cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
EL HOMBRE DEL SOMBRERO GRIS
Amor |
08.08.18
  • 5
  • 7
  • 83
Sinopsis

A la vuelta de cualquier esquina puede sorprendernos la vida....

Todos los días salía a caminar. Para él era una rutina.

Yo al principio solo lo observaba. Esas cuadras que recorria lento parecía disfrutarlas, sin importar el cielo con sol o con nubes. Nada lo detenía.

Se quedaba diez o quince minutos, no más, charlando con el repartidor de diarios; parecían viejos amigos de la infancia, aunque nunca pude oír de que hablaban, a veces reían.

Cuando llegaba a la plaza, a su banco de siempre, se sentaba de cara al sol los primeros cinco minutos. Yo podía ver como ese baño de luz le llenaba de brillo sus profundos ojos negros.

De a poco fuí acortando las distancias, hasta que un día,sin más, me senté a su lado, en ese que parecía su lugar. No importaron las diferencias de edad, de contextura (él parecía muy fuerte) ni de opiniones o de gustos.Simplemente nos hicimos amigos.  Y cada tarde a la misma hora, nuestro encuentro parecía el primero.

Me contó tantas cosas, a veces en tercera persona, para que yo no me sospechara que se trataba de su propia vida. Yo solo escuchaba y aprendía. Me hacía reír con sus aventuras, sus chistes traviesos y su ironía, eran parte de su carácter y yo lo adoraba. Fue así como empecé a conocer su soledad, disfrazada de compañías; sus desamores cotidianos con un amor vacío al final; sus ganas de disfrutar, aprender y vivir y sus pocas posibilidades de hacerlo. Su terrible necesidad de que algo o alguien alegrara su vida y un miedo terrible a aceptarlo.

A veces jugábamos al ajedrez en ese mismo banco, para justificar nuestros silencios. Era una hermosa forma de estar juntos sin necesidad de palabras. Y era ahí cuando lo descubría mirándome profundamente a los ojos, como buscando en mí quién sabe que cosa.

Para mí todo era un aprendizaje a su lado. Hablar del clima, de pesca, de cine, de música o de sueños postergados. Cada palabra suya colmaba mi alma. A veces yo llevaba refrescos, otras algo rico para amenizar nuestros encuentros; pero me reía porque nunca acertaba sus gustos...eran tan simples y yo quería halagarlo.

Ahora, que entiendo todo, me doy cuenta que solo buscaba menguar su soledad, que todo gesto de cariño o ternura para él era una caricia. Qué algo o alguien lo había lastimado y que inexorablemente solo quería huir del desamor y no sabía cómo. Todo se fue haciendo carne y piel en mí. En él.... nunca supe hasta el otro día.

 

Llevaba una semana sin aparecer. Me parecía raro y empecé a preocuparme. Pero en verdad no sabía donde ir a buscarlo. Su paradero para mí  era tan incierto como su alma. La otra tarde escuché a dos ancianos hablar sobre lo ocurrido:

_Viste el hombre del sombrero gris, el que siempre se sentaba acá...qué raro el otro día se suicidó. Dicen que los bomberos cuando lo sacaron de las vías le encontraron un papel entre las manos.

"MI secreto amor... como explicarte lo que siento. No tengo palabras. El miedo a sufrir me paraliza. Nunca pude superar los desengaños. ¿como hacerme cargo de tu dulce corazón si apenas puedo con el mío? Te quiero, sabelo. Por siempre tuyo. Gracias por estar."

Ahora, sentada aquí, lo pienso, lo siento, puedo respirar su perfume y oír su cálida voz. Nunca pude explicarle claramente lo que sentia, que jamás iba a lastimarlo, que el desamor conmigo no existiría.

Me  pongo en marcha lento, muy lento...con un papel en mi mano. "Querido amor...nunca entendiste cuanto te quiero...mis silencios y mi compañía no te bastaron. Ya no puedo esperarte más. Ya no estarás más solo...voy a tu encuentro."

Lento... muy lento. Masticando el aire, con el sol en mi cara...sus ojos negros anclados en mí, su fuerte mano en mi cintura. Caminaré solo cinco cuadras hasta la estación del tren...

Tal vez en este corto trayecto que me separa de él me sorprenda nuevamente la vida.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 63
  • 4.74
  • 9

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta