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10 min
EL HOMBRE INVISIBLE
Reales |
19.04.20
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Sinopsis

Un maestro de escuela que es amante de la poesía, un día descubre que la sociedad en la que vive no es como se la imaginaba.

Pablo Costa era un maestro de Secundaria en una escuela pública de un pueblo de la comarca del Maresme conocida también por Barcelona Norte. El docente un sujeto de treinta y cinco años con una singular mirada de naturaleza introspectiva; daba la impresión de que ésta se proyectaba más hacia adentro de su alma que hacia afuera, ya que en sus ratos libres desde su más temprana juventud cultivaba la poesía con un marcado acento místico, hasta el punto que en una ocasión llegó a ganar un premio en los Juegos Florales que era un concurso de poesía que cada año organizaba el municipio de la gran ciudad.

Pues para él la poética era la llave que le abría la puerta de sus emociones a través de la estética del lenguaje simbólico, el cual le permitía retener la belleza de la Naturaleza en general, como por ejemplo un paisaje, el sabor de una fruta, y sobre todo el amor. Y hay que subrrayar que para este hombre dicha manifesación artística tenía más valor que la música, a pesar de que ambas formas de expresión anímica fueran primas hermanas y se apoyaran la una a la otra.

Tanto era así que cuando Pablo Costa daba algún recital en alguna entidad pública de la localidad en la que vivía,  instaba con convicción a sus oyentes a que escribiesen en un papel lo que sentían según el momento por el que pasaran; que no trataran de reprimir sus emociones, porque a su uicio esta faceta humana era lo que constituía la esencia del alma; la auténtica razón de ser, puesto que primero nosotros sentimos y después pensamos.

Sucedió que poco tiempo después de que Pablo hubiese ganado aquel galardón en los Juegos Florales, éste conoció en una Fiesta que se celebró en el Casino de su localidad a una atractiva y simpática joven; se trataba de una mujer morena, con una chispeante mirada en los ojos llamda Rosa que trabajaba de recepcionista en un hotel de la Costa.

El poeta lllevado por su pálpito romántico enseguida se vio atrapado por los encantos y la espontanedad de Rosa, y al cabo de un tiempo de  tener unas apasionadas relaciones animadas por un vigoroso erotismo, ambos  decidieron vivir juntos. Y Pablo queriendo ser sincero con su pareja le confesó su  amor por la poesía, con la pretensión de que Rosa le supiese comprender su humanismo, su sutil sensibilidad, por lo que de vez en cuando él le dedicaba algunos poemas como si de un Cyrano de Bergerac se tratara.

Entonces parecía que Rosa agradecía aquella deferencia con inspiradas palabras y abrazaba a su compañero sentimental un tanto mecánimamente.

Dado que Pablo Costa se había hecho un hueco en el ámbito literario fue invitado en un par de ocasiones a ir a una emisora de Radio para hablar de su trabajo poético, acompañado claro está por su pareja.

- Señor Pablo. ¿Cree usted que en el estilo de vida actual  tan competitivo y mercantilista que nos rige la poesía tiene la importancia que debiera tener? - le preguntó el locutor que era un tipo relativamente joven; delgado, con un tic nervioso en un ojo.

- Claro que la tiene. Precisamente la poética hace de contrapeso a la tiranía del Mercado, del feroz consumismo; puede ser nuestra válvula de escape espiritual, de igual forma como cuando nos extasiamos contemplando un hermoso paisaje, o un cuadro - respondió Pablo-. Le voy a decir una cosa. La poesía es un ángel cuya ambigúedad de la palabra y de la metáfora mueve a nuestro espíritu; nos sugiere un más allá de lo aparente. Y como decía el gran poeta Rilke con la cadecia de la palabra atrapamos la belleza que subyace en las cosas, porque ésta en sí no es nada sino que es el principio de lo terrible.

Sin embargo en una de aquellas ocasiones en la emisora de Radio mientras Pablo hablaba, éste se percató que Rosa tenía la mirada ausente; era de una vaciedad espantosa. Parecía que para la mujer el discurso de su pareja tuviese el mismo efecto que el de oir llover. Por supuesto que Pablo no esperaba que Rosa estuviese continuamente venerando su creativa pesonalidad como se ve en muchas malas pelìculas que quieren hacer un homenaje a algun personaje famoso, pero daba la sensación de que ella ignoraba por completo el fuero interno de aquel hombre. Rosa lo miraba sí, pero no lo veía; que es tanto como decir que para aquella dama  Pablo era el "hombre invisible".

Al cabo de unas semanas Pablo le recordó a su pareja los poemas que le dedicaba a ella cuando en teoría empezaban a congeniar.

- ¿Te acuerdas de los versos que te leía cundo nos conocimos? ¿Te gustaban? - le preguntó él con regocijo.

- ¿Tus poemas dices? No recuerdo nada. Sí, supongo que estarían bien... - respondió Rosa haciendo una mueca con la boca de extrañeza; como diciendo: "¡Y a mí qué me cuentas!"

-¿Cómo que no los recuerdas? ¿Es que acaso tienes amnesia? - protestó molesto el docente.

-¡No seas burro! ¡No, no me acuerdo de lo que decían tus poemas y ya está ¿vale?! Mira Pablo. Me parece muy bien que tengas tus aficiones; un "hobby" - expresó ella con frivolidad- pero yo soy muy práctica, y pienso que lo que realmente importa en la vida es el trabajo, la salud y la familia. Lo demás es muy, muy secundario. ¿Entiendes?

Desde aquella discusión la confianza que el poeta pudiera tener a aquella mujer se retrajo como un caracol en su cáscara, porque por lo visto a la pizpireta Rosa tanto le daba haberse liado con un poeta como con un albañil que en sus ratos libres cantara jotas, mientras el tipo en cuestión le fuese de utilidad, y el factor humano con la historia personal que éste conllevara le importaba un comino.

Era evidente que para Rosa su pareja era un sujeto que tenía que seguir haciendo rodar la noria de la fortuna para su bienestar material y nada más. Por lo tanto lo que Pablo pudiera decir por muy bien expresado que estuviese, a ella le entraba por un oído y le salía por el otro.

Mas si Pablo se fijaba con detenimiento aquella misma actitud indiferente de Rosa hacia su manera de concebir la vida, se transmitía asimismo en el ambiente en el que el maestro se movía. Él percibía que familiares, conocidos y otros compañeros del trabajo cuando daba su parecer sobre cualquier asunto cotidiano por acertado que fuera, a los dos minutos ya nadie se acordaba de lo que éste había dicho. Pues en realidad cada uno iba a la suya sin reparar en los demás. Esto se notaba especialmente cuando Pablo hablaba con una persona y ésta no se molestaba ni tan siquiera en mirarlo directamente a los ojos. Seguía siendo "el hombre invisible" para mucha gente que al igual que su padre consideraba que al escribir poemas era un soñador empedernido que no "tocaba de pies en el suelo".

Se diría que la sociedad había caído en un tan egoísta como prosáico estado de ánimo que se esforzaba en negar la singularidad personal de cada cual.

Por esta razón Pablo hacía ya largo tiempo que tenía la sensación de comportarse como un tonto cada vez que hablaba con cualquiera porque intuía que no era escuchado por su prójimo. ¿Entonces para que decir nada? Y esta toma de conciencia de la nada aún le acrecentaba un agudo sentimiento de soledad.

Era obvio que si a la gente le costaba tanto escuchar a un conocido, a un amigo con temas banales; a pie de calle ¿cómo Pablo podía esperar que sus poemas fuesen asimilados y saboreados por el gran público?

Como Pablo cada vez se sentía más decepcionado de lo que veía a su alrededor, decidió ir un día a visitar a su profesor de Literatura de sus tiempos de estudiante en la Universidad, que había sido quien le había animado a dedicarse a la poesía, llamado Hernando Garcés con el objeto de deshagorase; de poder comunicarse con una persona que hablase su mismo idioma sensitivo.

Hernando era un hombre viudo de seseinta años de edad; de recia complexión que vivía solo en un piso que estaba situado en una calle adyacente a la Plaza Cataluña, pero que estaba asistido por una vieja criada desde hacía varios años.

- Ya me he enterado de tus progresos con la poesía. Te doy mi enhorabuena - le dijo Hernando sonriente a su antiguo alumno, mientras le ofrecia una cerveza.

- Ya. Pero tal vez abandone esta actividad - le respondió Pablo en un tono sombrío.

- ¿Por qué? - inquirió el profesor asombrado.

Seguidamente Pablo le refirió la indiferencia social hacia cualquier manifestación tanto artística como humana que se palpaba por doquier.

- La gente sólo se conmueve con los desastres naturales, y nada más - dijo él.

- Según un famoso pensador e historiador de los años 40 llamado Spengler, en el mundo hay un conjunto de culturas (la Antigua, la Egipcia, la India, la Babilónica, la China, la Mexicana y la Occidental) que se desarrollan independientemente las unas de las otras de un modo vital, al igual que un cuerpo humano. Juventud, Crecimiento, Florecimiento y Decadencia - le explicó el profesor Hernando-. En el caso de Occidente se ha entrado desde hace muchos años en la etapa de la Decadencia, la cual se manifiesta en muchas cosas, sintetizada sobre todo en la exaltación narcisista del sujeto que le hace despreciar a los demás. Pero el fin de una era significa también el principio de otra cosa, de otra Humanidad. Por lo tanto tú sigue creando poesía, porque a pesar de todo siempre habrá alguien que te sabrá escuchar, puesto que el sentimiento humano por diferente que sea a lo que conocemos hoy en día no desaperecerá.

La relación  de Pablo con su pareja sentimental se fue al garete porque eran de dos mundos opuestos y el diálogo de sordos que se había establecido entre los dos fue imposible de sostener. No obstante él estimulado por el consejo de su profesor siguó escribiendo poesía en busca de alguien a quien hacer vibrar. ¡Pero Dios, cuánto costaba encontrar a esta receptiva persona...!

 

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  • He querido ponerle 5 estrellas, pero he errado. Seguro que lo haré en otro relato
    Me gustan sus relatos por varias razones: argumentos y vocabulario. Están bien escritos, Éste es una prueba. Me agrada que el autor sienta orgullo de su procedencia y sentimientos: usted introduce datos que le orientan a uno sobre este extremo, Badalona, Plaza de Cataluña, el Maresme... He visto alguna vez escrita la palabra "seseinta" por ¿similitud? con "sesenta" (en catalán " seixanta"), que podría defender usted razonablemente aludiendo a los comentarios de García Márquez, que en cierta ocasión dijo que 'condolencia ' existe en español, pero no 'condoliente', (no figura en el,diccionario de la RAE), presumiblemente entendible por todos. Saludos desde el Sur.
    Hola Francesc! La verdad, es que yo tampoco entiendo las prisas por salir. A ver si los cuarenta y pico días que llevamos en casa se van a ir a norris por la tontería de salir a hacer deporte. Y quién se quejaba? No es como los niños, los deportistas ya son mayorcitos! Luego voy al Otro lado.
    Me gusto la historia de Pablo Costa es que la vida propiamente lo ignora a uno, nunca se sentiria uno tan solo como cuando la indiferencia de una persona,te hace ver que verdaderamente estas solo, es como cuando uno esta rodeado de un monton de gente esta a tu alrededor pero tu no los veas y es que a veces la peor compania no es la soledad es la indeferencia de los demas.
    A veces al igual que la inmensidad del universo es imposible que dos mundos que estan hechos el uno para el otro se encuentren no es nada premeditado simplemente son cosas de la vida un saludo
    Protejamos y cuidemos la singularidad de cada cual, sin duda. Afectuosamente, Kfm
    Si, esa película no la he visto, a ver si la pillo en algún canal. La que sí me gusta es El hombre de la máscara de hierro, con un jovencísimo Di Caprio, y no me preguntes, ya te digo que este actor no me gusta mucho, pero en esa peli si. Ya sabes... los tres mosqueteros
    Hola Francesc. No has visto mi respuesta en tu comentario? Es de hace días ya, me extraña, la puse en tu último relato. Te agradezco tu preocupación por mi amigo, sí, somos más o menos de la misma quinta. En cuanto a las personas es curioso que se acepte a un fanático del fútbol pero te miren raro si dices que escribes. Y lo de falsear el interés... no trae nada bueno ninguna mentira, todo se sabe a la larga. Lo que es una lástima el que el poeta que conociste lo dejara. A veces es la propia pareja la que te asquea hasta que lo dejas... que no es mi caso, por supuesto. Es importante tener un espacio propio donde uno se sienta bien, sin intromisiones, y más si a la otra persona no le interesa lo que haces. Sigues bien, verdad?
    La historia me atrapó. Me siento identificado totalmente. La historia de Pablo Costa es la de muchos de nosotros. Tal vez estos últimos tiempos dramáticos sirvan para que muchos puedan valorar la belleza de las palabras y encontrar belleza más allá de lo que se considera "pragmático" en este mundo decadente. P.D. Qué buen título.
    Tres (o mas) enunciados empiezan con “Y”. Copie todo el texto a word y me subrayo demasiados errores, tienes que hacer lo mismo tu (tu eres el autor!! Hahahaha) Por que invitaron también a su pareja a la entrevista del radio? Que no puede ir sin ella? Entonces una chica se enamora de un escritor y le creclama que sea escritor. Por que se fue a vivir con el entonces?
  • Una visión sobre los grupos utópicos que se denominan hijos del antisistema.

    Lo que sucedía en esta institución y no trascendía a la opinión pública.

    La familia es un grupo humano mucho más complejo y difícil de lo que se da a entender.

    Es FANTASÍA, pero no he encontrado el distintivo en la columna de los géneros.

    Un colectivo de gente espera la llegada de un vehículo de transporte pero éste tarda en llegar. No es un relato convencional, aunque también hay algo de amor. Lo escribí cuando tenía veinte años.

    Los Diarios suelen ser la trastienda del ser humano.

    La naturaleza humana, dentro de cada cultura es bastante similar entre sí.

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He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

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