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9 min
EL HOMBRE Y LA CIUDAD/ LA VIOLENCIA DE ALFREDO
Amor |
18.02.22
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Sinopsis

Dos pequeños capítulos de la novela erótica

EL HOMBRE Y LA CIUDAD

La ciudad nació de una colonia  de pescadores y, cuando la descubren habitantes de otras ciudades y países se transforma, en acelerada metamorfosis, hasta llegar a ser un balneario cosmopolita, agitado, lleno de voces, luces y movimiento. Sobraban pocos descendientes de aquellos pescadores primitivos y eran, de alguna manera, una de las tantas atracciones de la ciudad.

Después del tsunami en lejanas tierras y de las desgracias multiplicadas hasta alcanzar cifras impresionantes, casi todos miraban hacia el mar con cierto temor, aprensivos, a pesar de que la prensa, principalmente los informativos televisivos, anunciaban con todas las letras que algo similar no sucedería nunca en aquella región, bañada por las aguas del Atlántico.

Alfredo no perdía tiempo con ese tipo de temor. Después de cierta edad, la única cosa realmente cierta es la muerte, que más tarde o más temprano llega y reclama lo que es suyo: un cuerpo nuevo o uno viejo que se transformará en polvo y dejará o no recuerdos.  A pesar de su aparente pragmatismo frente a determinadas cosas, Alfredo se consideraba un romántico incorregible, un soñador. Creía firmemente que los valores espirituales, las ideas, el espíritu y la propia alma, tenían un destino más glorioso que el envase, el sobre que los envolvía y se corrompía.

Le gustaba aquella ciudad. Había llegado muy joven y construyó lentamente su vida, su pequeña y próspera empresa. Le encantaba aquel lugar que lo hacía feliz y le transmitía seguridad. Llevaba una vida relativamente tranquila, con algunos romances rápidos y puntuales que aparecieron después de su divorcio. Repentinamente, aparece en su vida Diana, provocando un maremoto en su existencia, afectándolo profundamente. Sin darse cuenta, comenzó a cuestionar su vida, sus metas, sus decisiones. Empezó a preocuparse con las consecuencias de aquella agradable locura: un hombre maduro aprovechándose de una muchacha sin mucha experiencia. ¿O era totalmente al contrario? ¿Quién se aprovechaba de quién?

Le gustaba su modo de vida, su libertad; le encantaba aquella ciudad deliciosamente recostada en el mar, rodeada de cerros que se imaginaban montañas, poblada por gente de diferentes lugares, lenguas y sentimientos. Ningún tsunami lo haría alejarse de aquel lugar tan rico en belleza, sensualidad y esplendorosa naturaleza. En verano, cuando llegaba una enorme cantidad de turistas, las cosas se complicaban un poco, pero no tanto como para perturbar su vida.

Alfredo disfrutaba plenamente de todo lo que la ciudad le ofrecía, pero sin arriesgarse demasiado, sin atarse a nadie, sin dejar que los sentimientos lo alejaran de su Norte.  Para romper un poco aquella burbuja de comodidad  que lo envolvía, apareció Diana. Una muchacha insinuante, desbordando energía y adueñándose de sus pensamientos, de sus deseos más íntimos. Esa situación, esa presencia perturbadora de una joven en su vida, lo sacaba de su eje y eso le preocupaba muchísimo. ¿Hasta dónde iría? ¿Hasta dónde llegarían?

LA VIOLENCIA DE ALFREDO

Después de aquella noche, Diana y Alfredo se encontraron muchas veces. La muchacha parecía deslumbrada con el carisma y el cariño del hombre, que hacía de todo para que ella se sintiera cómoda y disfrutara de aquellos momentos que compartían.

Poco a poco, ella abandonó los enamorados que rondaban su vida y la perseguían. Sus pensamientos estaban concentrados en el veterano. Muchas cosas de la vida del hombre permanecían misteriosas. No sabía si era soltero, casado, viudo o divorciado. Él evitaba el asunto y siempre encontraba una manera de desviar la conversación hacia otros caminos, lejos de su vida personal y secreta, muy misteriosa desde el punto de vista de Diana.

Se encontraban con cierta regularidad, cenaban en restaurantes discretos y muy buenos, caminaban por lugares solitarios y terminaban siempre en el mismo motel, del cual conocían casi todas las habitaciones.

Aquella tarde, ella se preparó especialmente. Solicitó salir antes del trabajo, pasó por una tienda de ropas íntimas y se compró unas ropitas provocantes, que cubrían casi nada, se refrescó con un baño demorado, imaginando las locuras que harían aquella noche.

Ropa interior que provocaba, una pollera corta y leve, una camiseta informal y  sandalias altas que la dejaban más mujer. Estaba pronta para una noche que imaginaba mágica.

Ansiosa, fue hasta el lugar donde habían marcado y saltó para dentro del automóvil, feliz, radiante, desbordando energía y luz.

̶  ¡Mi amor! – exclamó y lo besó, mientras lo abrazaba con fuerza.

̶  Estamos nadando en la felicidad, hoy – sonrió Alfredo.

̶  Sí, mi amor. ¡Descubrí que estoy perdidamente enamorada de ti! – dijo, entusiasmada.

̶ ¿Enamorada?

̶  Y ahora, ¿qué vamos  a hacer?

̶  Vamos a meternos en una cama, desnuditos y amarnos hasta que el cansancio nos derribe.

̶  Te lo digo en serio, Alfredo.

̶  Yo, también, chiquita. 

Después de la cena, en el mismo restaurante de siempre, con una Diana silenciosa y retraída, fueron al motel de siempre. Él abrió una botella de vino y le alcanzó una copa. Diana bebió en silencio, demorándose.

Alfredo intentó llevarla a la cama, vestidos aún.

̶  No quiero más así – susurró ella.

̶  ¿Así cómo?

̶  Vos solamente me querés usar.

̶  Lo hago porque te gusta. Querés ser usada.

̶  No. Quiero amar, quiero ser amada.

̶  No se puede confundir sexo con amor. Son cosas diferentes, a veces vienen junto, a veces, no.

Ella se encerró en un silencio pesado. Alfredo empezó a inventar caricias, intentando sacarle la ropa al mismo tiempo.

̶  ¡No quiero! – protestó ella.

Él continuó empeñado en su tarea. Diana se enojó y lo empujó, saltó de la cama y gritó:

̶  ¡Ya te dije que no quiero, viejo asqueroso!

Con mucha calma, Alfredo se levantó y caminó hasta ella. Llegó cerca y, antes de que ella pronunciara alguna palabra, abrió la mano y le dio una bofetada. Diana perdió el equilibrio y cayó en la cama. Él se acostó sobre ella, sujetándola, levantó su pollera y bajó la bombachita que no cubría nada. Con movimientos bien sincronizados, rápidos y precisos, la penetró, aún vestidos a medias, sin importarse con las protestas de la muchacha.  

̶  ¡No, no, hijo de puta!- gritaba Diana, intentando detenerlo.

Posicionado entre las piernas femeninas, Alfredo parecía trastornado, parecía otro hombre, imprimiendo movimientos cada vez más rápidos, dejando que su peso dominara el cuerpo de la muchacha. Ella intentaba golpearlo, morderlo. Poco a poco, se sintió sin fuerzas y se abandonó. El placer se adueñaba de su cuerpo y vencía sus razones.

̶  ¡Canalla! ¡Hijo de puta! – exclamaba, en un tono más bajo, separando las piernas, doblando las rodillas para recibir mejor a aquel hombre loco y dominador.

̶  Psss, mi amor – ordenó él, con calma -. Y movéte, usa tu cuerpo, dale placer, chiquita…

̶  ¡No, no, no, desgraciado! – repetía ella, mientras aumentaba el ritmo de sus ancas, deseando cada vez más aquel hombre malvado, adorando su olor, su perfume, su sabor, sus piernas fuertes, sus brazos firmes, su peso y su delicioso vaivén.

Alfredo la levantaba por la cintura, clavándose sin piedad, gritando obscenidades, la usaba como si ella fuera un objeto, una esclava pronta para atender sus más profundos deseos.

El orgasmo llegó primero para la joven. Fue algo diferente, inédito, con una fuerza que la asustó, que la hizo vibrar. Movía la cabeza de un lado para el otro como negando la intensidad de lo que estaba sintiendo.

Alfredo, con movimientos vigorosos y profundos, entraba y salía con energía y determinación. Cuando sintió que iba a gozar, sacó el miembro y lo llevó directo a boca de la muchacha. Ella intentó negarse, pero terminó aceptando y dejándolo hacer lo que quería. Tragó todo y, casi inmediatamente, comenzó a llorar bajito.

Alfredo se levantó, fue hasta el baño, se desnudó con irritación, abrió la canilla y se metió debajo de la lluvia fina y tibia. Demoró bastante, dejando el agua correr, apoyándose en los azulejos, los párpados cerrados.

Cuando volvió, la encontró dormida, vestida aún, en la posición fetal. Desnudo, se acostó y se recostó en el cuerpo juvenil, levantando un poco la pollera para sentir la piel caliente. Diana se dejó envolver por los brazos peludos, ensayando un sollozo débil, pero moviendo las nalgas y excitando al hombre. La dejó desnuda y, sin decir nada, la colocó en cuatro patas, le dio unas palmadas leves, besó cada centímetro de aquella parte del cuerpo y, sin aviso, la penetró de la manera que a ella más le gustaba. Viciada en aquel hombre y  en su manera de hacer el amor, Diana vibraba a cada toque, sentía intensamente cada gesto, cada movimiento. El orgasmo llegaba con una facilidad increíble, cuando era dominada y hacía con ella lo que quería.

Alfredo, sin preocuparse aparentemente con la muchacha, se empeñó en aquel juego loco hasta que sus músculos fueron recorridos por intensos choques y su cuerpo todo pareció entrar en colapso. Gozó más una vez y cayó para un lado. Diana se acomodó sobre él como buscando refugio.

̶  Me dejás loca – dijo después de un largo silencio-. Estoy quedando enferma de tanto deseo y tanto amor. Es una locura.

̶  No hables en amor, Diana.

̶  Golpeaste con fuerza – protestó ella, como si recordara de repente la bofetada del hombre.

̶  Fue necesario. A veces, es necesario.

̶  Nunca más lo hagas, ¿tá? A pesar de que un poquito, solamente un poquito, me gustó – sonrió con un dejo de tristeza-. Creo que me gustó ser dominada y que me lo hicieras de aquella manera.  

Alfredo se quedó mirando sus figuras reflejadas en el espejo inmenso del techo. Definitivamente, aquella muchacha estaba revolucionando su vida.

 

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  • Cometa, por lo menos por estos lados, la presión sobre lo que uno escribe es grande. Todo debe adaptarse a lo políticamente correcto. No estoy muy preocupado con eso, aunque me den con palos por la cabeza. Gracias por tu comentario.
    Sí, Yolanda, a veces hay que tirarse al vacío y ver como la gente reacciona. Algunos temas no son fáciles de abordar, principalmente en un mundo lleno de patrullas literarias y de otros tipos. Esos dos capítulos hacen parte de una novela erótica, que resolví publicar aquí, pedazo por pedazo. Vamos ver si consigo llegar al fin! Muchas gracias por tus comentarios.
    Valoro tu coraje literario porque provoca reacciones al lector y evidentemente hiere su sensibilidad. Si que es cierto que la última escena es consentida, a pesar de ello rechazo absoluto ante cualquier abuso, violencia cero. En literatura todo no puede ser políticamente correcto, el lector decide y valora, el escritor arriesga. Un saludo Carlos.
    Lo políticamente correcto por suerte se queda de puertas para fuera, para dentro cada pareja es un mundo y a disfrutar que son dos dias, un saludo
    Quizá lo que no es políticamente correcto es que alguien tenga la osadía de narrarlo, porque ocurrir, ocurre, aunque los unicornios y los arcoíris lo disimulen. Y oye, si hay acuerdo entre dos, no hay nada que objetar. Saludos, Carlos.
    Claro que no es políticamente correcto! Mandé unos cuentos míos a una revisora crítica, en Uruguay, y me los devolvió tan limpito, tan higiénicos, tan políticamente correctos que casi no reconocí lo que había escrito! Me di cuenta que soy un escribidor de otro tiempo, del siglo pasado. Tal vez ya no tengo lugar en este maravilloso mundo nuevo. Gracias por tu comentario, Francesc.
    Esto es lo que aquí antes se llamaba un "amor apache". Hay parejas que tienen un componenente masoquista. Incluso este masoquismo, si no es explícitamente físico, sí que es verbal, de relación. Sabes muy bien que hay parejas que tras una discusión, se lanzan como fieras el uno en el otro para revolcarse en la cama. Pero ahora ésto no es políticamente correcto, lo cual es una actitud hipócrita y falsa. Muyyy buen relato.
  • Una historia real en versos.

    A borbotones, van brotando los versos, hilvanados, sin sentido y con tanto sentido.

    Un amor prohibido. Relato erótico

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Lectura, cine, deportes. Tengo algunos libros publicados en español, portugués e inglés, pero sigo aprendiendo todos los días. Descubriendo que cada vez sé menos.

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