cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
El leoncito y los tres besos de las azafatas: la búsqueda de la identidad
Reflexiones |
20.07.14
  • 0
  • 0
  • 1578
Sinopsis

"[...] La búsqueda de la identidad es una lucha contra fieras que te desgarran la carne si no les pegas un tiro o les clavas un cuchillo para que se desangren y paren. Pura cuestión de supervivencia, no hay más [...]".

No sé si es como el viaje hasta Ítaca o no porque nunca estuve allí. Desconozco si los paisanos te ayudan en el metro con las maletas o si el bus está caro. Pero, meto la mención de Ítaca por si cuela.

Es una aventura que no sé cuándo terminará pero que me mantiene en guardia, por lo que llevo, all the time. La búsqueda de la identidad es una lucha contra fieras que te desgarran la carne si no les pegas un tiro o les clavas un cuchillo para que se desangren y paren. Pura cuestión de supervivencia, no hay más.

En tu mente no hay cabida para todas las voces, alzas unas mientras empujas otra hacia la fosa. La callas; no existe aunque algún eco tímido escuches. La asfixias para que no haga sombra a las imperantes, tu supervivencia depende de ello; al menos por un tiempo. Pero te das cuenta de que estás jodida porque no puedes matar a esa voz que saca la mano de la tierra una y otra vez. Qué fácil sería todo si no hubiera disparidades, si todas las voces ajenas fueran vacas sagradas a las que venerar. La única realidad es que sigues estando jodida.

Desde el principio conoces de qué va este juego y asumes la única regla válida para ti: luchar hasta conseguirlo. Conseguir conocer eso que llaman identidad, todo un puto viaje de sinsabores y descubrimientos que te llevará, si lo haces bien, al objetivo del que algunos parten ya de inicio: descubrir quienes somos, esclarecer y cuidar nuestra mismidad. Lo que diferencia y nos hace únicos.

En algunos esplendorosos casos, entre los que me incluyo, es una contienda dura y sucia contra muchos adversarios interesados en que fracases. Los pobres desconocen a quien se enfrentan. Conservarás las marcas de zapatos de todos aquellos que pisaron tu cuello para impedirte avanzar, para impedir ser superados, para seguir siendo corderos en vez de leones. Todos los que te impidieron progresar tendrán mocasines y stilettos de regalo en el infierno. Al final, todo queda repartidito. Ellos pringan mientras tú te comes el mundo aunque con 20 años de retraso. “La paz os dejo, mi paz os doy”.

No más bambalinas, ni estelas, ni rebufos. No más chupar segundos plano, pasar por idiota o mirar para otro lado. La búsqueda de la identidad significa aceptar las sombras y, a veces lo más chungo, las luces. Ésas que deslumbran, levantan odios y no solo pasiones. Hay que saber lidiar con eso. Tener tragaderas y un gran forro por donde pasarte todo. “Lo que me salga del coño” como leit motiv vital, que ya era hora. Dejar las aburridas justificaciones. Permitir que brote el subconsciente en su mejor plenitud. Si hay que trabajárselo diariamente como fortalecer el culo, se trabaja. La identidad y el trasero lo valen.

Es una odisea solitaria que se emprende solo estando seguro de que el sufrimiento merecerá la pena. Críticas, palos e incomprensión en un camino inhóspito pero marcado de sorpresas, ya que el buscar la propia identidad conlleva cientos de descubrimientos, sobre uno mismo y sobre los demás. Aprender que lo diferente no es malo, solo distinto y, por ende, que tú lo seas no es un crimen, sino que mola. Aprender que, en lo muy esencial, a todos nos mueven las mismas cosas y compartimos sentimientos, aunque las aspiraciones sean distintas.

Aprender que el infierno no se aviene por sacarse el palo del culo e ir mostrándose natural, sin definición, solo como a uno le apetece. Aprender que si das, normalmente recibes y que no todos tenemos por qué comprender todo, al menos de entrada y sin más información. Aprender, también, que cada uno decidimos qué hacer con el mundo en el que nos ha tocado vivir; decidir quiénes queremos ser, digan lo que digan los demás.

El viaje de descubrimiento de la identidad es la esencia misma de nuestra vida, el verdadero misterio por desentrañar. De ahí, todos los demás. Es un viaje que nos devuelve al punto de partida, irónicamente: descubrimos, en verdad, lo que siempre hemos sido. Nosotros estamos en la meta, junto al podio, el leoncito y las azafatas que. siempre, siempre, dan tres besos.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta