cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

6 min
El inquietante dilema de nacer o morir
Drama |
29.12.16
  • 5
  • 2
  • 79
Sinopsis

Relato de un viaje a un destino incierto cargado de misterio, aventura y temores.

El inquietante dilema de nacer o morir.

 

                                          “El que no está ocupado naciendo está ocupado muriendo.”

                                                                                                                     Bob Dylan.

 

 

 

        No recuerdo con mucha precisión; tampoco confío en mi memoria y con el bullicioso caos que se vivía aquel día, dudo que algún presente esté en condiciones óptimas de narrar los eventos allí ocurridos. No suelo ser el indicado a la hora de legitimar la cantidad exacta de personas agrupadas en un lugar; pero puedo afirmar, con la más sana cordura, que éramos cientos de miles los presentes aquel día.

        Ocupábamos todo el horizonte. Fue estremecedor ver como se repetía infinitamente nuestra formación y como, inseguros, susurrábamos al unísono creando un murmullo estremecedor. Mi cabeza explotaba de dolor, pero se nos había dado el grito de alerta y era nuestro deber, nacimos para esto, era nuestro designio responder al llamado de guerra; así que, ansiosos y desconcertados, nos agolpamos en aquel tan húmedo sitio.

            Recuerdo también, a pesar de la despiadada humedad, cuán reconfortante era ese sitio. No sufríamos aquel clima gélido que nos envolvía bajo un manto de niebla espesa que quitarían la vida de cualquier mortal, si no que nos deleitábamos con la calidez que nos ofrecía; más serio aún, agradecíamos esa tibieza ya que, como dije anteriormente, nos alejaba de la muerte y nos aliviaba el embarque.

        Luego de un largo tiempo ya comenzó a sofocarnos el agolpamiento de la muchedumbre, generaba una humedad pegajosa, fastidiosa. ¡Podrán imaginar cientos de miles de personas amontonadas en un mismo lugar! No existe lógica capaz explicar tal fenómeno sin sufrir consecuencias irritantes.

        El ambiente estaba ya turbio y, sin abrir mi boca para no emitir quejido, me paseaba por el lugar estudiándolo meticulosamente siendo muy detallista a la hora de captar imágenes para alimentar mi memoria y así poder relatar los hechos sucedidos. Este flanco era prácticamente nuevo para mí y no quería provocar a nadie. Además no estoy físicamente dotado para generar disturbios ni tampoco era mi intención crearlos. Soy una persona de poca altura y extremadamente delgada, casi escuálida. También, fuente de numerosas burlas a lo largo de mi joven vida, mi cabeza dobla en tamaño a una normal. Lisa y totalmente calva, quizá aún más suave que la seda y minuciosamente perfecta, es un castigo para mi cuerpo. Estaba imposibilitado a discutir con alguien, esa era la razón, además de no conocer el lugar, por la cual prefería callar y no crispar a nadie.

        Repentinamente el bullicio comenzó a perpetuar y a hacerse aún más ensordecedor, las filas eternizadas en el horizonte comenzaron a excitarse y desplazarse lentamente, señal que nos encontrábamos a punto de zarpar. Según algunos improvisados informantes, nos esperaba un viaje del cual se rumoreaba, siempre con voz temblante, era casi suicida. De las bocas más profanas y forajidas de alta mar se escupían las aún más aterradoras historias sobre aguas olvidadas, desérticas y escalofriantemente enfurecidas sobre un destino incierto que hasta el pirata más sanguinario del globo, temblaría de solo enfrentarlas; se rumoreaban tempestades letales, agujeros en lo más profundo de los océanos que devoran flotas enteras de un bocado y tifones creados la más demoníaca fuerza; aguas preparadas naturalmente para impedir el paso de quien se atreva a surcarlas (incontables y diferentes leyendas de nuestra tierra narran la desesperada muerte de miles de almas tragadas por el agua aniquilando cada uno de los viajes que zarpan del puerto). Todas las travesías estaban dispuestas a arriesgarlo todo y cada una de las vidas encomendadas por conseguir el preciado tesoro que eternamente se ha anhelado. Desde los confines de la historia y desde la creación de las aguas, cada linaje ha intentado retener tan solemne presea para así inmortalizar su nombre hasta el fin de los tiempos.

         ¿Qué destino me esperaba? ¿Aguas tan ariscas capaces de matar mil insignificantes vidas en un solo segundo?

        Aún no sé como pero me armé de coraje y marché a la travesía que tanta incertidumbre generaba. Veloces como un relámpago, exaltados y dudosos despegamos del navío, pero con nuestro objetivo entre cejas; debíamos encontrar la gema. Debo ser sincero y confesar que en grupo la hombría era sencilla de actuar; pero me sentí inhibido y oscilante cuando al cabo de unos escasos minutos de haber zarpado, percibí, de forma oportuna, que había perdido a la tripulación entera, completa. Miles de camaradas habían desaparecido misteriosamente en el lapso de segundos y todas aquellas fábulas que habían aterrado generaciones por años, se hacían tan reales que el terror se filtraba por cada rincón de mi diminuto cuerpo. Me encontraba en la quietud y en la soledad que un hombre nunca sería capaz de describir en lo cotidiano de la vida; la melancolía comenzaba a adueñarse lentamente de mí pero confieso que fue muy reconfortante y confuso cuando repentinamente y sin darme cuenta, vi la joya.   Era ella, esférica. Quisquillosamente geométrica estaba esperándome entregada; microscópica. Nos miramos y éramos la vida misma. Unión perfecta. Era extraordinaria, en ese momento me sentí inmortal y nadé sin titubear un milímetro con mi larga y delgada cola que brotaba sin más de mi ovular cráneo. Penetré con mucho impulso su capa más dura, casi rocosa, con mi cabeza y llegue al punto céntrico del misterio. Todo se volvió deslumbrante, el ambiente se había tornado reluciente e inmaculado y la luminosidad que bañaba la sala aquel día me había cegado eternamente. ¡Dilema tal el que me abruma! ¡Aún no se si he muerto o he nacido!

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta