero pequeñito. No pude dormir después de eso ¿Está bien?
-Sí hermana. Estoy en la oficina, no puedo hablar.
Se disculpó y me dio un latigazo de amor: “Eres más que un hermano; eres mi mejor amigo.”

Todo el día martirizándome con Diego en mi cabeza. Olvidé comer y la fragilidad de mi cuerpo me lo reclamó camino a casa. Puse la llave en la cerradura y se me doblaron las piernas. No tuve el valor de abrirla. Me vencí y me hinqué. Nunca creí en dios hasta ese momento. Junté mis manos y le rogué por el gato. Le ofrecí cualquier cosa que quisiera tomar a cambio de devolvérmelo. Mi conversación mental se materializó en palabras y lágrimas.
–Si me lo regresas, dejo de fumar. O puedes mandarme la desgracia que quieras y lo aceptaré con humildad. Pídeme cualquier cosa, haré lo que quieras. Voy a ir a la iglesia. Trabajaré como voluntario ayudando enfermos o animales. No le vuelvo a hacer daño a nadie. Por favor, te lo suplico…

No pude continuar. Mi llanto interrumpía mis palabras. Lloré como un niño inconsolable. Se me acabaron las lágrimas y los gemidos. Me limpié el rostro y suspiré. Me levanté despacio. Recogí las llaves del suelo y abrí la puerta. Me armé de valor y me calmé. Era una casa grande, llena de muebles, cajas y demás escondites donde podría estar escondido el infeliz. Tenía la tarde del viernes y todo el sábado, hasta que mi hermana pasara a recogerlos el domingo por la mañana.
–Los gatos tienen cuerpos flexibles, podría estar detrás del refrigerador, ahí no he buscado.

Y así como ese, se me ocurrieron veinte posibles escondites. No sé por qué sonreí, talvez era mi orgullo que me empujaba a seguir, a creer que yo era más listo que el animal, a soñar que tenemos el control sobre el presente y el destino.

Viernes y sábado buscamos por todos lados, pero tampoco encontramos al otro gato.

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  • Los gatos siempre desaparecen de una forma o de otra , dentro o fuera de las casas . Tuve dos gatitos. macho y hembra ya falllecidos y me desparecieron varias veces .En primavera cuando entraban en celo se iban por los patios interiores y volvian a los tres dias , muy sucios oliendo a copula ininterrupta , y muy delgados ... pero seguramente felices y satisfechos , jeje . Un saludo
    Hola Horacio decidi conocer tu escritura , tus relatos y lei esta bonita historia de gatos porque me encantan estos bichejos .Sobretodo me gustó que el protagonista se vaya poco a poco encariñando con los gatitos pues me senti identificado. Me ha gustado la historia y como la cuentas . Un saludo amigable
    Está bien expresado y se deja leer. El presente, el destino y los gatos son las cosas más inaprensibles que existen. No obstante, es curioso que la anécdota supere a la alegoría. Muchas veces tendemos a rematar con una reflexión los textos que, en principio, solo describen hechos y estados de ánimo frente a ellos. Es como si quisiéremos justificar o elevar el discurso para dignificarlo. Uno se siente ridículo si se trastorna demasiado por una animal, pero así es como ocurre en la realidad. Para mí hay un cierre afortunado con la declaración de que han perdido al segundo gato. Del que no se habían ocupado en todo el tiempo de búsqueda del primero.
    Como amante de estos pequeñajos, conseguiste agobiarme con su pérdida, aunque yo no aprecié que el dolor fuera por los mismos, sino por que la situación acabaría por volver a poner a la hermana en un punto de depresión de nuevo. Eso hace el relato más trágico, más humano, él sabiendo además que ella ya nunca le perdornará...
    Fobia a los gatos que pronto desaparece por el dolor de su pérdida. Angustia que transmites de una manera espectacular, solidarizándote con sumo sufrimiento, por el padecimiento que sentiría tu hermana al enterarse. Muy bueno¡¡¡ Un saludo Horacio.
    Vaya, no esperaba esto; feliz de que les haya gustado tanto, feliz de que les haya gustado hermanos.
    Ufff qué final para ese personaje. Me esperaba otra cosa pero el final fue como un bofetón. Saludos Horacio ;D
  • Esto me pasó a mí hace unos meses.

    Me sucedió hace unos meses y me impactó a tal grado que me vi obligado a escribirlo

    Despues de varias horas en varios dias, intentos fallidos de guardar los avances, una computadora horrible y restringida, y los nervios de que me descubran escribiendo chismes en lugar de estar trabajando (jajajaja), por fin termina la saga. Quiero agradecer a mis padres, que siempre me apoyaron, a mis lectores por sus lecturas secretas, a los que me han expresado su agrado e insistido para que no la dejara inconclusa, a dios por darme la vida y a nuestro senior presidente por llevar a cabo cabalmente su labor. Hoy comienzan mis vacaciones, pero me operan el 15 de agosto y regreso a trabajar el 28. En marzo me vuelven a mandar a esta oficina, ahi podre volver a escribir mas anecdotas interesantes y truculentas, a leer lo que se publique y a comentar tanto como pueda. Salud (os, porque ya no tomo :/ )

    La pensaba dejar inconclusa por un accidente que tuve con la computadora, la escribi en tres horas y se borro todo por un programa de seguridad de la oficina. Se alargo a 5, hoy escribi dos horas, maniana otras dos y ahi termina. De vacaciones dos semanas yeeeee (pero en el hospital porque me operan buuuuuuuu.

    Disculpa la falta de acentos y enies, este teclado no tiene. Aqui un relato corto de miedo (leelo en compania de un adulto y asegurate de no dormir solo esta noche).

    Tres horas escribiendo, pense que terminaria hoy pero no. La ultima parte es lo mas importante, no puedo saltarme ningun detalle. Maniana la termino.

    Tres horas escribiendo, pense que terminaria hoy pero no. Maniana seguro termino, entonces es una historia en 3 partes.

    Acabo de leer una historia muy… interesante, de un escritor nuevo de esta pagina, Hugo. Solo ha escrito una historia pero me entretuvo bastante y me animo a contarles algo muy intensto que me ocurrio hace 10 anios. Les pongo la primera parte hoy y maniana la termino en la parte dos.

Mexicano viviendo en Japón, gozando de mis dulces 16 (por segunda vez), godin deprimido, rapero frustrado, comediante serio, escritor (bastante malo [maligno, no mediocre]{creo}) Antes escribía puro terror, pero estos últimos años me ha entrado un calorcito que me obliga a escribir puras cosas cachondas, aunque de vez en cuando se me sale el demonio. Solía estar muy activo en esta red pero me cambié de trabajo. Ahora gano mucho dinero pero casi no tengo tiempo libre. También me dio por dibujar más que escribir, casi todos los días dibujo. Checa mi instagran: orashiosensei

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