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14 min
El hombre que no tenía nada.
Reflexiones |
09.06.22
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Sinopsis

A veces creemos que el Dinero es importante, en mi experiencia personal.. acaba por alejarnos de las persona que amamos

Cuando lo conocí mi vida era simple, y en aquella simpleza reposaba la inmadurez de mis experiencias, también estaba llena de deseos e ideas que podía lograr si tan solo hubiera despertado de aquel aletargado sueño que nos encierra en una burbuja alguna vez en la juventud. Mi realidad de dolores y culpas, de límitantes autoimpuestos, inseguridades y falta de conexión con el mundo y con una personalidad construida a medias y demasiado frágil me hacían un desastre inestable frente a las adversidades, frente al fracaso, frente a lo salvaje que puede ser la humanidad con tu corazón. 

Él llegó deseoso, presuroso, con una intensidad que quemaba, que alumbraba a su paso todos los caminos que parecían teñidos por oscuridad, en penumbras. Su presencia aún cuando no me había alcanzado y sólo era una voz tras el teléfono o un mensaje, se encargaba de generar la chispa que tanto esperaba descubrir. Frecuentemente no veía sino descoloridas almas, animos derrotados, voluntad seca, disposición anulada, ojos opacos, y corazones desleales.. nadie me producía entusiasmo ni emoción, parecía que no existía ese que tanto esperaba encontrar en el ser interior de alguien más, veía adultos por todos lados que habían olvidado la simpleza de la vida y lo genuino de ser como un niño, honesto, sin ninguna máscara, sin ninguna capa que descubrir, con la verdad en la punta de la lengua y el desborde de sentimientos y emociones.

Una vez que nos miramos a los ojos, por primera vez frente a mi, entendí, que la atracción de dos almas estaba medida por nada más que el encuentro de dos que esperaban encontrarse. Fue instantáneo, aún cuando me negaba a la emoción, aún cuando la flecha del amor atravesó mi frágil pecho y mis pulmones se ahogaban en sangre, pretendía que nada me había tocado, y que había sido un encuentro de lo más corriente, aún cuando al despedirnos y darle la espalda presurosa por escapar de su mirada, una sonrisa sostenida en mi cara se prolongaba, me reprochaba a mi misma severamente: ¿Como te puede gustar? ¡El no te ha de gustar! !Es horrible!.

Pero ya había sucedido, verán, en cuanto la canción que compartió conmigo llegó a mis oídos, sentí que su corazón me estaba hablando, y así, entre silencios y sus ojos brillantes.. nos hablamos aquella mañana veraniega, muy calurosa y pegostosa, aquel encuentro fue más refrescante que el agua o que la lluvia.

Ni nuestros cuerpos ni nuestras palabras fueron necesarias, no se trataba de cómo nos veíamos, o si sabíamos demasiado de algo en específico, no era una conquista, no había que convencernos de quienes eramos o de que eramos capaces de hacer, si hubiéramos ido con los ojos vendados habríamos quedado flechados de igual forma. Porque nuestras almas se reconocieron.

El tiempo que nos bastó para iniciar algo que aún para mí no se ha acabado, corrió entre un lenguaje hermoso no-verbal, no-físico. Eramos homónimos, veníamos de orígenes distintos, totalmente contrarios el uno del otro, llenos de molestos desacuerdos, de percepciones y realidades abismales, cuando debíamos de estár de acuerdo nos frustrabamos, y la lucha por coincidir era una lección de vida cada día, que con el tiempo reconocimos no iba a sesar. Eramos igual de fervientes creedores en nuestras convicciones, y peleábamos por nuestros ideales personales así se encontrarán o no de acuerdo. Tantas noches perdiendo el tiempo en peleas tontas, siempre había un momento en que alguien creía que el otro se iría, pero en el fondo nadie quería hacerlo realmente.

Sus formas tan simples y primitivas, a la vez cargadas de tanta lógica e intensidad me envolvían como una manta suave en invierno, me confortaba saber que uno de los dos podía ver las cosas diferentes al otro, complementaba todas esas características que me faltaban y que me ayudaban enormemente cuando no podía ver la salida frente a mis ojos todas aquellas veces que me encerraba en la prisión de mi mente, y él era capaz de sacarme de cada uno de los huecos en los que repetidamente solía verme atascada. Práctico, es un hombre Práctico.

Aún guardo en mi memoria cada paso que sus pies daban por las mañanas en nuestra pequeña habitación, resonando en las paredes, haciendo eco en mi sueño. Siempre esperaba dormír un poco más cuando el se iba, pero era pesado, fornido, robusto, y su fuerza recidia en los talones al pisar, y terminaba por dispersarse en la punta de sus pies elevandolo un poco al aire y haciendo que su melena se moviera en una danza con el espacio y el tiempo. No era cuidadoso, ni amable, no le importaba nada más que sus rituales, y sólo era él contra el mundo. Despertaba como un desastre natural arrasando con la paz matutina, era el señor de las cavernas, insoportable.. La verdad todas aquellas veces sólo quería que se fuera rápidamente, pero acabábamos muchas por hacer el amor, y ya no podía dejarlo llegar a tiempo al trabajo.. la necesidad de su calor, de sus cariños, me rompía el corazón viéndolo traspasar la puerta.. perdiéndose entre el sonido que sus pasos aún producían sobre el piso de madera, y el ruido de la cerradura al pasar la llave fuera de casa..

Nuestra habitación, una cama de uno para dos, pequeña, angosta, y en la cual hicimos el amor tantas veces como nunca con la misma persona en nuestras vidas. Nuestra habitación, llena de sus cosas y las mías que en desorden se entrelazaban, que nos unían, que armonizan la convivencia, que da el sentido de pertenencia, nosotros, nuestro. El armario una caja grande, vieja, rota. Y nuestro pequeño rincón que hacía de almacén, dónde guardabamos nuestras preciadas galletas, los tés para compartir en la cena y fingir que compensaba la comida rápida que solíamos comprar, nuestras medicinas que eran más mías porque padecía de las mil y un plagas de Egipto mensualmente, nuestras tazas, nuestros productos de limpieza, nuestros cepillos y jabones y dentrificos, todas nuestras compras del hogar mensual. Eramos familia. Era nuestro nido de amor, que con el tiempo y finalizando nuestra primera etapa se fue llenando poco a poco de más vida, con un taburete de madera bien lindo que compré una tarde, un nuevo colchón odioso que era más tieso que el viejo, y un armario demasiado grande, pesado y femenino con un espejo que nos sirvió de algo más en nuestras pasiones. Recordarlo se siente muy cálido, y como un fantasma que está penando, me siento como viéndonos desde fuera... La escena de un par de tontos, día a día luchando por un quizá.

Las estaciones: verano e invierno. En una mojados del calor, ahogados en la humedad pegajosa limeña, desnudos por la noche, sin ventilador por un tiempo porque mi sola presencia hizo que uno hiciera corto y el ogro me hiciera la famosa ley del hielo con la cual azotaba mi pobre ser. En la otra, yo usando su ropa gigante y gruesa, él molesto sin poder encontrarla, muriendo de frío salido de la ducha preguntándose donde estaba, haciendo el amor todas las noches para combatir el frío, frotandonos, despertando a los vecinos: El dragón ball (adicto al anime), El abogaducho(Un tipo abogado más o menos mediocre que llevaba a sus amantes al alquiler), El loco de la clonazepam (el esposo de la gorda Pikachu [Una mujer gordita con cara de Pikachu]), a los gatos, a los perros ( El perrito de Pepe [Nuestro arrendador] que chillaba a todas horas y parecía estar falto de amor, acabo por morir un invierno en el jardín), a la luna (Que cuando brillaba la dejaba entrar con su luz a nuestra cama, a la noche... Embriagados de deseos, de complacencia, de felicidad.

Soliamos caminar de la mano por las calles vacías o atestadas de gente, nos paseabamos sin rumbo, sin motivo, exploradores sin norte, sin sur, solo acompañándonos en lo que significará vivir y muy juntos entre besos, entre música, fuera de la realidad que nos inundaba continuamente llena de responsabilidades o de un futuro incierto que soñábamos sería nuestro. Era suficiente un banco en algún parque, recostados o echados en algún lugar, ver pasar la gente, compartir una porción de algún dulce, algún chocolate, un pastel, una gaseosa, lo que fuera contando con pocas monedas en nuestros bolsillos, eramos felices.. muertos de frío o muertos de calor, feos, o bonitos, lo que importaba era que el cielo estaba arriba y la tierra en nuestros pies con la brisa soplando.

Parecíamos dos adolescentes, locos de amor, locos por vivir y llenar esos espacios vacíos que alguna vez nos dejaron, que nos hicieron. Estábamos rotos, y muy en el fondo lo queríamos ocultar.. aún así, cada cierto tiempo como demonios salían y como ratas a roer todo.. nos herimos, si. Y el daño que las palabras y las acciones causaron abrieron heridas que no sanaron adecuadamente y dejaron cicatrices. Pensábamos que seríamos capaces de salvarnos, pero en la oscuridad ninguno de los dos podía ver la luz si nos perdíamos juntos

Muchas veces desee haber podido ir al pasado y no cambiar mi vida, sino la de él. Soñaba con viajar en el tiempo, poder tenerlo en mis brazos y darle todo el amor que nunca le dieron. No podía comprender cómo el hombre que yo conocí maravillada y quién me producía tantos sentimientos y sueños, podía haber caído tan bajo, y como aún después siguió haciéndolo. No era capaz siquiera de hablar de sus sentimientos, y generalmente era más fácil el odio, o la ira, se sobrevenia sobre el y acababa con todo a su paso. Era como un chiquillo malcriado y enojado, que contrarrestaba su dolor lastimando a alguien más. Y supongo que eventualmente así nos volvimos. 

Teníamos miedo, habíamos alcanzado la cúspide de la confianza.. estabamos aterrados, si .. era aterrador como dependía de alguien más el serte leal.

Una de esas mañanas en las que muy temprano despertamos sin poder seguir el sueño, acabamos por hablar del futuro, de esos sueños que a veces sólo pensaba yo tenerlos. Solía preocuparme por si el me veía en su vida tanto como yo a él en la mía, nunca hablábamos de nada importante, porque parecía que debía estar tácito que nos dirigíamos juntos a alcanzar nuestros sueños. Quería siempre saber si formaríamos parte de algo grande.. si seríamos una historia merecida de un buen libro, si también soñaba con un final de película que le diera el comienzo a nuestros días de aventuras. Me sentía pérdida porque no quería soltar su mano nunca más, pero no sabía si el quería sujetarla por siempre.

Me habló de sus planes, y de como yo era perteneciente, acabó volviéndose una promesa.. la promesa de que algún día, tendría la oportunidad de cumplir mis sueños y verme feliz, de verme crecer, con su ayuda. Tocaba la fibra más frágil, más sensible de mi corazón, me asustaba.. Me sentía temerosa de que algún día, todo esto acabara por ser algo que no saliera bien, así fue.

Parecía jugar con todos mis sueños y mis anhelos, sentía que aquella boca y aquellos ojos que me miraban con tanta ilusión no podía mentirme, aquella idea de dedicarme al fin, a algo que me gustase, así fuera totalmente absurdo, como a algo demasiado hippie: a tejer el armazón de lámparas hechas a mano, o muy bohemio: dedicarme a la pintura o culminar mi formación como violonchelista. Él me ofrecía los escalones a mi paraíso personal, a las nubes, solo por amor, y le crei.. solo era cuestión de tiempo.. mas tarde sus ofrecimientos parecieron ser las cadenas que me someterían a su voluntad.

Cuando llegado el momento, alcanzado su éxito.. mi hombre se convirtió en alguien que deje de conocer cada vez más un poco menos.. Aquel chico que conocí había desaparecido totalmente, y fue eclipsado por algo que yo pasaba por alto. El dinero. 

Todo paso a ser algo que él podía comprar, como las personas a su al rededor, su familia o a mi. 

Su comportamiento soberbio, controlador, egocéntrista, y déspota, empezó por apagar mi espíritu. Ya no perteneciamos al mismo equipo. Solo quería que volviera su dulzura, nuestros juegos, nuestra complicidad, nuestra rutina, su amor por mi, su locura, su sonrisa.. quería nuestra pequeña habitación y no esa grande que era más una obligación que un sueño compartirlo, nuestros paseos, nuestras noches de películas, nuestra pasión.. Queria de regreso nuestra cama para uno en donde a la fuerza entrábamos los dos.. ya no hablábamos, ya no compartíamos nuestros días, ya no dormíamos abrazados ni nos tomábamos de la mano, estábamos cercenados, dos siameses separados por un pésimo cirujano, y yo era quien estaba muriendo. Estaba contrariada y en negación, necesitaba volver.. y no tener nada, no necesitaba todas estas cosas nuevas, no quería ninguna comodidad. Solo nos quería de vuelta.

No compartíamos la mesa para comer, no compartíamos la cama para dormir, no compartíamos la ducha para abrazarnos, su indiferencia se hacía abismal, ya no era digna de su mirada ni de sus palabras. Podía tener lo que necesitara, pero no podía tener su amor. No se en que momento dejo de ser mío. Pero así fue, un día me dijo que él no podía amarme como yo lo esperaba porque yo no podía hacer lo que él quería que yo hiciera.. todo estaba condicionado señores, vivía bajo su techo, rodeada de su familia, llegamos a nuestra última fase. 

Todos actuaban y se mantenían al margen aparentemente, y a pesar de que yo estaba sufriendo nadie se atrevía a intervenir. Todos habían obtenido lo que querían, y yo simplemente estaba allí para cumplir mi papel. No importaba, ya no le importaba. Mis sueños no importaban. Mis sentimientos no importaban. Mi vida cómo deseaba vivirla debía someterla al conformismo de estar viva y recibir lo que alguien más dictaba yo merecía. ¡Imagínense !. No podía soportar la idea de vivir entre víboras y ver la imagen de quién prometió cuidarme, devorarme también. 

Empece a darme cuenta de que ya se había ido, este nuevo ser estaba lleno de ideas y de otros intereses, sobre todo y muy seguramente de basura y envenenado su corazón, volviéndolo un monstruo. Me fui.

Me fui con lo poco que pude llevarme y con nuestra hija, por quien pensé que podía soportarlo todo, pero a quien mi tristeza iba a terminar cubriendo también si no era lo suficientemente valiente como para alejarme.

Nunca supe realmente que era lo que estaba pasando, las indiferencias, los silencios, sus mal genios, el rechazo, nunca supe si hubo alguien más, si había algo más, pero no podía verme obligada a permanecer en constante dolor, en el recuerdo de nuestros mejores días. Ver a nuestra hija crecer en el cementerio de nuestro amor. No podía permitirme sangrar por mi herida y no poder sonreírle a los dias que deberían ser dichosos. No podía permitir que brindarán por mis desgracias y que la felicidad de alguien más fuera mi perdida. 

Sigo esperando al hombre que no tenía nada.

 

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