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7 min
El hechizo
Terror |
30.07.18
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Sinopsis

Un relato que escribí junto a nuestro querido Gustavo L. Ruiz, fue un honor y un placer escribir algo con él. Espero que les guste.

Alonso era un joven de veinte años, muy noble y querido por todo el mundo bueno casi todos excepto por su hermano, dos años mayor, Fernando, quien sentía un gran odio y envidia por él desde el día en que nació.  Fernando quedaba mirando desde la otra esquina de la sala  a su padre jugando con su pequeño y frágil hermano sobre sus hombros mientras su madre lo llenaba de besos y palabras melosas.  A medida que Alonso iba creciendo el odio y la envidia de su hermano aumentaban. Cuando se hicieron jóvenes, Alonso se convirtió en un chico muy atractivo y emprendedor; la suerte lo acompañaba a donde iba.  Mientras tanto a Fernando le iba mal no lograba conseguir un trabajo como economista, también era de malas en el amor y su grupo de amigos eran un montón de traidores y oportunistas.  Alonso lo consolaba en sus momentos difíciles, pero él siempre lo rechazaba o le gritaba palabras ofensivas que lo lograban lastimar. 

Una tarde después de una entrevista de trabajo fallida.  Fernando pasó por una vieja casa de estilo colonial, en una de las ventanas había un letrero que decía:  “Sulimann la hechicera" de pronto una anciana de aspecto desagradable lo sorprendió husmeando por la ventana.  Fernando fingió no asustarse de su apariencia y procedió a preguntarle si ella era realmente una hechicera a lo que ella le respondió: −Eres Fernando, y al parecer la envidia y el odio por tu hermano  te han cegado.  Fernando quedó estupefacto ante las palabras de la vieja hechicera.  La mujer lo hizo pasar y hablaron largo y tendido de cómo se desharía de a Alonso.  Entonces Sulimann le propuso algo…

—Consígueme un objeto personal que sea en oro o plata como una cadena o pulsera.  Le dijo mientras encendía  su pipa.

Fernando recordó la cadena de oro que le había regalado su madre en la primera comunión a Alonso. — ¿Para qué la usará?  Preguntó con curiosidad.

—Cuando me la traigas junto con el dinero te responderé esa pregunta.  Ahora es mejor que te marches, no demoran unos clientes quienes desean contactar con el más allá…

A los cuatro días regresó donde la hechicera con la cadena de su hermano y el dinero.  Él estaba tan ansioso que tocó a la puerta de manera sobresaltada, la anciana abrió molesta.  — ¿Qué manera de tocar es esa?  Le dijo arrugando el seño.

Fernando entró apresurado, le entregó la cadena y el dinero.  Esta solo lo miró de reojo.  —El metal es un buen conductor de energías.  Susurró al observar la cadena.  —Esta será sepultada junto a un cadáver fresco el cual yo elegiré, después de haberle echado uno  de mis poderosos conjuros.  —Luego pasado cuatro días…tu hermano empezara a pudrirse al mismo tiempo que lo hará el cadáver.  Le respondió con un maquiavélico brillo en sus ojos, luego cerró la puerta violentamente.

Fernando se quedó pensando, no estaba seguro si era eso lo que realmente quería.

Esa noche no pudo dormir, tuvo muchas pesadillas horribles, se levantó a altas horas a tomar agua y cuando abrió la heladera vio el cadáver de su hermano pidiéndole ayuda.  Su imaginación lo estaba atormentando, no se sentía bien fue al cuarto de Alonso y lo vio durmiendo plácidamente, eso lo tranquilizó un poco.

Ya en su cuarto acostado, Fernando no pudo pegar un ojo, estaba asustado, sentía frío, miedo, arrepentimiento y decidió, cuando amanezca, ir a buscar  a  la misteriosa hechicera para deshacer el conjuro.

En la mañana, como siempre, se sentaron juntos a la mesa a desayunar, Alonso intentó años mantener una conversación, pero siempre fue ignorado por Fernando.  Ya los padres no bajaban a esa hora con ellos ya que eran muy mayores. Esa mañana fue distinta, Fernando comenzó la conversación.  Alonso sonrío de felicidad y aprovechó para comentarle que dejara de buscar trabajo que él necesitaba un  gerente de confianza en su empresa y que estuvo esperando la oportunidad para decírselo.

Ambos hermanos de fundieron en un abrazo, un abrazo que jamás tuvieron y los padres al verlos también se abrazaron felices.

—Vamos Fernando hoy será tu primer día conmigo en tu nuevo puesto— le dijo muy emocionado Alonso.

—Hermanito, ve tú, yo necesito si o si terminar una situación, ya sabes, esto me vino de sorpresa—Aclaró Fernando.

—Muy bien Fer, no hay problema, yo me dedicare a acomodar tu oficina, estoy muy feliz hermano mío, de verdad muy feliz—dijo Alonso y luego comenzó a toser raramente.

Fernando se apresuró a tomar el auto para así llegar a lo de la anciana.             

Grande fue su sorpresa al ver que donde ayer estaba la antigua casa ya no había nada solo un baldío lleno de yuyos.  Se tomó la cabeza y preguntó a cada casa de la cuadra, pero nadie jamás vio ninguna casa colonial.

Pensó en que tal vez lo haya soñado o que estaba perdiendo la cordura, nada podía hacer, solo rezar para que nada le ocurriera a su hermano.

Luego de unos días de trabajo, donde hasta conoció a una linda mujer, Fernando seguía preocupado por Alonso que cada vez enfermaba más y más

Obviamente no podía confesar su error, y muy arrepentido buscaba todo el tiempo en Internet la forma de revertir el hechizo.  Pero nada encontraba.

Las noches de Fernando eran horribles, pesadillas, parálisis de sueño, y un tormento constante, esas oscuridades no lo dejaba disfrutar su nueva vida.  Logicamente el hecho que su hermano este enfermando lo ponía muy mal.

Pasaron cuatro días, Fernando estaba débil  y muy ojeroso y hasta de mal aspecto, ya que no podía dormir por sus pesadillas.  Ese día quedó en encontrarse con otra persona de magias oscuras.  Alonso bajó a desayunar muy bien, lo que puso muy contento a Fernando.

—Que alegría Alonso, estas muy bien, te curaste.

—Si, se ve que fue algo pasajero, vamos a trabajar dale luego por la tarde salgamos con nuestras parejas a festejar— dijo muy contento Alonso

—Ve, tú yo llegaré un poco tarde, tengo que hacer una diligencia urgente—agregó Fernando y luego nuevamente lo abrazó y le dijo lo feliz que estaba de verlo así de sano y bien.

—Fernando, no es para tanto la gente se enferma, te cuento un secreto hermano, siempre llevo puesta mi cadenita de oro que me regalaron en mi primera comunión, vos deberías hacer lo mismo hermano—Dijo Alonso y luego se dirigió a su estudio.

Fernando.  Comenzó a sentirse mareado y fue a buscar en la caja de su cadena de primera comunión, y no estaba, se había equivocado, se sintió muy mal, y cayó al piso, no podía respirar y dio su último suspiro con un gesto de felicidad.

En esas llego la señora Ernestina su madre y lo  encontró en el suelo en un estado de putrefacción, se le había caído el cabello y parte de la  piel, sus brazos y rostro estaban siendo comidos por los gusanos; una especie de sustancia oscura y mal oliente comenzó a fluir por su nariz y boca. La señora Ernestina pegó un grito de horror, grito que alerto a Alonso quien se encontraba buscando unos pagares y facturas de la empresa.

— ¿Qué sucedió aquí? Preguntó aterrado Alonso mientras abrazaba a su madre desconsolada.

— Mamá Llama una ambulancia, a la policía, − ¿Dios mío qué es esto? Se interrogó con desespero y con lagrimas en sus ojos entretanto le quitaba con sus manos los insectos del cuerpo de su hermano. Sin embargo ya no se podía hacer nada por él ya estaba muerto. La hechicera Sulimann despareció, jamás se volvió a saber de su paradero. Y en cuanto a la cadena, esta yacía en el interior de una tumba desconocida sin nombre ni fecha.

 

 

 

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