cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
El ladrón segundón
Suspense |
16.09.18
  • 4
  • 6
  • 77
Sinopsis

Un ladrón decide finalmente entrar en una casa por la noche

     Me encontraba vigilando la casa, la espera se me hacía pesada. Era cerca de medianoche y quería saber a qué hora  se retiraban y apagaban la luz.

      El propietario era un viudo empresario con mucho dinero…luego seguro que en la mansión debía haber cosas valiosas. Era consciente del riesgo de entrar en la casa, pero las circunstancias de mi vida me obligaban a probarlo. Bajé el rostro porque recordé que siempre había sido el último en llegar, o cuando menos un vulgar ladrón segundón, siempre superado por alguien.

       Ya  era media noche. Las sombras se cernían sobre la fachada de la residencia, cuando un destello  de luz que apartaba la oscuridad hizo su aparición en la grácil silueta de la asistenta de servicio que vivía con el viudo. Ella se puso junto a la puerta y rápidamente una oscuridad en forma de hombre joven la estrechó en sus brazos y le dio un prolongado beso en los labios…supongo que era su novio.

      Por un momento sentí  envidia del joven…pero enseguida pensé que yo, no hubiera tenido nada que hacer con la chica,  era mejor no sentir la decepción por lo que seguro supondría el sentirse superado por aquel joven.  Fijo  que lo preferiría a él, antes de estar con un segundón como yo.

      Los dos pasaron al interior. Muy pronto se apagaron las luces y se aquietó todo. Supuse que la bella chica de servicio se había atrevido a esconder a su novio en su dormitorio…de lo que se deducía que el empresario también estaba descansando en el suyo.

        Estuve  un rato observando la vivienda y me pareció que todo estaba en calma, la oscuridad era total. Tenía que decidirme y entrar. Si todo estaba como yo me imaginaba, el empresario estaría durmiendo y la pareja de jóvenes, en el dormitorio de la chica, no estarían para nada, salvo para sus pasiones. Además, contaba con la ventaja de que si yo conseguía alguna cosa de valor es probable de que la culpa se la atribuyeran al novio.

        Me armé de valor y me dirigí hacia la casa; la puerta no estaba cerrada con doble vuelta sino tan solo cerrada de golpe, así que me fue relativamente fácil entrar. Entré bajo una oscuridad amenazante y cuando me iba  a atrever a encender mi linterna, un  halo de luz procedente de otra linterna que no era la mía, enfocó una mesa de despacho y una voz en un susurro dijo

       -Cariño, tal como te dije, en el cajoncito de la mesa, guarda varios gemelos y un reloj, todos de oro

       -Bien…pero primero vamos a buscar el dinero…-le contestó otra voz de forma queda.- dijiste que no hay caja fuerte y lo  guarda en una  cómoda del vestidor

        La proyección de la pequeña luz de la linterna daba un aspecto lúgubre y fantasmagórico a los rostros de la pareja. Yo, asustado, permanecí de pié, camuflado, como una sombra más de la casa.  La luz de su linterna fue abriéndose paso hacia el vestidor. La pareja llegó a la cómoda y debajo de las camisas, iluminados por la linterna, aparecieron varios fajos de billetes que cuando iban a ser recogidos por el joven ladrón, una voz autoritaria lo detuvo  diciendo.

        -Detente ladronzuelo- dijo el empresario apuntando al ladrón con una pistola relativamente grande. Añadió,- dirigiéndose a la sirvienta.-Elena, ven a mi lado y tráete  consigo al joven truhán.

         La chica se dirigió a donde estaba su jefe cogiendo de la mano al joven y arrastrándolo hasta el viudo – Vamos cariño, no te resistas- le dijo ella condescendiente

          -Coge estas cuerdas y lo atas en los barrotes del cabezal de la cama boca abajo… los brazos en cruz y las piernas separadas…!vamos rápido!

         Mientras tanto, viendo que no estaban por mí, me apropié de los fajos de billetes de la cómoda y pensé que por vez primera mi condición de segundón me  había ayudado en mi nefasta aventura. Sin embargo mi curiosidad me hizo seguir con detenimiento la escena en el dormitorio del  empresario viudo. Este dejó la pistola en una silla de la entrada de la habitación y se bajó levemente los pantalones mientras la chica acariciando el pelo del joven le dijo

         -Vamos cariño…será un momento, no sufras…además no puedes ir a la policía, porque te pondrías en muchos problemas por ser un vulgar ladrón.

        Por un instante pensé y comprendí que la situación había sido premeditada por el empresario y la chica de servicio, para tenderle una trampa al chico. Como ya tenía lo que quería me alejé a oscuras del vestidor, pero con tan mala fortuna que tropecé con una banqueta del pasillo. Inmediatamente escuché la voz del empresario

        -¿Quién anda ahí? Elena, ves a ver

        Viéndome perdido, deshice el camino y me arrojé a por la pistola que descansaba en la silla del dormitorio. El empresario, con los pantalones bajados, estaba inutilizado y Elena ahogó un grito con las manos cuando vio que me abalanzaba sobre la pistola.

         Con la mano temblorosa, encañoné al viudo y le ordené desatar al pobre ladrón que yo, equivocadamente, había etiquetado como ladrón brillante.

          El joven, con los ojos enrojecidos, se pegó como una lapa a mí y a mi temblorosa pistola, mientras nos dirigíamos con celeridad hacía la puerta. La potente maldad en forma del empresario y su sirvienta, nos seguían con la mirada fría, tratando de adivinar lo que una maldad menor en modo de ladronzuelos, es decir, nosotros, optaría por hacer. Llegamos a trompicones a la puerta de entrada y salimos a todo correr, alejándonos de la  funesta pareja. En la primera papelera que encontré, arrojé el arma.

          Desde aquel desafortunado incidente, el joven ladrón se ha convertido en un compinche mío y mi más ferviente admirador. Todavía sigo pensando que soy un segundón y sé que no valgo para nada, pero para ese chico soy un héroe. También sé que la gente quiere obsesivamente ser la primera en todo. Parece que la sociedad quiere esto, sólo valoran a los que llegan a la cúspide  y menosprecia equivocadamente a los segundones…sin embargo,  estos somos una mayoría aplastante. Somos el motor de la sociedad. Además,  todo es una cuestión de opiniones o si se quiere de visiones… en contra de mi opinión, mi compinche me ve como un número uno, piensa que   sin mi actuación brillante, habría sido violado sin remedio. Por lo menos, desde que voy con él, mi autoestima ha mejorado.

      En realidad la opinión de los demás depende poco de ti y creo que no le hemos de dar mucha importancia. Sólo importa lo que verdaderamente  somos, lo que hemos creado en nuestro interior, aunque se  valora exactamente lo contrario, es decir el dinero…las posesiones…lo externo…que es precisamente lo que podemos perder. No nos damos cuenta que lo que siempre tendremos y no perderemos es nuestro interior en forma de principios, valores, conocimientos y manera de ser. Aunque reconozco  que los valores  que pueda yo tener  son de segunda categoría, en el fondo son autoimpuestos por la sociedad… en realidad, tampoco pienso demasiado en ellos a la hora de  actuar. Reconozco que todo   es una ficción.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta