cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

9 min
El largo sueño de Nemea
Drama |
08.10.18
  • 1
  • 0
  • 161
Sinopsis

Llevo mucho tiempo apolillado en algo que antes era vital para mí, así que voy a intentar ir retomando una de aquellas cosas que tanto me gustaban. El relato es la continuación de una serie de escritos que hay perdidos por ahí, no más de 3 o 4. No creo que sean realmente necesarios para entender nada, pero le dan un jugo de que viene de atrás bastante interesante, a mi parecer.

Nemea despertó en su cama con los ojos hinchados y los músculos entumecidos. Le costó incorporarse.

Lo primero que hizo fue correr las cortinas y dejar que una luz tibia entrara por la ventana, haciendo que el polvo en el interior brillara en una danza ascendente y descendente.

Hacía mucho tiempo, mucho, que Nemea no despertaba, y lo sabía. Había pasado demasiado tiempo adormecida sin dar señales, o dando señales lastimeras que jamás llegaron a ningún puerto. Pero hoy estaba despierta, entumecida, eso sí. Le costaba andar, procesar la información e incluso le sorprendía seguir existiendo. ¿Qué era lo primero que debía hacer? Se quedó contemplando unos instantes ese polvo infinito ocupando todos los espacios vacíos hasta el infinito que acababa en esas paredes. Debía abrir la ventana y dejar que el exterior resolviera el interior. Lo tenía claro.

La ventana se mantenía pétrea porque hacía años que nadie la movía. ¿Tanto tiempo debía haber pasado? Nemea agarró con fuerza los pomos de la ventana y empezó a empujar hacia fuera, luego empezó a hacer el juego del tira y afloja. La espalda empezaba a responder. Sentía como la columna respondía ante lo que quizás fueron años de quietud. Por primera vez notó que el cuello le dolía y la ventana empezaba a hacer ruido de craquelado. Tras un último golpe seco la ventana abrió sus dos cristaleras de pintura seca hacia el exterior y una bocanada de aire gélido le lleno el interior hasta el fondo de su ser.

El viento gélido revolvió el interior y vio hojas por todas partes agitarse bajo libros y cajas aquí y allí. El exterior se veía húmedo tras una lluvia que no sabía cuánto había durado y el sol iba asomando intermitentemente entre unas nubes finas que deambulaban con rapidez por el cielo.

Nemea no pudo contener el impulso de toser. Toser y toser. El polvo se iba agitando y ahora ya no lo llenaba todo. Un viento renacido entraba y lo agitaba todo, como una bestia en una jaula.

Podía verse una sonrisilla en su cara. Lo próximo fue desperezarse. Lanzar sus manos contra sus pies para estirar la espalda, mover su cuello hasta el crack, petarse los dedos y por último frotarse la cara con las manos. Cogió el pequeño espejo de mesa para maquillarse y se miró. Primero tuvo que quitarle el polvo con la manga de su pijama. Se sentó de espaldas a la luz y se miró. Sin duda era ella, pero se veía cambiada. Pálida, con ojeras, desgastada. Un reflejo de lo que fue. ¿Cuánto tiempo había pasado?

¡La espalda! ¿Lo de la espalda había sido real? Era el fugaz primer pensamiento que le pasó por la cabeza. Aquel médico y aquel hombre de la consulta reprochándole. Habían sido ellos reales. El médico en realidad la había tratado mal, el hombre de fuera solo la intentó ayudar, pero sin duda no quiso acercarse demasiado. Y aquel otro chico.

¿Como se llamaba? Aquel que era tan seguro de sí mismo, un poco fanfarrón, estúpido a veces.

El viento frío le cruzó en una bocanada hasta dejarla helada. De la calidez del cuarto no quedaba nada y la ropa le parecía un ancla. De verdad sabía que había pasado años dormida. No lo intuía, lo sabía. Necesitaba una ducha urgentemente, pero no sabía si seguiría teniendo agua corriente, se la habrían cortado. Quizás sus padres habían vendido la casa con ella dentro y cuando abriera la puerta de su cuarto se encontraría una familia nueva que jamás había advertido la existencia de aquella puerta. Dios, algo andaba mal.

Pero al abrir la puerta le llegó un aroma a desayuno inconfundible. El viento tras la ventana ahora podía correr libre. Y corrió a su alrededor y cruzándola como niños pequeños al llegar al parque.

Al bajar las escaleras encontró a su madre y a su hermano en la cocina. Su madre había engordado desde la última vez que la vió. Y su hermano no parecía el mismo. Ayer era un niño y hoy era un saco de huesos desgarbado y curvo con pelos en la cara y el cabello desgreñado.

Nemea estaba apoyada en el marco de la puerta. Su hermano y su madre se giraron. Su hermano, con la boca llena hizo un gesto con la mano.

- Hola cariño -dijo su madre dirigiéndose a su hija- ¿Quieres hacer el favor de acabar ya? Vas a llegar tarde otra vez- al pasar la mirada a su hijo los músculos de la cara se le endurecieron. Su hermano hizo un gesto con la mano, bajo la cabeza y siguió comiendo.

- ¿Cuanto tiempo llevo durmiendo?

- Ai, no se hija, un tiempo. Quizás años. Pero como seguías durmiendo no te quisimos despertar.

- ¿Bromeas? La gente normal no duerme durante años. Esto tiene que ser una broma.-No sabía si creerlo o no. No podía enfadarse porque no podía ser verdad. Pero el espejo le había devuelto la imagen de alguien mayor a quien ella recordaba.

- No se Nemea, amor. Mira el calendario.

Su hermano sacó del bolsillo su teléfono y se lo enseño. La última fecha que recordaba era de primavera de 2014 y el teléfono marcaba otoño del 18.

- Vale, lo pillo. Esto es una broma pesada, ¿no es así? Joder- Bufó. Se sentía lo suficientemente cansada como para no tomárselo realmente en serio. Pero le molestaba. No le quiso dar más vueltas y se volvió a su habitación.

‘Octubre de 2018, venga ya’ pensó para ella misma. Se sentó en la mesa de su escritorio y a toda prisa se puso a apartar los papeles, collares y cajitas que ocupaba el ancho de su mesa. Sacó el portátil de un cajón, lo conectó a la corriente y dejó que se inicase.

-Que cabrones. Vaya broma de mal gusto. 2018…-’Pero y si fuera verdad’ pensó. ¿Cuantas cosas me podría haber perdido si fuera verdad? Y que será de Val. ¡Mierda! ¡Aquel chico se llamaba Val!- ¡Carga ya joder!- La ventana abierta le erizaba el vello de los antebrazos pero poco le importaba. Cada vez estaba más nerviosa. ‘No puede ser verdad, nadie duerme 4 años’. Un nudo apareció en su garganta. Unas lágrimas asomaron en sus ojos, el corazón le iba acelerado.

La pantalla de carga cambió. Tras un ¡Bienvenida, Nemea! y tras un click, en la esquina inferior derecha se leía 8:56 1/9/2018.

Los ojos se le llenaron de lágrimas. Abajo su hermano se despidió con un grito y cerró de un portazo. Nemea se echó a llorar.

 

-No puede ser real. No es real. No. - Nemea se tapó la cara con las manos y no paró de llorar.

Cada vez se sentía peor. Tonta, incrédula, impotente y al fin, se volvió a negar a si misma las pruebas. Se secó las lágrimas y sacó la cabeza por la ventana. Por la calle pasaban dos mujeres con unos perros.

- ¡Eh, disculpen, ¿pueden decirme qué día es hoy?!-

Las señoras miraron a lo alto, a la ventana y luego se miraron entre ellas, se lo preguntaron entre ellas en voz baja y luego le gritaron.

- ‘¡Uno de octubre!’.

Nemea empezaba a estar cansada:

- ¿¡De 2018?!-

- Niña, ¿esto es una broma? ¿en qué año íbamos a estar si no?

Nemea volvió a meter la cabeza en la habitación. Abajo se oyó a las señoras espetarle algo.

Volvió a su ordenador y buscó noticias. Realmente era 2018 y Nemea estaba cansada de esta situación. Volvió a bajar hasta donde se encontraba su madre.

- ¡Mira, no me acabo de creer que esto sea verdad. Cómo me habéis dejado dormir cuatro putos años!

- Eh, calmate que estas un poco tontita. - Su madre estaba fregando los platos e iba hablando sin dejar de trabajar.- Y te he dicho que no quisimos despertarte y ya está. Al cabo de un día de quedarte dormida llamamos a tu médico y nos dijo que en tu estado podía pasar. - se encogió de hombros y se quitó toda responsabilidad.

- ¡Me vacilas, ¿verdad?! ¿Qué dices de mi estado?

- ¡Te he dicho que no me grites! Déjame ya en paz, coje algo de la nevera si quieres y déjame en paz.

‘¿Eso último ha sido un gesto de asco?’. No se quedó a averiguarlo. Subió arriba otra vez golpeando con cada paso los tablones. Cogió unas piezas de ropa del armario y fue directa al baño. Encendió el agua caliente hasta el tope y se desvistió, y una vez dentro volvió a llorar. Se golpeó en la cabeza. No podía creersélo. ¿Qué habría pasado con toda su gente? ¿Cómo le había dejado así? Se palpó la espalda. Estaban ahí. Era verdad. Los bultos en lo alto de la espalda le sobresalían. No había sido una pesadilla. La última vez recordaba que eran unos bultos que le apretaban en la piel. Ahora eran como piedras duras que sobresalían más de un palmo en la espalda. Podía agarrar una de esas extensiones con la mano y al intentar moverlas le dolía a lo largo de las costillas hasta dejarla tumbada en el suelo de la ducha. Y ahí, en el suelo de la ducha, doblada de dolor, incapaz de procesar lo que estaba sucediendo y entre los mareos del dolor, solo puedo pensar “Tengo que encontrar a Val”.

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 100
  • 4.64
  • 104

Con calma y tras los años he hecho arder el mundo.

Tienda

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta