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17 min
El hilarante drama del aborto
Drama |
11.10.07
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Sinopsis

En su día este relato nació como respuesta a una alarmante publicidad antiabortista de algún miembro de esta comunidad. El texto original fue cercenado por un extraño virus que creó un grave perjuicio a esta web. En la actualidad el relato ha sufrido grandes transformaciones y constituye el capítulo noveno de un libro en fase de edición, pero por su origen en esta web me ha parecido decente reproducirlo aquí.

 

El hilarante drama del aborto

 

            A la memoria del doctor George Teller  una de las muchas víctimas mortales del fanatismo antiabortista.

 

En los últimos años, nuestro estado de desarrollo embrionario… digo, democrático, nos ha llevado a estar siempre a favor o en contra de algo. Como además nos gusta ponernos etiquetas continuamente, hemos alcanzado un nivel de contradicción sublime. El tema del aborto no es menos y en él aparece, además, la tradición de las derechas e izquierdas políticas. La contradicción aparece en este tema y su relación con el de la pena de muerte. Para un “diestro” político el aborto es inadmisible pues supone la muerte de un ser vivo, pero, a un tiempo, aprueba la pena de muerte porque considera que el reo no merece la vida. Por su parte, un “siniestro” político cree que el feto no ha consumado su esencia humana y aún es propiedad de la madre, por lo que esta puede dictaminar su fin, contradictoriamente, la vida de un criminal sin escrúpulos no puede ser segada alegremente porque nadie tiene derecho a hacerlo.

¿Con qué nos quedamos? ¿Realmente son contradicciones o alguno o ambos tienen razón a su manera? En cualquier caso mi intención no es sacar de dudas a nadie en las siguientes líneas, sino poner en evidencia muchas más contradicciones, de uno y otro grupo, sobre este… dramático tema. Porque no lo duden, para ninguna mujer es agradable un aborto y esa es quizá la única razón, necesaria y suficiente, para dejar en manos de esta la decisión y no en la de unos terceros o cuartos que miran los toros (o en este caso, permitiéndome la suma incorrección política, los fetos) desde la barrera.

Antes de seguir voy a pedir disculpas por el término “hilarante” usado en el título, dado que frente a los dramas humanos la risa puede resultar un despropósito. Como en el caso de la religión, aquí no hay mucho lugar para el humor, pero como parte de la vida es de obligado tratamiento.

A principios de los años noventa, en contra de lo que las estadísticas parecían prever, los índices de criminalidad en Estados Unidos cayeron espectacularmente. Inmediatamente, como ya viene siendo costumbre en estos casos, los políticos empezaron a echarse flores afirmando que tal política propia o tal otra, eran las causantes de tan providencial respiro. Posiblemente si los Estados Unidos hubiese sido el país de tontos que muchas veces nos atrevemos a afirmar que es, eso hubiera quedado ahí y cada uno hubiese creído lo que le hubiera dado la gana, pero la curiosidad científica también está implantada en esa sociedad y fueron muchos los que no se conformaron con las respuestas dadas (algo parecido a lo que ocurrió aquí cuando Aceves dijo que el 11-M fue ETA), sabían que lo que sus líderes políticos decían no cuadraba, que todas aquellas políticas ya se habían practicado antes con resultados mucho más modestos y que, además, todas ellas estaban limitadas al ámbito de unos pocos estados cuando la reducción de la criminalidad era real para todo el país.

Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, en su libro “Freakonomics”, analizan el problema en la forma inversa, partiendo desde el origen de los crímenes que acababan de desparecer. La conclusión a la que llegaron fue tan sorprendente como inapelable. Tanto es así que para creérmela tuve que nadar en Internet buscando de nuevo toda la información para llegar a la conclusión de que, no sólo no estaban equivocados, sino que además todos los cerebros más prestigiosos de su país aplaudían su brillante trabajo deductivo.

Al parecer, en 1970, en el estado de Texas, dos abogadas interpusieron una demanda porque su cliente Norma L. McCorvey, presentada a la prensa como “Jane Roe” para mantener la intimidad (creo que si hemos dado su nombre es que no sirvió de mucho el pseudónimo), deseaba abortar debido a que, según se sostenía en la demanda, su embarazo era producto de una violación. La Corte del distrito falló a su favor, pero se rehusó el establecimiento de restricciones a las leyes antiabortistas del estado. Dado que el abogado defensor elegido era a un tiempo el fiscal del distrito Henry Wade, la limitación en la sentencia era muy importante, dado que ninguna otra mujer podría apoyarse en ella. Por esa razón, el caso se reestructuró y se mandó al Tribunal Supremo de los Estados Unidos que en 1973 dictó sentencia en este caso denominado “Roe contra Wade”:

El perjuicio que el Estado ocasionaría a la mujer embarazada al denegar su elección resulta evidente… La maternidad, o el aumento de la descendencia, pueden imponer a la mujer una vida y un futuro angustioso. El daño psicológico puede ser inminente. El cuidado del hijo puede poner a prueba la salud mental y física. También existe la angustia, para todos los involucrados, asociada al niño no deseado, y el problema de criar a un hijo en una familia que ya es incapaz, psicológicamente o de otra forma, de cuidar de él.

El primer resultado de aquella sentencia no se hizo esperar y, aquel año, cerca de 750.000 mujeres abortaron en EE.UU. y en 1980 llegaron a 1,6 millones, pero a partir de ahí ya no subió más la cifra. Curiosamente, a partir de 1990 también empieza a descender esa cifra.

Hasta la sentencia de Roe contra Wade, únicamente las mujeres con recursos podían abortar viajando a los cuatro o cinco estados donde era posible, las demás debían arriesgarse a un peligrosísimo aborto ilegal que, muchas veces, acababa con la muerte de la embarazada. Resultado de aquello era el nacimiento de miles de niños no deseados en hogares desestructurados y sin recursos. De un plumazo todos esos niños, de los que sólo uno de cada millón es capaz de salir adelante sin serios problemas sociales, habían desaparecido. En los años ochenta esto ya se había percibido en los centros de atención especial de menores, pero nadie lo había querido relacionar con el fenómeno del descenso de la criminalidad en la década siguiente.

Después de este punto, ahora venía otro, los hijos de familias desestructuradas se convertían en padres de familias desestructuradas y el número de embarazos no deseados se reproducía, pero al no existir esas nuevas familias, el número de abortos desaparecía.

Hasta aquel instante, los pro-vida norteamericanos habían sostenido que la mayoría de la población de EE.UU. estaba contra el aborto, que las estadísticas en sentido contrario que daba el gobierno federal eran una falsedad. Pero en plena era Bush, cuando se dejaron de llevar a cabo estas encuestas, la conferencia episcopal norteamericana, en un presunto intento de hacer olvidar los casos de abusos contra menores, presento una estadística donde el 60% de los encuestados estaba contra el aborto. Luego se supo que la citada encuesta se había llevado a cabo exclusivamente dentro de los locales religiosos y, dado el resultado, daba más validez a la tesis contraria que a la que se pretendía apoyar. Porque el 40% de los que asistían a misa no condenaba el aborto y, dado que ese era el colectivo que debía ser más combativo, suponía una derrota de la idea de que la sociedad norteamericana no lo apoyaba.

En el mundo de la delincuencia también tuvo sus consecuencias pues los vendedores de drogas ilegales acababan de perder un importante contingente de potenciales consumidores y distribuidores de sus productos. De este modo despareció gran parte del tráfico de cocaína y heroína, pero fue substituido por crak, más barato y más adictivo, y drogas de diseño, que se colaban fácilmente porque en un principio aún no habían sido prohibidas.

“Freakonomics” sólo nos da una “macrovisión”  de lo que significó el aborto en Estados Unidos. Cada caso de aborto, en realidad, es una historia diferente y las razones que llevan a él también lo son. El aborto es un último recurso al que ninguna mujer inteligente desea llegar. La planificación familiar, los anticonceptivos y, sobre todo una correcta educación sexual, deben ser la única base posible para reducir el número de abortos. De hecho, los profesionales están cansados de ver pasar por la camilla a adolescentes que deberían estar aún estudiando en el instituto y preocupándose de cosas mucho más triviales que el extraño ser que crece en su barriga.

Por último me gustaría narrar el caso de A.A.L., una muchacha que tenía 16 años en 1974. Su novio, tres años mayor, le obligó, mediante coacciones y engaños, a consumar el acto sexual sin ningún tipo de protección. A.A.L. quedó embarazada y el rufián, como era habitual en aquella época, hizo aquello de “si te he visto no me acuerdo”. A.A.L. no tenía padre y debía trabajar para vivir, al igual que su madre, pero con la ayuda del cura del barrio, que se implicó mucho en el caso (más hubiera valido que no lo hiciera), siguió con el embarazo adelante y, dos meses antes del parto, marchó, con un amigo del sacerdote, a Madrid. Tan pronto nació el niño, se lo arrebataron de los brazos a A.A.L. y se lo entregaron a una familia respetable y católica (como no podía ser menos) de Valladolid. Entre tanto A.A.L. volvió sola a Barcelona, totalmente deprimida, tanto que seis días después intentó suicidarse. Su proceso depresivo fue en aumento y tuvo que ser  finalmente  ingresada en un centro de salud mental. Seis años después, cuando todos la creyeron curada, realizó un viaje relámpago a tierras castellanas donde secuestró a su propio hijo. A raíz de aquello estuvo seis meses en prisión y un año más hospitalizada en un sanatorio mental.

Fue poco después cuando conocí a A.A.L., en 1982. En el instituto de bachillerato donde cursaba mis estudios se llevaba a cabo la “semana cultural” y yo era uno de los delegados culturales, por ello participaba en un coloquio con el tema del aborto. Aunque hoy cueste creerlo, yo lideraba la ponencia en contra del aborto y debo decir que tenía a las feministas, que por aquel entonces eran casi en exclusiva las defensoras del aborto, realmente desesperadas. Yo había hecho bien los deberes, pero había alguien en mis filas que no… o, tal vez, tenía una quinta columna. La cuestión es que en el momento de presentar testimonios, alguien había traído a A.A.L. para demostrar que existía la opción de dar en adopción. Ni que decir tiene que su historia me conmovió, así que decidí hablar con ella después de la sesión de aquel día del coloquio (duraba tres y era el segundo día) y saber más. Ella, resultó ser una señora muy amable y encantadora que no puso inconvenientes para ampliarme el relato sobre su vida que, dadas sus dificultades, hubiese sido un problema para cualquier otra persona. Todos se preguntaron por qué no aparecí a la tercera sesión, pero creo que A.A.L. ya lo había dicho todo, aunque ella entonces no lo sabía… no sé si lo supo nunca.

En 1995, su hijo quiso conocerla y la llamó para que fuera a visitarle a la prisión de Burgos. Al parecer el muchacho no había tenido la dulce infancia que le prometieron a la madre y, en un golpe de rabia, había matado a uno de los cuatro hijos naturales de sus padres. Dos años después, cuando salió de prisión, se vino a vivir con ella, pero el chaval, en el tiempo de presidio se había enganchado a la droga. En sólo un año de concentradas y amargas historias, madre e hijo pasaron a estar encerrados, en forma de cenizas en sendas urnas que su abuela me enseñó el día que me contó el final de esta historia.

La vida de A.A.L., desde 1974 no había vuelto a ser vida, el niño no podía quedarse con ella y, allí donde fue a parar sólo se convirtió en el fiel reflejo del sufrimiento de su madre. Si A.A.L. hubiera abortado tal vez hoy sería una mujer de cincuentaitantos o seseintaipocos, con una vida más o menos feliz a sus espaldas y unos hijos tan normales como lo puede ser cualquiera, pero que, tristemente nunca nacieron.

En la vida se tienen que tomar muchas decisiones, a veces horrendas decisiones, a veces equivocadas decisiones, por eso la política del mal menor es la que debe imperar en todo momento y el sobrevalorar  determinados elementos sólo pueden acarrearnos enormes desdichas. Ninguna mujer, insisto, desea realmente abortar, así que si toma esa decisión debemos ponernos de su lado y préstale todo el apoyo que podamos. Lo va a necesitar. Ella ya ha evaluado ese como el mal menor y no hay que subestimar su instinto maternal.

Llegados a este punto ya conocéis mi forma de pensar, pero si os digo que para este capítulo me he inspirado en ese prohombre de derechas que es Fernando Díaz-Plaja. Concretamente en su libro Confesiones “políticamente incorrectas” (dedicado a Sánchez Dragó, otro Fernando).  Y más específicamente en su capítulo titulado “Dos crímenes: Eutanasia y aborto”.

El argumento vital de Díaz-Plaja es la afirmación de los galenos respecto a que, desde la concepción, existe un ser vivo dentro de la mujer. Tiene mucho cuidado en no decir palabras similares a independiente, porque el error sería evidente, sin embargo omite que, en un inicio, sólo existe un cúmulo de células madre que aún no han empezado a especializarse, sólo crecen y se dividen ¿eso es un ser vivo? ¿Y por qué a partir de la concepción? De hecho parece mucho más vital un espermatozoide y se desechan a millones. Coincido con él en que es muy difícil poner el límite de dónde es un ser y dónde no, pero quedarse con la concepción es tan absurdo como cualquier otro límite. Si tenemos que ser rigurosos, el ser que crece en las primeras etapas del embarazo se va humanizando poco a poco pasando por etapas muy similares a lo que la evolución creó como camino para llegar hasta nuestra especie. Hasta el primer mes  el embrión, en que se convertirá ese algo al empezar a especializarse sus células, pasará por un aspecto de protozoo, pez, reptil, hasta llegar a una especie de mamífero humanoide. A partir de ese momento, poco apoco, su aspecto es cada vez más humano. Entre el quinto y el séptimo mes, llega un momento en que el individuo, con ayuda médica, puede tener algunas esperanzas de sobrevivir y será a partir de ese séptimo mes en que, el casi bebé, empezará a prepararse para salir al mundo “por sus propios medios”.

Cada embrión-feto-bebé evoluciona a su manera con tiempos, más o menos, como los citados pero uno desarrolla los pulmones antes que otro, el otro el aparato digestivo, el otro… En principio no fue más que una célula producto de la unión de un óvulo y un espermatozoide. En aquel inicio, el código genético del ser, en que pueda llegar a convertirse, queda definido, pero en él también estarán por desarrollarse todos sus males, incluso aquellas afecciones que pueden hacerlo inviable. Es, en realidad, menos que una de aquellas amebas primigenias que dieron lugar al primer ser vivo sobre la Tierra. Dar a esa célula protohumana más valor que a la ameba que nos dio la vida ¿no supondrá un sacrilegio? No pongamos el límite en la concepción, hagámoslo más allá aún… ¿Qué tal en los simios, en los lagartos, en los peces, en las amebas?

Visto así, matar a cualquier ser vivo, de la especie que sea, es un asesinato. Se acabó el comer carne, las corridas de toros y todas esas barbaridades que exterminan la vida de otros seres vivos de nuestro planeta.

Bueno… bien pensado no es tan mala idea.

Por otra parte, abandonando la incorrección política de Díaz-Plaja, tenemos ese aborto flagrante entre el cuarto y el quinto mes. Como una mujer que defiende la vida, que es vegetariana para no matar a otros animales, es capaz de perpetrar ese acto. Bueno, ya sé que estoy haciendo una exageración… pero después de todo no va a comerse al feto.

Esta claro que ha llegado el momento de terminar este capítulo porque había prometido no reírme de un drama y, a fuerza de contradicciones, estoy bordeando las costas del chiste… políticamente incorrecto.

 

 

NOTA DEL AUTOR: La historia de A.A.L. es realmente el resultado de tres historias que se han entrecruzado dando lugar a una historia prácticamente inventada, pero fácilmente reconocible en otras historias que casi todos los que vivimos aquellos años pudimos llegar a conocer. Así mismo, dada la seriedad del tema y la poca seriedad de este libro, también se han manipulado las siglas A.A.L. para que nadie pueda, ni remotamente, reconocer, de algún modo, a alguna de las personas que han dado origen al relato. Las ciudades que aparecen en el mismo también pueden haber sido modificadas, incluso para buscar el tópico que las haga más creíbles. A pesar de ello no se pretende ofender, en ningún caso, a los habitantes de las mismas. Pero bueno, si estamos leyendo este libro y hemos llegado tan lejos, es que somos personas muy diferentes de esas otras que imponen normas morales para aprovecharse del prójimo y poco importará nuestra ciudad de procedencia.

Todos los seres humanos son iguales sin diferencias de raza, sexo, religión, estatus social, preferencias sexuales, estatura, color de ojos, número de DNI, ideas políticas, equipo de fútbol, tamaño de pie, cargo dentro de una organización… Si eres de los que, no sólo cree en esto, sino que además lo asumes en todas sus consecuencias, no necesitas para nada esta “NOTA”, pero si no es así y, a pesar de ello, has logrado llegar hasta esta página, habla directamente con mis abogados.

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  • Para ser un ensayo rápido, no está nada mal. Eso sí, te animo a que lo amplies y hables más extensamente de la historia de los 3 supuestos y de algún ejemplo más. Por otra parte,me ha parecido muy interesante y relevante que hayas incluido la relación entre hijos no deseados y delincuencia. También has esbozado la relación entre embarazos no deseados y la clínica. Si sigues en esta línea, puedes citar incluso estudios que relacionan embarazos no deseados con mayores índices de malos tratos en el hogar, llevados a cabo por las propias madres. Esto influye en que después ese hijo delinca. Otros estudios también apuntan a que un padre con antedecentes penales suele transmitir genéticamente algunos rasgos que influyen en la posibilidad de mostrar conductas delictivas.
    Ayer te leí, pero no conseguí colocar el comentario. Fallaba el sistema. Hay alguien a quien le envié el enlace para que pudiera leer tus argumentos. Yo misma en uno de mis post de hoy he tocado este tema. Me gusto la forma de abordarlo por tu parte. Hace falta cogerse las cosas con la cabeza fría. Anoche hubo un debate televisivo por la eutanasia que también confronta posiciones encontradas. Las dos españas, parece. Saludos
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