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6 min
El hombre del retrete volador
Humor |
27.12.20
  • 4
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Sinopsis

"Cuentos Trumpistas". Un agente secreto escapa con vida al lanzarse en una caída libre de 4 mil metros; cree que cae solo, pero pronto descubre que un hombre le persigue mientras vuela sentado en un retrete.

De todas mis anécdotas que me ocurrieron siendo agente secreto, creo que esta se lleva el crédito de ser una de las más insólitas. Y me ocurrió ayer.

Escapaba de las garras de un comando del ejército aéreo español, cuya aeronave había hecho explotar, en un salto en caída libre a 4 mil metros de altura.

Mientras bajaba jubiloso, feliz de estar vivo, de pronto se me cruzó por los cielos, sin tener la mínima puta idea de dónde pudo haber salido, un hombre que iba volando sentado en un inodoro.

Aquello se me presentaba como si fuera una visión surrealista.

Sentí, más que curiosidad, un sentimiento de suma perplejidad que luego se transformó en miedo y por último en incredulidad.

¿Era tiempo de abandonar el peligro de una vida llena de riesgos, mentiras y traiciones? Aunque el trabajo requería de bastante esfuerzo físico y una particular mezcla de destrezas intelectuales, digamos atributos personales, todavía me gustaba sentir ese calambre que te desgarra los nervios. Es excitante, pero requiere de sangre fría.

Sin que lo esperara, el hombre que iba sentado en el inodoro, con los pelos de punta, la camisa embombada, la faja golpeándole las tetillas del pecho, pero con las manos bien sujetadas a la base de cerámica, se acercó gritándome como un desequilibrado:

-¡Oiga, amigo!

Seguí con mi caída libre sin voltear a verle, indiferente. En realidad, no sabía si la imagen de aquel hombre era real.

-¡Oiga, oiga! ¿Me escucha usted? -volvió a gritar.

Giré mi cabeza para observar a aquel hombre sentado en el inodoro, incluso me ajusté los lentes y me di algunos golpecitos en la cabeza para asegurarme de que no estaba delirando.

-¡Vi como explotó su avión! -me gritó-. ¡Maldito gobierno! -siguió-. ¡Socialismo puro! ¡Marx y Engels deben estar orgulloso mientras se asan de lo rico en el más profundo infierno!

“Qué le pasa a este tipo”, me dije.

El hombre no dejaba de hablar. De pronto empezó a gritar las letras de una canción:

“Fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-far better
Run, run, run, run, run, run, run away oh, oh, oh
Fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-far better
Run, run, run, run, run, run, run away oh, oh, oh, oh
Yeah, yeah, yeah, yeah!”

Y viéndome fijamente a los ojos:

“Psycho Killer
Qu'est-ce que c'est

Fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-far better
Run, run, run, run, run, run, run away oh, oh, oh
Fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-far better
Run, run, run, run, run, run, run away oh, oh, oh, oh
Yeah, yeah, yeah, yeah!”

Aquello estaba más allá de mi poder intelectual.

-¿Pero sabe una cosa? -me preguntó mientras reía.

Una retahíla de heces fecales salía de la parte de abajo del retrete.

-Todo esto es culpa de Sánchez y sus comunistas.

-Espere un momento -le respondí -. ¿Podría callarse? No me importa lo que usted diga.

-Amigo, solo quiero que abra los ojos.

-No quiero que me los abra.

-Figúrese usted -dijo otra vez lanzándose unas grandes carcajadas-. Me ha tirado del avión una turba de gente intolerante que no ha tenido el mínimo despacho de coartar mi libertad de expresión. Las dirigía una mujer, una feminazi.

-Escuche, amigo -le grité bastante enfadado-. No es mi negocio. No me importa lo que usted o esas otras gente piensen. Me tienen sin cuidado.

-Amigo -dijo el hombre sin prestar atención a mis palabras -: Me han tirado del avión por lo que ha pasado en Canarias.

-Se calla o lo callo con este Beretta, amigo -le respondí tocándome el cinto.

-Un momento -dijo el hombre -. Ya casi termino. ¿De casualidad no guarda usted por ahí en su valija un rollo de papel higiénico.

Saqué mi Beretta y se la apunté.

-Guao, guao, guao -dijo el hombre y luego cantando -: Psycho killer, qu'est-ce que c'est, fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-far better…

Y acabó dejándose ir otra secuencia de desechos abdominales. Yo en cambio abrí mi paracaídas.

-Escuche -siguió-. No tengo nada contra usted. Usted es un alfa, no un beta. Es la antítesis de una feminazi y todo lo que representa, que no es otra cosa que una válvula de escape ante su particular guerra contra el hombre y la feminización de la sociedad.

“El Moronegro, o sea España, es la tierra prometida de Soros, tras pasar "40 años" de manifestaciones, culpabilizar blancuchos y nuncafollismo. Es el final del túnel donde les espera hordas de barcos con Mamaddous y Mohammeds jovencitos y fibrados de hacer ejercicio en las Canarias, con los que la feminazi podrá volver a ser de nuevo UNA MUJER; ya están en la tierra prometida, HOMBRES negros que las chulean, las bailan durante toda la noche, las manosean y se las follan como las perras que son. Eso es lo que les gusta a ellas y por eso vale la pena su lucha, obtienen el poder social y siguen siendo la sumisa que siempre han deseado ser. Estos africanos son la contrapartida para soportar toda la mierda de la sociedad que han creado estas borregas abducidas por psicópatas".

Yo estaba realmente desencajado. Al final sentí lástima de él, mientras se alejaba de mí y acabé preguntándole:

-¿De qué demonios habla, amigo?

Él entonces finalmente se levantó del retrete, soltándole, al tiempo que del culo le desprendía, como en un soplete, un jugoso batido de mierda. Y dijo con el porte de un verdadero patriota:

-¿Es que no se ha dado cuenta usted de lo que pasó hoy?

Y con la cara roja por la ira me gritó:

“¡QUE HUBO UNA NUEVA FIESTA DE MORONEGROS EN TUNTE , GRAN CANARIA, CON BLANQUITAS ESPAÑOLAS CANTANDO “WAKA, WAKA, ESTO ES ÁFRICA” ALREDEDOR DE UN MONTÓN DE NEGROS DE MARRUECOS Y SENEGAL!”

No alcancé a escuchar sus últimos gritos. Cuando toque tierra, mi equipo de trabajo me estaba esperando. Cuando uno de ellos me vio pálido de la perplejidad, me preguntó extrañado:

-Coño, a joder por el culo, ¿cómo que te ha flipado el paleto?

Volteé a ver el cielo e hice una pequeña curva mental que pensé me daría la ubicación de la zona de impacto de aquel raro individuo que se me cruzó por el firmamento. Pero pronto me acordé del chorro de caca que le salía del trasero y finalmente vomité.

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